“En Irlanda con el pastoreo producen leche a entre 20 y 21 céntimos”

Adrián Villar, Fernando Pose y Carlos Martínez son tres estudiantes del Centro de Formación Rural Efa Fonteboa, de Coristanco, que realizaron recientemente una estancia de formación en ganaderías de vacuno de Irlanda. Nos cuentan cuáles son sus impresiones.

“En Irlanda con el pastoreo producen leche a entre 20 y 21 céntimos”

Adrián Villar y Fernando Pose

Carlos Martínez, Adrián Villar y Fernando Pose son tres jóvenes que estudian el ciclo formativo de grado superior de Ganadería y Asistente en Sanidad Animal en la Efa Fonteboa, en Coristanco, un centro de referencia en Galicia en la formación de los futuros ganaderos.

Hace apenas unas semanas que regresaron de una estancia formativa y profesional de dos meses en ganaderías de Irlanda organizada por el centro. La estancia, que realizaron dentro del programa europeo Erasmus +, les sirvió para conocer de cerca la realidad de una potencia lechera a nivel mundial con vocación exportadora como es el país celta.

La percepción común de estos tres estudiantes gallegos es que los ganaderos irlandeses ven el futuro con optimismo y ganan dinero, incluso con precios bajos de la leche. Una de las claves es su sistema de producción de bajos costes, basado en la autosuficiencia de forrajes, en este caso de los pastos, y por los pocas inversiones en instalaciones y maquinaria. Costes de alimentación bajos y poco endeudamiento que les permiten seguir ganando dinero incluso en ciclos de precios bajos de la leche.

Vemos a continuación como fue la experiencia de cada uno de ellos en las ganaderías irlandesas:

Adrián Villar:

Adrián Villar es un joven de Mazaricos que realizó su estadía en una ganadería del condado de Longfort, en el centro norte de Irlanda. Su formación práctica fue en una ganadería de vacuno de leche con 110 vacas en ordeño y 110 hectáreas de base territorial.

Al igual que la mayoría de las explotaciones de vacuno de leche de la isla, en la que estuvo Adrián realizan concentración de partos para que el pico de lactanción coincida con la primavera, la época de más disponibilidad de pasto.

“Producían la leche a 21 céntimos el litro, realizando pastoreo día y noche, excepto en los meses en los que los prados estaban encharcados. Las pradeias en este caso tenían una mezcla de raigrás inglés con algo de trébol, que aprovechaban para pastoreo, y lo que no daban comido las vacas, así como las fincas más lejanas, las ensilan en el mes de junio”, explica Adrián.

Además del pasto, las vacas también recibían un suplemento de 4 kilos de concentrado al día, que aumentaba a 6 cuando estaban estabuladas, alcanzando un promedio de producción de 25 litros.

“Las vacas eran de raza Frisona, pero cruzadas con Jersey, Montbéliard y Kiwi Cross, y llegaban a un promedio de 4 partos, con más longevidad que en Galicia”, asegura Adrián.

En total, la producción en esta ganadería rondaba los 6.000 litros por lactación, que en el mes de febrero vendieron a la industria a un precio de 32,5 euros el litro.

“Clasifican las vacas por las calidades de la leche, mostrando mucho interés en la producción de proteína”, explica este estudiante, quien reconoce que “me llamó mucho la atención que la vaca más rentable de la explotación era una Jersey con apenas metro y medio de altura a la cruz”.

 “Los ganaderos se reúnen para intercambiar información, comparar y tomar decisiones”

La menor profesionalidad del ordeño en Irlanda, observando menos el predipping, fue alto en lo que también reparó este alumno.

Otra aspecto que le llamó la atención a Adrián es que los ganaderos intercambian entre ellos con total transparencia información de sus explotaciones para mejorar conjuntamente. “Periódicamente hacían reuniones de unos 20 o 30 ganaderos de la comarca e intercambiaban información sobre precios de venta de la leche, calidades…etc. Comparaban todo para poder decidir lo que más les convenía”, asegura.

“Mi percepción fue que los ganaderos en Irlanda ven el futuro con optimismo y tienen ganas de crecer”, concluye Adrián.

Carlos Martínez Liste:

Carlos Martínez, á dereita, coa familia gandeira coa que se formou en Irlanda

Carlos Martínez, á dereita, coa familia gandeira coa que se formou en Irlanda

Carlos Martínez Liste es un joven de Lesta (Ordes) que estuvo dos meses en la ganadería O´Donnell, cerca de Cork, en el suroeste de la isla. Esta explotación cuenta con unas 115 hectáreas de base territorial y unas 150 vacas en ordeño.

“Lo más positivo desde mi punto de vista es que las ganaderías de Irlanda tienen más disponibilidad de tierra, lo que hace que los costes de producción sean de alrededor de 20 céntimos por litro, más bajos que aquí”, asegura Carlos.

En cuanto a la producción, comenta que las vacas de esta ganadería, de las razas Holstein y Roja Danesa, producen un promedio de 27 litros, en primavera con una alimentación en base fundamentalmente a pastoreo, recibiendo cada vaca unos 3 kilos de pienso a la hora del ordeño; es decir, poco más de 100 gramos de concentrado por litro de leche producido.

En el caso de esta explotación, también cebaban los terneros para la venta con 2 años de edad, una cebo a base de silo de hierba, hierba seca y pasto, más algo de concentrado.

Fernando Pose:

Fernando Pose es un joven de Malpica que estuvo formándose en una ganadería de vacuno de carne, también en el condado de Longford. Esta explotación en régimen de pastoreo contaba con 150 madres de las razas Azul Belga, Charolesa, Hereford y algo de Angus.

“El toro era cruzado y buscaban ante todo facilidad de parto para no tener problemas”, asegura Fernando.

En cuanto al manejo, recogían las vacas un mes antes del parto y las estabulaban hasta un mes después de parir, recibiendo en ese período una ración a base de silo de hierba, remolacha azucarera y algo de pienso.

Un mes después de parir las vacas salían al prado, alimentándose exclusivamente de pasto. Los becerros permanecían en el exterior alimentándose de leche materna, pasto y algo de pienso. Los terneros los venden mediante subasta con una edad de algo más de año y medio. “Las praderas eran naturales y lo único que gastaban en la vaca era el silo de hierba, que hacían en la propia explotación, y el punteo con pienso cuando estaban estabuladas antes y después del parto”, destaca Fernando.

“Me gustó mucho la experiencia porque, además de por la gente y de la posibilidad de aprender inglés, pude ver otra forma de trabajar, en la que los ganaderos aprovechan al máximo los recursos del entorno”, concluye.

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