Delagro, Ideagro y Alltech llevaron a cabo una jornada técnica con los principales agentes del viñedo de la DO Valdeorras para compartir su visión conjunta sobre la relevancia del suelo y las prácticas agronómicas en la calidad final del vino, así como el papel de las soluciones tecnológicas avanzadas en la mejora continua del cultivo.
Durante la jornada, se trataron diferentes temas como la importancia del suelo y el microbioma, las prácticas agronómicas clave en la viña y también la resistencia inducida en el viñedo. Las charlas fueron impartidas por Alexia Stellfeldt (Ideagro); Jesús Sánchez (Delagro) y Marta Simón (Alltech Crop).
El conocimiento del suelo como base de la rentabilidad y la sostenibilidad del viñedo fue el eje central de la ponencia impartida por la doctora y bióloga Alexia Stellfeldt. La especialista insistió en la necesidad de tomar decisiones agronómicas basadas en datos reales y en el análisis específico de cada parcela.
“No es lo mismo tomar decisiones desde el despacho que conocer lo que realmente está ocurriendo en el campo”, subrayó. En este sentido, destacó la importancia de los ensayos en condiciones reales, los estudios de compatibilidad de productos y el manejo de la finca en función de información objetiva. “La clave es poder trabajar con datos que reflejen la realidad del suelo y del cultivo”, añadió.
La intervención abordó los tres pilares fundamentales para el manejo del suelo: sus propiedades físicas, químicas y biológicas. Desde el punto de vista físico, la textura condiciona el movimiento del agua y la disponibilidad de nutrientes. Los suelos arenosos presentan una baja capacidad de retención, lo que favorece la pérdida de elementos como calcio, potasio o magnesio por lixiviación. Por el contrario, los suelos muy arcillosos retienen mejor los nutrientes, pero pueden generar problemas de drenaje y falta de oxígeno, con el consecuente riesgo de asfixia radicular. El equilibrio ideal, explicó, se encuentra en los suelos francos, donde se combinan adecuadamente retención y aireación.
La materia orgánica, además de mejorar la estructura y la capacidad de retención de agua y nutrientes, favorece la actividad microbiano
En el ámbito químico, Stellfeldt recordó que los nutrientes solo pueden ser absorbidos por las plantas cuando están disueltos en el agua del suelo, por lo que es fundamental interpretar correctamente las analíticas y diferenciar entre el contenido total y la fracción disponible. Además, advirtió de la variabilidad dentro de una misma parcela, lo que obliga a ajustar el manejo en función de las zonas.
El pH es otro de los factores determinantes, ya que condiciona la disponibilidad de los elementos nutritivos. “Podemos tener nutrientes en el suelo, pero si el pH no es el adecuado, la planta no podrá aprovecharlos”, explicó. En suelos ácidos, como los que hay en Galicia, el uso de enmiendas calizas puede ayudar a acercarse a valores próximos a 6,5, donde la mayoría de los nutrientes se encuentran en condiciones óptimas.
Con todo, la experta puso el acento especialmente en el componente biológico del suelo, cada vez más relevante en los sistemas de producción actuales. La materia orgánica, además de mejorar la estructura y la capacidad de retención de agua y nutrientes, favorece la actividad microbiana, responsable de transformar y movilizar los elementos necesarios para el cultivo.
En el suelo habita una enorme diversidad de microorganismos —bacterias, hongos y otros organismos— que contribuyen tanto a la nutrición como a la sanidad de la planta. Para su correcto desarrollo, es imprescindible mantener una buena aireación, evitar la compactación y asegurar niveles adecuados de humedad. Muchos de estos microorganismos mejoran la estructura del suelo al formar agregados y poros que facilitan el crecimiento de las raíces.
La zona de mayor actividad es la rizosfera, el entorno inmediato de la raíz, donde la planta libera azúcares procedentes de la fotosíntesis que atraen microorganismos beneficiosos. Esta relación simbiótica también permite mejorar la absorción de nutrientes, solubilizar fósforo y proteger frente a patógenos, pudiendo dar lugar a los denominados suelos supresivos, en los que las enfermedades tienen mayor dificultad para desarrollarse.
Dentro de las herramientas disponibles, Stellfeldt destacó el papel de los microorganismos aplicados de forma dirigida. Bacterias como Azospirillum brasilense pueden fijar nitrógeno atmosférico y estimular el desarrollo radicular, mientras que otras especies contribuyen a la solubilización de fósforo. Con todo, insistió en que no todas las cepas presentan la misma eficacia, por lo que es fundamental contar con ensayos de campo que apoyen su comportamiento.
La microbiología no es un complemento, es una herramienta fundamental para aprovechar el potencial del suelo
Entre los agentes de control biológico más utilizados se encuentra el hongo Trichoderma, capaz de colonizar la raíz, competir con patógenos y mismo parasitar otros hongos, además de mejorar la absorción de nutrientes. El hongo Trichoderma es uno de los microorganismos más utilizados en el manejo biológico del suelo. Colonizan el entorno radicular y actúan principalmente contra otros hongos patógenos, a los que parasitan y degradan. “Además de su acción de control biológico, Trichoderma mejora la absorción de nutrientes y estimula el desarrollo del sistema radicular, aumentando la formación de pelos absorbentes y favoreciendo así el crecimiento y la vitalidad de la planta”, subrayó.
Como conclusión, la especialista resumió el cambio de enfoque que está experimentando el manejo agronómico: “La microbiología no es un complemento, es una herramienta fundamental para aprovechar el potencial del suelo, mejorar la nutrición del cultivo y aumentar su resistencia frente a enfermedades”.
Jesús Sánchez, asesor técnico de Viticultura en Delagro
“Valdeorras es una zona muy interesante por la microbiología del suelo y por el mantenimiento de las cepas viejas”

¿Qué interés tiene para Delagro un comarca como la de Valdeorras?
Es una zona que tiene mucho interés por la forma de trabajo en esta zona, que va en línea con cómo nosotros entendemos la viticultura en particular, y la agricultura en general. También genera más interés por productos para este tipo de microbiología de suelos, por mantenimiento de variedades clonales antiguas, cepas viejas, reducción de fitosanitarios… En definitiva, hay grandes bodegas, técnicos muy preparados con los que tendríamos una gran afinidad para trabajar.
¿Qué le podéis ofrecer?
A través de Delagro, e incluso con firmas como Alltech, podemos acompañar a los viticultores con nuestro conocimiento y el desarrollo de determinados productos a las bodegas que quieran ir incorporando este tipo de estrategias: estimulación de defensas, favorecer la microbiología del suelo, buscar defensa fitosanitaria desde otros ataques menos químicos y nocivos tanto para suelo y agua como para la calidad de los vinos.
Llegáis en un momento en el que muchos bodegueros tienen que estudiar una recuperación tras la ola de incendios. ¿Cuál puede ser el papel de Delagro?
Primero, hay un deber de felicitarlos por el trabajo que hicieron y por ser salvadores, ya que el cuidado de los viñedos supuso un freno en algunas zonas, y se minimizó así el impacto que podía tener. En el caso de las viñas que sobrevivieron, habría que tratar de regenerarlas, con un apoyo a través del suelo con bioestimulación. En las que ardieron, no se puede hacer nada por la propia cepa, pero sí preparar el suelo con aportes de materia orgánica e intentar reactivar la microbiota beneficiosa del suelo de cara a nuevas plantaciones.
También hay que destacar ya el esfuerzo que están haciendo, después de que llegaran estos meses de tantas lluvias, colocaron unos diques para que el agua no lavara y dejase el suelo desnudo.
En la charla destacó la importancia de la poda de respeto en las cepas viejas. ¿Aquí se lleva a cabo?
Sí, aquí es un tema más conocido y practicado. Uno de los asistentes es profesor de poda de respeto y me informó que ofrecen muchas formaciones desde el Consejo Regulador y que tienen asistencia. Al trabajar con grandes bodegas, que tienen técnicos y demás, es más fácil acercar todos estos conocimientos.
Las cepas viejas son un patrimonio inmaterial de la zona y la gran mayoría de los bodegueros aplican esta poda porque le dan un valor especial la estas plantaciones. Cabe destacar que habrá cepas que se vieran afectadas por los fuegos, por lo que además de que son un patrimonio antiguo que no se podrá recuperar, también suponen una pérdida de clones. Antiguamente había muchas variedades diferentes, ahora la tendencia es homogeneizar las variedades por diferentes parámetros; por eso yo destaco la importancia de Valdeorras en la conservación de estas cepas, ya que abandonarlas supone una pérdida de patrimonio clonal que es irrecuperable.
También destaca la importancia de conocer bien el suelo para escoger los portainjertos. ¿Por qué?
Es importante elegirlos bien porque no son trabajos que den resultados de un año para otro, sino que fijan objetivos para 50 años o más. Los portainjertos son importantes y deben adaptarse al clima, a la zona, al suelo y, sobre todo, hay portaijxertos que son vigorosos, otros reducen el vigor. Cuanta más información le des al vivero para elegir el patrón y hacer la plantación mejo; incluso aclarar cuál va a ser tu expectativa para esa plantación será fundamental, solo así conseguirás el éxito.
Bien es cierto que el sector se fue profesionalizando y cada vez se hacen más estudios sobre esto, y los bodegueros tienen en cuenta más parámetros para tomar las decisiones.
Del laboratorio al viñedo
La delegada de Alltech para Galicia, Marta Simón, presentó resultados de algunas investigaciones. Primeramente, se centró en hablar de la resistencia sistémica inducida, el mecanismo de defensa propio de las plantas que encuentran ante un estímulo inicial. “La finalidad es tener la planta activada constantemente y enseñarle a defenderse más rápido o a que pase mejor esas situaciones de estrés”. Así, los microorganismos estimulan las defensas de las plantas provocando una resistencia de la planta huésped contra los agentes patógenos.
Durante la charla presentó el PROCROP ISR, activador de resistencia inducida enfocado en la protección del cultivo que se basa en este sistema de defensa. Contiene carbohidratos complejos derivados de la pared celular de la levadura Saccharomyces cerevisiae. Está formulado para aplicarlo de forma foliar o en fertirrega: durante el ciclo del cultivo expone a la planta a estos componentes que activan, como mecanismo de defensa, la producción de fitohormonas, un compuesto que se puede emplear, entre otros cultivos, para el viñedo. “La recomendación que hacemos es 1 cc/litro de caldo y se puede mezclar con el programa que cada viticultor esté haciendo. Lo recomendado es aplicar cada 15 días, pero en la zona de las Rías Baixas siempre le indico que lo apliquen cuando vayan a realizar algún tratamiento y como hacen unas 20 entradas, ya está, si hacéis menos aquí pues durante los tratamientos que realicéis o habría que estudiar cada caso”, detalló la profesional.

Los resultados que presentó son de una testigo que llevaron a cabo en Rías Baixas y Ribeira Sacra. Para realizarlo escogieron dos parcelas con características casi iguales, en una de ellas aplicaron el protocolo con el PROCROP ISR y en la otra solo la aplicación habitual. “Diseñamos un protocolo para sanidad de suelo y protección de planta e hicimos un seguimiento continuo de cómo evolucionaban las parcelas, anotando todos los cambios diariamente”, detalla Marta.
Durante el estudio y para coger los resultados “analizamos uvas de la zona control y de la otra, y así obtuvimos un análisis detallado”. Así, observaron en los diferentes ensayos que realizaron que las parcelas tratadas con el protocolo ACS muestran una tendencia positiva en parámetros de maduración alcohólica y maduración fenólica. Además de una mejora en el equilibrio de uva, con menor acidez y mayor concentración de compuestos fenólicos. “Otra de las observaciones que se hizo fue que el protocolo también favorece una mayor concentración de polifenoles y antocianos, lo que se traduce en mejor estructura color y potencial aromático del vino”, explicó Marta Simón.
A mayores, la capacidad antioxidante se mantiene en niveles adecuados para vinos blancos, evitando interferencias en frescura y claridad: “La consistencia de los resultados sugiere un efecto beneficioso del tratamiento sobre la fisiología de la planta”.
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