«En Galicia podemos producir el litro de leche con una huella de carbono inferior a 1 kg equivalente de CO2»

La ganadería ecológica se siente agraviada y pide que además de la emisión de gases de efecto invernadero, se tenga en cuenta la huella hídrica y la biodiversidad para hacer el cálculo de su impacto sobre el medio ambiente. Conocemos de la mano de Luis Cortiñas González cómo calcular las emisiones de CO2 de una granja y cómo reducirlas

Asistentes ás xornadas sobre a pegada de carbono das explotacións en ecolóxico durante a visita á Cooperativa Burgo do Negral de Friol

Asistentes a las jornadas sobre la huella de carbono durante la visita a la Cooperativa Burgo do Negral de Friol

En los próximos años los ganaderos gallegos, igual que todos los de la Unión Europea, no solo deberán medir los litros de leche que producen sus vacas o los kilos de pienso que les dan, sino que tendrán que cuantificar también otros parámetros mucho más etéreos, como es la huella de carbono de sus explotaciones.

De su nivel de emisiones dependerá en buena medida el resultado económico de muchas granjas y su viabilidad, y también la cuantificación de las futuras ayudas de la PAC, por lo que conceptos como emisión y secuestro de CO2, huella hídrica o biodiversidad pasarán a ser habituales en el lenguaje agroganadero tanto en producción ecológica como en convencional.

A la huella de carbono no le hay que tener miedo en Galicia porque estamos bien ubicados. Para nosotros no es una amenaza, es una oportunidad

A simple vista podría parecer que las explotaciones ecológicas están mejor posicionadas en este nuevo camino medioambiental que se abre, mas la metodología escogida por las autoridades para el cómputo del efecto que la actividad ganadera tiene sobre el medio ambiente perjudica a las ganaderías ecológicas respecto de las explotaciones intensivas.

Fue una de las conclusiones expuestas en el curso La huella de carbono en la ganadería ecológica organizado por el Craega, que se celebró la semana pasada en el ayuntamiento lucense de Friol y que se repetirá esta semana, los días 16 y 17, en el coruñés de Curtis y cuyo plazo de inscripción para participar permanece abierto hasta este lunes día 14.

No es algo que nosotros pidamos, nos lo imponen, que solo se mida el CO2 interesa al modelo intensivo, pero no al ecológico

«Las ganaderías ecológicas salen mal paradas porque se optó por calcular únicamente la contaminación atmosférica, que es un sistema que interesa a la producción intensiva y a la industria. Que se empiece por la huella de carbono, es decir, la contaminación al aire, es una jugada para nosotros, porque es un campo en el que queda mucho por hacer, y, por el contrario, no se tiene en cuenta a huella hídrica y la biodiversidad, donde estamos bien», reconoce Luis Cortiñas González, gestor medioambiental y uno de los ponentes de este curso, que busca familiarizar a los ganaderos con los nuevos conceptos, relativos a los gases de efecto invernadero emitidos por sus granjas, explicarles cómo se calculan las emisiones de CO2 y ayudarles a reducirlas con consejos y mejoras en el manejo diario de los animales o los residuos que estos generan.

La huella hídrica y la biodiversidad se quedan fuera

La huella de carbono es la expresión, en CO2, de los gases de efecto invernadero de un proyecto o servicio y, trasladado a la ganadería, mide el impacto al aire de esta actividad, por lo que sería una de las señales medioambientales de la producción. Pero no la única. El consumo de agua o la preservación del paisaje y las especies de flora y fauna que conviven con las vacas en la superficie agraria de la explotación son parámetros fundamentales que también influyen, y que sin embargo no se tienen en cuenta, a la hora de determinar el efecto de la producción sobre el medio ambiente.

También es cuestionable, opina Luis, la asignación de emisiones que se hace al ganado, ya que, explica, «la mitad de las emisiones de una vaca están ligadas a las emisiones entéricas, que no se deberían imputar, porque si las vacas no comiesen la hierba también se producirían emisiones, puesto que la descomposición de la celulosa en la naturaleza también contamina y, si esta se midiera, aplicando el mismo criterio que se aplica a las vacas, Os Ancares serían los mayores emisores de metano en enero y febrero cuando se descompone la hoja. Si le sacamos ese metano entérico a la producción de leche, en Galicia no sería emisora de CO2 sino incluso capturadora neta», argumenta.

Parece un sinsentido pero es así: la ganadería ecológica sale mal parada en el cálculo de su efecto sobre el medio ambiente por el método escogido para determinarlo

Este método de cálculo «no es algo que nosotros pidamos, nos lo imponen», denuncia Luis, que sin embargo considera que la medición de la huella de carbono «no es una amenaza para las ganaderías ecológicas, sino una oportunidad, porque todo lo que sea poner en valor la cuestión del territorio es beneficioso, aun siendo cautelosos por el modelo que se escoje para el cálculo», dice.

Contrarrestar bulos

Cada año aumentan los requisitos medioambientales por parte de los acuerdos internacionales, de la administración y, sobre todo, del consumidor. Calcular y conocer la huella de carbono en la producción ganadera resulta fundamental para acabar con la idea tan negativa para el sector que se está trasladando desde distintos ámbitos, culpando al sector primario de una parte importante del problema de las emisiones de CO2.

Toda la leche consumida por una persona en un año genera una huella de carbono inferior a un viaje en coche entre Vigo y Salamanca

Sin embargo, los datos oficiales desmienten esta corriente de opinión. En el Avance de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) se indica que las emisiones procedentes del sector agroalimentario suponen el 12% de las emisiones nacionales, un porcentaje que está muy por debajo de otros sectores.

Un ejemplo: El consumo medio de leche líquida a nivel español es de 69,83 litros por persona y año, lo que supone una huella de carbono menor a la generada en un viaje en coche entre Vigo y Salamanca.

Emisión de gases de efecto invernadoiro por sectores. (Fonte: Ministerio para a Transición Ecolóxica)

Emisión de gases de efecto invernadero por sectores. (Fuente: Ministerio para la Transición Ecológica)

El cálculo de la huella de carbono

Para calcular la huella de carbono de una granja existen diferentes herramientas disponibles, como la calculadora que tiene el Ministerio de Agricultura en su página web, que incluye las emisiones derivadas del uso de fertilizantes, sintéticos u orgánicos, de la utilización de enmiendas calizas y de la gestión de los residuos de la explotación (de los cultivos y el ganado). Además, calcula de manera diferenciada las emisiones de la maquinaria utilizada para realizar las labores agrícolas e incorpora un apartado en el que se puede conocer de manera aproximada el impacto de las distintas prácticas de gestión del suelo sobre el carbono almacenado en él. El uso de esta calculadora es voluntario, pero al inscribirse el ganadero firma un compromiso de reducción de emisiones en su explotación.

En la página del Ministerio de Agricultura hay una calculadora de CO2 para testar la huella de carbono de cada explotación, pero el ganadero no va a vivir de hacer cálculos, eso no le va a resolver el problema

«El ganadero no va a vivir de hacer cálculos, para eso hay ya muchas aplicaciones, pero eso no le va a resolver el problema ni mejorar nada. Solo sirve para ser conscientes del nivel en el que se encuentra nuestra granja con las prácticas que llevamos a cabo en este momento», evidencia Luis.

Para el cómputo del CO2 se tiene en cuenta la suma de los tres principales gases contaminantes de efecto invernadero que se emiten en una granja (dióxido de carbono, metano y óxido nitroso), aunque «influyen otros dos que también son contaminantes del aire, el amoniaco y el dióxido de nitrógeno, que no tienen efecto estufa», cuenta. Por eso, dice, «dentro de la emisión global de gases de una explotación hay que ser armonioso para no bajar uno y subir los otros».

¿Cómo calculamos la biodiversidad?

Aunque no se tiene en cuenta para el cálculo de la huella de carbono, otro de los aspectos que en el futuro próximo se van a valorar en las ayudas de la PAC será la contribución que las explotaciones hagan al mantenimiento y conservación de la biodiversidad. Pero, ¿cómo la calculamos?

Luis Cortiñas lo resume con una regla fácil: «5 o 6 metros de seto por vaca». Pero advierte: «eso no se genera de un día para otro», y da un consejo: «si hablan de que estas cosas van a venir en la PAC a partir de 2025 tenemos que ir empezando a hacerlas, porque si comenzamos en 2023 igual no logramos hacerlo, porque hay solo una primavera al año y estas cosas llevan tiempo, por lo que deberíamos ir ya cuidando un poco este tipo de aspectos si queremos tener una buena PAC en el futuro si de verdad eso se empieza a valorar», dice.

Los árboles cuentan todos, pero no se tiene en cuenta la especie, solo el diámetro del tronco

Partidario y defensor de los cierres vegetales («si gracias a la tecnología 5G eso nos permite eliminar las alambradas, eso representaría un paso evolutivo muy serio», dice), Luis considera que los setos perimetrales se deben hacer con especies autóctonas propias. «Debemos ganar biodiversidad pero de la nuestra, sin traer de la de fuera, tenemos suficientes especies propias, como sauces, alisios o mimbres para generar setos de cierre», asegura.

Pero independientemente de la PAC, destaca los beneficios que los setos producen en las explotaciones: «sirven de cortavientos y incluso modifican las condiciones del terreno a su lado y está claro que cuanta más biodiversidad tengamos mejor, porque a más pájaros menos insectos», evidencia.

Además de los setos, los árboles cuentan todos para el cómputo de la biodiversidad de una explotación, aunque no se tiene en cuenta la especie, tan sólo el volumen del tronco. Nuevamente un criterio de las autoridades discutible. «Tendría que haber árboles que deberían pesar más que otros pero no es así», opina Luis.

Posibilidades de mejora en explotaciones en ecológico

Programa Friol - Curso Pegada de carbono na gandería ecolóxica

El grupo intergubernamental de expertos de Naciones Unidas sobre Cambio Climático establece unos niveles recomendables de contaminación para la ganadería que Luis Cortiñas considera que se pueden incluso mejorar en el caso gallego. «El Panel de la ONU fija 1 kilo equivalente de CO2 por litro de leche y Galicia tiene las condiciones para moverse por debajo de aí porque tenemos tierra fértil y cuatro estaciones», destaca.

Reconoce, sin embargo, que en las explotaciones gallegas hay aspectos en los que existe posibilidad de mejora, como podrían ser el incremento de la productividad por vaca, el manejo del purín y el estiércol, el aumento de la autosuficiencia alimentaria, ganando superficie agraria y mejorando la gestión de los cultivos, y la elección de variedades fijadoras de nitrógeno para sembrar en las praderas.

La huella de una explotación hay que reducirla de forma global, no tratar de mejorar la huella de carbono destrozando las otras

Y advierte: «al tema de la huella de carbono no le hay que tener miedo aquí en Galicia porque estamos bien ubicados, pero hay que reducirla de forma global, no tratar de mejorar en la huella de carbono destrozando las otras, porque de inicio solo se nos va a valorar por el CO2, pero tras eso vendrá la huella hídrica y la biodiversidad», pronostica. «Lo tenemos casi todo para hacerlo bien, otra cosa es que queramos. Galicia es un paraíso para poder aplicar este tipo de prácticas», dice.

1. Aumentar la producción por vaca

El primero de los factores que determina la huella de carbono de una explotación es sin duda el nivel de producción por vaca. «Es muy difícil con menos de 5.500 litros por vaca tener una buena huella de carbono», asegura. De hecho, la menor producción por cabeza es el hándicap que más penaliza a las explotaciones ecológicas frente a las convencionales en el cálculo de las emisiones de CO2.

Es muy difícil tener una buena huella de carbono con menos de 5.500 litros de producción por vaca

Por eso, la primera recomendación de Luis es incrementar dentro de lo posible la producción de nuestros animales a través de la mejora de su manejo. «Me interesa tener un rebaño sano y lo más productivo posible», afirma. Para eso recomienda potenciar las producciones vitalicias, adelantando el primer parto en la recría y reduciendo los días cerrados, es decir, los periodos en los que las vacas se encuentran secas entre lactancia y lactancia.

Interesa potenciar las producciones vitalicias adelantando el primer parto de la recría y reduciendo los periodos secos

Del mismo modo, dice, a la hora de recriar es posible seleccionar en base al mejor índice de conversión de unos animales frente a otros, mas esto debe hacerse en base a la experiencia y el criterio del propio ganadero, ya que no todas las vacas dan la misma leche comiendo la misma cantidad de materia seca, pero «la ciencia aun no ha identificado los marcadores genéticos para poder seleccionar vacas que comiendo lo mismo producen más», dice.

2. Mejorar el manejo del purín y el estiércol

Aparte de la fermentación entérica (el metano que generan los rumiantes durante la digestión), el purín y el estiércol son las grandes fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero en las ganaderías de vacuno de leche y de carne. Por eso, el manejo de estos residuos constituye otro de los factores clave para la reducción de la huella de carbono de las explotaciones.

Hay que procurar que no cree costra el purín en el pozo porque esa costra hace un efecto anaeróbico debajo que va a ayudar a la formación de metano

«Hay que procurar que no cree costra superficial el purín en el pozo porque esa costra hace un efecto anaeróbico debajo que va a ayudar a la formación de metano, que es un gas que se crea cuando no hay oxígeno, por lo que el purín hay que dejarlo oxigenar añadiendo una aireación en el almacenamiento para que no sea tan nocivo. Al revolver el purín es cierto que el nitroso puede pasar la nítrico y podemos perder algo por evaporación, pero esa pérdida es ridícula comparada con el efecto que tiene el metano», explica Luis.

Amontonar el estiércol es bueno para el estiércol pero es malo para las emisiones, yo soy partidario de enterrarlo lo antes posible

En cuanto al estiércol, dice, «yo soy partidario de generar la mayor cantidad posible y de enterrarlo lo antes posible, porque el estiércol encima de la tierra genera metano, pero debajo alimenta a un montón de microorganismos. Amontonar el estiércol es bueno para el estiércol pero es malo para las emisiones», asegura.

3. Abonar para producir forraje

Una hectárea de pradera secuestra oficialmente 640 kilos de CO2 al año, una cantidad que Luis asegura que «aquí en Galicia es mayor». Pero, dice, «para eso hay que abonar para que haya crecimiento de biomasa, con un mínimo de 200 unidades de nitrógeno al año. Pero eso no quiere decir que haya que echar abonos de síntesis química, sino que lo óptimo es valorizar el purín y el estiércol y tener leguminosas en el prado», añade.

«Las ganaderías ecológicas salen mal paradas en muchos casos en el cálculo de la huella de carbono por las bajas producciones y el mal manejo de la pradera que se hizo en muchos casos, porque si la tierra no se abona se empobrece y no sirve el hippismo de recoger solo lo que da la tierra», afirma.

Hay que roturar lo menos posible, porque una hectárea de pradera secuestra oficialmente 640 kilos de CO2 pero no computa si tiene menos de siete años

También recomienda «no roturar bajo ningún concepto o, al menos, lo menos posible, porque una pradera de menos de siete años no computa para el secuestro de carbono», advierte. Por eso, desaconseja la renovación de las praderas como método para el control de las malas hierbas, cuya proliferación es muchas veces uno de los problemas de la producción en ecológico al no poder usar herbicidas.

«Las malas hierbas indican un mal manejo que se hace del prado pero es básicamente un concepto de las casas de semillas que no debe tener el ganadero», afirma Luis, que considera que «una explotación en pastoreo debería moverse en un total de 30 hierbas, contando las distintas especies y variedades que salen en el conjunto del año».

Las malas hierbas indican un mal manejo que se hace del prado pero es básicamente un concepto de las casas de semillas que no debe tener el ganadero

Asegura que algunas de las que habitualmente se consideran malas hierbas, como la labaza, cumplen una función beneficiosa para el ganado. «La labaza hace la función del bicarbonato y previene de problemas de timpanismo. En marzo la vaca la come por los taninos que tiene y la usa para tamponizar y no hinchar. Además, la labaza no es ningún problema porque lleva mal la competencia con otras hierbas. La labaza no se impone y si tiene competencia alrededor se ahoga y desaparece. Por eso remover la tierra es contraproducente, porque de esa manera se le elimina la competencia, y por eso sale también en zonas muy pisadas. Si en un prado se ve labaza es que hay poca densidad de prado o es un prado joven, en prados de más de 7 años es raro que haya problemas de labaza», dice.

Para tener prados densos y cubiertos podemos sembrar las calvas en verano con plantas que van desapareciendo como el trébol

En vez de roturar y renovar, Luis recomienda resembrar las calvas al final del verano para lograr praderas más densas aprovechando al mismo itempo para reintroducir aquellas hierbas que queramos o que hayan desaparecido, como es el caso del trébol, así como apostar por el control mecánico selectivo. «El cardo es algo que no es nuestro, llegó a Galicia con la paja, pero es fácil que desaparezca segándolo con frecuencia», asegura.

Hay otras malas hierbas, sin embargo, que suponen un problema mayor. «La ortiga es más complicado porque no entra en la dieta de la vaca, como la labaza, ni es fácil que desaparezca. Se da en suelos deteriorados y consume mucho nitrógeno», afirma.

4. Mayor autosuficiencia de las granjas

La necesidad de comprar una parte importante de los aportes para la alimentación del ganado es uno de los hándicaps que tienen muchas explotaciones gallegas, aunque este es un mal que afecta en mayor medida a las ganaderías intensivas convencionales.

Aun así, la mejora en la autosuficiencia alimentaria de las granjas, reduciendo los imputs es otro de los campos de mejora para las explotaciones en ecológico. «El aumento de la superficie forrajera, el manejo del prado y de la vaca en él, buscando la mayor digestibilidad posible, te lleva a menos emisiones», afirma Luis, que considera conveniente que las ganaderías ecológicas gallegas sean capaces de autoabastecerse con el 100% de sus necesidades de forraje, más del 90% de la energía y más del 80% de la proteína que consumen. «Las ganaderías ecológicas son muy sensibles a la sequía y a los cambios en la climatología anual, por lo que hay que jugar con cierta abundancia y excedentes», razona.

Hay que procurar cubrir el 100% de las necesidades de forraje, más del 90% de la energía y más del 85% de la proteína con lo que hay en casa

En caso de tener que comprar ciertos insumos, hay que procurar que sean, dice Luis, «lo menos viajeros posible y cultivados respetando parámetros de cultivo equiparables a los empleados aquí en la agricultura ecológica».

Son cada vez más las voces que cuestionan la ecología en productos que siendo ecológicos, o incluso de km0 y similares, tengan en algunas de sus fases (producción, transformación o distribución) grandes consumos de recursos energéticos.

La proteína de las raciones bajó del 18% al 16% pero eso se traslada también al purín, por lo que vamos a abonar con purines con menos nitrógeno pero también con menor capacidad de fertilización

Pero Luis matiza y contextualiza esta cuestión: «llevar un litro de leche a 20 kilómetros de distancia, aunque sea considerado Km0, es más contaminante porcentualmente para el planeta que traer una tonelada de soja de Brasil. Los volúmenes son importantes en esto, tanto en la producción de la vaca como en las adquisiciones de forraje», razona.

También recomienda ajustar la proteína de las raciones, en línea con el establecido por la Unión Europea en la estrategia De la granja a la mesa. «En el último año, desde que se comenzó a hablar de esto, la proteína de las raciones bajó del 18% al 16%. Pero claro, eso se traslada también al purín y vamos a abonar con purines con menos nitrógeno y menos capacidad de fertilización», explica.

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