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Claves para una buena germinación de las semillas de maíz

Claves para una buena germinación de las semillas de maíz

Es un momento crítico, la mayor apuesta a la que haremos frente en los próximos meses hasta obtener la merecida recompensa. Es el momento de sembrar tu variedad de maíz Syngenta Semillas elegida. Por ello es esencial prestar la mayor atención posible para asegurarnos que el inicio de esta carrera de fondo sea el mejor posible, esto es lograr una siembra lo más perfecta posible. Y qué mejor que conocer qué es lo que necesita nuestra semilla de maíz para nacer en las mejores condiciones posibles y así poder atajar posibles problemas y contratiempos.

No es solo enterrar la semilla y dejar que la naturaleza actúe por su cuenta. Es cierto que poco podremos hacer frente a las condiciones climáticas, pero también es cierto que tendremos cierta capacidad de acción sobre otras condiciones y/o de contrarrestar contratiempos. Lo primero es haber elegido la mejor variedad para tu situación concreta, y dentro del catálogo de maíz Syngenta Semillas 2021 tendrás mucho más híbridos para ayudarte en esta tarea.

La germinación de la semilla no es otra cosa que el despertar de la actividad enzimática o, dicho de manera más sencilla, de la vida. Tendremos nuevamente división y crecimiento celular lo cual llevará a que nuestra semilla se convierta en una plántula, ésta en una planta adulta y termine por producir el preciado tesoro del grano.

Condiciones de humedad para una buena germinación

Para el arranque de la nueva vida es prioritario contar con el contenido suficiente de humedad en el suelo pues la semilla de maíz necesita absorber al menos el 30% de su peso en agua, y empezará a hacerlo a las 24-48 horas de haberla sembrado, a través de las paredes celulares. ¿Y cuánta agua ha de tener mi suelo entonces? Pues es una buena pregunta. Capacidad de campo (dependerá del tipo de suelo) sería el ideal, pero en esta situación no sería viable entrar a sembrar. Un término medio que suele usarse es 50% de la capacidad de campo, que nos posibilitará entrar en la parcela y además asegurar que la humedad se mantenga durante el tiempo suficiente para garantizar la nascencia y además de una forma homogénea, algo crítico si queremos exprimir al máximo el potencial productivo de nuestro híbrido.

Existe un método bastante aproximado y fácil de aplicar, el ojímetro. Suena a lo que es, pero no deja de ser efectivo. Incluso el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) desarrolló ya hace años una guía que permite estimar el contenido de humedad del suelo simplemente cogiendo un puñado de nuestro suelo apretándolo. Dependiendo de la textura del suelo si podemos hacer una bola más o menos compacta en la que nuestros dedos se queden marcados pero que termine disgregándose tendremos la humedad suficiente para llevar a cabo la siembra (Estimación de la humedad en suelo mediante estimación visual y sensación táctil, U SDA, 1998).

Dependiendo del sistema de riego que tengamos, de la zona en la que nos encontremos y del manejo del cultivo tendremos que tomar diferentes decisiones para garantizar la humedad suficiente para nuestra semilla. Si no contamos con agua para regar la cosa se complica pues deberemos o esperar a que llueva y después esperar a poder entrar para preparar el terreno y sembrar, o arriesgarnos a sembrar buscando la humedad, o esperando por ella. Es decir, podremos sembrar en seco esperando lluvias previstas, garantizando que por capilaridad (ascensión de agua en el suelo) no tengamos humedad que pueda dar lugar a una falsa germinación, es decir que la semilla absorba agua, pero no en suficiente cantidad para geminar completamente y de lugar a lo que conocemos como quedarse en seco. Si sembramos en seco, que realmente lo sea. En cambio, si contamos con humedad en profundidad y por capilaridad deberemos sembrar a la suficiente profundidad para evitar que la semilla quede en seco.

Profundidad recomendable

Siempre es mejor pecar en profundidad pues los problemas suelen ser más frecuentes cuando dejamos la semilla superficial. La profundidad recomendable oscilará entre 4 y 6 centímetros, por lo que la recomendación es el punto medio, 5. Además así nos aseguraremos de que las futuras raíces nodales de nuestra planta se desarrollen adecuadamente, lo cual nos interesa extremadamente pues son las mayores responsables en la toma de agua y nutrientes, y de la estabilidad estructural de la planta. Una siembra muy superficial puede ser la explicación a una caída temprana de la planta, así como una menor tolerancia a situaciones de estrés hídrico.

La clave es posicionar la semilla en aquella zona en la que la humedad vaya a ser constante y en toda la parcela por igual, pues que nos germine bien una zona y mal otra no nos ayudará a mantener el potencial productivo. Una nascencia irregular puede ser motivo de pérdidas de entre el 8 y 10% del rendimiento (Nascencia irregular en maíz; Paul R Carter, E.D. Nafziger, J.G.Lauer; North Central Regional Extension Publication nº344), por simple competencia entre nuestras propias plantas de maíz (nutrientes, iluminación, etc).

Y seguro que todas las parcelas en las que vas a sembrar maíz no son iguales. Es preferible gastar unos pocos minutos en determinar la profundidad de siembra adecuada en cada una de ellas y regular la sembradora.

La semilla ha de contar con agua, compitiendo directamente por ella con el propio suelo. Cuanto más seco esté este más le costará a la semilla absorber agua, y lo mismo ocurrirá cuando estemos en suelos con alto contenido en solutos, en sales, pues éstas harán que el agua sea más fuertemente retenida por el suelo. Detrás de esto está lo que conocemos como presión osmótica. Ojo a los suelos salinos. Y de momento con el pH no nos meteremos pues su impacto es mayor sobre el desarrollo del cultivo que sobre la nascencia. Solo a modo de recordatorio el óptimo para maíz estará entre 5,5 y 7.

Si contamos con la posibilidad de regar la situación se simplifica, ¿cierto? Eso sí, no olvides que la temperatura del agua también es un factor crítico a tener en cuenta como veremos en un momento.

millo gran dekalb apaisada

Preparación del terreno

Una nascencia homogénea es el quid de la cuestión y la labor de preparación del terreno es un punto en el que tendrás tu papel protagonista, o no si te has decantado por la siembra directa, pero este tema lo dejamos para otro capítulo de momento. En la preparación del terreno tu labor, nunca mejor dicho, consistirá en garantizar el contacto más estrecho posible entre semilla y suelo. No dejes el terreno aterronado ni compactado, no siembres en húmedo pues dejarás el surco abierto. El problema fundamental es que tendremos más aire de la cuenta entre nuestra semilla y el suelo y esto dará lugar a una pérdida excesiva de la tan necesaria humedad.

Y no queremos decir que el aire, el oxígeno, no sea necesario, al contrario. La actividad enzimática, el despertar de la vida, arranca cuando la semilla absorbe agua y acto seguido oxígeno, iniciando así la actividad respiratoria de la semilla. Sí, nuestra semilla bebe y respira, y también come. Gracias al agua y oxígeno absorbidos la semilla empieza a liberar energía en base al almidón (reservas) que contiene. La preparación de nuestro suelo deberá permitir el contacto estrecho con la semilla, pero dejando suficiente hueco a al menos un 21% de oxígeno y un 0,03% de CO2.

Un suelo mal preparado hará que tu siembra no sea todo lo precisa que debería y el reparto de semilla sea irregular. Y no hay mayor competencia de una planta de maíz que otra planta de maíz demasiado próxima. Por supuesto con riego podrás minimizar el impacto, pero no eliminarlo al 100%. Aquí ayudará el mantener una velocidad de siembra adecuada lo cual dependerá de la preparación del terreno y de la sembradora. Para las sembradoras clásicas 4-5 km/h es lo recomendable, aunque si el lecho de siembra es idóneo podrás subir hasta los 8-9 km/h. Otra cosa son las “sembradoras rápidas”, con las que en situaciones ideales se pueden alcanzar 15 km/h sin sacrificar la regularidad de siembra.

Temperatura óptima del suelo

Temperatura. Este concepto todos lo tenemos más claro, aunque siempre está presente la discusión de si 8ºC en suelo es suficiente. Lo preferible es un mínimo de 10ºC para promover la germinación pues cuanto mayor es la temperatura más rápida será la emergencia. La semilla será capaz de metabolizar más eficiente y rápidamente los nutrientes de sus reservas y “volver” a la vida en menos tiempo. Recuerda, una germinación rápida reduce la exposición a problemas. Esto no significa que tengamos que retrasar excesivamente el momento de siembra buscando altas temperaturas en suelo pues sacrificaremos otros parámetros como es la cantidad de días que nos quedarán para que nuestro maíz se desarrolle adecuadamente (integral térmica), o podemos exponer a nuestra planta de maíz a un crecimiento excesivamente rápido con entrenudos muy alargados y reducción de la resistencia a la caída, por poner un ejemplo.

La base para determinar cuál es el momento adecuado de siembra es que nuestra semilla de maíz necesitará 115 grados día (GDD) si tomamos como base la temperatura del aire o 119 si la temperatura que observamos es la del suelo. Toma como base que tu suelo haya alcanzado al menos esos 10ºC y que los mantenga o suba de forma mantenida, es decir que la previsión del tiempo traiga temperaturas ascendentes. En condiciones ideales la nascencia se dará entre 7 y 10 días desde que sembramos.

Y como indicábamos anteriormente ten cuidado con los riegos de nascencia. El agua en estos momentos lo más probable es que reduzca la temperatura del suelo, ralentizando la velocidad de germinación y en casos extremos podría llegar a dañar a la semilla haciendo que las paredes celulares de ésta se vuelvan más rígidas e incluso lleguen a romperse dando lugar a pérdidas de nascencia, malformaciones, plantas débiles.

En conclusión, tu capacidad de acción a la hora de sembrar será:

  • Asegurar la humedad necesaria en tu suelo.
  • No limitar la respiración (oxígeno) de tu semilla.
  • Elegir el momento adecuado de siembra en base a la temperatura del suelo.
  • Repartir la semilla de la forma más precisa y homogénea posible.
  • Disponer de la mejor semilla posible en cuanto a poder germinativo y de arranque.
  • Proteger tu semilla frente a posibles plagas y enfermedades.

Desde Syngenta Semillas te podemos echar una mano al menos en los 3 últimos puntos. En el reparto de la semilla asegurándote un calibre homogéneo en cada bolsa de maíz. En cuanto al vigor todos nuestros clientes reconocen que nuestras variedades destacan por un alto poder germinativo y vigor de arranque. Variedades como nuestra novedad SY Arnold o las ya consolidadas SY Bilbao, SY Carioca destacan en campo desde el primer momento.

Y por la protección de la semilla Syngenta es especialista en esta tarea con una amplia gama de productos para el tratamiento de semillas, englobados en nuestra nueva marca Elevation.

Parecía que poco podíamos hacer para asegurar un final feliz a esta carrera de fondo, pero siento decirte que tienes sobre tus hombros una gran responsabilidad. Y esto, como bien sabes, no termina aquí.

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