
Visitamos las instalaciones de Ekonoke, una empresa con orígenes en Madrid y que desarrolla una de sus principales actividades en el polígono industrial del ayuntamiento lucense de Chantada. Su intención es expandirse por diferentes países e instalar sus naves junto a industrias cerveceras para venderles el lúpulo. De hecho, están trabajando en una nueva planta de una hectárea en el polígono de Morás, en Arteixo, donde acaba de arrancar una fábrica de cerveza.
Técnica de cultivo
La filosofía de Ekonoke es que su lúpulo no viaje. «El lúpulo cultivado al aire libre va de EEUU y Canadá a Europa, Japón y medio mundo. Hay mucha exportación e importación. Nuestra idea es que lo que viaje sea el conocimiento. Por eso nuestras instalaciones siempre van a estar pegadas a los lugares donde se utilice nuestro lúpulo», explica Javier Ramiro, co-fundador de la empresa.
Por tratarse de un sistema totalmente hidropónico en interior, la técnica de cultivo se realiza en macetas en las que hay depositado un compuesto sólido químico, no es tierra. La fertilización se hace también con componentes minerales no orgánicos que son introducidos en el sistema de riego por goteo. Las aportaciones de fertilizantes se deciden en función de cada momento fenológico de las plantas.
La presencia de cualquier elemento orgánico dentro de la nave va a implicar la interacción con elementos patógenos. Por eso no utilizamos ninguno. (Javier Ramiro, co-fundador de Ekonoke)
El motivo de esa política de no recurrir a ningún elemento orgánico está en el propio concepto de agricultura hidropónica, en la cual la utilización de tierra y fertilizantes orgánicos implicaría la presencia de hongos, bacterias y otros patógenos que pueden arruinar la cosecha e incluso dañar las instalaciones.
De hecho -señala Ramiro- en los inicios utilizaban rizomas de campo y comprobaron que en ellos venían huevos, larvas y microorganismos que derivaron en plagas. Y eso que los rizomas venían desinfectados. Con la renuncia al componente orgánico no solo evitaron las plagas, sino que pudieron prescindir de cualquier producto fitosanitario.
En esta nave de Chantada aplican los conocimientos que van adquiriendo mediante la experimentación en su laboratorio de Madrid con variedades nuevas de lúpulo. Y hacen pruebas también con las técnicas de iluminación, de temperatura, de irrigación, de circulación del aire…

Javier Ramiro comprueba el estado de las flores de la última cosecha
Fruto de las investigaciones, llegaron a la conclusión de que lo mejor en esta nave chantadina es emplear flor in vitro. Para eso, seleccionan los mejores ejemplares de cada cosecha, extraen un trozo y lo llevan al laboratorio Cultigar, en Brión, que les facilita las nuevas plantas ya totalmente libres de patógenos.
Dado que la búsqueda de la innovación fue el motor de la empresa desde su inicio, la Inteligencia Artificial (IA) es un recurso irrenunciable. En todas las naves cuentan con sensores para medir todos los parámetros posibles y después analizarlos mediante IA y tomar decisiones con el resultado de los análisis.
El lúpulo y sus posibilidades
Alrededor del 95% del lúpulo que se produce en el mundo va destinado a la elaboración de cerveza. El 5% restante tiene una importante salida para usos farmacéuticos y cosméticos. Ramiro explica que la flor del lúpulo cuenta con un polifenol denominado xanthohumol, que se ha demostrado anticancerígeno y que ya se está empleando con éxito en tratamientos oncológicos.
Priorizamos la producción de cerveza, pero también estamos atentos a las posibilidades farmacéuticas y cosméticas que ofrece cada cosecha.
En sus componentes está también la molécula denominada 8PN, que ayuda a las mujeres durante la menopausia. Y, en el apartado cosmético, se emplea sobre todo para cremas faciales, tras una selección y extracción de los elementos que se precisan.
El directivo de Ekonoke explica que su intención es hacer esos otros aprovechamientos no cerveceros cuando las calidades de la cosecha así lo recomienden. Hacen un seguimiento de la ruta metabólica de las flores de cada planta y ven qué utilidad tiene en cada momento y qué orientación comercial se le puede dar a esa planta. E incluso pueden modificar las aptitudes metabólicas trabajando sobre las condiciones que se dan en el interior de la nave.

La flor del lúpulo contiene las resinas y aceites que aportan sabor y aroma a la cerveza
Ramiro explica que la calidad del lúpulo para cerveza hay que medirla por la cantidad de resinas blandas (o alfaácidos) y de aceites esenciales que contiene. Las primeras aportan el amargor que caracteriza la bebida y los segundos aportan los aromas.
Gestión y aprovechamiento de los residuos
Aunque las plantas de lúpulo llegan a medir más de seis metros de altura, la única parte que se aprovecha es la flor. Cada planta produce unas 700 flores, algo menos de un kilo de producto. Las ramas y hojas no sirven para compostar, pero en la actualidad hay en marcha proyectos para elaborar con ellas posavasos, pajitas o embalajes para el consumo de cerveza, de modo que todo el residuo se reutilice en el sector.
Y también hay en marcha proyectos para investigar si en las hojas y tallos puede haber algún elemento que sea de utilidad para las industrias farmacéutica y cosmética, si bien por ahora no se obtuvieron resultados concluyentes. Lo que parece claro es que los residuos de la nave de Chantada serían más útiles para uso farmacéutico que los de campo, porque no estuvieron expuestos ni a patógenos ni a fitosanitarios.
Lamentablemente, los residuos vegetales no serían aptos ni como forrajes ni como fertilizantes, ya que pueden ser víctimas de los patógenos en cuanto salen al exterior y sus características organolépticas tampoco recomiendan ese tipo de usos. Una lástima en una comarca ganadera como la chantadina.
Hacemos un reaprovechamiento integral de casi toda el agua que empleamos e incluso trabajamos en reutilizar la que usan las industrias.
El uso del agua está muy regulado en la planta, señala Ramiro. Todo lo que se emplea en riego y sus lixiviados se recupera y va a tanques separados donde se vuelve a introducir en el sistema. Por otro lado, la transpiración de las plantas produce una humedad que también es condensada y canalizada para regresar al circuito. Y, de cara al futuro, planean utilizar las aguas de residuo de las fábricas de cerveza para filtrarlas y recuperarlas.
El consumo de energía eléctrica es el gasto más grande de la instalación. Con las placas fotovoltaicas que tienen en el tejado de la nave cubren el 20% de ese consumo. Pero la cantidad de luz que se precisa en la zona de cultivo dispara el gasto. Y eso que usan luces led de segunda generación y trabajan en sistemas que permitan aumentar el ahorro. Pero sigue siendo elevado. Y es que estas plantas no ven la luz del sol hasta que termina la cosecha.

Existen diferentes líneas de trabajo para aprovechar los residuos del lúpulo
Procesos y tecnologías
Para no perder calidad por la oxidación, la flor del lúpulo hay que secarla. En Ekonoke lo hacen empleando electricidad para calentar aire que procede del exterior. En invierno y en los meses húmedos el proceso tarda más porque el aire trae humedad. En todo caso, dejar la flor con un 10% de humedad no debe llevar más de seis horas de secado.
Una vez secada la flor, el paso siguiente es entregarla para que, bien la cervecera, bien una empresa especializada, la transformen en pellets. El motivo es que la peletización permite aprovechar mejor los componentes del lúpulo, no atora los circuitos de los tanques de elaboración de cerveza y es más manejable. Aunque algunas empresas utilizan la flor sin tratar e incluso la meten dos veces en los tanques, en Ekonoke la entregan para peletizar.
Hay que secar y peletizar la flor antes de emplearla en la elaboración de cerveza para que no se pierda ninguna de sus propiedades.
Las grandes marcas convencionales que se consumen en España llevan un gramo de lúpulo por cada litro de cerveza. Las denominadas IPA pueden contener hasta 30 gramos por litro. Eso se debe a que fueron creadas para transportarlas desde Europa hacia las colonias y las propiedades conservantes y antioxidantes del lúpulo hacían que no se derramara durante viajes que podían durar meses.
Ramiro destaca que en la nave de Chantada obtienen una cosecha cada mes y medio, mientras que en exterior solo se da una cosecha anual. Al no depender del clima, la producción es continua. Más aún, el co-fundador explica que tienen la posibilidad técnica de reproducir las condiciones climáticas que se dieron en un territorio en alguna de las grandes cosechas de la historia.
«Con los datos de precipitaciones, temperatura y horas de sol de un año concreto en una región concreta podemos crear en el interior de la nave esos mismos parámetros actuando sobre el sistema de circulación del aire, la irrigación y la aplicación de la luz led», señala.
Un modelo exclusivo
A pesar de estar en una comarca eminentemente rural, el sistema de Ekonoke no es algo que vaya a servir como modelo a otros proyectos. Las tecnologías que emplean son el secreto mejor guardado de la empresa y requieren de unas inversiones muy elevadas en tecnologías muy especializadas.
«Por ejemplo, aquí desarrollamos un sistema en el que solo se emplean plantas hembras. No tenemos que preocuparnos de que los machos polinicen las plantas y estropeen la cosecha. En cambio, en Alemania, es obligatorio dar aviso cuando se localiza una planta macho, porque esa sola planta puede acabar polinizando hasta 20 hectáreas de cultivo», explica.
Tampoco el cultivo de lúpulo en invernadero parece una alternativa viable en esta ni en ninguna otra parte de Galicia. «Los invernaderos son para hacer experimentos o para analizar alguna fase del cultivo. Pero no es posible sacar una producción adecuada y comercializarla con ese sistema», dice Ramiro.
Lo que sí hacen en la empresa es comprar todos los insumos sencillos o contratar servicios básicos en la comarca. También contratan trabajadores de la zona para las campañas de recogida. Esa es, señala Ramiro, su contribución al desarrollo rural. «Nosotros contratamos gente para la recogida y selección de la flor, mientras que en los cultivos en campo emplean maquinaria peladora y recolectora.»
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