¿Cuándo es el mejor momento para inseminar una vaca lechera?

Encontrar el equilibrio entre productividad y bienestar animal es la clave para establecer una estrategia reproductiva adecuada en una explotación. El mejor momento para la gestación es después del pico de lactación y en balance energético positivo

Sonia Rodríguez Pazos, veterinaria do servizo de reprodución de Seragro durante a súa intervención nas Xornadas Técnicas de Vacún de Leite

Sonia Rodríguez, veterinaria del servicio de reproducción de Seragro durante su intervención en las Jornadas Técnicas

La reproducción es uno de los pilares fundamentales en la rentabilidad de una explotación de vacas de leche. Cada día que una vaca permanece abierta supone una pérdida económica considerable: mayor consumo de alimento, menos litros de leche por día en leche, mayor riesgo de eliminación y una menor eficiencia global del rebaño.

Por el contrario, una buena gestión reproductiva permite mantener una distribución equilibrada de curvas de lactación, asegurar una producción media elevada y, sobre todo, dar estabilidad al sistema productivo.

Pero, ¿cuándo es el mejor momento para inseminar una vaca de leche? “No existe una única respuesta. Los diferentes niveles de producción y el tipo de manejo de cada granja determinan que tengamos que analizar distintos factores para establecer cuál es el momento óptimo”, asegura Sonia Rodríguez Pazos, veterinaria del servicio de reproducción de Seragro.

Días en leche y curvas de lactación

Xornadas Seragro 2025 curvas de lactacion vacas leiteiras

El parámetro clave para decidir cuándo inseminar una vaca es el número de días en leche, por la influencia que estos tienen en la producción. “Cuanto menor sea este número en la media global del rebaño, más leche tendremos”, asegura.

“En una granja cada animal describe su propia curva de lactación, que suele ser similar pero con ciertas diferencias. Debemos fijarnos especialmente en la de las primíparas, que alcanzan un pico más bajo y más tardío pero que son capaces de mantenerlo en el tiempo”, explica.

En una granja cada animal describe su propia curva de lactación, que suele ser similar pero con ciertas diferencias

Para explicar cómo influyen los días en leche en la producción media de las granjas, Sonia recurrió a los datos de las 7.800 vacas analizadas durante el año 2024 por el servicio de reproducción de Seragro, en los que la media fue de 179 DEL con una producción promedio de 37,6 litros en ese momento. “Si bajamos la media a 150 días ya tenemos 38,3 litros de producción, pero si nos vamos a 200 DEL nos quedaríamos en 36 litros”, compara.

Para tener pocos días en leche hay dos estrategias: tener muchos partos y tener pocos animales con muchos días de paridas. “Para tener muchos partos es necesario preñar rápido a las vacas y novillas, y para reducir el número de animales con muchos días en leche debemos tener una estrategia de descarte correcta, dejando de inseminar animales problemáticos a nivel reproductivo y vendiéndolos cuando su producción no sea rentable”, añade.

Pico de lactación

Otro concepto fundamental es el pico de lactación, el momento de máxima producción tras el parto. En las vacas multíparas suele situarse alrededor de los 50-70 días, mientras que en las primíparas puede retrasarse hasta los 100-120 días o más, ya que, además de producir leche, siguen creciendo y desarrollándose corporalmente.

Inseminar antes de pasar el pico de lactación supone hacerlo en un momento de máximo estrés metabólico, que reduce la fertilidad

Tras analizar durante el año 2024 los datos de 7.800 vacas de 48 explotaciones gallegas, todas ellas en Control Lechero y con visitas semanales o quincenales de los veterinarios de Seragro, Sonia expuso los resultados en las Jornadas Técnicas de Vacuno de Leche:

  • Las de primer parto alcanzan el pico de lactación entre los 80 y los 90 días y producen 35 litros de media
  • Las de segundo parto llegan al pico entre los 40 y los 50 días y alcanzan 44,9 litros de media
  • Las de tercer parto producen 48,1 litros a los 40-50 días de paridas
  • Las de más de 4 partos alcanzan 45,8 litros de media a los 50-60 días

“Inseminar antes de pasar el pico supone hacerlo en un momento de máximo estrés metabólico, con el riesgo de reducir la fertilidad. Lo ideal es esperar a que la vaca comience a descender ligeramente la producción, lo que indica que el balance energético ya ha mejorado”, defiende Sonia.

El ascenso al pico de producción es más lento en animales con una escasa condición corporal en el momento del parto

El momento del pico de lactación dependerá de varios factores:

  • del número de lactación (las multíparas llegan antes)
  • de la condición corporal del animal (las primíparas con escaso desarrollo corporal en el momento del parto tardan más, igual que el ascenso al pico también es más lento en vacas que paren flacas)
  • de la concentración de la ración (animales que comen raciones poco concentradas tardan más en alcanzar el pico)
  • de los problemas posparto (cualquier incidencia que haga que la vaca no coma lo suficiente va a retrasar su recuperación)
  • del manejo que hagamos (número de ordeños, número de arrimados de comida, separación en lotes, etc.)

“Cuanto antes podamos llegar al pico mejor, porque más leche tendremos y antes podremos empezar a inseminarlas. Pero si queremos una arrancada y llegada al pico rápida y fuerte, todas las condiciones que tenemos que dar a los animales tienen que ser perfectas”, dice la veterinaria de Seragro.

Persistencia

A la hora de decidir cuándo inseminar también es importante considerar la persistencia, ya que algunas vacas mantienen una producción alta durante muchos meses, lo que da margen para retrasar algo más la inseminación sin comprometer la rentabilidad de la granja. Otras, en cambio, tienen lactaciones más cortas y conviene preñarlas cuanto antes para evitar pérdidas de producción.

“Si todas las vacas de una granja fuesen capaces de mantener la producción durante toda la lactación no necesitaríamos someterlas a tantos partos, pero como no tenemos vacas suficientemente buenas tenemos que concentrar el mayor número de animales en torno al pico de lactación para tener producciones medias altas”, razona.

En cuanto a las novillas, el pico de lactación en el primer parto determinará su rentabilidad futura en la granja. “El nivel de producción al que podrá llegar una vaca en segunda lactación y siguientes dependerá del nivel al que haya sido capaz de llegar como novilla en primera lactación”, asegura Sonia.

Balance energético negativo

Xornadas Seragro 2025 balance enerxetico negativo

El factor fisiológico más importante que se produce en una vaca después de parir es un balance energético negativo (BEN). En los primeros días, la producción de leche supera la capacidad de ingestión y la vaca moviliza grasa corporal para compensar.

“El balance energético negativo es una situación que se da en la vaca en torno al parto caracterizada por una ingestión de energía inferior al gasto, ya que un poco antes del parto el animal deja de comer y después de parir su consumo sube muy lento. Eso sumado a que el gasto debido a que la producción de leche está disparada nos lleva a un desequilibrio”, explica Sonia.

Es muy difícil preñar una vaca mientras pierde peso tras el parto, por eso debemos inseminarlas después del pico de lactación y en balance energético positivo

Esto provoca una pérdida de condición corporal que se refleja en la función reproductiva: los ovarios tardan más en volver a ciclar y las tasas de preñez son más bajas. “Es muy difícil preñar una vaca mientras pierde peso tras el parto, por eso debemos inseminarlas siempre después del pico de lactación y en balance energético positivo, porque nos es más fácil lograr que queden preñadas y porque evitamos caídas de producción por gestación. Además, así estamos garantizando que la futura ternera exprese los genes de producción de la madre”, asegura.

Salud posparto

El período de balance energético negativo puede durar más o menos según el manejo alimentario, pero también según la salud posparto. Complicaciones como la retención de placenta, las metritis, la cetosis o el desplazamiento de abomaso prolongan el balance energético negativo y retrasan la recuperación. Además, aumentan el riesgo de eliminación de vacas de la granja, reduciendo así la vida productiva media del rebaño.

Por eso, “un buen control sanitario posparto es, por lo tanto, una condición indispensable para mejorar la reproducción”, defiende Sonia. Las cojeras también perjudican la fertilidad, ya que reducen la condición corporal del animal y alteran su ciclicidad en el celo.

De las 7.800 vacas analizadas en 2024, el 8% tuvieron retención de placenta, una patología posparto que no tiene después incidencia en el intervalo parto-primera inseminación ni en los días transcurridos hasta la inseminación fecundante. “La producción media de los animales que tuvieron retención también fue similar a la de los que no la tuvieron, los días al pico parecidos y las curvas de lactación también similares”, aclara Sonia.

Las vacas que más sufren desplazamiento de abomaso son las vacas de tercer parto

El desplazamiento de abomaso lo sufrió un 2% de las vacas estudiadas y en este caso sí que altera el momento de la primera inseminación. “Inseminamos muchos animales antes por baja producción y otra parte de ellos más tarde por retrasos en la recuperación”, aclara. De media, las vacas con desplazamiento de abomaso quedaron preñadas 7 días más tarde que el resto. En cuanto a la producción, cuando hay desplazamiento el pico de producción se produce más tarde y es más bajo.

Período de espera voluntario

Con estas dos premisas claras (inseminar siempre tras el pico de lactación y en situación de balance energético positivo), ¿cuándo empezamos a inseminar a las vacas tras el parto? Tradicionalmente se establece un período voluntario de espera (PVE), que suele situarse entre los 50 y 70 días posparto. Durante este tiempo la vaca se recupera del parto, estabiliza el metabolismo y se prepara para reiniciar la actividad ovárica.

Una inseminación demasiado temprana, cuando el animal aún no ha superado el estrés posparto, se traduce en bajas tasas de concepción. Por el contrario, retrasar demasiado la inseminación hace que la curva de producción caiga antes de tiempo, reduciendo la producción media del tanque.

Debemos inseminar lo suficientemente pronto para mantener intervalos entre partos adecuados, pero solo cuando la vaca está realmente preparada

Por eso, el objetivo es encontrar un equilibrio: inseminar lo suficientemente pronto para mantener intervalos entre partos adecuados, pero solo cuando la vaca está realmente preparada. Por eso, “el período de espera voluntario dependerá en primer lugar del momento en que nuestras vacas logren superar el desequilibrio nutricional tras el parto”, indica.

En los animales de primer parto la situación es mucho más crítica, porque el balance energético negativo dura mucho más tiempo, debido fundamentalmente a que aún están en crecimiento y a que su capacidad de ingestión de alimento es menor. Por eso, a las novillas es necesario esperarles más tras el parto para volver a inseminarlas.

Un rango orientativo para inseminar una vaca se sitúa entre los 50 y los 70 días posparto en las multíparas y algo más tarde en las primíparas

“Un consenso técnico es que una vaca solo debería inseminarse cuando ha superado el balance energético negativo y ha pasado el pico de lactación. En términos prácticos, esto se traduce en un rango orientativo de 50-70 días posparto en vacas multíparas y algo más tardío en primíparas, según su evolución productiva y corporal.

El momento exacto debe adaptarse a la realidad de cada granja y a la observación individual de cada animal”, aclara Sonia, ya que inseminar por rutina a todas las vacas a un determinado número de días posparto no es una solución acertada, puesto que habrá animales que puede que aún no hayan llegado al pico. “En esos casos, inseminarlas sin tener esto en cuenta solo sirve para tener tasas de preñez a primera inseminación muy bajas y, en caso de que se quede preñada, caídas de producción por gestación”, dice.

Métodos: celo visto y sincronización

Una vez decidido el momento idóneo para inseminar a cada animal, existen dos estrategias válidas:

  • Celo visto: se basa en la detección visual del celo, bien por observación directa, bien con ayuda de collares o podómetros. Es un sistema económico, flexible y natural, pero requiere tiempo y dedicación.
  • Inseminación a tiempo fijo (IATF): la sincronización hormonal permite inseminar sin depender de la detección del celo. Es útil en granjas grandes, mejora la organización del trabajo y aumenta el porcentaje de vacas inseminadas dentro de la ventana deseada.

“Ambas opciones son válidas y cada granja debe escoger en función de sus recursos humanos, del tamaño del rebaño y de la experiencia en el manejo”, afirma Sonia.

En la media de las 7.800 vacas estudiadas en 2024 la detección de celos fue del 71,79% y la fertilidad del 39,36%. El 70% se inseminaron con celo natural y el 30% mediante tratamientos de sincronización, con éxitos similares, superiores al 40% en ambos casos.

En granjas con sistemas de detección de celo se insemina un 10% más a celo natural

El objetivo final de todo programa reproductivo es lograr vacas preñadas en el momento adecuado. Para evaluar ese éxito se emplea la tasa de preñez, que combina dos componentes: la capacidad de detectar los celos e inseminar en el momento oportuno, y la fertilidad real de las inseminaciones realizadas.

Así, una explotación puede tener buena concepción, pero baja detección de celo o muchas inseminaciones con baja tasa de éxito. Solo la tasa de preñez ofrece una visión global y real del funcionamiento del programa reproductivo, y debe ser el indicador de referencia para mejorar la eficiencia de la reproducción.

Inseminar más tarde no siempre es sinónimo de preñar más tarde

“No existe una fecha mágica que valga para todas las vacas; lo que sí existen son principios básicos: respetar los tiempos de recuperación posparto, superar el balance energético negativo, pasar el pico de lactación, valorar la persistencia y medir los resultados con la tasa de preñez”, defiende Sonia.

“Una reproducción bien gestionada garantiza mejores tasas de concepción, intervalos entre partos más cortos, curvas de producción más estables y una mayor rentabilidad global de la explotación”, concluye.

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