«Con la llegada de nuevos propietarios que pasan de todo, una de las soluciones es agrupar los montes»

Las tres asociaciones forestalistas vascas reúnen a 3.500 propietarios. Ante la creciente desconexión de la sociedad con el monte, hace 20 años decidieron crear la Fundación Basoa, que realiza labores de sensibilización social y apoyo a gestores forestales. Hablamos con Aitor Oraindia, su director técnico

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«Con la llegada de nuevos propietarios que pasan de todo, una de las soluciones es agrupar los montes»

Aitor Oraindia, ingeniero forestal y director técnico de la Fundación Basoa

En Galicia la superficie de monte arbolado ocupa 1,4 millones de hectáreas, prácticamente el 50% de la superficie total de la comunidad. En los últimos 20 años ha crecido en 400.000 hectáreas, la misma superficie arbolada total con la que cuenta el País Vasco en todo su territorio. Pese a las diferencias, Galicia y Euskadi comparten similitudes, como el creciente alejamiento de los nuevos propietarios forestales del medio rural. 

Aitor Oraindia (Durango, 1976) es ingeniero forestal y director técnico de la Fundación Basoa (Bosque en euskera), la principal organización de selvicultores del País Vasco. Creada hace 20 años, es el resultado de la unión de las tres asociaciones de propietarios forestales de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

Euskadi cuenta con 400.000 hectáreas arboladas, menos de un tercio de las que tiene Galicia

Entre las 3 suman más de 3.500 socios y una de sus preocupaciones es la desconexión social de las nuevas generaciones con el monte y su función productiva. “La idea era ir a la sociedad a hablarles de los beneficios de la gestión de los montes porque había un público urbano que no era propietario del monte que incluso veía mal la gestión forestal. En Euskadi hay movimientos que pretenden que sólo haya bosques no gestionados”, explica Aitor, que recientemente ha estado en Galicia para participar en unas jornadas sobre valorización de frondosas autóctonas.  

– ¿Cuáles son las principales actividades de la Fundación Basoa?
– Tenemos dos funciones claras: una es la divulgación y concienciación social, en la que hablamos a la sociedad de los bosques y sus funciones, así como de la propia gestión forestal. Trabajamos también con los que van a ser gestores, propietarios forestales fundamentalmente, para explicarles cómo mejorar su gestión y cómo introducir técnicas innovadoras de gestión, y lo mismo tratamos de inculcar en las escuelas de FP que tenemos en el País Vasco en el ámbito forestal, para que después esos propietarios forestales puedan disponer de técnicos o personal forestal cualificado y formado que les puedan dar servicios en esas nuevas técnicas o usos del monte.

En Euskadi hay movimientos que pretenden que sólo haya bosques no gestionados

Pero después también tenemos una parte de proyectos, sobre todo proyectos de innovación, en los que exploramos otras formas de trabajar el monte u otros usos que se pueden dar al bosque para poder salirnos de la sota, caballo y rey de la gestión forestal que se realiza hoy en día.

– ¿Cuál es el perfil de propietario forestal que tenéis en Euskadi?
– Sobre todo personas mayores de más de 60 o 65 años que en muchas ocasiones o pertenecen aún al mundo rural o descienden de él. Cada vez abunda más este segundo grupo, es decir, gente que ya está viviendo en entornos urbanos y trabajan en la industria o en el sector servicios pero arrastran esa herencia rural. Y ese contacto hay que recalcarlo, porque aunque ellos no tengan idea de gestión forestal, si que mantienen todavía ese cariño a lo heredado y a las propiedades familiares.

Pero cada vez hay más desconocimiento, hasta el punto de no saber ni siquiera lo que se tiene. Hay gente que ha heredado terrenos de un caserío que perteneció al abuelo pero que no saben ni dónde están ni qué hacer con ellos o qué usos se les pueden dar. Está ocurriendo cada vez más eso.

– ¿Existe minifundio como en Galicia?
– Sí, pero hay como dos grupos: el 50% de la propiedad forestal son pequeños dueños en los que la propiedad habitual oscila entre 2 y 5 hectáreas; pero luego está el otro 50%, que son propietarios más grandes de entre 20 y 30 hectáreas. En el País Vasco un propietario grande, que puede tener por ejemplo 65 hectáreas, significa que tiene un montón de trozos diferentes de entre 2 y 5 hectáreas; es difícil ver piezas grandes, aunque puede llegar a haber alguna.

– Y en cuanto a la propiedad, ¿es mayoritariamente privada o existen figuras de gestión conjunta?
– Hay una gran diferencia entre la vertiente cantábrica, donde el monte es más privado individual, y la zona de Álava, donde se han mantenido bastante más los concejos y las juntas administrativas que gestionan todos los montes, aunque en la parte cantábrica también hay algunos municipios que tienen montes públicos e incluso algunas cofradías, aunque no muchas, que son entidades comunales similares a las comunidades de montes vecinales gallegas.

En el País Vasco hasta el momento éramos pocos propietarios y mal avenidos, aunque había una cierta unión para hacer pistas para poder sacar la madera, ya que tenemos una orografía complicada, porque aunque no hay montañas muy altas sí tenemos un montón de montañas pequeñas. Esas uniones para hacer las pistas fueron el germen para después poder hacer otras cosas e incluso llegar a una gestión conjunta.

Pero en los últimos años, con la llegada de nuevos propietarios que pasan de todo, una de las soluciones es agrupar las propiedades y ceder su gestión a un órgano único, lo que permite tomar decisiones no parcela a parcela sino en conjunto. Y ese tipo de cooperativas o agrupaciones sí se están dando.

– ¿Qué superficie forestal tenéis?
– Un total de 400.000 hectáreas de superficie forestal arbolada. De ellas, en estos momentos unas 100.000 serían de pino radiata. Estos últimos años hemos tenido grandes problemas sanitarios con el pino radiata y eso ha hecho descender mucho la superficie de pino radiata porque se ha cortado mucho, primero por la enfermedad, pero después también porque el mercado ha estado tirando mucho, pero estas superficies cortadas no se han sustituido por plantaciones nuevas de pino radiata. Por lo tanto, quita y no pon, se acaba el montón.

Han ido creciendo otro tipo de plantaciones, como el eucalipto, pero en estos momentos en todo Euskadi hay unas 20.000 hectáreas de eucalipto, no más. Se ha dado una guerra tremenda con eso, pero realmente el incremento no ha sido tan grande.

En estos momentos en todo Euskadi hay unas 20.000 hectáreas de eucalipto, no más

Nuestra superficie forestal es muy pequeña comparada con Galicia. La industria está impulsando la especialización en pino radiata, pero si nos concentramos en eso prácticamente no hay sitio para otras producciones.

Nuestro prototipo es el bosque mixto atlántico, plantaciones de pino radiata con roble, castaño o alisos, porque el pino en sus etapas iniciales deja pasar mucha luz y mucha agua y permite que aparezcan otras especies.

En las últimas décadas ha aumentado mucho un tipo de bosque que procede del abandono

Lo que ha aumentado mucho también en las últimas décadas, en los últimos 50 años, ha sido un tipo de bosque que procede del abandono, o bien del abandono rural, fincas agrícolas que se dejan de arar o campas que se dejan de pastar y se transforman en bosques porque van naciendo distintos tipos de árboles; o bien del abandono forestal, de antiguas plantaciones de coníferas que se han cortado y no se han vuelto a plantar.

Todo ello lo que te da es un popurrí de una mezcla de especies que es a lo que llamamos bosque mixto atlántico y que ha aumentado mucho. Ahora mismo tenemos un poco más de 40.000 hectáreas de este tipo de bosque.

– ¿Cómo se gestiona ese tipo de monte mixto con varias especies?
– La gestión de este bosque es complicada, porque no coinciden los turnos de corta, pero yo quiero recalcar que es complicada pero no imposible. Estamos intentando desde la Fundación Basoa dar por un lado un abanico de diferentes tipos de gestión a poder realizar y por otro un abanico de distintos usos que poder dar, para poder tener diferentes salidas.

En el bosque mixto hay especies que crecen más lento que otras y eso dificulta tanto la gestión forestal como la comercialización de la madera

Pero eso tiene una gran dificultad, porque hay especies que crecen más lento que otras y eso dificulta tanto la gestión forestal como la comercialización posterior de la madera obtenida, ya que son todavía masas jóvenes y en las intervenciones necesarias a realizar en esos montes obtienes un tipo de madera en cuanto a tamaños que a día de hoy tiene poca salida, pero se podría mejorar ese aspecto.  

Las densidades de masas de frondosas que vienen del abandono de parcelas agrarias o forestales están entorno a 400 pies por hectárea, cuando en las plantaciones de Centroeuropa parten de 2.000 pies por hectárea para ir reduciendo a base de podas y clareos.

A día de hoy los servicios ecosistémicos no están siendo compensados; que hubiese otros ingresos más allá de la venta de madera ayudaría

Una cosa importante es que a día de hoy los servicios ecosistémicos no están siendo compensados. Es otro factor a tener en cuenta, porque si no sólo es la madera la que genera los ímputs en el monte y el propietario empieza a ver que hay otros ingresos, eso ayudaría. Por ejemplo la fijación de carbono o del agua.

Un aspecto que hay que tener en consideración  es que en este tipo de bosque aunque la densidad de árboles no es muy grande, la presencia de plantas si, por lo que sólo por la evaporación y la traspiración se está perdiendo mucha agua, porque hay competencia por ese agua que está en el suelo. Si ese bosque estuviese gestionado con rozas y claras, la cantidad de agua que llegaría a los ríos sería mayor, pero eso no se paga.

“A causa de las enfermedades, en estos momentos el pino radiata está siendo sustituido por otras especies, como la cryptomeria y la secuoya”

Pinar afectado por banda marrón en el País Vasco

Pinar afectado por banda marrón en el País Vasco

Las llamadas banda roja (causada por el hongo Dothistroma pini) y banda marrón (Lecanosticta acicola) son dos enfermedades  que en los últimos años se han extendido por toda la cornisa cantábrica hasta llegar a Galicia.

Euskadi, donde el pino insigne era la especie predominante, es una de las zonas más afectadas de toda la península y la alta incidencia ha provocado cambios en el manejo del monte y las repoblaciones.  

Pero además de un shock a nivel productivo, la afectación de los montes también ha demostrado la desconexión de la sociedad con el mundo forestal. “Con la enfermedad del pino lo que ha ocurrido es que a la sociedad le ha dado igual”, asegura Aitor.

– ¿Cómo está la situación a día de hoy de las enfermedades fúngicas del pino: la banda roja y la banda marrón? ¿Están más controladas?
– Sí, pero todavía están muy presentes. La enfermedad se extendió mucho porque hay varios factores que le afectan, pero uno de ellos es que las primaveras se alarguen y sean húmedas y a medida que esas circunstancias se den habrá ese problema, porque estás manteniendo unas condiciones óptimas para que esos hongos se desarrollen.

Y ese tipo de primaveras las estamos teniendo. El cambio climático en el País Vasco no está afectanto tanto a la lluvia como a la humedad relativa, que es más del 80% hasta finales de agosto durante prácticamente todos los días. Pero justo este año ha sido muy seco y eso se ha notado.

El cambio climático nos está dejando condiciones óptimas para que los hongos se desarrollen, con primaveras que se alargan y humedad relativa superior al 80% hasta finales de agosto

También se están haciendo algunos tratamientos y se está viendo que ese puede ser otro factor para que la afectación haya aminorado un poco. Las esporas de los hongos Lecanosticta acicola (banda marrón) y Dothistroma pini (banda roja) forman carpóforos que se aprecian a simple vista. La lluvia y la humedad rompen estos depósitos de esporas, y el viento las traslada a otros pinos. Esas esporas se posan sobre las hojas y por los estomas penetran hacia el interior, donde se produce la germinación, que dura varios meses (2-3 en primavera y 5-6 en otoño).

Las esporas del hongo viajan por el aire hasta las acículas del árbol; con los tratamientos se ha reducido el contagio

Las podas y entresacas, que incrementan la distancia entre los árboles, dificultan la transmisión entre ejemplares y, al aumentar la circulación de aire y provocar un descenso de la humedad, también ayudan a evitar que el hongo se extienda tan fácilmente.

– Nos comentabas que el pino radiata era tradicionalmente la principal especie forestal en el País Vasco. ¿Cuál ha sido la respuesta del propietario forestal ante la enfermedad, se sigue plantando radiata o se han introducido nuevas especies?
– La primera respuesta frente a la enfermedad de las bandas fue cortar. No necesariamente es una enfermedad que mata; es un poco como un catarro. La hoja coge un hongo y no hace la fotosíntesis bien pero ese árbol puede tener reservas y seguir viviendo. Pero si se mantiene en el tiempo puede llegar a morir, que es lo que ha pasado en algunos sitios.

Y entre las cortas en esos lugares y el miedo en otros, muchos propietarios decidieron cortar. Entre el 2018 y el 2019 se cortaron muchos árboles y eso hizo bajar los precios en el mercado. Pero justo vino una fuerte demanda de madera de conífera por parte de China y EEUU que hizo subir los precios, lo que ha hecho que se haya seguido cortando.

Hay un gran impulso por parte de la industria para que se plante con pino marítimo

Pero esas superficies no se han vuelto a plantar con pino radiata. La industria sigue tirando por el pino, y si no es radiata por culpa de la enfermedad, pues marítimo, y hay propietarios que lo han hecho así. Pero otros propietarios han seleccionado otras especies que seguro que no están afectadas por la enfermedad pero que se adaptan bien a las condiciones del País Vasco. Y ahí la Cryptomeria japónica y la Secuoya sempervirens se ha visto que crecen bien y se están plantando mucho.

En Guipúzcoa, por ejemplo, la criptomeria y la secuoya han ganado 825 hectáreas en el último año y se consolidan como las principales especies de la repoblación forestal en la actualidad, con 3.100 hectáreas plantadas sobre todo en los últimos 3 años, en los que no se ha plantado nada de radiata. Así, el pino insigne ocupa actualmente el 22% de la masa arbolada de Guipúzcoa, cuando hace tres años era el 35%.

El pino insigne ocupa actualmente el 22% de la masa arbolada de Guipúzcoa, cuando hace tres años era el 35%

La incertidumbre con estas nuevas especies viene en cuanto al uso de la madera. En otros sitios si que se está utilizando, porque si nosotros vamos a Japón veremos que la cryptomeria es muy utilizada. Por ejemplo, el estadio olímpico de los últimos Juegos estaba construido en un 60% de Cryptomeria japónica, porque aunque no se utilice en elementos estructurales de sujeción del edificio, si que se utiliza mucho para otros usos. Y con la secuoya en California pasa lo mismo.

Pero otra cosa es el acople que estas nuevas especies puedan tener con la industria actual del País Vasco, aunque nuestra forma de verlo es que hasta la corta de esas plantaciones recién realizadas y las que puedan venir en el futuro, tenemos ahí un margen de 30 o 40 años para actualizar esa industria y desarrollar y generar una nueva. Pero una cosa es compra y transformación y otra el uso, la salida que pueda tener después.

– ¿En Euskadi se consume madera local km0?
– La sociedad vasca demanda bosques autóctonos y de frondosas pero después no hace uso de esa madera local. Tenemos una empresa en el País Vasco, Grupo Gamiz, que está en Álava y se dedica a hacer laminados con frondosas. Trabajan con madera de frondosas autóctonas, pero su mercado está fuera. El 95% de lo que producen lo exportan a otros países europeos.

La gran contradicción de la sociedad vasca es lo que demanda y lo que consume

Hay una gran presión social que no te permite intervenir en esas masas. Hay dificultades para hacer pistas, por ejemplo. La protección del alimoche, una especie de pájaro, prohíbe hacer ruido en el monte en primavera y verano, que es la época en la que se deberían hacer determinados trabajos forestales, porque no es lo mismo hacer las podas de formación en verano o en octubre. De hecho, se deberían hacer entre junio y julio.

Hay aspectos sociales que hay que tener en cuenta y también determinadas regulaciones. En la reserva de la Biosfera de Urdaibai, por ejemplo, no se permite vender la madera de frondosas, sí usarla para consumo propio, para calentarse en casa, por ejemplo.

– ¿Cuál es el nivel de sensibilización social en el País Vasco en relación al valor del monte?
– En el País Vasco no tenemos una Facultad de Forestales. La formación universitaria está ligada a la biología, por lo que cuando se habla desde el ámbito científico e investigador del monte siempre se hace desde el ámbito de la biología de la conservación, que es necesaria, pero no desde el ámbito de la producción de madera y la gestión forestal.

En el País Vasco tenemos una Facultad de Biología con la especialidad de Ecología Forestal, pero no una Facultad de Ingeniería Forestal

Con la enfermedad del pino lo que ha ocurrido es que a la sociedad le ha dado igual. La sociedad no estaba preocupada por que los pinos estaban enfermando y muriendo. La gente no pensaba me voy a quedar sin el material para construir o para hacer la valla, o sin una zona de monte en la que pasear, le daba igual. Su preocupación era si ese rojo era feo o bonito y si era el momento de optar por no hacer ningún tipo de gestión forestal.

Esa era la discusión, pero en ningún momento la problemática del abastecimiento, porque en general las necesidades de la sociedad vasca están nutridas con materiales no renovables. En Euskadi se sigue usando mucho hormigón, mucho acero y mucho plástico, y cuando es madera, da igual si viene de fuera o no.

– Pues sorprende que digas eso, a pesar de que tenéis una importante conciencia de lo propio.
– Le damos mucha importancia a la txapela y al pastel vasco, pero a ese otro aspecto no. En general al vasco le da igual si es madera o no, si esa madera es local o no y si es de especies autóctonas o no. De hecho, si es de una especie autóctona, que es más cara porque tarda más en desarrollarse o porque necesita más gestión, el vasco, salvo excepciones y por lo general, lo primero que hace es descartar esa madera por ser demasiado cara, porque lo primero que influye en la decisión de compra es el precio.

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