El monte gallego absorbe el 30% de los gases de efecto invernadero emitidos en Galicia

Abordamos con el investigador Esteban Gómez la capacidad de fijación de carbono que tiene el arbolado de los montes gallegos, funcionando como sumidero de carbono. Sus investigaciones aportan también información sobre las especies con mayor potencial para la captura de carbono

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Los pinos absorben un volumen de carbono que equivale a la mitad de su crecimiento anual.

Los trabajos realizados por el investigador Esteban Gómez García indagan sobre el potencial del arbolado del monte gallego para capturar gases de efecto invernadero. El aumento de la superficie arbolada constatada en los últimos inventarios públicos avanza que también el poder de neutralización de los bosques gallegos se incrementó en las últimas décadas, no sólo por el mayor espacio dedicado a arbolado sino por sus características.

Conocer el potencial que ofrecen los bosques en la lucha contra el cambio climático se ha vuelto una pieza clave para contrarrestar los efectos que otras actividades humanas tienen en el planeta. Así, cada año, distintos organismos nacionales e internacionales realizan una estimación de las emisiones contaminantes que se realizan a la atmósfera derivadas de la actividad humana. El cálculo suele céntrarse en las emisiones de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2), el metano u óxido nitroso, pero al mismo tiempo estos informes también valoran aquellas actividades o espacios que contribuyen, de una manera directa, a mitigar los efectos que esos gases tendrán en la atmósfera.

Se camina en la búsqueda del conocido como balance cero de emisiones. Se trata de que, pese a que las emisión de estos gases no puedan eliminarse por completo, otras acciones puedan compensarlas, de suerte que sus efectos queden neutralizados. Es aquí donde los llamados sumideros de carbono cobran un papel destacado. Son espacios naturales, bosques, praderas o masas de agua que contribuyen como importantes herramientas para conseguir reducir los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Además de los árboles y la broza (incluidas las raíces), la madera muerta funcionan como almacenes de carbono dentro de un ecosistema forestal

En el análisis del papel que los montes ejercen como almacenes de carbono se tienen en cuenta distintos depósitos.»Me he centrado en la estimación de la fijación que hace el arbolado, incluyendo sus raíces, pero hay otros elementos de los ecosistemas forestales que ejercen como sumideros de carbono», explica el experto. En los montes se establecen 5 depósitos que actúan como alcantarillas: la parte aérea vegetal viva, la parte de las raíces, la madera muerta, los restos vegetales depositados en el suelo y los suelos. «Actualmente no es sencillo hacer una estimación regional de la evolución del carbono fijado en la madera muerta, en los restos vegetales o en los suelos. En caso de que no haya cambio de uso o cobertura se simplifica y se considera que el balance de carbono en estos depósitos es neutro (no hay ganancias ni pérdidas)», indica el investigador.

El potencial del arborado gallego

Gómez García toma los datos del último Inventario Forestal Nacional (IFN), en el que se muestra un incremento considerable de la superficie forestal en Galicia. En concreto, el área forestal arbolada gallega pasó de 1.129.361 hectáreas en el año 1975 a unas 1.424.094 hectáreas en este último inventario realizado. Este incremento de la superficie también evidencia que aumentó el carbono capturado por la especies presentes en él. «Entre el segundo inventario, que se realizó entre 1987 y 1996, y el cuarto inventario hecho en el 2009, la tendencia es bastante constante y se vio un aumento de 2,4 millones de toneladas cada año», detalla el especialista. Actualmente las especies que acumulan mayor cantidad de carbono en los montes gallegos son los eucaliptos (30%), los pinos (27%) y los robles y melojos (26%).

Los árboles absorben grandes cantidades de carbono durante su crecimiento. Cuando la masa se estabiliza, las cifras bajan

Según las estimaciones realizadas por el investigador, el arbolado del monte gallego absorbe cada año el 30% de las emisiones de dióxido de carbono que se producen en la comunidad gallega. «Durante el período entre el segundo Inventario Forestal Nacional para Galicia (1987) y el tercero (2009), el 28% de las emisiones que se produjeron en Galicia fueron absorbidas por el crecimiento del arbolado», concreta Gómez García. Además este porcentaje podría ser mayor en la actualidad luego del cierre y transformaciones de algunas de las industrias que emitían una importante cantidad de gases de efecto invernadero, como son las centrales térmicas de carbón.

La edad marca diferencias

Es significativo que, además de incrementarse la superficie forestal hubo una densificación, lo que resulta beneficioso a la hora de considerar estas masas como sumideros activos de dióxido de carbono. «No sólo hay más superficie de árboles, sino que hay más árboles en ese monte», indica Gómez.

Además, pese a que el monte tiene una capacidad limitada de absorción de dióxido de carbono, «hay aún margen para incrementar la productividad del monte gallego lo que ayudaría a mitigar el problema durante un tiempo permitiendo desarrollar soluciones tecnológicas que permitan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero», apunta el investigador. En este sentido, realizar las labores de silvicultura precisas en las plantaciones puede ser una de las estrategias recomendadas para incrementar la capacidad de absorción. Sin embargo, lo más importante a la hora de optimizar estos almacenes de carbono es la prevención de los incendios forestales, puesto que de producirse, las consecuencias son devastadoras no sólo por la pérdida sino por las emisiones que generan a la atmósfera.

Realizar las labores de silvicultura adecuadas prevé incendios y puede favorecer el incremento de la capacidad de fijación de carbono del arbolado

Dentro de las soluciones tecnológicas a implantar el monte también juega un papel fundamental. El carbono está secuestrado en los productos extraídos del monte, como puede ser la madera, mientras ese producto está en uso. Además, puede usarse madera en substitución a otros materiales que causan mayores emisiones como el hierro y el hormigón. Por último, la biomasa forestal también puede emplearse como combustible en lugar de combustibles fósiles.

Hace falta tener en cuenta que los árboles más jóvenes son los que tienen una mayor capacidad para actuar como sumideros. «Los bosques fijan carbono mientras están creciendo, una vez que su crecimiento se estabiliza, la emisión y la absorción de CO2 casi se anula entre sí», especifica el experto. 

El ritmo de crecimiento es un factor determinante por lo que las especies de crecimiento rápido juegan un papel preponderante. «Sin entrar en otro tipo de consideraciones las plantaciones forestales de alta productividad son mas determinantes como alcantarillas de carbono», apunta el investigador. Así, los eucaliptos y los pinos tienen el mayor potencial para la captación de carbono en el monte gallego.

Las plantaciones de eucalipto habituales en esta época del año también se están la retrasar esta primavera

Las plantaciones de eucalipto habituales en esta época del año también se están a retrasar esta primavera.

Los beneficios ocultos de las plantaciones

En el bosque gallego, el pino, el eucalipto y el roble acaparan casi el 67% de la absorción de carbono que se realiza en estas superficies forestales. Existen pequeñas diferencias que afectan a la capacidad de acumulación de las principales especies presentes en los bosques gallegos, pero la mayoría capturan un volumen de carbono equivalente al 45 – 50% de su crecimiento anual.

«El pino y el eucalipto son las especies que están acumulando más carbono en el monte gallego»

En esta valoración el ritmo de crecimiento de la especie es un factor determinante, lo que hace incrementar la capacidad de convertirse en sumidero de carbono de especies como el eucalipto. Pese a que el impacto de las plantaciones forestales puede ser negativo en temas como la biodiversidad del monte, la contribución que están realizando en la gestión de los gases de efecto invernadero puede resultar significativa. 

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