El modelo de propiedad en Galicia, marcado históricamente por el minifundio, presenta importantes retos a la hora de conseguir el mayor valor para los propietarios. La gestión de parcelas de reducida superficie —muchas veces inferiores a la media hectárea— se enfrenta hoy a un mercado que exige, cada vez más, una mecanización avanzada y una eficiencia de costes que cada parcela de minifundio no puede asumir de forma independiente.
La realidad para muchos propietarios gallegos es recurrente: fincas pequeñas, dispersas y con accesos complejos. Esta fragmentación no es solo un problema geográfico, sino económico. La gestión aislada dispara los costes de producción y reduce drásticamente el margen de beneficio.
Entre las principales dificultades identificadas destacan los sobrecostes de producción, aprovechamiento y logística, reduciendo los márgenes del productor, y la dificultad para introducir maquinaria moderna en muchas fincas, lo que puede impedir el acceso; aparte de posibles conflictos y problemas de lindes, o falta de una red de pistas adecuada. También barreras de mercado, dado que se generan obstáculos para acceder a certificaciones forestales y se disminuye el precio recibido por el propietario.
En conjunto, estas limitaciones reducen la eficiencia, aumentan los costes de explotación, reducen el precio a recibir por la madera y hacen que parte del potencial productivo del monte quede sin aprovechar.
La unión como solución estratégica
Frente a este escenario, las agrupaciones forestales surgen como una alternativa que permite incrementar beneficios sin que el propietario tenga que renunciar a la titularidad de su tierra, ni limitar sus decisiones. “Un propietario forestal con una parcela pequeña tiene varias opciones para gestionar su monte”, explica Pilar Orol, desde Tenzas Enxeñería, destacando el interés en ganar eficiencia a través de la gestión conjunta.
La agrupación de parcelas permite gestionar de forma conjunta fincas próximas, aunque pertenezcan a distintos propietarios. No es la única solución ni aplica a todos los casos, pero sí es una alternativa que cada vez se está explorando más en el territorio. El objetivo es sencillo: ganar eficiencia y disminuir riesgos.
Al trabajar de forma coordinada con las parcelas colindantes, se producen cambios operativos inmediatos. El primero de ellos, en la productividad, dado que se facilita la mecanización y se eliminan interferencias entre fincas (como sombras de plantaciones vecinas). Derivado de ello, se genera una reducción en el turno de corta, lo que aumenta el rendimiento de las plantaciones, y se aumenta la superficie útil, lo que permite planificar mejor y trabajar con mayor homogeneidad.
Por otro lado, se logra reducir costes al compartir operaciones optando a mejores precios por la madera, al tiempo que se accede a una gestión más profesionalizada, que de forma individual sería inasumible por el coste.
Además, aumenta la seguridad de las plantaciones, dado que las agrupaciones contribuyen a una menor exposición a incendios, plagas y enfermedades, gracias a una ordenación profesional en un entorno más amplio.
Cabe destacar, igualmente, que, a partir de una ordenación conjunta, hay formas jurídicas que permiten amplia flexibilidad a la hora de que cada propietario tome decisiones independientes, ya que mantiene la propiedad en todo momento, con un amplio margen de decisión. Y cada miembro de la agrupación paga lo suyo para producir (menos que de forma independiente por la eficiencia de las operaciones) y cobra lo suyo al vender la madera (más, gracias a la mejora de productividad y la reducción de riesgos).
Barreras y futuro del modelo
A pesar de las ventajas evidentes, el modelo de gestión conjunta todavía enfrenta retos culturales y formativos.
Sin embargo, el sistema empieza a consolidarse gracias al impulso de iniciativas privadas, como las que ofrecen empresas especializadas del sector. Es el caso de Ence Terra, que ha establecido un equipo de profesionales que aportan asesoramiento técnico y coordinación logística para impulsar las agrupaciones forestales: ayudan a coordinar parcelas, aportar asesoramiento técnico y mejorar tanto el aprovechamiento como la planificación futura del monte.
Este tipo de apoyo permite a los propietarios acceder a modelos de gestión más estructurados y a mejores condiciones en la comercialización de la madera.
La colaboración entre los propietarios para gestionar agrupaciones de territorio de una superficie muy superior a la parcela media en Galicia (cerca de la cuarta parte de una hectárea) es clave para la gestión activa y profesionalizada del monte, incrementando el interés de la actividad forestal y reduciendo los riesgos que amenazan a los propietarios, aportando una mayor productividad y garantizando la imprescindible accesibilidad que un sector forestal moderno y eficiente requiere.
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