Un legado de vida en el monte vecinal de Riomao: la gestión comunitaria como motor de futuro

La Comunidad de Montes Vecinales en Man Común de Riomao, en el municipio de A Veiga (Ourense), es un ejemplo de resistencia rural y gestión forestal sostenible. Sólo seis personas residen habitualmente en la aldea, pero su monte, de casi 1.700 hectáreas y con certificado PEFC, es hoy un referente en biodiversidad, investigación y aprovechamiento responsable de los recursos

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Un legado de vida en el monte vecinal de Riomao: la gestión comunitaria como motor de futuro

El Programa de Reconocimiento de Montes de la certificación forestal PEFC pone en valor el trabajo de comunidades que apuestan por un modelo de gestión integral, compatible con la producción, la conservación y el servicio a la ciudadanía. La Comunidad de Montes Vecinales en Man Común de Riomao, en el municipio de A Veiga, es uno de los montes reconocidos por PEFC y encierra una historia grande.

Casi 1.700 hectáreas de monte, seis personas residiendo habitualmente en la aldea y un compromiso firme con la conservación y la gestión sostenible convierten este lugar en un ejemplo de resistencia y visión de futuro.

Una vida dedicada al monte

Benjamín Fernández Balboa, presidente de la comunidad, recuerda con nostalgia aquellos tiempos en los que el monte era el centro de la vida. «Desde pequeño ya venía por aquí con el ganado, con las cabras y las ovejas», relata. Por aquel entonces, el pueblo de Riomao contaba con cerca de 200 personas que habitaban unas 30 casas. Él mismo llegó a dormir tres noches en los altos del monte con el ganado, una experiencia que guarda en la memoria como parte de ese vínculo indisoluble con la tierra.

El monte era entonces un espacio vivo, lleno de actividad. «Toda una vida en el monte», resume. «Cuando éramos jóvenes, porque no había otra cosa, los jóvenes, los muchachos, pues andábamos con el ganado. Era lo que hacíamos.» Cabras, ovejas y vacas recorrían las laderas, ejerciendo una desbroza natural que mantenía el monte limpio.

benjamin

Un pueblo que se marcha, un monte que resiste

El paso del tiempo trajo cambios profundos. «Ahora somos tres comuneros, somos seis personas aquí en la aldea», confiesa Benjamín. La mecanización del campo y la falta de oportunidades empujaron a los más jóvenes a buscar horizontes fuera. «Estos pueblecitos acabarán quedando sin gente. Por desgracia, porque, a ver, esto no se debería perder, pero los años pasan, los mayores morimos, y los jóvenes no quieren venir», lamenta.

Aunque reconoce que «ahora hay una nueva tendencia a querer irse para la aldea», impulsada quizás por el coronavirus, Benjamín es realista: «Para la aldea los jóvenes no vienen, porque no tienen medio de vivir». La dureza de la vida en el rural, el aislamiento y la falta de servicios hacen que, por muy bonito que sea estar jubilado en la aldea unos días, «también llega un momento que también te aburre».

Hay importantes áreas de frondosas, con carballeiras y rebollares que ocupan el 55% de la superficie gestionada, junto a masas de pino silvestre, negral y alerces

Un monte certificado y bien gestionado

A pesar del despoblamiento, el monte de Riomao -conocido como Biduedo y Sierra del Eje- se mantiene vivo gracias a una gestión activa y profesional. Con casi 1.700 hectáreas, de las cuales más de 1.100 son monte arbolado, es uno de los montes más extensos del municipio de La Veiga, el de mayor superficie de la provincia de Ourense con cerca de 30.000 hectáreas.

La especie principal es el pino silvestre, adaptado a esta zona de montaña, pero el monte cuenta con una notable biodiversidad: unas 300 hectáreas de pino negral (tanto corsicana como hispánica), además de plantaciones de pino uncinata y alerce.

Hay también importantes áreas de frondosas, con carballeiras y rebollares que ocupan el 55% de la superficie gestionada. Benjamín destaca igualmente la calidad de los castaños: «Salía mucha castaña de Riomao. Además muy buena. Es una castaña muy dulce, muy buena para comer, para asar, todo eso.»

«El monte ahora está muy bien preparado, está muy bien cuidado», asegura Benjamín. «Los pinos bien podados, está todo bien cuidado. Las pistas, para poder entrar, para poder limpiar, trabajar en él, pues están limpias.» Y pone en valor un hecho crucial: «Tuvimos la suerte de que no nos ardió, porque los que trabajan en él, los que lo cuidan, pues estuvieron al tanto y no dejaron entrar el fuego.»

MVMC de Riomao

La certificación PEFC es un sello que avala este buen hacer. El monte, además, cuenta con un proyecto de ordenación en vigor y está doblemente certificado, situándose como un referente en gestión forestal sostenible en el sur de Europa.

«Por responsabilidad social corporativa no hacemos plantaciones monoespecíficas», subraya Hugo.

Innovación y ciencia al servicio del monte

Hugo Rodríguez García, director técnico y CEO de Ametlam S.L., la empresa encargada de la gestión, explica que en el monte se desarrollan proyectos punteros. Lo más destacado es el marteloscopio -una parcela de investigación forestal de una hectárea en la que cada árbol está numerado y georreferenciado-, que cuenta con 636 pies y forma parte de la red europea de marteloscopios.

«Estamos en una plataforma digital para que cualquier universidad o centro tecnológico pueda venir a hacer prácticas con sus alumnos», señala Hugo. Además, existe un gemelo digital del marteloscopio, creado tanto con un escáner láser portátil (SLAM) como con un dron equipado con lidar (un sistema de medición por láser).

El monte está involucrado en proyectos europeos como Heat for Forest, para la detección temprana de humos de incendios, y cuenta con sensores de sonido y fototrampeo para establecer una línea base de biodiversidad, analizando las aves forestales y murciélagos presentes. También se están realizando campañas de clasificación de madera estructural y existen parcelas de ensayo con diferentes tecnologías lidar.

La restauración hidrológico-forestal es otra de las líneas de trabajo. Tras un incendio causado por un rayo en 2016, se restauraron unas 50 hectáreas con cuatro especies diferentes (tres de coníferas y una de frondosa caducifolia) para crear un cortafuegos verde. «Por responsabilidad social corporativa no hacemos plantaciones monoespecíficas», subraya Hugo.

El presente y el futuro de la gestión forestal

La gestión del monte de Riomao es un ejemplo de cómo la tradición y la innovación pueden caminar de la mano. Ametlam, creada en 2018, ha desarrollado un software propio llamado Sinergia, que integra simuladores forestales, calculadora de carbono y un módulo de trazabilidad que permite que el 100% de la madera puesta en el mercado -más de 30.000 metros cúbicos el año pasado- esté trazada en origen.

Esta herramienta, además, sirve de canal de comunicación con los propietarios, permitiéndoles hacer un seguimiento en tiempo real de la gestión de sus montes.

El futuro del monte pasa por diversificar los recursos. Además de la madera, se está trabajando en la creación de un coto micológico y en la explotación de frutos del bosque, como el arándano silvestre. También hay proyectos de resinación en otros montes gestionados.

Un ejemplo de que incluso las comunidades más pequeñas, cuando hay compromiso, pueden hacer mucho por la conservación de la biodiversidad y el futuro del territorio.

Una mirada esperanzada

Benjamín Fernández Balboa cierra la conversación con una reflexión agridulce. Sabe que su pueblo, como tantos otros, camina hacia la desaparición, pero también ve cómo el monte, gracias al trabajo de gestión, se mantiene vivo y generoso. «Ojalá que no», dice sobre el futuro del pueblo, «pero pienso que sí. Que puede que se acabe esto.»

Sin embargo, el legado que dejan es inmenso: un monte bien cuidado, certificado y que genera recursos, empleo y conocimiento. Un ejemplo de que incluso las comunidades más pequeñas, cuando hay compromiso, pueden hacer mucho por la conservación de la biodiversidad y el futuro del territorio.

La CMVMC de Riomao demuestra que la gestión forestal sostenible no solo es posible, sino que es el camino para que estos montes, testigos de una forma de vida en extinción, sigan siendo un recurso para las generaciones venideras. Con ese objetivo, la certificación PEFC es el reconocimiento a décadas de trabajo y la certeza de que, a pesar del despoblamiento, hay quien sigue cuidando el monte con mirada de futuro.

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