La Estación Fitopatolóxica de Areeiro, dependiente de la Deputación de Pontevedra, ha publicado un aviso fitosanitario en el que analiza la situación y perspectivas de los distintos cultivos, en especial de los frutales. Areeiro subraya que las condiciones meteorológicas de este otoño-invierno, especialmente desde noviembre, están siendo húmedas y poco frías, y por ello muchas intervenciones agronómicas propias de esta época, como las podas, las correcciones para mejorar las propiedades del suelo o las siembras tempranas, o no se han podido realizar o no se han llevado a cabo en condiciones óptimas. Esta situación hace presagiar, a priori, una primavera complicada a nivel fitosanitario debido a estas condiciones tan propicias para ciertos patógenos (y algunas —menos— plagas de insectos), según la Estación.
Tabla de precipitaciones acumuladas

Una vez que cambie la climatología, muchos suelos, y en especial los que se encuentran en las zonas inundables de los cursos de agua, no estarán preparados para la realización de las labores agrícolas, no solo por la limitación que supone el encharcamiento para la entrada de maquinaria, sino también porque ellos mismos necesitarán encontrarse en unas condiciones físicas idóneas (“tempero”).
Tras semanas y semanas de borrascas y temporales, es posible que ese cambio se produzca en la segunda quincena de este mes, ya que el anticiclón de las Azores parece que por fin se va a situar al oeste-suroeste de la península y con ello limitará la llegada constante de sistemas de bajas presiones.
Frutales de pepita
En general, este otoño-invierno no se han dado las condiciones para aplicar tratamientos invernales de cobre debido a la elevada precipitación registrada. No obstante, cuando el tiempo cambie, especialmente si la ausencia de lluvia viene acompañada de temperaturas suaves, la savia de las plantas comenzará a moverse y dará inicio la brotación.
En ausencia de las intervenciones invernales, el estado de engrosamiento de las yemas es también un buen momento para realizar un tratamiento con alguno de estos productos cúpricos con el fin de reducir la futura incidencia de ciertos patógenos que afectan a estos cultivos todas las campañas.
Este tratamiento puede renovarse cuando las yemas empiecen a abrirse (o según las indicaciones del fungicida que se utilice) para reforzar la acción frente a los hongos. Incluso en variedades muy sensibles a enfermedades endémicas como el moteado podría realizarse un tercer tratamiento antes de la floración.
Frutales de hueso
Al igual que en los frutales de pepita, la climatología tan húmeda de este otoño-invierno habrá impedido en la mayoría de los casos aplicar tratamientos de cobre para reducir el inóculo de ciertas patologías endémicas (lepra, moniliosis…) en estos árboles. Por este motivo, en cuanto sea posible convendrá aplicar al menos un tratamiento.
En el caso de que no se pueda antes, uno de los tratamientos clave de la campaña para reducir la incidencia de la lepra se realizará cuando las yemas comiencen a hincharse, aprovechando algún claro en la climatología. Además, si tras el año anterior quedaron en el árbol frutos momificados, es decir, frutos endurecidos, pequeños y de color negro, hay que eliminarlos para que no existan en primavera estas fuentes de infección. Aparte de esta medida, también conviene eliminar las ramillas secas y/o con chancros o cualquier otro síntoma de patología de la madera.
Kiwi
Probablemente este invierno tampoco se haya podido realizar la poda de los kiwis en tiempo seco, que es lo claramente recomendable tanto en este cultivo como en cualquier otro. Por ello, las bacteriosis habrán continuado la colonización de las plantas a través de las heridas de poda, y sabemos que la conocida como PSA (Pseudomonas syringae pv. actinidiae) es en estos momentos la enfermedad más preocupante de estas plantas en nuestra zona.
Por este motivo, hay que recomendar nuevamente un tratamiento cúprico en cuanto sea posible, renovándolo según las propiedades del producto elegido, siendo muy importante mantener protegidas las plantas en el momento de la brotación. Además, antes de aplicar alguno de estos tratamientos es aconsejable reducir al mínimo las ramas que se aprecien secas o muertas por el patógeno.
Cítricos y aguacates
Estas especies son muy sensibles a la tinta (Phytophthora spp.), patógenos propios de suelos muy húmedos. Por ello, con este invierno en el que hay agua acumulada a nivel de las raíces y del cuello de los árboles, no será de extrañar que algunos pies sucumban a sus ataques. Es aconsejable, por tanto, intentar evitar que el agua líquida permanezca en el entorno de los árboles.
Por otro lado, cuando se trate de una especie patógena que afecta a los frutos, como Phytophthora hibernalis, la fruta afectada debe eliminarse tanto del árbol como del suelo con la mayor frecuencia posible.
Hongos en viña
También las condiciones dominantes desde octubre-noviembre están siendo muy favorables a Armillaria mellea, un hongo bien conocido entre las personas que cultivan vid y otras especies. Esta patología produce la podredumbre blanca de las raíces y del cuello de árboles y arbustos leñosos, y cuando está presente suele aparecer, bajo una corteza que se desprende con facilidad, un fieltro de micelio de color blanco y un característico olor a hongo.
Para intentar reducir su incidencia, además de arrancar, retirar y destruir los pies afectados, es conveniente proporcionar un buen drenaje al terreno. Asimismo, las aplicaciones del hongo beneficioso Trichoderma spp. pueden contribuir a limitar su avance.
Árboles urbanos (y en general)
Todos sabemos que el riesgo de rotura o caída de estos árboles es evidente durante episodios de temporales o borrascas de alto impacto. Pero es menos conocido que, cuando deja de llover tras un período prolongado de precipitaciones, los árboles también pueden tener un mayor riesgo de colapso, no solo porque el suelo está saturado de agua y, por tanto, hay menor anclaje entre el terreno y el sistema radicular, sino también por el mayor esfuerzo al que están sometidas unas raíces asfixiadas por falta de oxígeno debido a la mayor carga de la madera húmeda (y de las hojas en los árboles perennes) sobre un suelo “blando” que está cambiando en parte sus propiedades físicas.
Por lo tanto, Areeiro recomienda precaución, especialmente si el cambio en la climatología es brusco (que a priori no lo va a ser) y/o si viene acompañado de vientos.
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