“Las vacunas como herramienta de prevención: mejorando su manejo para optimizar resultados” es el título de la ponencia que ofreció Margarita Barreto, técnico de HIPRA, en la última edición de los Encuentros Ganaderos organizados por la Agrupación de Defensa Sanitaria Xundeva, en Lalín (Pontevedra).
La importancia de las vacunas
La técnica de HIPRA comenzó su intervención destacando que “las vacunas tienen la mala suerte de que pueden morir de éxito. Funcionan tan bien que muchas veces no se les da el valor que tienen y no se tiene en cuenta su papel como freno a enfermedades graves. Por ejemplo, la IBR bovina está controlada gracias a las vacunas”.
Las vacunas, subrayó, son decisivas para atajar los patógenos zoonóticos. “Dos tercios de las enfermedades que sufren los animales son causadas por patógenos zoonóticos, que son un riesgo para las personas. Las vacunas mejoran la salud y el bienestar de los rebaños y, por lo tanto, su productividad y rentabilidad”. Por último, la prevención a través de vacunas nos permite reducir el uso de antibióticos en las explotaciones.
Prevención adicional en animales de recría
En el caso de vacunación en el último tercio de la gestación de los animales que van a parir, esa vacuna supondrá que las futuras crías reciban a través del calostro un importantísimo refuerzo para su sistema inmunitario. “Así, las vacunas no sólo tienen efectos sobre los ejemplares que las reciben, sino también sobre sus hijas a través de la inmunidad pasiva. Es algo esencial en la prevención de algunas enfermedades.”
El manejo eficiente en la vacunación
La técnica de HIPRA explicó el uso de vacunas con un triángulo, en el que sus vértices son el producto, el animal y la aplicación. Y hay que incidir rigurosamente en cada uno de los tres para que las vacunaciones resulten efectivas y, por añadidura, rentables.

Tener ordenados, registrados y limpios todos los elementos que se utilizan en la vacunación es algo imprescindible
- El animal
“En la parte animal hay que poner especial atención en tres aspectos. El primero es controlar que todos los ejemplares que vacunemos estén sanos. Es imposible obtener una buena respuesta inmunitaria si aplicamos vacunas a reses que pueden estar incubando una enfermedad, que presentan un balance energético negativo o si están presentando problemas de nutrición”.
El segundo aspecto se centra en el manejo previo. Hay que evitar que el ganado sea transportado justo antes de recibir las vacunas y procurar que no sufran cambios bruscos en su hábitat, alimentación o descanso.
Y el tercer punto tiene que ver con la necesidad de evitarles estrés a los animales. “En ese caso hay que determinar dónde y cuándo vacunamos. En qué momento y en qué espacio físico. Si empleamos mangas o cornadizas hay que evitarles que pasen miedo o que vayan con mucha prisa. Porque un mal manejo en esos apartados puede derivar en estrés antes y después de la vacunación”.
- Manejo del producto
En lo que respecta a las vacunas en sí, hay que fijarse primero en el proceso de fabricación. “Si bien está todo muy protocolizado y regulado, siempre puede haber fallos. Toda la información que recibamos será de utilidad. Y lo mismo sirve para el transporte; el modo en que las vacunas llegan hasta los distribuidores y desde estos hasta las granjas”, dijo la técnico de HIPRA.

Desde HIPRA recomiendan siempre aplicar las vacunas en las dos caras del cuello y nunca en la trasera de los animales
Luego hay que prestar mucha atención a los procesos de almacenaje de vacunas en las explotaciones. En general, hay que mantenerlas a una temperatura de entre 2ºC y 8ºC. Y evitar que se congelen. “Por ejemplo, conviene situarlas en el centro de los refrigeradores porque una proximidad excesiva con las paredes puede congelarlas parcialmente o dañar los envases”.
Aunque pueda parecer laborioso u obvio, hay que comprobar la fecha de caducidad y el número de lote de todas las vacunas. Y siempre hay que leer detenidamente el prospecto. “En el prospecto vienen indicadas las características del producto.
Si, por ejemplo, pone que se trata de un liofilizado blanco y una solución homogénea transparente, hay que comprobar que sea así, que no esté oscuro o con grumos. Porque eso indicaría que puede estar deteriorado. En ese caso no hay por qué tener miedo de consultar con los veterinarios”, aclaró Barreto.
- La aplicación
El último vértice del triángulo es la propia aplicación de la vacuna. La especialista de HIPRA recalcó que el orden y la limpieza deben ser lo primero que hay que trabajar. “Las prisas y la falta de orden son negativas en cualquier trabajo sanitario. También en la vacunación. Tener los aparatos y productos de cualquier manera puede llevarnos a cometer errores”.
En esa línea, Barreto habló de la necesidad de emplear jeringas limpias, agujas adecuadas y guantes en el caso de aplicaciones subcutáneas. “En la preparación del producto hay que seguir todas las indicaciones del prospecto. Desde las temperaturas de aplicación hasta las proporciones, en caso de que haya que mezclar diferentes elementos como liofilizados y disolventes.”
Resumen de recomendaciones

La técnico de HIPRA facilitó una tabla de recomendaciones generales a los participantes en el acto de Xundeva
Desde HIPRA recalcan el apartado de las temperaturas. “Las vacunas se guardan a un máximo de 8ºC. Pero, por ejemplo, las vacas tienen una temperatura interna de 36 o 38 grados. Si aplicamos una vacuna fría, lo menos malo será que no haga efecto. Porque puede darse el caso de que el sistema inmune la detecte como una amenaza y acabe generando reacciones adversas”.
Barreto señaló que las vacunas deben aplicarse entre 15ºC y 25ºC. Para conseguirlo, conviene sacar las vacunas de los refrigeradores con horas de antelación y que vayan subiendo de temperatura. Otra opción es calentarlas con un baño de agua o incluso con las manos. Y también hay envases de vacunas que traen un termómetro incorporado.
La cuestión es que en muchas ocasiones la temperatura ambiente está por debajo de 15ºC o por encima de 25ºC, por lo que la vacuna se enfriaría o calentaría de más. Y los baños de agua caliente tienen que ser breves y a temperaturas moderadas para que no acaben cociendo los principios activos e inutilizando la vacuna.
Materiales y métodos
En caso de que la vacuna tenga que ser mezclada con un disolvente, hay que hacer el proceso del modo más suave posible, evitando la formación de espumas. También hay que mantenerla a temperatura ambiente mientras se está utilizando y hay que administrarla de forma segura, según indicó la experta de HIPRA.
La frecuencia de uso de las agujas es otro punto crítico en la vacunación. “Si bien no siempre es económicamente posible y puede llevar mucho tiempo, el escenario ideal es el de contar con una aguja y una jeringa para cada vacuna y cada animal. De no ser así, por lo menos hay que tratar de cambiar todo lo que se pueda las agujas entre animales”.
Barreto ahondó también en las pistolas de vacunación. “Hay que tener cuidado con ellas. Nos podemos dejar llevar por las prisas y acabamos inoculando aire en los animales. Lo mejor es comprobar las pistolas cada tres o cuatro animales. Comprobamos que no haya burbujas de aire y seguimos. Además, conviene cambiar la aguja de la pistola cada 10 o 15 animales como mucho”.
En cuanto a la aplicación, la especialista de HIPRA destaca que hay que diferenciar entre intramuscular y subcutánea, algo que siempre viene indicado en el prospecto. “Nosotros recomendamos que tanto una como otra se apliquen en la zona del cuello, perpendicular a las orejas. Y con cambios de aguja lo más frecuentes posible. La vacunación subcutánea se hace con la aguja en diagonal respecto de la piel y la intramuscular con la aguja en perpendicular”.
Barreto también recomienda evitar inocular las vacunas intramusculares y subcutáneas en la parte trasera de la vaca. “Porque suele haber presencia de restos de excrementos y otras impurezas que nunca son recomendables cuando se trata de cuestiones sanitarias. En esa zona aumenta el riesgo de contaminación”.
Vía intranasal
Otra opción que ofrecen determinadas vacunas es la vía intranasal. “Es muy interesante en terneros recién nacidos y animales jóvenes. Porque es rápida y porque genera inmunidad a través de las mucosas, mediante la producción de inmunoglobulinas de tipo A. La vía intranasal es por donde entran patógenos como los virus respiratorios, lo que la aconseja como vía para la vacunación”.

Otro apartado clave es leer y seguir rigorusamente las instrucciones de uso de las vacunas
Pero, señaló Barreto, también hay que estar muy atentos en su manejo. “Muchas veces podemos hacer un mal uso de las cánulas. Por no cambiarlas con la frecuencia deseable, sobre todo. Así hay riesgo de que en vez de inmunizar acabemos esparciendo algún patógeno. Cada tres o cuatro animales, hay que cambiar la cánula. Y ser rigurosos con las cantidades que indica el prospecto.”
Registros
Otro paso imprescindible es la identificación de animales vacunados. “Para el éxito de la vacunación hay que tener un registro muy exhaustivo en el que figure el producto empleado, qué dosis, en qué tipo de animales, los ejemplares vacunados y las fechas de vacunación. Eso es algo que, por desgracia, no siempre se hace en las granjas”.
Recomendación importante es también, en la medida de lo posible, separar la aplicación de vacunas. Es decir, que los ganaderos no inoculen en el mismo día vacunas para enfermedades diferentes. En ganadería extensiva es más difícil, pero conviene separar las aplicaciones siempre que sea posible. Y también es deseable que las vacunas se apliquen en diferentes zonas del cuello y no siempre en el mismo lado del animal.
Vacunación e inmunización: evitar fracasos
Desde HIPRA remarcan la diferencia entre vacunación e inmunización. “Podemos vacunar cumpliendo lo mejor posible los criterios y que cada animal reciba su dosis. Pero que la vacunación derive en inmunización es una expectativa. Cuando esta no se produce, hablamos de fracaso. Puede ser debido a diferentes factores, pero los más habituales tienen que ver con errores en el manejo.” Entre esas causas de fracaso, Barreto citó las siguientes:
• Vacunación de animales enfermos/incubando la enfermedad
• Administración incorrecta
• Problemas de higiene
• Ausencia de revacunación
• Problemas en el almacenamiento
• Interferencia de anticuerpos maternales; para evitarlo podemos recurrir a la vacunación vía intranasal
• Animales estresados: Balance Energético Negativo, destetes, transportes, estrés…
Barreto concluyó su intervención haciendo un llamamiento a no reutilizar restos de vacunas. “Puede que, al acabar la jornada de vacunación, tengamos restos en diferentes envases. Eso no se puede guardar para reutilizar más adelante. No solo no va a ser útil, sino que hasta puede traer problemas sanitarios graves”.
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