
Claudio Balocchi es Investigador Senior Forestal en Bioforest S.A., el centro de investigación científica y tecnológica del grupo ARAUCO en Chile. Reconocido por sus investigaciones forestales y experto en mejoramiento genético, también ejerció como responsable de la División de Genética del grupo forestal.
Balocchi fue uno de los ponentes en el II Simposio Ibérico de Silvicultura, organizado por Máis Madeira, que tuvo lugar durante la feria Galiforest Abanca en el CFEA de Sergude. Quisimos entrevistarlo para conocer cómo se está afrontando en Chile la enfermedad de hongos de las bandas que afectan al pino radiata y qué soluciones puede haber para ese problema sanitario en Galicia, especialmente en la comarca de A Fonsagrada y en la zona centro de Lugo.
Situación en Chile
Los problemas de bandas roja y marrón en Chile son causados por hongos como Dothistroma septosporum y Lecanosticta acicola. Estas enfermedades llevan más de 25 años afectando a los rodales y causando también daños en viveros y en todo el patrimonio forestal.
Los hongos de las bandas en pino radiata son más frecuentes en las zonas de mayores precipitaciones, es decir, en el sur del país. “Como no tenemos forma de combatirlas eficazmente de manera inmediata, estamos moviendo el cultivo hacia el norte del país. Para mantener un flujo de servicio a la industria”.
Estamos migrando los radiata desde el sur hacia el norte de Chile, aunque los rendimientos no son los deseados
Balocchi considera que están solucionando “indirectamente” parte del problema mediante esa migración de la especie hacia el norte del estado chileno. El eucalipto se está extendiendo ahora ampliamente por la región austral y el radiata se destina a áreas donde hay muy pocas precipitaciones de verano.

Las bandas de hongos, marrón y roja llevan más de 25 años afectando al pino radiata chileno
“Luego de 25 años, estamos comprobando que el radiata tiene un rendimiento menor -o, como mínimo, más lento- en el norte que en el sur. Eso se compensa parcialmente en la industria con la mayor capacidad de crecimiento que el eucalipto está ofreciendo en las zonas donde se dejó el radiata”.
En la Industria Forestal, los efectos de las bandas se notan en la reducción de la capacidad fotosintética del radiata, que frena su crecimiento diametral y retrasa los turnos de corta. Esto se debe a la pérdida de hojas. Además, aunque las bandas atacan a las hojas y no a la madera, el debilitamiento severo del árbol abre la puerta a plagas “oportunistas” y patógenos agresivos que sí pueden matar a los pinos.
Las bandas por sí solas no matan a los pinos pero reducen su crecimiento y abren camino a patógenos que sí son letales
A mayores de las bandas, también se ha detectado un fenómeno similar como es el Daño Foliar del Pino (Phytophthora pinifolia), una banda de color negro sobre las acículas vivas. Posteriormente, causa una clorosis (amarillamiento) generalizada, muerte del follaje y caída masiva de hojas o defoliación total.
Trabajo genético
In este cuarto de siglo transcurrido desde la aparición de las bandas en Chile se ha desarrollado un programa de selección genética para encontrar los ejemplares y familias más resistentes a Dothistroma septosporum, uno de los hongos más potentes presentes en las bandas.

Balocchi explicó durante su ponencia los avances en genética e hibridación de los últimos años
“Encontramos clones muy resistentes a ese hongo y con afectaciones muy bajas. Mediante control químico podíamos mantener los árboles a salvo durante los seis primeros años. Y, después de ese tiempo, las acículas ya tenían fortaleza para resistir sin ayuda. De ese modo se podían mantener plantaciones productivas y en buen estado sanitario”.
Estamos localizando los clones de radiata más resistentes y sacándolos al campo con edad suficiente para que las acículas estén duras
Y también se apostó por lo que se conoce como propagación vegetativa, es decir, aumentar la edad fisiológica de las plantas que se llevan al campo. “Desde que se crea la planta madre y se multiplica, llega al campo con tres años de vida. En las zonas más afectadas por bandas, esperamos hasta cuatro o cinco años para llevar esas plantas seleccionadas genéticamente y con acículas ya resistentes”.
Así pues, se combina el manejo fisiológico de la edad de la planta con el trabajo genético de selección de individuos y familias que toleran la acción de las bandas, si bien priorizan el uso de clones por encima del de familias.
La edición genética, una nueva tecnología con gran potencial
La nueva herramienta que supone la edición genética está siendo empleada en diferentes formas por el equipo de Balocchi. Una edición que permite ir más allá de la selección de clones y familias y que posibilita actuar directamente sobre los genes para suprimir o introducir determinadas características.
El problema de la edición genética consiste en que hay que realizar estudios muy amplios y diversos para conocer a fondo cada gen candidato
“Comenzamos trabajando con eucalipto porque es más fácil de regenerar y obtenemos resultados a más velocidad. Ahora comenzamos con los pinos radiata y taeda. Pero eso requiere de embriogénesis somática, un proceso biotecnológico y natural que forma embriones a partir de células de tejido vegetativo común, sin que haya fecundación. Busca la multiplicación clonal idéntica a gran escala y la mejora genética”.

El especialista chileno considera que el uso de fungicidas debe ceñirse a momentos y zonas puntuales
El gran desafío está en mantener bien preservado en criopreservación el material editado genéticamente. Es un proceso de conservar células, tejidos u organismos a temperaturas extremadamente bajas (generalmente a -196 °C con nitrógeno líquido) para detener la actividad biológica. Y que posteriormente se pueda replicar ese material.
La pregunta que plantea Balocchi está en las posibilidades actuales de la edición. “Lo primero es conocer a fondo los genes que queremos alterar y localizar los mejores candidatos. Que sean resistentes a las plagas. Y después hay que hacer comparativas por secuenciación, por ómicas (estudiar todas las biomoléculas de un organismo) y con todas las técnicas de caracterización génica hasta dar con el gen que teóricamente podría mejorar la tolerancia a las plagas. Eso lleva tiempo y es muy complejo”.
En la hibridación tenemos una herramienta fundamental para crear una reserva de clones resistentes a las plagas existentes y a las que puedan aparecer
Balocchi advierte de que no es infrecuente saltar pasos en el proceso de identificación de genes. Y eso supone un problema porque se puede trabajar con un material que realmente no se conoce a fondo y no se saben ni sus capacidades ni sus respuestas. Por eso, insiste en estudios biogenéticos profundos y con todas las técnicas disponibles.
Fungicidas y fitosanitarios
Respecto al empleo de fungicidas y otros medios químicos o mecánicos para la lucha contra las bandas, Balocchi lo ve poco efectivo. “Los agentes químicos son la primera herramienta de combate a la que se recurre. Pero, al igual que en los incendios forestales, siempre es más eficaz la prevención que el combate”.
“Cuando tenemos una plaga que ya está afectando, el uso de agentes químicos tiene que ir orientado a reducir los daños. Ese es un principio básico en la agricultura. Pero en el sector forestal es mucho más complejo. Para empezar, porque la mayoría de empresas tienen certificados de calidad y de buenas prácticas como el FSC, que restringen tanto el uso de químicos como sus formas de aplicación”.
Por otro lado, el uso de fungicidas y fitosanitarios nunca se circunscribe a un solo año. “La presencia de los hongos obliga a una aplicación todos los años. En el caso de las bandas, no se consiguen erradicar y reaparecen con las condiciones adecuadas”.
El uso de fitosanitarios no está resultando efectivo y tampoco es fácil por causa de la regulación medioambiental
De ese modo, Balocchi señala que el único método eficaz es el trabajo genético y su aplicación en el territorio. “Con las variedades testadas ya tenemos plantas que van a mostrar un alto nivel de resistencia. No vamos a tener un resultado inmediato pero sí unas plantas que acaban por ser inmunes”.

Los tratamientos fitosanitarios no dieron buenos resultados ni en Chile, ni en Euskadi ni en Galicia
A mayores de las bandas y frente a otras plagas de hongos e insectos, el especialista chileno apunta al control biological como “alternativa amigable” al trabajo genético o como complemento del mismo. El control biológico es un método ecológico de gestión de plagas que utiliza enemigos naturales (depredadores, parasitoides o patógenos) para reducir las poblaciones nocivas.
Para combatir las plagas, lo primero es el trabajo genético, después el control biológico y, en último caso, el uso de agentes químicos
La alternativa Taeda
Casi desde que aparecieron las bandas de hongos en la comarca de A Fonsagrada, se comenzó a trabajar con el pino de la variedad taeda como posible alternativa de cultivo. Por su resistencia a los hongos y por la capacidad para adaptarse a un clima frío y de montaña. En Chile ya se ha avanzado en esa misma línea, con diferentes resultados.
“Generalmente las especies forestales se dividen en las adaptadas a climas continentales, con lluvias en el verano, y climas mediterráneos, con veranos secos. Los pinos radiata y pinaster, los mayoritarios en Galicia, son de corte mediterráneo. Y el taeda es más de corte continental. En la costa este americana tenemos el taeda y en la oeste el radiata”.
El taeda y el radiata son pinos de climas diferentes. Pueden intercambiarse pero rara vez con los mismos rendimientos
“Los resultados con el taeda en Chile no fueron positivos. No crecieron a buen ritmo, no alcanzaron el volumen deseado y presentaban malformaciones en el fuste. Y eso fue porque no se adaptaron bien al clima. Lo mismo pasa con el radiata; las enfermedades lo destruyen si tiene veranos de lluvia y temperaturas no muy altas”. Por eso, desde Arauco están plantando pinos radiata en Chile, y taeda en Argentina y Brasil.

Las plantaciones de pino taeda para sustituir al radiata son aún una incógnita
Con todo, y hablando como genetista, Balocchi insiste en que no se debe huir de los problemas de una especie simplemente cambiándola por otra. “Por ejemplo, puedo quitar el radiata y meter taeda francés y elimino los hongos. Pero ese taeda traerá sus propias plagas y dolencias. No soluciono nada”.
Para evitar entrar en esa deriva, el especialista alude a la hibridación. “Hoy ya se trabaja con especies nuevas de pino de Centroamérica como tecunumanii, caribaea o greggii que se pueden hibridar con los europeos y dar lugar a ejemplares de alta resistencia a todo tipo de plagas y enfermedades. La defensa genética se basa en tener una amplia reserva de híbridos para afrontar las nuevas plagas que puedan venir”.
Otros mecanismos
Balocchi recordó que, en una estrategia global de prevención, hay numerosos otros mecanismos que pueden contribuir a frenar tanto la aparición como la propagación de las bandas de hongos. Técnicas en algunos casos tradicionales y sencillas que solo requieren de mano de obra y maquinaria.
El control biológico permite afrontar las plagas con recursos naturales y sostenibles.
Así, mencionó la labor que desarrolla el Servicio Agrícola y Ganadero de Chile y que consiste en un manejo integrado con propietarios forestales y empresas como ARAUCO. El manejo silvícola preventivo, con tareas como clareos y podas sanitarias, mejoran la ventilación de las masas y reducen la humedad estancada.
Respecto al control biológico, se están desarrollando proyectos en el sur de Chile empleando hongos endófitos -microorganismos benéficos que viven dentro del pino- para competir de manera natural con los patógenos y establecer una estrategia de frenado de las enfermedades de forma sostenible.
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