Desbandada de personal investigador en el CIAM

Ensilando en Rotopacas no CIAMUn total de 6 investigadores del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM) acaban de dejar de trabajar en este centro dependiente de la Xunta de Galicia y referente en la investigación agraria en España, agravando una falta de personal y una conflictividad con la dirección administrativa que se prolonga desde hace años.

En este sentido, las seis personas afectadas (María Bande, María Isabel García, Adrián Botana, Álvaro García, Roberto Besteiro y Santiago Crecente) , buena parte de ellas con una larga y reconocida carrera investigadora, vienen de remitir a Campo Galego el siguiente comunicado:

Hace pocos días se resolvió uno de los concursos de traslados que permite la movilidad de determinadas escalas de personal dentro de la Consellería de Medio Rural. Este concurso afectó de forma muy negativa al Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM), pues marcharon del centro 6 investigadores que estaban en plantilla.

Esto deja al centro en una situación muy precaria, pues la falta de investigadores era un problema que ya venía arrastrando el CIAM desde hace años y que de forma reiterada se puso de manifiesto por el personal del centro. Conversando con los investigadores que abandonaron voluntariamente sus puestos en el CIAM, apuntan las siguientes razones como motivos principales:

– La grave falta de cobertura de plazas que sufre el CIAM desde hace años arrastra muchas dificultades para ejercer la labor investigadora, en la medida en que muchas líneas de investigación eran unipersonales, lo cual dificulta enormemente el acceso a proyectos competitivos, donde normalmente se requieren grupos de investigación consolidados con varias personas. Asimismo, las jefaturas de departamento están desapareciendo, sin explicación ninguna al personal del centro.

– Esta situación no solamente afecta al personal investigador, sino también al personal de laboratorio y más al personal de campo. Esto dio lugar a que, con mucha frecuencia, los propios investigadores tuvieran que abordar tareas de campo para poder mantener los proyectos en marcha, o simplemente para que los animales tuvieran los cuidados básicos, pues el personal de campo se encontraba sobrepasado por el trabajo.

– Igualmente preocupante es la presencia en el centro de equipaciones de campo y laboratorio totalmente obsoletas, lo que da una sensación de abandono y aumenta el riesgo de accidentes laborales. Sin ir más allá, recientemente se produjo un accidente laboral grave con una máquina que no se encontraba en condiciones adecuadas. De hecho, eso desembocó en que se precintara una parte importante de la maquinaria del centro que tampoco cumplía. Otro ejemplo es la sala de ordeño del CIAM, que data del año 1994, quedando totalmente anticuada respecto de los sistemas modernos ya implantados en las explotaciones del rural.

– Las fincas dependientes del CIAM están en una situación parecida o peor, con cuadras para el ganado muy antiguas, que no cumplen con las medidas de bienestar animal, y con la presencia de diversas deficiencias que parecen abocar, de no corregirse la situación, al cierre de las mismas en un futuro próximo.

– Desde hace unos años la mayor parte de los investigadores del CIAM perciben una gestión autoritaria desde instancias del AGACAL. Desapareció la buena comunicación que siempre existió en el centro con los órganos superiores, se observa una clara falta de empatía con las demandas de los investigadores y una asignación de los recursos interesada y poco clara.

– Como ejemplo de lo anterior, resulta paradójico que, ante la grave carencia de investigadores, no se le renovara la prórroga de jubilación a una compañera que lo había solicitado, que presenta un currículo muy destacado en el CIAM y que supone un ejemplo de lo que debería ser la carrera investigadora. La base de la negativa a la prórroga procede de un informe desfavorable que, en base a la situación de personal investigador en el centro, parece no tener justificación.

Ante de esta situación, los investigadores que participaron en el traslado (María Bande, María Isabel García, Adrián Botana, Álvaro García, Roberto Besteiro y Santiago Crecente) apuntan que se presenta un futuro totalmente incierto para la investigación agraria, que el estímulo para seguir en el CIAM era muy bajo, y que la situación actual parece responder más bien a un desmantelamiento planificado del centro que a un obstáculo de tipo puntual.

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