
David O’Sullivan y su mujer Raeurgn llevan 45 años produciendo leche a bajo coste. En eso se basa toda la estrategia de su granja, situada cerca de New Plymouth, en la isla norte de Nueva Zelanda, desde la alimentación del ganado, la selección genética o el manejo.
Entregan la leche a Fonterra, que les paga no por los litros que entregan sino por los kilos de grasa y proteína que producen sus vacas. Son las exigencias de un negocio basado en la exportación en el que importan los sólidos y la parte líquida hay que extraerla en las torres de secado que la cooperativa, a la que pertenecen 9.000 ganaderos neozelandeses, tiene por todo el país.
El rebaño de los O’Sullivan es jersey, una raza que aprovecha bien el pasto y produce sólidos. La hierba es la base de la alimentación durante todo el año, incluso en invierno, cuando suplementan con silo de hierba procedente de los excedentes de la primavera.
La granja está encuadrada en el sistema 2 de una escala hasta 5 por su bajo nivel de insumos
David lucha contra una tendencia creciente en Nueva Zelanda, donde las explotaciones avanzan hacia una mayor intensificación, sobre todo en los momentos de buenos precios de la leche. Pero advierte: “no hay garantía en el precio de la leche porque dependemos completamente del precio de la exportación”.
Por eso, Belgrove solo da 2 kg de pienso al día, que suministran a las vacas en la sala de ordeño y, dentro de la clasificación de granjas que realiza Dairy NZ, la entidad oficial de asesoramiento del país, está encuadrada en el sistema 2 de una escala hasta 5.
Carga ganadera de 2,7 vacas por hectárea
Para abaratar costes y reducir insumos, el aprovechamiento del pasto es fundamental. La granja tiene 200 vacas en producción (de un rebaño total de 350 cabezas) y 95 hectáreas de superficie, de las que 72 están dedicadas a praderas y el resto a parcelas de sacrificio para tener el ganado en invierno. No realizan ningún tipo de cultivo, solo gestionan el pasto y renuevan las praderas cuando es necesario. “No me gustan los tractores; cuanta menos maquinaria mejor, las vacas hacen el trabajo”, afirma.
No me gustan los tractores; cuanta menos maquinaria mejor, las vacas hacen el trabajo
En primavera, el periodo de rotación en el pasto es de 20 días, que se va alargando hasta un máximo de 27 días en verano. Les abren pasto nuevo a las vacas dos veces al día, para que vayan a pastar a una nueva parcela después de cada ordeño.
En primavera, el ganado vuelve a pastar las parcelas cada 20 días
La tierra es de propiedad y está toda junta alrededor de la granja. Las vacas caminan hasta 2 km hacia un lado de la explotación y 1,5 km hacia el otro para ir hasta las parcelas que están más alejadas de la sala de ordeño, el corazón del sistema en todas las explotaciones lecheras de Nueva Zelanda.
Monoordeño
La granja de los O’Sullivan tiene una sala rotativa Re-wired de 24 puntos del año 1970, la segunda sala rotativa instalada en toda Nueva Zelanda. Les lleva una hora ordeñar y media hora lavar, y después las vacas vuelven al prado.
Les lleva una hora ordeñar y media hora lavar, y después las vacas vuelven al prado
Ordeñan 10 meses al año, desde principios de agosto hasta el 31 de mayo, y después secan todas las vacas juntas. Dividen la lactación en dos periodos: en el primero ordeñan dos veces al día y en el segundo una; entre agosto y Navidad hacen dos ordeños y desde enero hasta finales de mayo uno.
El pico de producción lo obtienen en octubre y en esa época logran 2 kg de sólidos por vaca y día con dos ordeños. Cuando pasan a ordeñar una vez al día después de Navidad, la producción baja de 1,7 a 1,5 kg de sólidos, pero después ya se estabiliza y no sigue descendiendo.
Noto que el estrés del ganado baja mucho cuando pasamos al monoordeño
“Aunque mantuviéramos los dos ordeños, también bajaría la producción, porque a las vacas en esta época del verano les afecta el calor, por lo que no tiene sentido seguir ordeñando dos veces”, argumenta David, que hace hincapié en que nota un gran descenso del estrés en el ganado cuando pasa al monoordeño.
Las vacas que no se adaptan a este sistema de monoordeño son descartadas y emplean probióticos con muy buenos resultados frente a las mamitis y al recuento de células. “Antes era un problema”, reconoce. También realizan selección genética teniendo en cuenta este aspecto diferencial.
Concentración de partos

Belgrove Farms tiene en este momento todas sus vacas secas. Realizan concentración de partos y comenzarán a parir a principios de agosto. Es la época de más trabajo, pues tienen que atender los 200 terneros que nacen y los nacimientos se producen todos juntos, en pocas semanas.
La época de partos comienza a principios de agosto y es el momento de más trabajo
Las vacas paren en el prado y dos veces al día acuden a recoger los terneros y los llevan a la granja. Después les dan leche en polvo durante una semana y los venden a otra explotación que los cría hasta los 100 kg, con los que son destetados antes de ser cebados. Se sacrifican con entre 18 y 24 meses.
Tiene contrato con otro ganadero vecino para venderle los terneros con una semana de vida para cebo
Los terneros que no quiere este vecino (les paga unos 30 euros por ternero) son sacrificados con 4 días de vida y destinados a pienso para mascotas (recibe 15 euros por cada uno). Estos terneros sacrificados recién nacidos son los llamados bobby calves, una práctica habitual en muchas granjas del país pero que suscita una importante polémica en la sociedad neozelandesa.
Alto nivel genético
Para concentrar los partos, el periodo de cubrición se extiende desde el 20 de octubre al 2 de enero. Emplea normalmente 6 toros diferentes para inseminar y en el mes de diciembre introduce un toro en el rebaño para las repetidoras que fallaron en la inseminación artificial.
El periodo de cubrición se extiende desde el 20 de octubre al 2 de enero
Entre un 5 y un 10% de las vacas no quedan preñadas en este periodo de 2 meses y medio, pero en lugar de enviarlas al matadero, como hacen la mayoría de las explotaciones en Nueva Zelanda, Belgrove prefiere mantenerlas hasta la siguiente campaña de inseminaciones.
David tiene cierto prestigio como criador y lleva el registro del pedigrí de sus animales, algo que solo hacen 4 o 5 de las ganaderías que trabajan con jersey en Nueva Zelanda. Trabaja con la compañía holandesa CRV, que cuenta con un centro de sementales en Nueva Zelanda para producir semen para todo el mundo de toros destinados al pastoreo, y con un par de empresas de genética más para elegir aquellos toros que mejor se adaptan a sus necesidades. Los criterios de selección genética que prioriza son: ubre, temperamento, fertilidad y sólidos.
A medida que crecen las granjas envían antes las vacas al matadero
La alta longevidad es también una característica del rebaño de los O’Sullivan. El 20% de las vacas de la granja tienen más de 10 años y llegan a tener un 30% con más de 8 años. Las novillas comienzan a parir a partir de los 2 años de vida y llegan a tener vacas de 8 y 10 partos. “Esta es una tendencia cada vez menor en las explotaciones, porque a medida que crecen las granjas envían antes las vacas al matadero”, razona David.
Mano de obra familiar
Con 200 vacas en ordeño, la suya es una ganadería que puede considerarse pequeña en Nueva Zelanda. Llevan 45 años trabajando él y su mujer solos en la granja y hace dos años contrataron a una persona para ayudarles que realiza también la podología, algo fundamental en las granjas neozelandesas debido al sistema de pastoreo y a las largas distancias que recorren las vacas a diario.
Con 200 vacas en ordeño, Belgrove puede considerarse una ganadería pequeña en Nueva Zelanda
La mano de obra en las explotaciones del país es básicamente familiar y las granjas buscan simplificar el manejo al máximo para no tener que contratar personal. “Atender 200 vacas por persona es lo habitual aquí. Mi mujer no ordeña, solo se encarga de atender a los terneros en la época de partos”, explica David.
Precio de la leche
El coste por kilo de sólidos de leche producidos por la granja subió de 2,10 euros a 2,40 al contratar al trabajador, pero en los sistemas más intensivos de Nueva Zelanda (que aun así son explotaciones menos intensivas que una explotación media de Galicia) está por encima de los 3 dólares.
Los ganaderos neozelandeses llevan tres años con precios altos por la venta de su leche
En cuanto al precio de venta de la leche, Fonterra acaba de fijar para la actual campaña 2026-2027, que comenzó el 1 de junio, en 9,75 dólares neozelandeses (unos 5 euros) el precio del kg de sólidos lácteos que entregan sus explotaciones proveedoras. Son precios altos, que repiten el valor con el que terminó la campaña 2025-2026 y ligeramente por debajo del precio récord de la campaña 2024-2025, en la que se alcanzaron los 10,16 dólares.
“Los precios actuales de la leche no solo son buenos para los ganaderos, sino que eso también es bueno para la comunidad rural y para el país”, argumenta David. Sus vacas producen de media unos 400 kg de sólidos por lactación. “Normalmente estamos siempre un poco por encima del 10% de nivel de sólidos en la leche, con un 5,5% de grasa y un 4,5% de proteína”, detalla.
Encalado y fertilización

Pese a la estabilidad inusual de las tres últimas campañas, la volatilidad de los precios es algo habitual en el sistema lechero neozelandés, debido a la vinculación entre el precio en origen y el precio de mercado de los productos lácteos industriales que produce la cooperativa.
Es algo que los ganaderos tienen asumido, por lo que las granjas procuran producir a bajo coste para protegerse ante una posible caída repentina de los precios. “Para mí el mayor coste es la fertilización de las praderas”, explica David.
Dejé de emplear nitrógeno químico porque vi que ese sistema estaba convirtiéndose en algo antinatural para el suelo
Actualmente no emplea nitrógeno, pero estuvo utilizándolo durante 35 años, ni tampoco urea. “La última vez que usé urea se me quedaron los prados amarillos y dejé de utilizarla. Después dejé también de usar todo tipo de nitrógeno químico porque vi que ese sistema estaba convirtiéndose en algo antinatural para el suelo. Mi vecino usa mucha urea y hace una rotación de 40 días en el pasto y aun así su hierba parece que tiene hambre y la mía tiene un color verde más intenso. No perdí cantidad de materia seca en las praderas al dejar de abonar con nitrógeno, sigo obteniendo entre 13 y 15 toneladas de MS por hectárea y año en mis praderas”, cuenta.
Tras realizar analíticas, encalan en otoño si es necesario
Belgrove realiza todos los años análisis del suelo para controlar el nivel de pH y nutrientes. “La analítica es el mejor negocio que se puede hacer”, asegura. Si es necesario, encalan en otoño, normalmente cada dos años. La granja está cerca de las viviendas y empieza a tener problemas de conflictividad con los vecinos por los olores, por lo que esperan a que el viento sople desde el lado adecuado para aplicarlo.
Utilizan para ello una mezcla a base de cal, fósforo y potasio. La dosis habitual está entre 400 y 500 kg por hectárea. Su objetivo es estabilizar el pH del suelo entre 6 y 6,5 desde el nivel inicial de 5,5 que tiene la tierra en esta zona. “Es normal que el suelo sea muy ácido porque aquí llueve mucho, hasta 3.000 litros, y hay mucho lavado”, explica. La granja se encuentra junto a una cordillera costera que frena las nubes y multiplica las precipitaciones en invierno y primavera.
Cobertizo para los días de lluvia del invierno
Además de la sala de ordeño, Belgrove tan solo dispone de un cobertizo tipo invernadero para tener el ganado los días en los que llueve mucho en invierno. “Cuando llueve mucho las vacas salen a pastar y vuelven allí para no estropear tanto las praderas”, explica David.
Muchas granjas en Nueva Zelanda no cuentan con ningún tipo de instalaciones para el ganado en invierno
En estas instalaciones, que tienen una vida útil de unos 12 años, emplean cama caliente de astillas de madera, que cambian cada 15 días por el grado de humedad que alcanza durante los meses de invierno.
Muchas granjas en Nueva Zelanda no cuentan con ningún tipo de instalaciones para el ganado en invierno, pero en los últimos años el Gobierno está debatiendo si establecer esta obligación por cuestiones de bienestar animal, ya que el ganado pasa varios meses en patios de sacrificio que acaban convertidos en auténticos barrizales.
Relevo generacional
David y Raeurgn están ya próximos a la jubilación tras casi medio siglo trabajando como ganaderos. Tienen dos hijos, pero no continúan en la actividad. “El relevo es algo que siempre tengo en la cabeza, llevo con esa preocupación 10 años”, reconoce David.
A él le gusta ordeñar, pero en los próximos años quizá tenga que vender la granja, reconoce. “Acaba de venderse una granja aquí al lado, parecida a la nuestra, de 350 vacas y 90 hectáreas de terreno por 4,8 millones de dólares neozelandeses (unos 2,4 millones de euros al cambio)”, indica.
Hay una época específica del año, de diciembre a febrero, para vender las granjas y para hacer los cambios en los arrendamientos
Muchas veces estas granjas que cierran por falta de relevo son compradas por otro ganadero para replicar su explotación en otra ubicación próxima. La superficie hay que venderla toda junta en una sola pieza, no se puede parcelar ni vender por partes, lo que supone un importante desembolso económico para el ganadero que la compra pero, al mismo tiempo, la tierra es el principal activo con el que cuentan las explotaciones.
La tierra es el principal activo con el que cuentan las explotaciones
“Lo habitual aquí es un grado de endeudamiento del 7%. Si supera el 10% y los precios de la leche son bajos, muchas granjas ya tienen dificultades para pagar el préstamo”, asegura David. “En esta zona la tierra está adquiriendo mucho valor porque el pueblo está creciendo hacia aquí; las fincas buenas se están pagando entre 60.000 y 80.000 dólares por hectárea (entre 30.000 y 40.000 euros al cambio)”, detalla.
En Nueva Zelanda la compraventa de explotaciones es algo habitual y disponen también de un sistema específico de alquiler, denominado share milking (ordeño compartido), que facilita el arrendamiento de las explotaciones mediante contratos de 3 y 5 años prorrogables en los que el propietario y el arrendatario se reparten los ingresos por la venta de la leche.
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