“El futuro del Ribeiro está en los vinos tintos”

Arsenio Paz, fundador de Bodegas Vilerma, es uno de los artífices del resurgir de los vinos del Ribeiro. En el 2017 recibió el premio Ribeiro a “Una vida entre vides”. Hablamos con él en su bodega en Leiro sobre el Ribeiro y su trayectoria

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“El futuro del Ribeiro está en los vinos tintos”

Abogado de profesión, Arsenio Paz nunca olvidó su tierra natal de Leiro y el vino Ribeiro que se producía en ella siendo niño. Lleva más de cuarenta años vinculado a la recuperación de los viñedos en las laderas soleadas de Bodega Vilerma, una de las dos grandes pasiones vitales. Su trayectoria fue reconocida en el 2017 con el premio Ribeiro a toda “Una vida entre vides”. Nos recibe una tarde lluviosa en su bodega, donde se destila amor por la tradición y por las cosas bien hechas.

Arsenio ¿de donde te viene esta vinculación con el mundo de los vinos?
Eso también me lo preguntó yo a veces porque mi idea nunca fue esta. Yo siempre estuve vinculado con la zona y con el viñedo, porque mi abuelo y mi padre tuvieron viñsa pero nunca vivieron de la viticultura. Yo trabajaba en Vigo y un día me llamó Eulogio Gómez Franqueira para hacer una junta de salvación de la Cooperativa del Ribeiro y me pidió que fuera el secretario.

Fue cuando comencé a implicarme en el Ribeiro para reflotar la cooperativa, que hoy está recuperada y funcionando muy bien. Además, mi mujer quería vivir en una casa y vinimos a ver esta antigua propiedad de la familia en A Vilerma, que entonces estaba en ruinas y sin accesos.

Por aquel entonces, en el año 1975, el vino de Ribeiro era un vino con fama de ácido, turbio y de baja graduación. En ese vino de Ribeiro ya casi no quedaban las variedades antiguas que habían sido sustituidas por otras de fuera más productivas. Sin embargo, yo quise ver como era aquel vino que se cultivaba aquí anteriormente y que siempre había tenido fama.

¿Por que ese interés por recuperar el vino de antes?
Porque veíamos que el vino que se estaba produciendo en aquel momento no era viable. Cuando yo estaba en la cooperativa de secretario, Javier Vázquez Fidalgo, que era abuelo de los actuales propietarios de la bodega Casal de Armán, me comentó un día: “Hoy ya nadie sabe lo que es el vino del Ribeiro”. Y tenía razón, aquello era todo un mundo de Palomino. Entonces fue cuando comenzamos a recuperar y a plantar la Treixadura y el Godello.

 “En los años 70 el Ribeiro era un mar de Palomino, pero yo quería recuperar el auténtico vino de antes”

¿Cómo conseguisteis esas variedades?
Ya no las había entonces, por lo que solo nos quedaba comprar bravos y luego injertarlos. No fue fácil conseguirlas, no había los buenos viveros que hay hoy en día que te las habían podido traer. Así que, las buscábamos donde quedaban cepas viejas. Algunas también vinieron de Arbo, con los que teníamos relación. Luego, por mi trabajo como abogado llegué a plantar aquí kiwi, una plantación que cultivé también durante algunos años, pero es una planta que el verano del interior lo aguantaba muy mal a pesar de que aquí teníamos agua.

Poco a poco la finca fue creciendo. Era poco más de una hectárea cuando empezamos y fuimos incorporando terreno a base de comprar y de hablar con muchos propietarios. Hoy tendremos en torno a 7 hectáreas y con una producción media de alrededor de 40 o 50.000 botellas, contando blanco y tinto. Nosotros producimos lo que da la viña, no compramos uvas. Nunca fue un proyecto planificado pero la suerte que tuve fue contar siempre con una gente magnífica trabajando aquí: cuatro personas fijas y también algunos más por temporada.

En aquel momento igual no fuisteis muy bien comprendidos ni por el Consello Regulador ni por el resto de viticultores por esa idea de apostar por las variedades autóctonas…
Sobra contar una anécdota para comprender la situación. Cuando yo comencé a plantar estas variedades un amigo de la familia de toda la vida le dijo a mi padre: “No le da vergüenza a su hijo: ser agricultor es lo último que se puede ser en la vida”. Y él era y había sido agricultor toda su vida, y un buen viticultor.

Aquí no hubo una burguesía que se vinculara a la tierra y a la agricultura pese a que teníamos ya la fama del vino, como habían reconocido por ejemplo Cervantes, que hablaba del vino de Ribadavia. Fallamos entonces y seguimos fallando. Siempre recuerdo una frase de Ortega y Gasset cuando visitó Galicia en el 1920 que decía “Galicia es una tierra muy hermosa habitada por gente vencida”. Y hoy Galicia sigue siendo bastante parecida, sobre todo la Galicia del interior, que es una gran abandonada con un problema grandísimo como es el minifundio.

“O Ribeiro siempre fue un vino de mezcla y en esta bodega seguimos esa tradición”

¿Qué variedades trabajáis?
O Ribeiro siempre fue un vino de mezcla y en esta bodega seguimos esa tradición. Así, en el Vilerma blanco la variedad mayoritaria es la Treixadura, pero luego tenemos Albariño, Godello, Loureira, Lado y Torrontés. Y en nuestro tinto la parte mayoritaria es el Sousón, pero también le añadimos Brancellao, dos tipos de Caíño, Ferrón y un poco de Tempranillo.

Yo siempre quise hacer solo un vino, por lo que solo elaboramos el Vilerma Tinto y el Vilerma Blanco. Vendimiamos por separado, según vayan madurando por zonas y por variedades y fermentan también así por separado. Uno de los problemas que nosotros tenemos es que nuestras variedades son poco ácidas, en buena medida también por estar en una ladera soleada, y por eso hace falta tener variedades como el Albariño con las que irle aportando acidez.

¿En que mercados vendéis el vino?
Fundamentalmente nuestro mercado es Galicia y España y de vez en cuando sale algo para el extranjero.

¿Cuál fue la clave para que la gente reconozca en Vilerma un vino diferenciado?
Nosotros trabajamos la finca como hacían los de antes, con los mismos sistemas, siguiendo la tradición que viene de siglos atrás. O Ribeiro se hizo siempre con una mezcla de las variedades nuestras y propias que son magníficas, como el Sousón, el Brancellao, el Caíño… pero siempre mezcla.

Al principio creo que la gente ya no creía mucho en el Ribeiro, porque se vendía no se sabe lo que como si fuera Ribeiro, pero hoy se está recuperando y creo que se hacen grandes vinos en esta DO.

Por parte del Consello Regulador hubo colaboración en la recuperación de estas variedades autóctonas. Así, en el año 85, como aún no teníamos ni terminada una de las bodegas con las que funcionamos hoy y en el Consello Regulador nos pidieron si les cedíamos toda la producción que teníamos de nuestras variedades autóctonas, así lo hicimos. Ellos hicieron vinificaciones por separado de las variedades y ahí hicieron una cata y fue cuando se dieron cuenta del potencial que podía tener el Ribeiro si se hacía con las variedades idóneas. Pero el Ribeiro aún tardó en responder.

Ahora falta que nos demos cuenta de que podemos hacer los grandes vinos tintos. O Ribeiro que yo conocí de niño el 80% era tinto, era el Ribeiro del Avia.

Como anécdota, hace 2 años yo estaba en Ourense y me llamó el que había sido presidente de Ribera del Duero porque su hijo, que era enólogo, quería ver nuestras cepas de Treixadura. Cuando quiso probar nuestros vinos yo le ofrecí el tinto, y allí probó de varios años, y me dijo: “Tiene usted razón, el futuro del Ribeiro está en los vinos tintos”.

Además, cuando se hizo la Cooperativa de Leiro, que luego fue absorbida por la de Ribadavia, el primer enólogo que había era de la Rioja y lo que le sorprendieron fueron los tintos, pero no supimos comercializarlos.

¿Qué producción tenéis vosotros de tintos?
Cuando comenzamos con esto, yo pensé hacer un vino para los amigos, no tenía aspiraciones ningunas y ahora el tinto incluso tiene más demanda que el blanco. Pero, de tinto elaboramos solo unas 4.000 botellas, sin madera. Yo soy enemigo de la madera en el vino. En el blanco ya ni se me ocurre, pero en el tinto tuve la debilidad de probar, pero descubrí que no da resultado. Nosotros en Galicia tenemos unas variedades muy importantes, que por sí solas son capaces de hacer unos buenos vinos, sin necesidad de la madera.

En el Ribeiro en esta zona, quizás había la mitad de blanco y tinto, pero en otras zonas como Cenlle, era todo tinto. De hecho, cuando se hizo la cooperativa en el año 1952 en Leiro, casi todo era tinto, luego cuando se creó la de Ribadavia, allí había más blanco que tinto.

Yo en los tintos no le tengo miedo a competir con cualquiera tinto de España, porque esencialmente el Avia fue tinto.

“Podemos hacer grandes vinos sin necesidad de madera”

¿Se abandonaron los lugares tradicionales de plantación del vino?
Sí, desde luego, pero detrás de eso está el minifundio de Galicia y que es un problema con difícil solución. Hay que buscar la fórmula para que se pueda poner en producción la tierra que está abandonada.

Yo creo que hay un abandono por parte de la Administración. Cuando era niño, no había incendios porque los montes estaban limpios. A eso se le suma el problema que supone el aumento de la población de jabalí o que ahora en el Ribeiro ya esté entrando el corzo a hacer estragos en los viñedos. A pesar de todo, la tierra es agradecida si la trabajas bien.

Y de todos estos años de trayectoria, desde el 1975, ¿que fue lo más positivo que te aportó el mundo del vino?
Lo digo con un cierto romanticismo, pero de lo que estoy encantado es de que hoy en el Ribeiro haya un cierto número de bodegas que están haciendo unos magníficos vinos. Y si somos serios, formales y creemos en el vino y no en el dinero con lo que se pueda especular, el Ribeiro tiene posibilidades, pero hay que trabajarlo. Nosotros la producción más grande que tuvimos fue en el 2001 que llegamos a las 70.000 botellas y al año siguiente solo embotellamos 29.000 que fue lo que dio la viña.

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“Si ahora volviera atrás plantaría variedades tintas”

¿Qué futuro te gustaría para tu bodega?
Yo no quiero ampliar ni hacer más viñedos, pero si ahora tuviera que plantar, plantaría tinto, sin duda alguna, aunque sin abandonar los blancos.

Si te tuvieras que quedar con dos variedades en blanco y dos en tinto, ¿cuáles escogerías?
En blanco me quedaría con la Treixadura, y con el Albariño por necesidad porque Treixadura sola no tiene acidez y es preciso aportarla con el Albariño. Y en el tinto posiblemente optara por el Sousón y por el Caíño. Desde luego que la Mencía no, porque nunca fue una variedad propia del Ribeiro. Pero, el vino es cómo el cocido, cuanto más le aportes más gana.

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