El agro presenta alegaciones masivas contra el decreto de purines

El Sindicato Labrego le traslada al Gobierno una propuesta con 40 puntos a modificar del borrador de la normativa. Unións Agrarias inicia una campaña de firmas y ultima sus alegaciones

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El agro presenta alegaciones masivas contra el decreto de purines

Equipo inyector de purines. / Archivo.

El decreto de fertilización sostenible que prepara el Ministerio de Agricultura está generando una oposición unánime en el campo gallego. Estos días, todas las organizaciones agrarias y las cooperativas ultiman sus alegaciones al borrador de la normativa. Así, el Sindicato Labrego anuncia que le trasladará al Gobierno una propuesta con 40 puntos a modificar, en tanto Unións Agrarias inicia una campaña de recogida de firmas contra la normativa y presentará sus alegaciones la próxima semana.

Estos movimientos se suman a las alegaciones ya anunciadas por otras organizaciones, como la Asociación Agraria de Galicia o la Asociación Galega de Cooperativas Agroalimentarias (Agaca). El malestar del campo se centra en una serie de puntos principales, como la aplicación de las mismas medidas a todo tipo de granjas, independientemente de la especie que manejen y de si son intensivas sin tierra o extensivas.

Desde el Sindicato Labrego presentan una serie de contrapropuestas al borrador de la normativa para adapatarla a las condiciones de Galicia. Entre ellas, figuran las siguientes:

– Flexibilizar el decreto para las granjas ecológicas y pequeñas explotaciones familiares que practiquen una agricultura sostenible, con uso tradicional de estiércol o trabajo en zonas de alto valor natural.

– Reducir las obligaciones para los estiércoles, en comparación con los purines, pues los estiércoles tienen menores pérdidas de amoniaco, mayor contenido de carbono orgánico y una mineralización más lenta.

– Fijar mayores restricciones para las granjas que empleen lodos de depuradora o residuos de la industria agroalimentaria. La organización agraria considera que los niveles de metales pesados permitidos para estos productos son obsoletos, pues algunas comunidades ya establecieron niveles más restrictivos.

– Establecer una normativa más estricta para granjas sin tierra, como las de porcino intensivas, pues son las responsables de la mayoría de emisiones de amoniaco a la atmósfera.

El Sindicato Labrego también pide que se tenga en cuenta en los cálculos de emisiones del Ministerio que un 61% de las granjas de vacuno de leche practican el pastoreo con parte de su rebaño (vacas en producción, lotes de secas, novillas, etc.). Este manejo genera una menor emisión de gases a la atmósfera, por lo que debería tener menos restricciones, según la organización agraria.

– Diferenciar las características edafoclimáticas de los distintos territorios del Estado, pues no todos tienen el mismo tipo de suelo y clima. Galicia, por ejemplo, a diferencia de la mayoría de las comunidades, no presenta zonas vulnerables a los nitratos agrícolas.

– Reducir las obligaciones burocráticas que introduciría el decreto, como obligatoriedad de asesoramiento para el abonado, inspección técnica de equipos, obligación de análisis de suelos y de purines, restricciones a la acumulación, etc. “Serían obligaciones que afectarían a todos los sectores agroganaderos profesionales, desde una pequeña huerta hasta un cultivo de manzana de sidra” -cuestiona el Sindicato Labrego-. “De aprobarse el decreto, sería interesante ver como hacen en zonas de orografía difícil, como la Ribeira Sacra, para acopiar los estiércoles y enterrarlos en las 4 horas siguientes a su aplicación”, ironizan.

Campaña de recogida de firmas

Unións Agrarias anuncia por su parte el inicio de una campaña de recogida de firmas en su red de oficinas que se prolongará hasta el 30 de octubre. En paralelo, la organización prepara para la semana la presentación de una tabla de alegaciones y propuestas al borrador del decreto.

La oposición anunciada por Unións comparte argumentos con las alegaciones de otras organizaciones, pues cuestiona el impacto de la norma en las granjas de montaña, así como los cambios de maquinaria a los que obligaría la exigencia de utilizar tubos colgantes o inyectores para aplicar el purín.

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