
La campaña de la castaña de este año en Galicia fue mala a nivel general. Esa es la valoración que hacen los productores y operadores de las diferentes comarcas castañeras gallegas. Más allá de las causas puntuales que llevaron a esta mala cosecha, desde el sector señalan problemas estructurales sobre los que habría que actuar para que no se siga perdiendo producción.
Castañas Rafael. Valdeorras
La comarca de Valdeorras es la de más producción de castaña en Galicia y en la que la campaña de este año fue la peor. La causa estuvo en los incendios de agosto. Juan Fernández, responsable de la industria Castañas Rafael y Presidente de la Red Estatal del Castaño, señala que se perdió el 90% de la producción.
“Los incendios fueron devastadores porque quemaron sotos enteros y se perdieron muchos árboles. Muchas masas arbóreas desaparecieron para siempre y otras quedaron tan dañadas que precisarán de mucho tiempo y trabajo para poderlas recuperar. De las variedades tempranas no se recogió prácticamente nada y de las medianas y tardías la recogida fue casi anecdótica.”, dice Fernández.
Los incendios redujeron en un 90% la cosecha en Valdeorras. Perdimos competitividad y tardaremos en recuperarla (Juan Fernández, Castañas Rafael)
El responsable de Castañas Rafael señala que, si bien la castaña es un complemento de rentas para la mayor parte de los productores, la suma conjunta supone un importantísimo aporte económico para Valdeorras con el que este año ya no se va a poder contar y a corto plazo quedará muy reducido.
Para las industrias como la de Fernández, la pérdida de ese 90% de producción supone tener que acudir a otros mercados para abastecerse, lo cual puede suponer una pérdida de competitividad. “En Verín o Viana do Bolo la cosecha fue relativamente normal. Porque el fuego afectó menos y porque tienen variedades tardías, que se dieron moderadamente bien. Pero con nuestros proveedores de Valdeorras ya no pudimos contar.”

Los incendios de agosto arrasaron numerosos sotos en Valdeorras
Además del fuego, Fernández también apunta a las condiciones climáticas. “Hubo muchísima calor buena parte de la primavera y todo el verano. Y las lluvias no llegaron hasta bien entrado noviembre. Eso ya iba a afectar a los castaños seriamente, independientemente de los incendios. Estamos viendo como en Extremadura y Portugal, donde no hubo fuegos, la producción de castaña bajó notablemente este año. Por la sequía y el calor.”
La pérdida de producción aún es más dolorosa porque el estado sanitario y la calidad organoléptica de las castañas este año es excepcional. Ni chancro, ni tinta ni avispilla afectaron apenas y tan solo el gusano tuvo una pequeña incidencia.
Por otro lado, los castaños que se perdieron en Valdeorras eran de variedades sativa, que tienen -dice Fernández- mucha más calidad que las híbridas y muchas más aplicaciones culinarias y de transformación en productos elaborados.
Más allá de lo que pasó en esta campaña, hay que profundizar en la profesionalización para no seguir perdiendo producción
A pesar de las enormes pérdidas, el empresario prefiere evitar el dramatismo. “El sector y el mercado de la castaña son cada vez más globales. Cuando falla una región productora, funciona perfectamente otra. Por supuesto que todos queremos vender más, pero siempre tenemos fruto para trabajar. Especialmente en el mercado europeo.”
Más allá de esta campaña, Fernández cree que hay que actuar para profesionalizar el sector, de modo que pueda haber agricultores que vivan de los castaños y que haya más industrias que puedan operar comercializando castaña gallega. “Solo así conseguiremos frenar la pérdida de producción, el abandono de los sotos y la despoblación rural.”
Xosé Manuel Guerra. Oriente orensano
En el sudeste de la provincia de Ourense, una de las zonas más productoras de Galicia, la campaña estuvo marcada por los incendios de agosto. “Hubo parroquias donde ardieron muchos castaños y otros quedaron muy deteriorados. Incluso estando los sotos limpios, el fuego afectó igual por la maleza de los alrededores. Eso supuso una pérdida de cantidad y ahora habrá que trabajar con los que se deterioraron para ver si se pueden recuperar.”, dice Xosé Manuel Guerra, productor y Presidente de la Asociación da Castaña de A Gudiña.
“Aunque el fuego no entrara en el soto, los castaños se chamuscaron por el calor y las rachas de fuego que los tocaron desde las zonas de maleza colindantes. La falta de limpieza en el entorno de los sotos llevó a que los incendios redujeran enormemente la cosecha de este año.”, explica Guerra.
Aunque los sotos estén cuidados, el fuego les acaba afectando si el entorno no está limpio y cuidado (Xosé Manuel Guerra, productor de A Gudiña)
El fuego y las altísimas temperaturas que causó hicieron que los castaños no polinizaran adecuadamente, que desaparecieran buena parte de los erizos de árboles en producción o que los calibres de las castañas se redujeran mucho más de lo habitual.

Ni siquiera la riega pudo paliar los efectos de la sequía y los incendios en el Oriente ourensano
Pero, independientemente del fuego, la campaña ya se anunciaba baja en cuanto a producción en esta zona. “La falta de agua ya venía desde junio. Los que procuramos tener los sotos profesionalizados hacemos riegos cuando vemos que es preciso. Y cada año es más preciso. Esta vez incluso regando y aun si no hubiera fuegos iba a ser muy difícil tener un volumen importante de fruto.”
En lo que coincide Guerra con productores de otras zonas de Galicia es en señalar que en esta campaña el estado sanitario de las castañas era óptimo. Algo que quedó demostrado en las variedades tardías (las que caen a partir de la última semana de octubre) que se vieron favorecidas por las primeras lluvias del otoño y mostraron una salud excelente.
“Aquí, por ser zonas de montaña, tenemos variedades sativa muy valoradas por la Indicación Geográfica Protegida (IXP) Castaña de Galicia. Suelen venir más tarde que las otras y por eso aguantan mejor la falta de humedad, las enfermedades y las plagas.”
Otro factor que incidió negativamente en la campaña es que cada vez se secan más castaños viejos. “Sería precisa una revalorización de sotos. Porque los castaños grandes y viejos son los que dan más fruto. El manejo agronómico permitiría recuperar esos árboles más antiguos que precisan podas, desmochados, limpiezas…”, explica Guerra.
En esta zona -y casi en toda Galicia- y en este contexto de caída de la producción, los precios en origen se situaron entre 1,50-1,70 euros el kilo para las castañas a granel y entre 2,70-2,80 euros para las clasificadas por lotes y calibres homogéneos y con frutos sativa sanos y de calidad. Y, señala Guerra, toda la producción tiene la compra garantizada.
Hay que valorizar y revalorizar los sotos. Porque estamos perdiendo muchos castaños viejos, que son los de más y mejor rendimiento
Un aspecto positivo en esta zona es que hay productores que tienen hasta un 90% de la producción de las variedades ventura o famosa. De ese modo, les es más fácil ofrecer a la industria lotes homogéneos, que son los más demandados y mejor pagados. Algo que puede aliviar la mala campaña.
Guerra cree que la falta de industrias, aunque sean medianas y pequeñas, en buena parte de Galicia hace que los productores tengan que recurrir a intermediarios, lo cual puede disminuir los márgenes de beneficio, como sucede con cualquier producto agrario. Y lamenta también la escasez de viveros que faciliten plantas sativa autóctonas gallegas adaptadas a cada territorio productor de Galicia.
Cooperativa Amarelante. Manzaneda-montaña orensana
También los fuegos de agosto tuvieron una incidencia directa en la campaña en la zona de la montaña orensana. Óscar Freire, de la Cooperativa Amarelante de Manzaneda, explica que hubo lugares donde ardieron numerosos castaños y eso redujo notablemente la producción en la zona.

Los castaños de variedades tardías atenuaron la mala cosecha en la montaña ourensana
Pero Freire explica que la campaña ya partía con malas expectativas. “En los momentos en que la lluvia era más necesaria no cayó ni gota. Así es imposible obtener una cantidad suficiente de fruto. Y esto ya se arrastra desde hace años. Calculamos que este año la cosecha va a ser inferior en un 30% a la del año pasado en las zonas no afectadas por el fuego.”
Por variedades, las más tempranas presentaron un tamaño muy reducido pero una alta calidad y un perfecto estado sanitario. Y las más tardías se vieron favorecidas por las lluvias de septiembre y aún se recogieron hasta mediados de noviembre. “En un año normal, las variedades tempranas traen un 20% de insectos. Este año apenas trajeron. Por eso fue una lástima que hubiera tan poca.”, dice Freire.
La mala cosecha en cuanto a producción aún se hace más dolorosa porque los frutos que quedaron están en un estado sanitario excelente (Oscar Freire, Amarelante)
También en esta parte de Ourense la ausencia de industria lleva a que haya que tratar con intermediarios. En Amarelante tienen tres líneas de producto elaborado con castaña y funcionan como una especie de centro de distribución para distribuidores de la zona. Pero los volúmenes son pequeños para pensar en una profesionalización a corto plazo.
Freire señala que las variedades sativa gallegas siempre van a tener demanda y la producción se vende íntegra independientemente de su volumen. “Un producto como este, de alta calidad, está muy demandado. Por eso es una pena que no se produzca más y que esta campaña bajara tanto la producción.”
El socio de Amarelante cree que la producción seguirá descendiendo en los próximos años. “El cambio climático está ahí. Cada vez llueve menos y las temperaturas son más elevadas. El castaño puede resistir el cambio, pero la producción se va a ver reducida porque lo primero que hace el árbol para sobrevivir es prescindir del fruto.”
José Antonio Liñares y José Manuel Queijas. Cerceda-Rías Altas
Las Rías Altas y en general la franja atlántica gallega tuvieron una cosecha que se puede calificar de muy buena. Si bien son zonas de plantaciones pequeñas y, por lo tanto, producciones reducidas, lo cierto es que el fruto recogido por árbol fue abundante y de muy alta calidad y excelentes condiciones sanitarias.

En la franja atlántica la cosecha fue buena en cuanto a calidad y cantidad
“En comparación con otros años, podemos hablar de éxito. La cantidad y calidad fueron excelentes tanto en las variedades más tempranas como en las más tardías. La sequía no afectó tan fuertemente como en otras zonas de Galicia”, señala José Antonio Liñares, productor de Cerceda y Presidente de la Asociación Galega das Castañas e dos Soutos (AGCS).
Una valoración climática en la que coincide José Manuel Queijas, productor también en Cerceda y Secretario de la AGCS. “Las altas temperaturas de agosto, combinadas con los días de lluvia que tuvimos en septiembre fueron de mucha ayuda. Especialmente para las variedades tardías como la xudía, que aún está cayendo durante noviembre.”
En la franja atlántica tuvimos muy buena cosecha porque el clima ayudó y las plagas apenas afectaron (Asociación Galega das Castañas e dos Soutos)
Liñares y Queijas destacan que los momentos de más recogida coincidieron con días secos, lo que contribuyó a que el estado sanitario fuese bueno y los frutos estuvieran libres de hongos e insectos. Con todo, señalan que hay plagas que aparecen en el momento de la floración y que son independientes de las condiciones en la época de recogida. Algo que este año, por fortuna, no sucedió.
En cuanto a precios en origen, los productores de Cerceda indican que hay mucha oscilación. “Si metes la castaña en cámaras inmediatamente después de recogerla y la entregas seleccionada y por lotes lo más uniformes posible el precio será mucho más elevado que si la vendes a granel y sin manipularla.” Los cribados que hacen los mayoristas para comprobar el estado sanitario también influyen, de modo que puede haber diferencias de hasta 1,50 euros por kilo entre productores de la misma zona.
Los dos productores indican que la variedad parede es la que está teniendo más adaptación y resultados en su zona y puede ser la predominante en los próximos años. También creen que el cambio climático puede favorecer el cultivo en la franja atlántica a medio plazo por el cambio en las condiciones del clima en las zonas tradicionalmente productoras.”
A Carqueixa. Ancares
Radicalmente distinta fue la situación en los Ancares lucenses. La Cooperativa Carqueixa ni siquiera contempla hacer negocio este año con la castaña debido a lo extremadamente mala que fue la cosecha. “Ni siquiera estuvimos recogiendo. Fue un año catastrófico.”, explica Román Sánchez, gerente de la cooperativa.
Sánchez señala que enfermedades y plagas como la tinta, la avispilla o el chancro tuvieron una importante incidencia este año. “Y a mediados de la primavera padecimos una tormenta que cortó la floración y que incluso dañó algunos árboles.”
La campaña fue tan mala que en muchos lugares ya ni recogimos. Es un año perdido (Román Sánchez, A Carqueixa)
En A Carqueixa llevaban un proceso lento pero continuo de recuperación de la producción de castañas por parte de los socios pero este año se vio frenado radicalmente. “Ni siquiera podemos hacer una valoración de lo que se salvó porque fue anecdótico. Ya ni lo contamos.”

La campaña de este año en Os Ancares se dio por perdida
Si bien la castaña es una actividad secundaria en los Ancares, muy por detrás de la ganadería, lo cierto es que para muchas familias y socios de A Carqueixa supone un importante complemento de rentas. “Otros años había quien sacaba 10.000 o 15.000 euros con las castañas y este año no los va a tener. No cabe duda de que para ellos es un golpe duro.”
Con todo, lo que más preocupa es que en las zonas donde los árboles están mejor cuidados, donde el clima no afectó tan negativamente y donde las plagas y dolencias apenas aparecieron, tampoco hubo producción. “Ya ha pasado alguna vez. Las castañas no salen y no tenemos una explicación para ese fenómeno.”
Manuel López “Vilariño”. IXP Castaña de Galicia
Desde diciembre de 2024, la IXP Castaña de Galicia abarca todo el territorio gallego. Por eso, la IXP puede tener adscritos productores de cualquier comarca, lo que le confiere mayores responsabilidades. Su secretario, Manuel López “Vilariño”, habla de una campaña muy diversa por las diferentes condiciones y circunstancias de cada zona de Galicia.
“En la mitad occidental de Galicia, y sobre todo en la costa, llovió mucho más que en el interior, que es la zona tradicionalmente productora. Eso influye en el resultado final de producción. Lo que constatamos es que las variedades tempranas fueron escasas y de pequeño tamaño por causa de la sequía.”, dice Vilariño.
Las variedades de media estación y tardías fueron las que salvaron en cierta medida esta campaña. Las tempranas apenas produjeron
Las variedades de media estación y tardías, en las zonas donde llovió, fueron de alta calidad y más abundantes de lo que cabía esperar. Incluso en zonas de interior como Verín, Sarria, Baralla o Chantada. “A pesar de los muchos condicionantes negativos -sequía, incendios, afectaciones en la floración…- podemos decir que la calidad y el estado sanitario de esta cosecha en variedades medias y tardías fue notablemente mejor que en años anteriores.”

La IXP Castaña de Galicia habla de una cosecha reducida pero de muy alta calidad
Hongos como la antracnosis o el fusarium, que no se ven por fuera de la castaña pero pueden estar presentes por dentro, causaron bastantes problemas en campañas anteriores. Este año, en las castañas que se le presentaron a la IXP no se detectó una presencia significativa.
Vilariño admitió que las castañas amparadas por la IXP no dan una imagen completa del sector. “Nosotros solo certificamos castañas con una plena garantía sanitaria, de calidad y de trazabilidad. Pero el sector es muy amplio y hay muchos operadores y muchas operaciones que no siempre quedan registradas. En todo caso, podemos afirmar que en esta campaña tendremos menos fruto en la IXP pero con una mayor calidad.”
Los precios y cantidades recogidas oscilan de unas comarcas a otras. Pero, como IXP, en todas ellas está garantizada la calidad y la sanidad del fruto
Con el fin de mejorar la situación de la castaña gallega -especialmente en campañas malas como la actual- la IXP está promoviendo que en los lineales de los puntos de venta se obligue a diferenciar entre las castañas sativa y las híbridas. “El consumidor tiene que tener toda la información y después decidir en qué quiere gastar su dinero y en qué cantidad.”
A falta de confirmación oficial, Vilariño calcula que las castañas adscritas a la IXP se estén comercializando a entre 1,40 y 3 euros. “Hay que tener en cuenta los calibres, las variedades, las mermas, el estado sanitario… influyen muchos factores y eso explica los diferentes precios.”
El secretario de la IXP señala que la demanda de castaña certificada aumenta cada año. Por eso, sin llegar a hablar de desabastecimiento, sí que reconoce que los operadores adscritos no van a poder conseguir en esta campaña todo el fruto que podrían comercializar y transformar.
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