El Consello de la Xunta tomó conocimiento de un informe de la Agencia Gallega de la Calidad Alimentaria, dependiente de la Consellería del Medio Rural, en el que se aprueban doce nuevas normas técnicas para productos que podrán acogerse al sello de Artesanía Alimentaria. La publicación de estas normas en el Diario Oficial de Galicia se ha realizado hoy.
Estas normas recogen los requisitos que deben cumplir los productos para ser considerados artesanos. Las nuevas incorporaciones incluyen elaboraciones como mantequilla, vermut, vinagres de vino y de sidra, licores, aguardientes, bebidas espirituosas, zumos e hidromiel. También se añaden productos como pan, empanadas, harinas, comidas preparadas, conservas y derivados de la helicicultura.
Por otro lado, la Agencia Gallega de la Calidad Alimentaria colaboró con la Consellería del Mar en la elaboración de un borrador de norma técnica para conservas de pescado y marisco, que deberá ser aprobado por este último departamento.
El sello de Artesanía Alimentaria pretende estructurar el sector conforme a los criterios de la Unión Europea. Su finalidad es proteger el trabajo artesanal frente a etiquetados engañosos y garantizar al consumidor productos elaborados mediante métodos tradicionales, respetuosos con el medio ambiente y con una calidad diferenciada.
Actualmente, existen cerca de 200 personas artesanas y 124 empresas inscritas en este sello, repartidas por todo el territorio gallego, con una especial presencia en el ámbito rural. Esto contribuye al desarrollo económico local mediante la valorización de las materias primas del entorno.
La artesanía alimentaria es la elaboración de alimentos en condiciones respetuosas con el medio, con intervención directa de la persona artesana, en pequeñas cantidades, garantizando un producto seguro, de calidad y con características propias.
Entre las normas técnicas vigentes se encuentran las de derivados lácteos, cárnicos, sidra, cerveza, conservas vegetales, miel, confitería, chocolate, productos vegetales para infusiones y aceite de oliva, entre otros.
La regulación establece que los productos deben elaborarse siguiendo prácticas tradicionales, con materias primas seleccionadas y limitando el uso de aditivos. No se permiten saborizantes artificiales, potenciadores del sabor, grasas trans ni reetiquetados.
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