
Hablamos con Pablo Meijomín, presidente de la Federación Gallega de Porcino y propietario de 20 granjas, tanto de madres como de cebaderos, con diferentes fórmulas de comercialización, con explotaciones propias, integradas e incluso alquiladas. La situación actual del sector, los retos y expectativas de futuro, los condicionantes legales y la evolución del mercado son solo algunos de los apartados que repasamos en este viaje al corazón del porcino gallego.
– Una de las cuestiones que más preocupa en el sector es la obligación de modificar el espacio disponible en las granjas para cumplir con el Real Decreto 159/2023 de bienestar animal. ¿Cómo está la situación a día de hoy?
La normativa de modificación de espacios afectaba al 90% de las explotaciones. En Galicia hay unos 1.150 cebaderos y unas 120 granjas de madres. La administración se ve desbordada para hacer frente a las inspecciones de las granjas, que incluyen mediciones y reorganizaciones en muchas de ellas.
Desde FEGAPOR propusimos que fueran los veterinarios de las Agrupaciones de Defensa Sanitaria (ADS) los que hicieran ese trabajo. Igual que ya hacen otras tareas que competen a los veterinarios de la administración. En algunos ayuntamientos de Lugo y Ourense se aceptó pero en Pontevedra y A Coruña no.
Con la capacidad que tiene hoy la Xunta no creemos que todas las granjas estén inspeccionadas en marzo del año que viene, que es cuando termina el plazo para adaptar las explotaciones a los requisitos que fija el Real Decreto 159/2023 de bienestar animal.
– A diferencia del sector vacuno, Galicia no se considera un gran productor en España. ¿En qué cifras nos movemos actualmente?
Galicia no es un gran productor dentro de España. No llegamos ni al 4% del censo estatal. Tenemos alrededor de un millón y medio de cerdos censados de un total de 50 millones de ejemplares que constan en el registro estatal.
Hay diferentes tipos de granjas de madres, aunque todas se orientan a la producción de lechones. De algunas salen con 6 kilos de peso y van para otras granjas llamadas “de transición” o para otras zonas de la misma granja orientadas a ese fin. Cuando terminan la transición, salen para los cebaderos con unos 20 kilos de peso.
En Galicia tenemos más plazas en los cebaderos que lechones somos capaces de producir. Y eso deberíamos corregirlo para no depender de la importación.
La cuestión es que en Galicia hay muchas más plazas de cebadero que los lechones que se producen. Somos importadores de lechón. Que llega desde el resto del estado pero también de otros países como Alemania, Bélgica o Dinamarca.
– ¿Hay, pues, margen para aumentar el número de granjas? ¿Sería beneficioso para el sector?
Para crecer tenemos varios condicionantes. El aislamiento geográfico nos beneficia en términos de bioseguridad, ya que las enfermedades tardan más en llegar. Pero ese aislamiento lleva a que no tengamos una gran industria. Porque estamos muy alejados de los lugares de salida hacia los mercados. Barcelona y Valencia hacia el asiático y los Pirineos hacia Europa.
Los grandes mataderos, salas de despiece o industrias de transformación se concentran en Aragón y Cataluña. Aquí solo tenemos un matadero algo importante -el de Frigolouro, en Porriño- y la mayor parte de empresas gallegas están sacrificando en Portugal.
Ahora se habla de un gran grupo industrial catalán que se está asentando en Galicia. De hecho ya entró en el sector avícola. De confirmarse, sería una buena noticia porque revitalizaría la situación. Sobre todo si crean un gran matadero con capacidad para sacrificar 2.000 cerdos diarios. Eso sería tremendamente positivo para el porcino gallego.
Un matadero en Galicia con capacidad para sacrificar 2.000 animales diarios haría crecer mucho el sector.
Lo mismo sucede con los piensos que se le dan a los cerdos en las fases iniciales. Son productos muy elaborados y específicos que requieren de unas raciones complejas. Las empresas de piensos gallegas no están especializadas en ese aspecto y llega mucho pienso aragonés y catalán a Galicia.

La cabaña gallega sólo supone el 4% de la de toda España
No deja de ser preocupante que cebemos los cerdos aquí, los mandemos a sacrificar en Portugal y después esas canales vuelvan para carnicerías y empresas elaboradoras de Galicia. Eso supone un incremento de los costes de transporte muy a tener en cuenta.
Tampoco podemos olvidar que las granjas están limitadas. Tiene que haber distancias sanitarias entre ellas y también respecto a los núcleos urbanos, carreteras, ríos… hay muchos ayuntamientos en los que es imposible establecer granjas por todos esos condicionantes.
-La gestión de los purines, con la cuestión de la carga de nitratos en comarcas como A Baixa Limia o O Deza, también lleva años constituyendo un problema para las granjas. ¿Hay alguna novedad o solución?
El año pasado conseguimos modificar aspectos de la Instrucción Técnica de Gestión de Purines y adaptarla a la realidad. Porque, hasta entonces, las exigencias eran tremendas en cuanto a número de hectáreas por animal. Para entendernos, como echar un cubo de purín en 100 metros cuadrados.
Eso era absurdo porque, con la dispersión que se exigía de los purines, ni se podía obtener un rendimiento agrario de su utilización -por ir tan esparcido- ni la mayoría de las explotaciones encontraban terrenos para poder depositar esos fertilizantes. Hubo proyectos de explotación que no se concretaron porque no podían hacer frente a esos requisitos de terreno.
Respecto a los nitratos en esas dos principales comarcas -las que concentran casi toda la producción gallega- creo que hay mucha leyenda urbana. El año pasado hubo un informe de una organización ecologista que fue ampliamente recogido en la prensa. El informe estaba lleno de inexactitudes, por no decir otra cosa. Por ejemplo, comenzaban diciendo que Galicia tiene el 30% de la cabaña española…

En Galicia hay unos 1.150 cebaderos de cerdos y 120 granjas de madres
Podrá haber una mala gestión de una persona determinada en un momento determinado. Y habrá que sancionarla. Pero no se puede generalizar y criminalizar a todo el colectivo por lo que pueda pasar en una granja concreta.
Conseguimos que la Instrucción Técnica de Gestión de purines se adaptara a la realidad. Porque hubo granjas que no se construyeron por no poder cumplir con ella.
La cantidad de fertilizantes químicos que se consumen en Galicia anualmente -46.000 toneladas- ya deja claro que en Galicia no sobran los purines. Sin purines no habría actividad agraria y cualquiera sabe que el fertilizante orgánico siempre es mejor que el químico, que lo único que hacen es nitrogenar rápido.
– Otro debate abierto es el de la utilización de lodos de depuradora como fertilizantes. ¿Cuál es vuestra postura?
Nosotros percibimos que el uso de los lodos está poco regulado y controlado. Y creemos que es un producto nocivo para la salud de la tierra. Porque, además de antibióticos o metales pesados, llevan arena. Y la arena desertifica la tierra. Y luego todo eso acaba en los acuíferos y la culpa se le echa a los purines.
En Galicia hay 2.700.000 habitantes. Está calculado que se producen anualmente 130 metros cúbicos de las llamadas “aguas grises” por cada habitante. Eso son 351 millones de metros cúbicos. En cambio, cada cerdo de cebo no llega a 1,5 metros cúbicos por año.
A nosotros nos exigen 6 meses de almacenamiento exterior y no nos cuentan el interior. Y eso que en un año hay tres períodos de fertilización, como mínimo. Pues eso, nosotros tenemos que esperar 12 meses y las depuradoras no tienen capacidad ni para aguantar un solo día de lluvias intensas.
Los lodos de depuradora no solo son nocivos para la tierra. Los daños que causan son achacados injustamente a los purines de porcino.
Este año vivimos varios episodios de riadas fuertes y se prohibió el baño en lugares como la playa de Samil por el desbordamiento de las depuradoras, que no tienen suficientemente separadas las aguas fecales de las pluviales… y, sin embargo, se dice que la contaminación es por culpa nuestra. Pues vaya.

La creación obligatoria de balsas de purines preocupa a FEGAPOR por los condicionantes que conlleva
En una reunión con la Consellería para hablar de las zonas vulnerables a nitratos y otros contaminantes, nos mostraron un mapa donde se veía que los lugares más afectados eran zonas costeras, grandes ciudades y desembocaduras de ríos. Por ejemplo, en toda la cuenca del río Lérez no hay granjas y aún así la ría de Pontevedra está altamente contaminada.
– En el último año está creciendo la demanda, y por tanto el consumo de lechón. ¿Percibís esa tendencia en Galicia?
Todos los años hay un aumento de la demanda al final del año para tener stock para las fiestas. Pero con el lechón sucede igual que el resto del sector gallego: no hay infraestructura. El único matadero de lechón gallego es el de Verín y tiene poco volumen. Principalmente va para congelar y consumir en las fiestas.

Las Agrupaciones de Defensa Sanitaria mantienen al porcino gallego en los primeros puestos en cuanto a salud animal
En Galicia no hay demanda suficiente. También porque la producción de lechón requiere de un trabajo genético. No es lo mismo sacar un cerdo cebado de 115-120 kilos que un lechón de 10. Son animales muy diferentes y el proceso de crecimiento también lo es. En la zona de Segovia hay mucha granja de producción de lechón para consumo. Porque también hay mucha demanda.
– Un aspecto clave en la ganadería son los costes de producción. ¿Cómo está el porcino gallego en ese apartado?
Ante todo, hay que tener en cuenta que el 80% de todo el coste de producción lo abarca el pienso. Y tenemos constancia de que ya desde principios de año hubo una bajada constante y notable del precio de las materias primas, especialmente del trigo, el maíz y la soja. Sin embargo, a las fábricas de piensos les cuesta reflejar esa bajada en lo que pagan los ganaderos.
Pero debemos reconocer que sí que están bajando algo. Respecto a hace dos años, el precio de los concentrados bajó, aunque no creo que vayan a volver a ser los mismos que teníamos antes de la guerra en Ucrania. Por aquel entonces, los costes de producción del kg de carne de cerdo estaban entre 1,05 y 1,10 euros. Y ahora no bajamos de 1,40.
Los concentrados suponen el 80% de los costes de producción de las granjas. Cualquier variación en ellos, condiciona el resultado de la explotación.
Un 10% de los costes serían los de mano de obra y el otro 10% va en amortizaciones, insumos y otros gastos pequeños. El consumo energético en las granjas es muy reducido. Y se gasta más en calefacción en invierno que en refrigeración en verano.
– ¿Cuál es la situación de mercado de los productores de porcino gallego?
A pesar de no alcanzar los precios del pienso de 2021, estamos viviendo unos años buenos. Tenemos margen de beneficio y ganamos dinero. Con los precios y costes que había por aquel entonces, estaríamos ganando mucho más. Pero yo creo que no es positiva una situación excesivamente buena. Porque puede llevar a que aparezcan granjas por todos lados, a que se paguen barbaridades por los cebaderos… a que se produzca una burbuja, en resumen. En la actividad agraria tiene que haber unos márgenes moderados tanto hacia arriba como hacia abajo.

El porcino gallego y español colocan en el mercado productos de muy alto valor añadido, como los jamones
También es lógico pensar que nos beneficia el alto precio que tiene ahora la carne de vacuno. Nosotros podemos pasar de tener el kilo a 1,30 y ponerlo a 1,80 sin que el consumidor nos vaya a penalizar. Porque sigue siendo una carne muy barata en relación con la ternera. Y lo mismo sucede con el pollo, que puede subir precios sin que se note en el consumo.
En Galicia la inmensa mayoría de las granjas son cebaderos que trabajan con contratos de integración porque dependen de los integradores para recibir los lechones que van a cebar. Hay que pensar que la integración es una fórmula que implica poco más de dos horas de trabajo al día, por lo que se puede tener otro empleo. Y normalmente ofrece un beneficio notable.
La carne de cerdo tiene la ventaja de que puede subir los precios sin que el consumidor la penalice. Porque sigue siendo muy barata.
Pero también debo decir que desde hace mucho tiempo las subvenciones son para los cebaderos y de esa manera cada vez hay menos granjas de madres. Eso no es lo deseable, ya que dan más beneficios, crean más empleo y más riqueza en las comarcas. Y de nada sirve tener muchos cebaderos si luego tenemos que traer de fuera los animales para llenarlos, con el riesgo sanitario que eso supone.
Hoy las fábricas de piensos ofrecen mucho más que alimento. Te pueden buscar un cebadero, ayudar en la comercialización, prestar servicios técnicos veterinarios, vender material para la granja… todo eso lo tiene que analizar el productor y escoger la opción más viable.
– ¿En qué iniciativas trabaja actualmente FEGAPOR?
Lo más urgente ahora es resolver los flecos pendientes que quedan en la Instrucción Técnica de Purines. Sobre todo en lo tocante a la capacidad de almacenamiento de purines. Eso de exigirnos 6 meses de almacenamiento exterior no tiene mucho sentido. Construir una balsa para el purín puede salir más caro que levantar una granja nueva. En el caso de las granjas de madres más antiguas, ni siquiera tienen terreno para hacer las balsas exigidas. Si se nos autorizan salidas mensuales o bimensuales del purín, no habrá riesgo de vertidos.
Por otro lado, hoy es habitual que las granjas de cebo nuevas se vayan a 2.000 plazas. Eso conlleva hacer una balsa de 2 millones de litros de capacidad. Imaginemos que tenemos esos 2 millones almacenados y llueve seis meses. Un problema enorme porque te quedas sin capacidad para meter más purín y corres el riesgo de que la balsa reviente, con la consiguiente catástrofe en la tierra y multa en la granja. En nuestra opinión no debe de haber en las explotaciones tal cantidad de purín almacenado.
El almacenamiento de los purines no tiene mucho sentido. Perdemos capacidad fertilizante y creamos un problema de gestión en las granjas.
Además, la gestión de esos purines embalsados acabaría generando un coste para la explotación. Porque habría que tratar con gestores especializados y buscar dónde depositar toda esa cantidad acumulada. No puede ser que lo que debería ser un recurso por su capacidad fertilizante acabe convertido en un problema económico y de logística en la granja.
También estamos pidiendo que se cambie la política de subvenciones y se dé prioridad a que el dinero vaya para ayudas que contribuyan a que podamos cumplir con la legislación. Por ejemplo, tener las fosas tapadas, adaptar el espacio y tamaño de las granjas, bienestar animal… Y es que a día de hoy solo hay subvenciones a la mejora de las explotaciones y a la incorporación. Y hay muy poca gente que pueda acceder a ellas por los límites de edad y los criterios de preferencia.
– Un problema en todos los sectores es la falta de mano de obra. ¿También en el vuestro?
Sí. Nadie escapa de eso. Hace años le pedimos a la Consellería que creara en O Deza un módulo de FP para formar trabajadores para granjas de pollos y cerdos, poniendo nosotros las instalaciones para que hicieran prácticas los alumnos. Así ya tenían los títulos necesarios por si querían luego montar una granja y se sentían profesionales. Pero no salió adelante.
Hay que hacer que los chicos vean en esto un futuro y una opción laboral y de vida tan digna como cualquier otra. Será una forma de atraerlos al sector. Porque aún a día de hoy sigue sin haber en muchos sectores de la sociedad una visión positiva de lo que hacemos los ganaderos en general y los de cerdo en particular.
– En el vacuno, tanto de carne como de leche, hay un intenso trabajo en genética. ¿También sucede en el sector porcino?
Sí. Hay muchas líneas genéticas a nivel mundial. Cada productor elige aquella que mejor se adapta a su manejo, a lo que piden sus clientes, a las instalaciones… La genética es muy importante en el color de la carne, en la infiltración de la grasa o en la consistencia de las piezas. También hay empresas que quieren una carne con mucho magro. En ese caso hay que ir a razas más blancas, más eficientes productivamente, con menos costes, con más lechones por madre…
Con las obvias diferencias, lo que nosotros hacemos es un poco como en el vacuno. Trabajamos con diferentes casas proveedoras de genética y buscamos aquellas que mejor nos vayan a funcionar. Hay quien compra abuelas para producir sus propias madres, hay quien compra directamente madres, hay quien solo trabaja con semen para reducir los riesgos sanitarios del movimiento de animales… Son muchas las fórmulas que ofrecen las casas de genética.
– ¿Cuáles son las expectativas a medio y largo plazo?
En principio somos optimistas. Hay escasez de cerdo en el mercado porque el censo está bajando en todos los países europeos salvo en España, donde se mantiene. La bajada se debe a presiones políticas por cuestiones ambientales no muy claras.
Bélgica, Países Bajos, Alemania… están incluso primando que se cierren granjas y dan ayudas por abandono. Hasta hace dos años, España siempre había estado por debajo de Alemania en producción y ahora ya la superó. Tanto es así que hay mataderos alemanes que ya se están instalando aquí.
Toda esta bajada de producción lleva a una subida de precios. Sin olvidar que Europa es eminentemente exportadora. A pesar de las restricciones que nos imponen, seguimos siendo muy competitivos en costes de producción.
El porcino español elabora productos cárnicos de muy alto valor añadido. La mayoría de países solo venden la carne en bruto.
Otro aspecto que invita al optimismo está en el trabajo de la industria. España es capaz de poner en el mercado productos elaborados que nadie más puede. O no con la misma calidad y precio. China y Estados Unidos sacan cada vez más cantidad de carne, pero es una carne sin ningún valor añadido, a diferencia de nuestros embutidos, salazones, ahumados…
Últimamente se ha hablado de que podría llegar carne de cerdo americana al mercado de la UE. En ese sentido, hay que recordar que no son capaces de cumplir con la legislación europea. Por ejemplo, los americanos siguen empleando la Ractopamina, un promotor del crecimiento que aquí está totalmente prohibido. Y lo mismo sucede con ciertos antibióticos o de cultivos transgénicos y procedentes de deforestaciones.
En resumen, la escasez de carne en Europa, las escasas posibilidades de que entre carne procedente de otros países y la bajada de precio de las materias primas hacen pensar que en los próximos meses seguiremos teniendo buenos resultados en las explotaciones de porcino gallegas.
Todo esto, claro, siempre y cuando no haya problemas sanitarios, que nunca son descartables en nuestro sector. Llevamos ya varios años con la continua amenaza de Peste Porcina que está presente en países como Alemania o Italia. Basta que eso se propague y que entre por los Pirineos para cambiar por completo el escenario.
Español






Control OJD