“En la granja tengo la rentabilidad que preciso y tiempo libre, estamos con un buen modelo de trabajo”

Conocemos Río Paz SC, una explotación de Ponteceso que hace dos años decidió incorporar un robot y trabajar con un rebaño de unas 60 vacas en ordeño y otras tantas en recría. En este tiempo consiguieron incrementar en seis litros la producción diaria por animal

Rafael Veres a las puertas de Ganadería Río Paz SC

Rafael Veres a las puertas de Ganadería Río Paz SC

Rafael Veres lleva desde 2003 incorporado a la explotación familiar en el lugar de Cores, en el municipio coruñés de Ponteceso. Él y sus padres estuvieron durante 20 años trabajando con un sistema muy semejante al del resto de granjas lecheras del entorno. Ordeñaban dos veces diarias en una sala de espina de 4×2 y se adaptaban a las instalaciones y terrenos disponibles.

En septiembre de 2023 tocó pensar en el futuro de la explotación y Rafael consideró que era el momento de introducir un robot de ordeño. Optó por un modelo Lely Astronaut A5. La primera consecuencia fue la reducción de horas de trabajo y personal. “Diariamente estábamos mi madre, yo y una persona contratada. Hoy puedo hacer yo solo todas las tareas y paso mucho menos tiempo en las instalaciones,” dice Rafael.

Modelo de producción

Como suele suceder, un cambio radical puede crear preocupación. “Mis padres no veían claro lo del robot porque tenían una concepción diferente de la ganadería. Y yo también pensé que los inicios serían complicados. Pero al cabo de una semana todo funcionaba a la perfección y sin mayores obstáculos. Y todo sin tener que ampliar la nave ni hacer obras mayores.”

La principal consecuencia positiva del cambio de modelo de ordeño fue el incremento de la producción de leche. En menos de dos años pasaron de 42 a 48 litros por vaca y día. Es decir, casi 138.000 litros más al año, dado que ordeñan de media un rebaño de 63 vacas. Ese incremento también facilita que el robot se amortice en un plazo menor.

El incremento de seis litros diarios por vaca en menos de dos años ayuda a amortizar antes el robot y otras inversiones. Rafael Veres, Ganadería Río Paz SC

Rafael dice que “en todos estos meses solo una novilla recién parida dio problemas para entrar al robot. Hay que ir todos los días a empujarla. El resto van encantadas. Pero así, gracias a esa novilla, también voy algo por la granja,” dice medio en broma.

Actualmente el rebaño está formado por 63 vacas en producción de leche, 4 secas y 60 animales de recría. Con unos niveles de 3.000 litros diarios, la producción anual se sitúa por encima de un millón de litros. Además, tiene varios ejemplares que rondan o alcanzan los 80 litros diarios y aún van a seguir preñando.

La media de partos es la habitual en estos sistemas. “Estamos entre 2,5 y 3 partos por vaca. Hay que tener en cuenta que el robot es muy exigente con los animales y se agotan. Pero están muy amortizadas porque, aunque la media anual es de 48 litros vaca/día, tenemos algún mes en que nos situamos en 51,1 litros.”

Los niveles de sólidos se sitúan en 3,80 de grasa y 3,20 de proteína. Eso sí, cuando comenzaron a usar el robot tuvieron una pequeña subida en el recuento de células somáticas aunque sin superar nunca las 200.000. “Eso fue porque entonces el robot no detectaba si había problemas en algún pezón. Ahora incorporamos un dispositivo que les hace recuento individualizado una de cada tres veces que entran al robot y que nos da un aviso en el móvil si detecta que suben las células.”

Manejo del rebaño y genética

La frisona es la única raza con la que trabajan en esta granja. “A veces hacemos algún cruce con limousin en las vacas que tienen dificultades para preñar. Con eso aseguramos la preñez y obtenemos un ejemplar que va para carne, que ahora se está pagando muy bien. Y, si las vacas pueden tener tendencia a partos dificultosos, utilizamos semen de azul belga, que favorece la facilidad de parto. Pero son casos muy puntuales.”

Rafael dice que el aspecto genético es algo en lo que están profundizando en los últimos tiempos. “Algo que ahora miramos mucho y antes ni sabíamos que existía es la adaptabilidad al robot. Ya se ofrecen dosis de toros que garantizan que las hijas entrarán sin dificultad en el circuito robótico y serán productivas en un plazo corto y sin que el robot les dañe la ubre.”

De hecho, en el control lechero que les realiza Africor Coruña ya se les indica el nivel de adaptación al robot. Otros parámetros como la dureza de patas o la facilidad de parto son también importantes pero, con la llegada del robot, pasan a un segundo plano. En parte también porque no suelen tener problemas en esos dos aspectos.

El primer parámetro que miramos al inseminar es la adaptabilidad al robot. Algo que antes ni sabíamos que existía ahora es básico para nosotros.

Con todo, no escatiman en inversión en dosis. “El semen va caro, es un gasto grande en las granjas. No queda otra que afrontarlo si quieres mantenerte en los niveles alcanzados. Por ejemplo, nosotros usamos semen sexado las dos primeras veces con las novillas y la primera vez con las vacas adultas. Porque necesitamos mucha recría debido a que también tenemos muchos descartes por causa del robot.”

Lo que no hacen es comprar animales. “Ya hace muchos años que no entra ninguna vaca de fuera de la granja. Tenemos suficientes animales y las incorporaciones pueden traer problemas sanitarios además de suponer trabajo burocrático. Lo que sí hicimos últimamente fue llevar vacas a subastas. Nos dio buen resultado y quizá volvamos a hacerlo. Dependerá de cómo esté el rebaño cuando lleguen las subastas.”

Aunque algunas vacas de la granja producen leche A2A2, Rafael no tiene pensado orientar la genética por ahí ni hacer un aprovechamiento comercial de esa leche. “Tendríamos que tener dos tanques, dos robots o recuperar la sala, hacer dos lotes de vacas… y no sé si la cantidad de A2A2 sería suficiente. Ni tenemos instalaciones suficientes. La idea sería vender ejemplares vivos o incluso embriones. Ya lo veremos con el tiempo.”

Llama la atención la poca cantidad de vacas secas que hay en la explotación. Un motivo es que cuando paren las novillas hay que hacerles sitio sin saturar el robot. Por eso, es necesario hacer descartes y mandar vacas a desvieje. Porque no quieren ni ampliar las instalaciones ni aumentar la carga ganadera, lo que obligaría a comprar otro robot.

Las vacas entran de media 3,4 veces al día al robot, aunque la frecuencia depende del tiempo y de la época del año. “Si hace mucho calor entran menos porque no tienen ganas ni de comer ni de moverse. Ponteceso es un sitio de mucho viento pero cuando no sopla los animales lo notan mucho porque las temperaturas se disparan, sobre todo en los últimos años. Para reducirles el calor utilizo un sistema de ventiladores que pueden funcionar las 24 horas si es necesario y otro de aspersores que riegan a las vacas cada hora.”

Instalaciones y maquinaria

Entre el robot, los ventiladores y los aspersores podría parecer que el gasto en electricidad es muy elevado. Para reducirlo, Río Paz SC cuenta con un equipo de placas solares ubicado en el techo de la nave que, dice Rafael, se retroalimentan con el movimiento de los ventiladores.

Esta granja de Ponteceso vende la leche a la empresa Leite Celta, mediante un contrato que actualmente es por cuatro meses. Llevan seis años con el mismo comprador y, por el momento, no tienen intención de cambiar. Río Paz SC forma parte de la Cooperativa San Martín de Cores, de la parroquia en la que se ubica. Y también participan en la Agrupación de Defensa Sanitaria local.

La granja lleva dos años empleando un robot para ordeñar entre 60 y 65 vacas

La granja lleva dos años empleando un robot para ordeñar entre 60 y 65 vacas

El laboreo y maquinaria son otro tema aparte. “Estamos en una CUMA con otros siete socios del entorno, pero nosotros solo participamos en la utilización del carro mezclador. Yo soy partidario de disponer de las máquinas cuando las necesito. Suele pasar que todos necesitamos la maquinaria al mismo tiempo y no llega para todos o sufre averías. Así que, para los cultivos y otras tareas, dispongo de parque propio.”

De este modo, en Río Paz SC hacen todos los trabajos excepto la ensilada. Y disponen de dos tractores de gran cilindrada — uno de ellos comprado a comienzos de julio —, otro pequeño para acercar la comida, arados, fresadora, remolque, rotativa, segadora, rastrillo, juntadora, abonadora y una cisterna que manejan a medias con otro ganadero local.

Aunque estamos en una CUMA, yo prefiero recurrir solo al carro. El resto de trabajos de laboreo los hago yo con mis máquinas.

El carro mezclador va todos los días a las 8 de la mañana. Diariamente hace la ración para las vacas que están en producción y, cada dos días, elabora la que se sirve a las secas y a las novillas. Otros socios de la CUMA prefieren alternar horarios pero en esta granja optan por una hora fija todo el año.

Otra máquina que adquirieron recientemente fue una alimentadora automática de terneros, lo que se conoce como «amamantadora». La compraron hace cuatro meses y están encantados con su rendimiento. Lo que no tienen, aunque se lo ofrecieron, es una arrimadora (máquina para acercar la comida). «Porque así tengo algo que hacer cuando vengo por la nave», dice Rafael entre risas.

Esta explotación de Ponteceso cuenta con una única nave en la que el espacio mayoritario es para las vacas en producción. Unos animales adultos que disponen de 60 cubículos y son suficientes aunque en ocasiones haya algún animal más. Para las secas y novillas tienen habilitado un espacio más reducido en la nave pero, en compensación, disponen de una hectárea de terreno vallado al aire libre por el que pueden moverse libremente y entrar y salir de la nave cuando les parezca.

La cama de las vacas es de arena que compran a una empresa de Vilalba. «He oído que la arena puede causar problemas en los robots porque daña los circuitos. Aquí no ha pasado y los técnicos no han detectado ningún problema por ese motivo en estos dos años. Y tampoco notamos que la arena haga efecto espejo en el suelo de la nave. O, al menos, hasta ahora nunca se resbaló ni se abrió una vaca.»

Hoy puedo hacer yo solo las tareas que antes hacíamos entre tres personas. Y paso mucho menos tiempo en las instalaciones.

El ganadero explica que otras explotaciones de la zona sustituyeron las camas de arena por otros sistemas en el momento en que instalaron robots de ordeño. «Nosotros no lo hicimos ni lo tenemos pensado. La arena da buen resultado. Y no notamos que su presencia en el purín pueda dañar los cultivos, como se suele afirmar. También es cierto que el purín está muy repartido, muchas veces y en muchas fincas.» La única pega que le ponen a la arena es que provoca corrosión en algunas piezas antiguas de la nave.

Cultivos y alimentación

Para los residuos sólidos y líquidos disponen de dos fosas. «Son algo pequeñas para toda la cantidad que producen las vacas. Cada tres meses hay que vaciarlas, aunque eso permite una fertilización sostenida de los terrenos donde producimos forrajes. Es un importante aporte orgánico pero no podemos prescindir de los abonos químicos.» Para completar lo que aportan las fosas, emplean purines procedentes de una granja de cerdos colindante, de modo que ambas explotaciones se benefician. Una porque recibe fertilizantes y otra porque se deshace de un residuo.

Río Paz SC trabaja una superficie de 33 hectáreas de las que algo menos de la mitad son propias y el resto arrendadas. «En esta zona no hay problema de acceso a la tierra. Hay suficiente oferta de calidad. Incluso para nosotros las 33 hectáreas son más que suficientes. Los cultivos que sembramos son hierba y maíz forrajeros.» En un año normal dedican 20 de las 33 hectáreas a la producción de maíz. En esta última campaña las redujeron a 15 porque tenían todavía mucha cantidad de silo de la campaña anterior.

Además de los concentrados, compran paja para dársela picada a las novillas y las vacas secas. Y este año compraron algo de alfalfa porque el silo de hierba quedó escaso ya que la lluvia impidió el pasado año sembrar la hierba en todas las parcelas que habitualmente se destinan a ese cultivo. Aparte de que la cosecha de maíz se complicó y no se pudo hacer todo el esfuerzo necesario en la hierba. Todos los alimentos que compran proceden de la empresa Progando.

A pesar de ser una zona de alta concentración de granjas, la fauna salvaje no supone un problema para esta explotación. «Jabalíes hay, pero nunca nos causó daños importantes en ninguna de las cosechas. Y hay quien ha visto lobos, a pesar de estar a dos kilómetros del mar, pero no es que haya muchos ataques. A nosotros, por el momento, no nos ha afectado.»

Planes de futuro

De cara al futuro, Rafael apuesta por la estabilidad. «¿Si vivo bien así, para qué voy a arriesgarme a vivir mal? Meter más vacas supondría tener otro robot, más gastos y más trabajo. A día de hoy consigo más leche y puedo amortizar antes el robot. Y además está en una fórmula de leasing por lo que, si me pasara algo, vendrían a recogerlo y no les quedaría ninguna deuda a mis padres.»

Rafael considera que el rendimiento de la explotación es óptimo y no apuesta por cambios

Rafael considera que el rendimiento de la explotación es óptimo y no apuesta por cambios

«Ahora estoy en el mejor momento. Puedo manejar la granja yo solo con ayuda muy puntual de mi padre. La leche está moderadamente bien pagada, los terneros tienen buen precio y las vacas de desvieje nunca las pagaron tanto. Hasta tuve la suerte de que el robot no tuvo ninguna avería y no supuso costes añadidos.»

Tengo la rentabilidad que necesito y dispongo de tiempo libre. De no ser así, cerraría y me dedicaría a otra cosa.

Por otro lado, Rafael reconoce que con el actual sistema pudo prescindir de tener empleados. «En las granjas hay un gran problema de mano de obra. Es difícil conseguir trabajadores y más difícil aún fidelizarlos. Yo ahora puedo prescindir de mano de obra, algo que antes era impensable. Lo único que me preocupa es Hacienda -se ríe- y por eso procuro invertir en máquinas.»

El ganadero descarta emprender proyectos de elaboración con su propia leche, como sí están haciendo otras explotaciones con quesos, yogures, helados y otros derivados. «Gano el dinero que necesito y tengo tiempo libre. De no ser así, cerraría la granja y me dedicaría a otra cosa. No quiero vivir para trabajar y, con este modelo y este número de vacas, puedo llevar un control total sin meter horas y horas.»

Las únicas reformas o proyectos que tiene en mente -pero no decididas definitivamente- serían dos. La construcción de un pozo y la reducción del número de cabezas productoras hasta 55. «Con ese número de animales el robot se optimiza. Y seguramente no bajaría el volumen de litros. Y también podría dejar de mantener tanta recría. Tengo que pensarlo aunque la premisa es no aumentar carga de trabajo ni acometer inversiones.»

Echando la vista dos años atrás, Rafael recuerda que sus padres no eran partidarios del robot y ahora lamentan no haberlo comprado diez años antes. «Es cierto que no tuvimos grandes problemas al inicio para adaptarnos al nuevo sistema. Pero, aunque los hubiéramos tenido, por el resultado actual habría valido la pena haber padecido cualquier problema. Trabajo siempre hay, pero ya no es aquello de tener que estar pegado a la sala dos veces al día todos los días del año siendo tan poca gente en la granja. Antes era impensable que aquí no hubiera nadie durante horas. Ahora es una realidad.»

Respecto al sector, Rafael no cree que se vuelvan a vivir grandes bajadas del precio de la leche en origen. «Hoy cerraron y siguen cerrando muchas explotaciones y la leche comienza a escasear o, al menos, a estar más concentrada en menos proveedores. Por eso no creo que volvamos a vivir una situación como la de 2015, cuando de un día para otro pasamos de cobrar 0,42 € el litro a 0,21 €.»

Como él mismo experimentó, cree que el futuro de la producción de leche y, sobre todo, el relevo generacional en el sector pasan por las nuevas tecnologías. «Robots, aplicaciones móviles, inteligencia artificial… todo lo que facilite la labor de los ganaderos y proporcione calidad de vida será lo que garantice que la gente joven quiera seguir con la actividad y que los que ya estamos en ella no busquemos otra opción.»

José María Pereira. Progando

«Una fórmula de concentrados individualizada para la explotación es clave para obtener los mejores índices de producción»

Una pata fundamental del buen funcionamiento de Río Paz SC está en el asesoramiento en materia de alimentación del ganado. Una tarea que recae en José María Pereira, ingeniero agrónomo que trabaja como nutriólogo para la empresa Progando. La ración de las vacas en producción es básica.

«La alimentación de las vacas que se ordeñan va variando en función de la época del año y del estado de los silos. En verano y primavera se compone de 24 kilos de silo de maíz, 15 de silo de hierba y 7 de concentrados en harina. A eso hay que añadirle otros 7,4 kilos de concentrado en grano que ingieren en el tiempo que pasan en el robot de ordeño.»

Aunque la media de estancia en el robot es de 6 minutos en cada ordeño, hay animales que pasan hasta 15 minutos y otros que no llegan a 4. Y también los hay que pueden consumir hasta 12 kilos de concentrados y otros que se quedan en cuatro. Pero la media se queda en 7,4 kilos diarios. De ese modo, consumen en cada visita algo más de 400 gramos por minuto para un total de 2,5 kilos por visita.

El pienso que comen las vacas en el pesebre está muy cargado de proteína y el que comen en el robot contiene más energía.

Además de la diferencia de formato -grano y harina- la diferencia entre el pienso que comen en el robot y en el pesebre está en la composición. «El pienso del pesebre aporta más proteína y el del robot más energía. Cuanto más cereal tenga la fórmula, más energía aportará. Con esa diferenciación, conseguimos que la vaca tenga más deseo de acercarse al robot para cargarse de energía», explica Pereira.

Los concentrados compuestos, con variaciones según el momento del año, de harina de maíz, harina de soja, harina de colza, cascarilla de soja, jabón cálcico y correctores. En el caso de los empleados en pesebre, aportan la grasa y proteína que no se alcanzan solo con los forrajes.

Los concentrados que se sirven en el pesebre van en formato harina

Los concentrados que se sirven en el pesebre van en formato harina

La ración para las vacas secas y para las novillas es la misma y se compone de 9 kilos de silo de maíz, 5 de paja picada y 3 de concentrados. Hay granjas que hacen una ración diferente para las secas y para las novillas pero en Río Paz SC no es preciso por la poca cantidad de secas, por el volumen de la explotación y porque la ración diseñada cubre todas las necesidades nutricionales.

«La alimentación que se les facilite a los animales secos y a las novillas suele ser vista como un gasto en muchos casos. Eso es un error porque, dependiendo de lo que coman en el tiempo que permanezcan en esos estados así será su posterior evolución como productoras de leche. Es algo que no se puede descuidar.»

Río Paz SC recibe la visita del carro mezclador una vez al día, a las ocho de la mañana. El buen manejo de los silos y de las temperaturas hace que baste con esa única visita. En caso de malas fermentaciones en los silos o de exceso de calor habría que pensar en una segunda pasada del carro. «En esta granja no se detectaron problemas. En otros casos y zonas quizá es preferible que el carro pase a primera hora de la mañana en invierno y a última de la tarde en verano, para que las vacas recuperen el hambre que les quita el calor.»

El nutriólogo señala que una buena parte del alto índice de producción de la explotación se debe a la alta calidad de los forrajes que producen. «Tanto el silo de maíz como el de hierba son muy digestibles. Así los animales aprovechan toda la comida que se les sirve y el índice de conversión aumenta. La velocidad de tránsito de los alimentos es muy elevada y las vacas no se sacian, están comiendo continuamente. Eso siempre va a implicar una producción muy alta. En todo caso, no solo basta con la digestibilidad y son precisas las aportaciones de los concentrados.»

La mezcla de forrajes muy digestibles y piensos de calidad aumenta la velocidad de tránsito y hace que las vacas no se sacien, coman más y produzcan más.

Pereira señala que una labor fundamental del nutriólogo es la del análisis continuo de los silos y de otros forrajes y alimentos que pueda haber en la granja. Especialmente relevante es la que se realiza en el momento en que se abre cada silo ya que dará idea de cuál va a ser su evolución y de qué medidas correctoras habrá que tomar si los parámetros no son los deseados.

«Como mínimo, cada mes y medio hay que comprobar y valorar las variaciones que se produzcan en los silos. Principalmente ponemos el foco en los índices de proteína, de fibra, de pH y de grasa. Y, por supuesto, hay que tener mucho ojo con la ceniza, que es un indicador del estado de salubridad.»

Por ceniza se entienden aquellos elementos que pueden ir en el material ensilado pero carecen de valor nutricional. Porque todos los cultivos tienen ese tipo de mermas. El problema surge cuando el índice de ceniza sube de un 9%. «Esa es una señal de que el silo contiene tierra y materias no deseadas que pueden causar malas fermentaciones y la aparición de bacterias, clostridium y otros organismos.»

Según Pereira, el éxito de los concentrados radica en hacerlos de forma individualizada para adaptarlos a las necesidades de cada explotación. «En función de cómo sean los forrajes y la cabaña ganadera o hasta las instalaciones elaboraremos unas u otras fórmulas de piensos. Y esas fórmulas hay que irlas adaptando a lo largo del año en función de las circunstancias de cada momento.»

El nutriólogo explica que la utilización de los concentrados puede, por ejemplo, favorecer que las vacas queden preñadas. «Eso se consigue con correctores vitamínicos y minerales. Siempre hay que tener una comunicación constante entre los responsables de nutrición y los de reproducción. Porque el trabajo de unos influye en el de los otros y hay que coordinarse para obtener los resultados deseados.»

En Río Paz SC reciben la visita del nutriólogo como mínimo una vez al mes. Si se detectan problemas, el número de visitas aumenta hasta las veces que sea necesario. En la explotación, el consumo de concentrados mensual viene siendo de 26.500 kilos, lo que supone unos 9.000 euros al mes en su adquisición.

 

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