«En instalaciones y manejo estamos en el mejor nivel de Europa, pero seguimos teniendo el problema del minifundio de la tierra»

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Tras una larga trayectoria profesional como asesor técnico en el sector de vacuno de leche de Galicia, Antón Camarero Suanzes acaba de jubilarse. Su trosto es muy conocido para muchos ganaderos y ganaderas que asistieron a alguna de sus charlas sobre manejo y conservación de los silos. No en vano destaca de su trayectoria que «los ganaderos valoraban mucho esa sinceridad al no culpar el producto de la competencia. Así, más que hacer una venta, construía un vínculo de confianza y fidelidad que duraba años».

Con él hablamos sobre el manejo y conservación de los silos en Galicia, su trayectoria profesional y su visión del sector lácteo gallego.

¿Cómo fue tu primer contacto con la ganadería de vacuno y, en consecuencia, con los ensilados?
La primera vez que oí hablar de un silo tenía unos 13 años. Yo era un “niño urbanita” del centro de A Coruña. Fui con unos compañeros del colegio a una explotación de carne extensiva en la sierra del Xistral. Pasamos el día ayudando a retirar piedras de las praderas y, a la hora de comer, sentados sobre la propia hierba, vimos un montículo tapado con un plástico. El dueño nos explicó que era un “silo de hierba”, fruto de una fermentación láctica que olía a caramelo. Lo abrió con una navaja; creo que él estaba impaciente por olerlo y ver el resultado. Cogió un puñado y me lo dio a oler. Le dije que me olía a podrido, a lo que el dueño respondió que podría ser, pero que lo ideal era ese aroma dulce. Ese primer contacto ya me mostró la dificultad de ensilar y la brecha entre lo que era un silo y lo que debería ser.

¿Qué te atrajo más de este sector?
De niño siempre andaba cerca de los “bichos”: ranas, culebras, grillos, pájaros, lirones… quería ser naturalista. Pero un día me regalaron un libro sobre la vida de un veterinario rural en York, Inglaterra: Todas las criaturas grandes y pequeñas, de James Herriot. A partir de ahí decidí que quería ser veterinario. Lo que más me cautivó fue, sin duda, la vida en el campo, trabajar con animales al aire libre. Porque tampoco me veía encerrado en una clínica de perros o en una oficina.

¿Cómo fueron tus comienzos a nivel profesional y cuáles eran los principales retos a los que te enfrentabas?
Tras dos meses de campañas de saneamiento en Lugo y alguna estancia con mi amigo Esteban Cuevas, comencé a introducirme en el mundo rural. El “oficio” lo aprendí en Carballo con Ángel García Jr., un veterinario clínico magnífico, igual que su padre (con el mismo nombre y recordado veterinario de las tierras de Meira que publicó libros de cirugía). Luego surgió un trabajo en A Capela y me fui. Quizás fue algo precipitado, porque Ángel aún tenía mucho que enseñarme y yo mucho que aprender. Fue así como comencé mi andadura en solitario como veterinario rural.

¿Tienes conocimiento de cuándo se realizaron los primeros silos de forrajes en Galicia?
A mediados de los ochenta, la técnica ya estaba muy extendida, aunque el maíz era menos frecuente y en cantidades pequeñas (unos 10 kg/día durante 4 o 5 meses). El mal olor del silo de hierba se tenía asumido como normal. Más tarde, visitando O Arneiro, en la Terra Chá, supe que los silos torre —que aún quedan en pie— fueron los pioneros de los ensilados en Galicia a finales de los años cincuenta.

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¿Cuáles fueron las principales dificultades iniciales a las que se enfrentó la realización de los silos de hierba, y posteriormente de maíz, en Galicia?
El problema con los de hierba era el que viví en aquella primera experiencia de niño: olían a podrido y se asumía que ese era el olor normal. Con el silo de maíz, el problema era que se cortaba en tacos para toda la semana, y esta exposición al aire durante tanto tiempo hacía que se calentasen. Nadie parecía consciente de las consecuencias de este mal manejo; simplemente no había referentes de silos de calidad.

Comentas que en los primeros años había bastantes reticencias por parte de los productores al empleo del ácido fórmico ¿Por qué?
El fórmico de entonces era puro y era un producto muy corrosivo e irritante. Causó muchos accidentes y estropeaba la maquinaria. Quien lo probaba una vez normalmente no repetía.

¿Qué destacarías de las mejoras que se realizaron en la producción y procesado de los forrajes para su conservación en silos?
Mejoró mucho, sobre todo en las técnicas del cultivo, especialmente con el maíz: selección de semillas, control de plagas y pautas de abonado. Recuerdo que en los noventa la cosecha traía casi tantas malas hierbas como maíz. También evolucionó la maquinaria, permitiendo un picado más rápido y preciso. Esto tiene una parte negativa, porque la velocidad de ensilado supera la capacidad de compactación de los tractores, lo que compromete el pisado si no se hace con cuidado. Hoy hay máquinas que recogen hasta doce hileras; la antigua máquina de mallar era de una sola hilera, y si se va muy rápido no da tiempo a compactar.

¿Y en el caso de los productos conservantes para forrajes? ¿A veces se piden milagros con forrajes de mala calidad y en silos mal hechos?
Los conservantes, como dice su nombre, conservan. El producto final será, en el mejor de los casos, lo más parecido posible al forraje inicial, pero nunca mejor. Una buena higiene (con menos cenizas y restos orgánicos) favorece la fermentación láctica frente a la butírica. Factores como el picado, las capas finas y un peso adecuado del tractor son cruciales para evitar que entre aire y proliferen los hongos.

A lo largo de tu dilatada carrera profesional como asesor técnico-comercial en el sector ganadero en Galicia, ¿cómo valoras la evolución en la producción y conservación de forrajes en estos últimos diez años en ADIAL?
Trabajando mano a mano con XESGA hicimos referentes en las distintas comarcas: ganaderos capaces de hacer silos de alta calidad nutritiva y bien conservados. Estos “núcleos” sirvieron de modelo para otros vecinos que también fueron mejorando. Hoy, en cualquier municipio ganadero, podemos encontrar explotaciones que hacen silos excelentes de forma regular. El uso de moléculas eficaces, tanto en Optisil como en Kofasil, como el E250 (nitrito sódico), nos permite trabajar con silos húmedos garantizando una fermentación óptima, buena compactación y estabilidad aeróbica, sin clostridios ni hongos. El resultado son silos que huelen bien y no se calientan.

¿En qué aspectos consideras que aún hay margen de mejora?
Muchos ganaderos, aunque evitan los silos secos para facilitar la compactación, no usan conservantes. Esto es un riesgo en un silo de alta humedad: un año los clostridios pueden arruinar la fermentación y causar problemas graves en el rebaño. No es todo blanco o negro, hay muchos tonos de gris: silos pasables que no huelen del todo mal pero que tienen cierta carga de clostridios. Los que usan conservantes saben de lo que hablo: consiguen silos amarillos, con buen aroma y un alto consumo de materia seca a pesar de la humedad.

En los últimos años, con las normas de la PAC, cada vez es más habitual incluir leguminosas en las mezclas para praderas temporales y también se están probando alternativas al raigrás, como cereales. ¿Cómo valoras su valor nutricional, y sobre todo sus características a la hora de realizar un buen silo?
Las leguminosas son clave para fijar nitrógeno y ahorrar fertilizantes; además, en tierras profundas, aguantan mejor la sequía, pudiendo dar hasta seis cortes al año. El problema es que son más difíciles de ensilar por su baja cantidad de azúcares y su alta capacidad tampón, que no permite acidificar el silo. Aquellos ganaderos que ya obtienen silos de hierba de alta calidad no suelen notar una mejora significativa con la alfalfa.
Con los silos de cereales tengo cierta experiencia en Portugal; allí buscan cantidad y sacrifican calidad. Rebajan la densidad energética de la ración, dificultando así las altas producciones.

¿Cuáles fueron tus referentes formativos en materia de conservación de forrajes y por qué?

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En mis comienzos en los años ochenta, recuerdo que las charlas de LEYMA-CAP en Mabegondo fueron referentes en este tema. Más tarde, como técnico de AFRIGA (embrión de SERAGRO), viajé a principios de los noventa a Holanda para ver los silos tipo “tabaco”, que entonces tenían mucha fama. En esa misma etapa, con el ingeniero agrónomo Adolfo Álvarez, también trabajamos en el manejo de cultivos forrajeros y de ensilados.

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Ya trabajando en UTEGA-GUYOMARCH-EVIALIS (2000-2010), hice varios viajes a la Bretaña francesa, a Saint-Nolff (Vannes), donde Isabel Bogniart, en el centro del INRA LAREAL, colaboró en nuestra formación en nutrición y, sobre todo, en forrajes.

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En el mundo de las ventas de pienso, tanto como nutricionista en UTEGA como después en XALLAS S.C.G., pude comprobar cómo muchos de los fracasos en las ventas de fórmulas de pienso tenían los silos detrás. Y es que los silos de mala calidad hacían fracasar el racionamiento y, a veces, daban un nuevo cliente, pero otras tantas te lo quitaban. Con frases lapidarias como: “yo los silos siempre los hice así” o “a algo tendrás que echarle la culpa”, el cliente se desvanecía.

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Alex Udina en el congreso de ANEMBEde Vitoria de 2026

Ya en ADIAL (2016-2026) encontré fórmulas de conservantes para silos que funcionaban sin ser corrosivas ni irritantes. El nitrito sódico (E250) era la molécula más importante en la composición de los conservantes, por ser un agente muy efectivo contra los clostridios. En ADIAL aprendí mucho sobre silos de mi director técnico, Alex Udina.

También en este periodo colaboraron en mi formación constante dos doctores expertos, Andreas Millimonka y Horst Aurebach, de ADDCON (fabricantes de Optisil-Kofasil). Con mi gran amigo, el nutricionista Javier López Vila, de SERAGRO, continúo compartiendo información e interés por los silos.

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En tu trayectoria profesional realizaste numerosos viajes a los principales países productores de leche. ¿Qué lecciones destacarías en lo relativo a la producción y conservación de forrajes?

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Dairy Training Center, Frisia (Holanda) 1995 con técnicos de SERAGRO

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Como ya dije, la calidad de conservación y nutritiva de los silos que veíamos en las granjas era muy mala. En mis comienzos en AFRIGA, visitamos dos veces en Frisia (Holanda) el “Dairy Training Center” para ver cómo hacían en Holanda los silos tipo tabaco, de tanta fama. Entonces, para nosotros estaban a años luz. Ellos trabajaban todo con raigrás inglés con semilla certificada, tenían mucho mejores máquinas, autocargadores con cuarenta cuchillas y acondicionadores; por eso, aunque eran silos secos, conseguían prensarlos.
Aun así, los silos encañados y poco picados que hacíamos aquí terminaban humeando y llenos de hongos cuando los sometíamos a presecados (y podridos cuando iban húmedos). La experiencia no fue muy exitosa.

Tus «Siloaprendes» o las píldoras sobre conservación de silos de maíz y de hierba son un referente innovador en la difusión de buenas prácticas agrarias. ¿Cómo valoras su recepción?

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Quiero destacar en este punto el esfuerzo innovador para la divulgación y el aprendizaje que desde ADIAL venimos realizando mediante el uso de herramientas divulgativas en redes sociales, radio, blogs científicos (“ciencia carbónica.es”), píldoras, pósteres, folletos, dípticos o artículos que publicamos en revistas especializadas. También hacemos auditorías, ofrecemos un servicio de posventa, apoyo técnico o un servicio de analíticas especiales de fermentativo y micotoxinas.

En especial, me siento orgulloso de la creación, diseño e impartición de los talleres “SILAPRENDE”, dirigidos a la formación, de una forma intuitiva y divertida, de ganaderos y técnicos en silos. Ya llevamos realizados más de noventa de estos talleres por toda la Península Ibérica, desde Galicia a Andalucía, pasando por Portugal. Los protocolos de auditoría de silos que diseñamos ya los están implantando mis compañeros de ADIAL en otras comunidades y en el país vecino.

Representa un gran orgullo para mí haber contribuido a una mejora tan significativa en la calidad de los ensilados, especialmente en mi tierra. Esto demuestra que, incluso con un objetivo comercial como es la venta de conservantes, también se puede hacer una aportación valiosa al progreso del sector.

Este éxito no es solo mío: en Galicia conté con el apoyo incondicional de mis compañeros de ADIAL —por supuesto Alex, también Paco, Frederico, Xavier, Narcís, Eduard y Bea—, y de todo el equipo de XESGA: Sergio, Estiven, Paco, Crisanto, José Manuel, Pablo, Miguel, David, Carlos, Damián, Antonio y José Antonio. También con los ingenieros Frederico y Eliana en Portugal.
Entre todos estamos logrando que el manejo eficiente de los silos sea una realidad en muchas explotaciones.

¿Qué fortalezas y debilidades o retos detectas en las ganaderías gallegas de vacuno de leche?
Hasta hace unos veinte años, era casi obligatorio salir fuera de Galicia para aprender y visitar granjas que sirviesen de modelo. Hoy, sin querer caer en el chauvinismo, puedo decir que, tras visitar ganaderías intensivas de referencia en Alemania, Italia, Francia u Holanda, no tenemos absolutamente nada que envidiar en cuanto a manejo e instalaciones. Estamos al mejor nivel europeo.
El minifundismo sigue presente. Creo que esta debilidad fue también nuestro revulsivo: obligó a “espabilar” y a ser mucho más eficientes, especialmente en aquellas épocas de “vacas flacas” que curtieron al sector. El reto ahora es seguir creciendo en calidad y profesionalización, optimizando cada metro cuadrado de forraje que producimos.

¿Alguna anécdota o recuerdo en especial que te lleves de todos estos años trabajando en el sector?
En la etapa en la que trabajé en nutrición para fábricas de piensos recuerdo que siempre supervisaba los silos con los que trabajaban en las granjas. En varias ocasiones detecté problemas graves de salud animal, como cetosis provocada por silos con altos niveles de clostridios. Antes de ofrecerles nuestro pienso prefería ser honesto: les explicaba que el problema no era el alimento que compraban, sino el propio silo. Les recomendaba cerrar el silo un mes y sustituirlo por alfalfa. Los ganaderos valoraban mucho esa sinceridad al no culpar al producto de la competencia. Así, más que hacer una venta, construía un vínculo de confianza y fidelidad que duraba años.

¿Algo más que quieras añadir?
Quiero tener un recuerdo para las técnicas comerciales de AMORIM LDA, mis compañeras en Portugal: Eliana, Rita y Natalia. En Asturias, los técnicos de forrajes de ASA, Manuel y Pedro. En Benavente, a Juan Brime. También para Sara, veterinaria de XALLAS, en parte cliente, en parte competencia, con la que comparto interés por los silos. Los ganaderos de AGROCIOCENDE, la familia LISTE de Trazo y un largo etcétera de ganaderos con los que también aprendí mucho.
Tengo la seguridad de que mi sucesor, Daniel Sever, el nuevo veterinario responsable de ADIAL en el noroeste, va a continuar la labor con mucho éxito. Conoce bien los temas de robótica, índices técnico-económicos, sistemas nuevos de alimentación y esas cosas tan importantes, pero en las que, por viejo, da algo de pereza profundizar.

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