«El desarrollo del sector del olivo gallego pasa por potenciar las variedades autóctonas»

Recuperar y poner a producir cuanto antes las variedades autóctonas de olivo es uno de los objetivos de la Asociación de Productores de Aceite y Aceituna de Galicia (APAAG). Su presidente, Alfonso Rodríguez, señala que el sector está muy poco profesionalizado y que es preciso desterrar mitos como que los olivos crecen en cualquier terreno o que su rendimiento es inmediato. En una jornada organizada por AGACA y la Red Eusumo, analizó la situación actual en Galicia.

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Foto: APAAG

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Alfonso Rodríguez, presidente de la Asociación de Productores de Aceite y Aceituna de Galicia (APAAG) hizo una radiografía de la situación de los olivos y la producción de aceite gallega. Las comarcas de Quiroga, Valdeorras, Monterrei y los valles del Sil y del Miño son las zonas de más tradición histórica de cultivo, así como pequeñas zonas de Pontevedra.

“El frío y la humedad de la mitad norte de Galicia llevaron a que no se desarrollase el sector del olivo. Porque se trata de un árbol con un manejo agronómico muy complicado y que requiere de unas condiciones climáticas muy específicas.”, señaló Rodríguez.

El presidente de APAAG recordó que al final de la edad media los olivos casi desaparecieron de territorio gallego y solo pequeñas plantaciones sobrevivieron hasta permitir que en la segunda mitad del siglo XX se retomase la olivicultura. “En esa recuperación jugó un papel importante el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con su trabajo de identificación y recuperación de variedades autóctonas.”

Hay que acabar con el mito de que los olivos crecen en cualquier terreno. Esa creencia llevó a pérdidas económicas importantes

Escasez de variedades autóctonas

Uno de los principales problemas con los que se están encontrando los productores es la escasez de plantas de variedades autóctonas. Aunque la demanda es muy elevada, no se consigue abastecer por la lentitud en la recuperación. Eso es algo que condiciona mucho la configuración del sector.

La recuperación de varierdades autóctonas es un trabajo que desarrolla el CSIC en colaboración con los productores

La recuperación de varierdades autóctonas es un trabajo que desarrolla el CSIC en colaboración con los productores

“Esa escasez, junto con la necesidad de vender de forma inmediata, llevan a que se siga trabajando con variedades foráneas, especialmente con la arbequina y la picual. Porque presentan un buen nivel productivo y se adaptan bien al clima de las zonas olivareras de Galicia. Pero debo decir que raro es el productor que no reserva un espacio en la parcela para cuando pueda cultivar con garantías planta autóctona.”

Las variedades autóctonas aportan imagen, valor de marca y diferenciación. Serán las que nos permitan competir con más fortalezas

Sin embargo, Rodríguez considera estratégica e imprescindible la utilización de variedades autóctonas cuanto antes. “Vemos como la brava y la mansa están dando excelentes resultados en Quiroga. No se trata solo del nombre que lleve la oliva; es una generación de valor y de marca. Creo que esta es una visión unánime entre todos los productores.”

En la APAAG son conscientes de que los tiempos de la ciencia son más lentos que los de las necesidades de los olivicultores. Por eso, colaboran con el CSIC para que todo el trabajo que se hace con las variedades gallegas sea lo más riguroso posible en todos los pasos.

“El CSIC está investigando más de una docena de variedades gallegas. Es un trabajo muy amplio. Pero los productores y el sector tenemos que ir analizando ya cuáles van a ser las que mejor combinen rendimiento, adaptación, calidad y singularidad. Porque no todas van a ser iguales.”

La ciencia tiene unos ritmos y tiempos y la producción otros. Tenemos que intentar conjugarlos cuanto antes

Tampoco ayuda en la recuperación de la oliva autóctona el manejo agronómico del olivo. “A diferencia de lo que pasa con las viñas, las experiencias de injertar variedades de oliva autóctona en patrones foráneos no han dado por ahora buenos resultados. Veremos qué pasa en el futuro, pero de momento no ha sido una solución.”

Desterrar mitos e ideas preconcebidas

Rodríguez y su socio acordaron hace diez años con el monte comunal de Cenlle establecer una plantación. “Sabemos que no vamos a frenar nosotros el despoblamiento rural, pero es nuestro grano de arena para que terrenos que iban a quedar abandonados y podrían arder estén ahora produciendo.”

Uno de los mitos recurrentes sobre los olivos es que crecen casi en cualquier sitio. “Eso no es cierto. Ni mucho menos. Pueden prender y hasta dar algún fruto. Pero, para ser viables, tienen que estar en terrenos con unas características muy determinadas.”

La experiencia demuestra que los olivos conviven y convivieron con los viñedos en las zonas más productivas

Esas zonas coinciden por norma general con lugares en los que siempre hubo viñedos. “Lamentablemente, en los últimos años hubo plantaciones que fracasaron porque se hicieron en terrenos que no eran aptos para el olivo. Con la consiguiente pérdida económica para sus promotores.”

Desde APAAG insisten en analizar en profundidad los terrenos y zonas donde se vayan a hacer las plantaciones

Desde APAAG insisten en analizar en profundidad los terrenos y zonas donde se vayan a hacer las plantaciones

Y es que las variaciones climáticas afectan a la producción. “El olivo quiere clima seco pero también necesita un aporte hídrico suficiente. Este año tuvimos agua toda la primavera y luego tres meses totalmente secos. Eso crea una masa forestal de muy difícil gestión, y más con la falta de mano de obra que hay en este sector. Por eso conviene tener diseñado un plan de actuación que incluya la posibilidad de riego.”

Otro mito que señaló Rodríguez fue el de que los árboles entran en producción en un máximo de cinco años. “Eso puede suceder en zonas de mucha tradición de cultivo y altamente profesionalizadas. En Galicia va más lento y hay que ser muy cuidadosos en cuanto a riegos, podas y usos de insumos en los primeros años.”

Desde la APAAG reconocen que el sector del olivo gallego es todavía muy reducido. Tanto si se compara con el resto de la olivicultura de España como en comparación con otras actividades agrarias en Galicia. “Hay limitaciones geográficas que derivan en unos costes muy elevados para la elaboración del aceite. Hablamos de minifundios y en orografías complicadas.”

A veces se apuesta por sistemas de producción que parecen aportar un rendimiento inmediato. Esa es una práctica de riesgo

Rodríguez explicó que el área geográfica que va entre Valdeorras y Quiroga -unos 40 kilómetros- produce más aceite que el resto de Galicia junta. “Y aun así, en esa superficie más productiva, la oliva sigue siendo un complemento de rentas. Importante pero complemento. Y suele ir ligado a producciones de vino.”

Singularidad y simbiosis con el viñedo

En ese sentido, el viñedo y los olivos son complementarios. Porque la recogida de la oliva va después de la vendimia y no se necesita mano de obra añadida. Y, además, la venta del vino a determinados mercados puede abrir también la puerta para la entrada del aceite.

Un aspecto positivo está en la singularidad. “La mayor parte de la producción es de aceite de oliva virgen extra (AOVE), que está muy cotizado. Y, aunque se haga con variedades foráneas, siempre va a contar con el componente climático y edafológico que aporta ser cultivado y producido aquí. Lo bueno es que se vende con facilidad y a buen precio. Lo malo es que no vamos más allá de 25.000 o 30.000 litros de AOVE anuales.”

Acudir a la maquila y elaborar aceite para autoconsumo sigue siendo la práctica mái habitual

Acudir a la maquila y elaborar aceite para autoconsumo sigue siendo la práctica mái habitual

La mayoría de socios de APAAG practican una agricultura a tiempo parcial, cuando tienen un hueco fuera de sus actividades principales. Y recurren a la maquila, es decir, llevan las olivas a que se las muela alguna empresa para llevar el aceite para su casa.

Con todo, en el sector hay mucha diversidad. “Hay quien optó por plantaciones superintensivas -con más de 2.000 pies por hectárea y los árboles separados por menos de 2 metros- y tuvo que dejarlas por la carga de trabajo o por no producir lo suficiente. Y hay quien tiene olivar tradicional y se limita a desbrozar y recoger o quien tiene modelos intensivos que precisan de una carga de trabajo media.”

Rodríguez señaló que los sistemas superintensivos estuvieron de moda hace años porque se consideraban los más idóneos para obtener la máxima producción posible en terrenos muy pequeños. Pero el paso del tiempo demostró que están funcionando mejor modelos con menos densidad de árboles. Tanto por la reducción de costes como por las cifras de producción.

Diversidad de modelos y problemas aparejados

La diversidad de modelos, terrenos y climas lleva aparejado otro problema: “hay zonas de Pontevedra donde las olivas maduran casi al mismo tiempo que las uvas. Las almazaras, que se concentran en Ourense y Quiroga, todavía no están trabajando en ese momento y el fruto puede perder calidad cuando por fin es molido. Y eso que hablamos de distancias pequeñas comparadas con otras zonas productoras.”

Sin olvidar que hay áreas en las que, por el método de cultivo, el clima y la variedad empleada es suficiente con 6 o 7 kilos de oliva para elaborar un litro de aceite; mientras que hay otras que -como sucedió en 2024- hubo que juntar hasta 14 kilos para producir un litro.

Nuestro sector es muy pequeño dentro de la olivicultura en España y de la agricultura en Galicia. Falta profesionalización

Lo que está apenas desarrollado es la producción de oliva de mesa. “No es algo habitual ni mucho menos. Lo que pudimos ver con pequeñas experiencias que se hicieron con arbequina o brava y mansa es que, con un tratamiento y recetas adecuados, pueden dar buen resultado a pesar de ser de pequeño tamaño. Aunque no se puede hablar de que unas variedades sean mejores o peores para encurtir.”

La mezcla de olivos y viñedos en terrenos linderos es una práctica tan habitual como rentable

La mezcla de olivos y viñedos en terrenos linderos es una práctica tan habitual como rentable

Respecto al último ejercicio analizado, APAAG estima que, a finales de 2024 se recogieran más de 100.000 kilos de oliva en Galicia. Una cantidad superior a la de las campañas anteriores, que se situaba en torno a los 85.000 kilos.

Sin embargo, no es fácil conocer las cifras del sector gallego. Porque la producción está muy fragmentada dado que existen numerosas iniciativas locales y algunas almazaras y empresas de poco volumen. Además de toda la cantidad que va para autoconsumo mediante maquila.

El olivo a análisis en la Red Eusumo

La intervención del presidente de la APAAG se produjo en el marco de una jornada organizada por la Asociación Gallega de Cooperativas Agroalimentarias (AGACA) y la Red Eusumo. La actividad se enmarcó en el programa de actuación 2025 de la Red Eusumo, una red de colaboración impulsada por la Secretaría General de Empleo y Relaciones Laborales de la Consejería de Empleo, Comercio y Emigración para el fomento del cooperativismo y la economía social que cuenta con la financiación del Ministerio de Trabajo y Economía Social.

Higinio Mougán, gerente de AGACA, apuntó que participan en el Grupo Operativo del Olivar en Galicia OLIGALICIA, que busca poner en producción plena las plantaciones existentes de olivar en Galicia. El grupo está integrado, además, por la Fundación Centro Tecnológico de la Carne (CETECA) y Proligal, cooperativa especializada en olivos.

El Grupo Operativo OLIGALICIA busca poner en producción plena las plantaciones existentes

El Grupo Operativo OLIGALICIA busca poner en producción plena las plantaciones existentes

Para ello, se elaborará un mapa con las variantes de olivo (autóctona y foránea) cultivadas en Galicia con el fin de caracterizar sus particularidades productivas y sus costes de producción y, según la zona y el clima, elaborar planes de enmienda y fertilización e identificar los sistemas de riego, de mantenimiento de suelo y de control de plagas más adecuados.

El proceso de trabajo, que prevé finalizar en 2026, incluirá la toma de muestras de suelo, olivos y agua, por parte de Proligal, que se analizarán en los laboratorios del CETECA. Los datos servirán para facilitar la redacción de los cuadernos de campo de las diversas variedades y para optimizar las tareas agronómicas de fertilidad del suelo y manejo de los árboles que conduzcan a una mejor producción.

La Agencia Gallega de la Calidad Alimentaria colaborará en la identificación de las variedades más aptas para ser implantadas en los campos experimentales. AGACA lidera el Grupo y ofrecerá el asesoramiento técnico necesario.

El presupuesto de OLIGALICIA es de 179.955 euros y cuenta con ayuda para la ejecución de proyectos de los grupos operativos de la Asociación Europea de la Innovación (AEI), financiada con el Fondo Europeo Agrícola para el Desarrollo Rural (FEADER), el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Xunta de Galicia.

 

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