Corga Brancellao 2018, un vino ecológico gallego premiado con 91 puntos en la Guía Parker

Hablamos con Benigno Pereira Ramos, viticultor y bodeguero en A Pobra de Trives, que logró que su Corga Brancellao 2018 sea el primero vino ecológico de Galicia que entra en la prestigiosa Guía Parker, con una valoración de 91 puntos

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Corga Brancellao 2018, un vino ecológico gallego premiado con 91 puntos en la Guía Parker

Benigno Pereira Ramos mostrando una botella del Corga Brancellao ecológico premiado. A la derecha, capturas de pantalla de las referencias l+a este vino que figuran en la última edición de The WIne Advocate

The Wine Advocate, la revista que publica cada dos meses el prestigioso crítico estadounidense Robert Parker, distingue por primera vez a un vino ecológico gallego: Corga Brancellao 2018, un monovarietal elaborado por Pereimos 2007, una pequeña bodega del ayuntamiento ourensano de A Pobra de Trives, e inscrita en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribeira Sacra.

Hablamos con Benigno Pereira Ramos, propietario e impulsor de este proyecto que en sus escasos seis años de vida ya lleva recogido grandes distinciones.

La bodega Pereimos 2007 entra por la puerta grande en la Guía Parker. ¿Cómo lo valoras?
Estamos muy contentos. Somos una bodega muy joven y es la primera vez que nos califican. Conseguimos colocar cuatro de seis vinos y todos con una puntuación por encima de 90 (en un baremo de 50 a 100, equivale a excelente). Además es importante porque las catas se hacen de manera anónima, sin que ni siquiera te enteres.

En concreto, nuestro Corga Barrica 2016 logra 88 puntos; el Corga Barrica Mencía 2015 recibió 89 puntos; el Corga Brancellao Barrica 2017 90 puntos; la misma puntuación que el Corga Mencía 2019 y el Corga Ecológico Brancellao 2018 logró 91 puntos.

¿Como son los viñedos en los que se produce el Corga Ecológico Brancellao 2018?
En este momento tenemos algo más de 2 hectáreas de viñedo, plantadas por nosotros la mayoría en el 2013, y casi todo de Brancellao, menos 1450 metros cuadrados que están plantados con Godello. Son cepas cultivadas en ecológico en una zona privilegiada para el viñedo como es la ribera del río Bibei y que están ahora entrando en plena producción.

Nuestro Brancellao es el primer vino gallego que entra en la Guía Parker y con cepas de 5 años, lo que rompe el mito de que con uvas de cepas jóvenes no puedes elaborar grandes vinos. En nuestra bodega procuramos sobre todo la calidad. Para una muestra, de la vendimia del 2018 sacamos aproximadamente sólo unos 300 gramos de uva por cepa.

Queremos seguir aumentando la superficie y apostar por los viñedos de montaña, pero solicitar derechos de plantación se está convirtiendo en una odisea para mí.

¿Por qué apostasteis por una variedad gallega minoritaria como es la Brancellao?
Apostamos por la Brancellao porque es autóctona de Galicia. Además, como buscaba una producción diferenciada me animé a meterme con el Brancellao por hacerlo más difícil, pues no es fácil venderlo como si te presentas con un Mencía, pero si quieres ir a calidades diferenciadas, sorprender e ir a otros mercados había que elegir algo nuevo.

Probamos a vinificarla sola y su vino transmite esa frescura y matices de la variedad. Su color es mucho más claro que la mayoría de las variedades tintas, pero muy fino; es un vino que se deja beber muy bien. Se trata de un vino del año, sin crianza en barrica, pero que aguanta perfectamente en botella.

En el 2018 elaboramos 1800 botellas y de la vendimia del 2019 hicimos 4500 botellas. Prevemos que vaya subiendo, pues con el viñedo que tenemos hay capacidad para producir unas 15000 botellas.

¿Como acogieron los consumidores este vino tan singular?
Lo estamos vendiendo tanto en Madrid, como en la Coruña, Lugo, el área de Compostela, pero también en vinotecas y restauración. Evidentemente, no es un vino para gran consumo pues son cantidades pequeñas.

El Corga Brancellao Ecológico 2018 es un vino que tiene todo para ser exportable a mercados como el holandés, alemán o norteamericano, donde se aprecian y valoran los vinos ecológicos y los vinos jóvenes con alegría y frescor cómo el nuestro. Para comercializar el vino eco hay que entrar en otros canales especializados.

¿Os resulta mucho más difícil producir en ecológico?
No tenemos problemas especiales por cultivar en ecológico, porque producir en ecológico entra dentro de mi mentalidad, de apostar por la economía circular y reducir el impacto ambiental, algo que también aplico en mi actividad principal, que es la producción de quesos.

Además, me ayuda el apostar por variedades autóctonas, con menores producciones que las castas foráneas, pero mucho más resistentes y adaptadas al territorio. Como ejemplo, en el año 2018 hubo en la floración un ataque muy fuerte de mildiu pero el Brancellao de mi bodega se salvó. También destacaría que este año la mencía está un poco dañada por el Black Rot pero al Brancellao no le afectó.

Las condiciones de orografía y clima de esta zona también ayudan mucho, pues el cañón del río Bibei tiene una ventilación natural, de forma que a partir de las 6 o 7 de la tarde se mueve el aire y se crea una corriente de aire seco que reduce el ataque de muchas enfermedades fúngicas.

Y por el resto sólo es trabajar la viña conforme a las normas del CRAEGA, sin emplear productos sistémicos, ni herbicidas ni fertilización química, de una forma más respetuosa con el medioambiente, como hacían nuestros antepasados.

¿Que te llevó a apostar por la viticultura en A Pobra de Trives?
Aunque mi carrera profesional la hice en la industria láctea, en Queixerías Bama, de la que soy propietario, siempre fui más campesino que industrial. Vengo de una familia ganadera, que elaboraba queso y recuerdo un consejo de mi abuelo: “Cuando puedas compra tierra, que no se está fabricando más”. Por circunstancias varias, en el año 2010 adquirí esta propiedad en A Pobra de Trives: una Finca de 37 hectáreas y un pazo del año 1630 en el que acabé instalando la bodega.

Le vi posibilidades al viñedo y también a los sotos que ocupan la mayor parte de la Finca, con 2500 castaños que planté. Es un proyecto lento, y en el caso del viñedo calculaba que en 10 años podía dar sus frutos, como así está siendo.

«Esta zona es ideal para producir tintos y blancos diferenciados»

¿Por qué elegí este lugar? Acabé en Trives porque probé un vino de la bodega Chao do Couso, el Alcouce, un mencía en barrica maravilloso y me entró gusto por ese vino y fue lo que me llevó a visitar la zona y a descubrir esta finca, cuyos propietarios estaban en México. Tenía claro que lo único que compraba era un inmueble al cabo del tiempo iba a estar aburrido, pero si tenía un proyecto era otra cosa.

En cuanto a los castaños, si la avespilla lo permite, en diez años deberían andar produciendo unos 100.000 kilos de castaña al año.

Es una actividad con la que disfruto y de momento creé 3 puestos de trabajo fijos durante todo el año, creo que esto es hacer desarrollo rural.

En esta zona hay cientos de hectáreas de viñedo abandonadas, en una tierra ideal para elaborar vinos tintos y blancos de calidad que podrían competir a nivel mundial. La Xunta debería buscar una manera para ponerlos en producción y a disposición de quien los quiera trabajar.

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