«¿Está mejor el sector lácteo gallego tras 5 años sin cuotas?»

César Resch Zafra, Doctor Ingeniero Agrónomo, Investigador y vocal de la asociación Terra e Leite, analiza en este artículo las fortalezas, debilidades y oportunidades del sector lácteo gallego en estos 5 años que pasaron desde la supresión de las cuotas lácteas

«¿Está mejor el sector lácteo gallego tras 5 años sin cuotas?»

Vacas en la granja del CIAM, en Abegondo

Parece que quedan lejos aquellos días de leches negras, comprimidos, de Churtales o Audiencia Nacional. Estas palabras que ya a muchos les sonarán lejanas y para algunos desconocidas, marcaron una época en la que en Galicia se convivió con un régimen de la tasa láctea, comúnmente conocido como cuotas lácteas.

Desde el primero de Abril de 2015 la tasa láctea dejó de existir en la Unión Europea y en España expiró después de 30 años de su aplicación desde 1986, año en el que el estado se incorpora a la UE por entonces conformado por tan sólo 10 Estados Miembros.

Estos cinco años sin régimen de cuotas, que someramente voy a analizar, significaron en líneas generales un avance del sector lácteo gallego, con luces y sombras, un sector productor más profesional pero con debilidades estructurales nunca superadas, una industria que parece quiere despertar de su zona de confort en la que sobrevivió durante muchos años y unas relaciones entre los actores de la cadena que parece que todo quieren cambiar para que nada cambie.

La producción, el eslabón fuerte de la cadena

Galicia sigue siendo la primera región productora de leche española y sigue figurando entre las principales productoras a nivel europeo. Esta posición dominante de Galicia en el contexto estatal se consigue sobre todo por el gran impulso que tomó la producción en los quince años previos a la derogación del régimen de la cuota láctea.

En el período 2001-2014 el incremento de la producción de leche en España fue de 428 mil toneladas de las que a Galicia corresponden 790 mil. Estas cifras resultan de que mientras que nuestros ganaderos crecían, en un contexto de máxima dificultad, ya que incrementar la capacidad productiva significaba comprar cuota láctea, el resto del Estado dejaba de producir mas de 360 mil toneladas de leche. En este punto hay un trabajo pendiente, pues poco se ha debatido y estudiado sobre este inmenso capital invertido y el esfuerzo financiero que esto supuso para el sector lácteo gallego, descapitalizándose en parte para poder seguir produciendo. Aquí fue donde se hizo el esfuerzo que colocó a Galicia entre las grandes regiones productoras de leche europeas.

“Galicia pasó en el 2001 de producir el 28% de la leche de España al 39% en la actualidad”

Ya a partir del año 2015 la velocidad de incremento de producción cambia, siguiendo Galicia liderando los incrementos en la producción pero con una contribución importante también del resto de las CCAA que a finales del año 2019 consiguen recuperar lo que habían perdido en los pasados 15 años.

Todas esta cifras nos llevan a que Galicia en el año 2001 producía un 28% de la leche de España (1,8 MTm) y estamos muy próximos al 39% en la actualidad (2,8 MTm) , hablando de leche sin normalizar pues si la normalizamos superamos con creces la cifra del 40% de producción, porque hay que decir que seguimos produciendo la leche con más sólidos del Estado, y también la peor pagada.

Debilidades del sector:

El sector se posicionó y sigue haciéndolo pero sigue teniendo fuertes debilidades :

Dependencia excesiva de insumos externos

El consumo de concentrado en las granjas de Galicia, sobre todo en aquellas que se tienen como “referente”, es excesivo. El reto tecnológico está en producir, en ese modelo, 40 litros de leche con 8 kilos de concentrado por vaca, pues producirlos con 14 kilos es fácil y es cierto que puede ser un buen negocio para el suministrador de concentrados, pero crea estructuras muy dependientes con el riesgo que eso lleva implícito. El reto está en la mejora de la calidad de los forrajes tanto en su capacidad de suministrar energía como proteína, pues también seguimos teniend una excesiva dependencia de proteína exógena en las granjas de leche.

Conciencia medioambiental escasa

Las demandas medioambientales son de aquellos que consumen nuestros productos, y se ven claramente reflejadas en las políticas que se implementan desde la UE. Quien no entienda esto va a quedar fuera del mercado sin duda alguna. Por esto es muy importante que la producción interiorice estas demandas de “urbanitas” y que las haga suyas e incluso que vaya por delante de ellas mostrándole a la sociedadeas externalidades que tiene una ganadería basada en la tierra, en lo local y en alimentar animales que transforman algo incomestible por los seres humanos, como es el forraje, en energía y proteína de gran valor nutricional.

Cobertura de fosas de purín (50% aún descubiertas), ir preparando parcelas para que los animales puedan pasar tiempo en el exterior de las naves -no echéis las manos a cabeza, esto os lo van a pedir porque además reduce la emisión de amoniaco en gran medida-, o hacerse guardianes de la biodiversidad son prácticas fácilmente asumibles y que mejorarían la imagen del sector de una manera radical.

Debilidad asociativa

El sector productor de leche factura anualmente (leche+subsidios+carne) mas de 1.000 millones de euros en Galicia. Debe de ser el único sector, que con este volumen, no tiene una asociación que ejerza como altavoz del mismo y que trabaje con profesionales que hagan que el sector tenga voz y que se haga ver y valer en una sociedad que cada vez está mas lejos del rural. Hay que saber posicionarse en positivo. Considero que gran parte del abandono que sufre el mundo rural se debe en parte a que el rural no genera noticias positivas y lo único que difunde son lamentos, lágrimas y miserias.

Un asociacionismo profesionalizado, que tendría una gran labor de difusión, que estuviera en contacto con los centros de formación e investigación para poder liderar proyectos de interés para la producción es muy necesario en Galicia. Por ejemplo, medio millón de euros de presupuesto significaría que las 5000 granjas gallegas con más producción pagaran una cuota mensual de 8 euros. Supongo que la razón para que esto no se haga es que no interesa, y no le demos más vueltas, los productores están cómodos con la situación actual.

La industria, parece que despierta de su sueño

España debe de ser el país de Europa con una deslocalización industrial más fuerte en el sector lácteo, y eso lo estamos pagando. Italia tiene su industria láctea en el norte, Francia en Bretaña y curiosamente España no tiene industria láctea en la medida de su producción en Galicia. El cincuenta por ciento de la leche de Galicia se transforma fuera de Galicia. Esta cifra es muy preocupante para Galicia y también lo es por lo que implica en términos de reducción de la competitividad de esta industria. Esta inoperatividad industrial se compensa a base de pagar el precio más bajo de España a los ganaderos que están produciendo la leche más semejante al estándar que circula por Europa.

Resulta paradigmático que exista en Galicia industria con capacidad ociosa que esté transportando leche a cientos de kilómetros para tener contentos a sus accionistas. Creo que esta alegría poco va a durar en estas condiciones.

La llegada de industria con gran capacidad de transformación, con envasado muy completos, productos de nueva gama o con alta penetración en el mercado, esperemos que varíe sustancialmente el panorama descrito anteriormente, eliminando inoperantes y pagando precios justos por la materia prima.

No olvidemos que la industria es tan necesaria como la producción y una no puede vivir sin a otra, pero la industria es mucho más coyuntural que la producción que tiene una componente estructural muy fuerte.

Las relaciones entre los actores

El período post cuotas trajo novedades en las relaciones entre actores: la UE creó el marco en 2012, pero la lástima fue que los actores habían estropeado un marco que en otros Estados miembros funciona. Estamos hablando del paquete lácteo.

Este dio por una parte la oportunidad de establecer contratos de compra entre partes. Todos recordamos los días de regateo corto y cutre de precios que gran parte de la industria hacía en el campo gallego. Siempre serían los productores los que tenían que pagar la ronda, pues la industria tenía que salvar los muebles in extremis con vergonzosas rebajas de precio de última hora. Esos tiempos son pasados, pero podemos decir que la aplicación de los contratos fue por la forma mayoritaria y no general en que se aplicaron, una decepción para la inmensa mayoría. La ley daba oportunidad de establecer fórmulas para precios ligadas a variables con la filosofía de compartir pérdidas y beneficios,. Pero no, los más de nuestros primeros compradores prefirieron un contrato plano que deja a productores e industria descolocados en precio en el contexto europeo,; estos precios “negociados” serán siempre a la baja para que los primeros compradores tengan sus espaldas cubiertas.

Mención a parte merecen las Organizaciones de Productores Lácteos, considero que aquí se nos debe una explicación de como después de años desde su creación la actividad para la que fueron creadas es nula en Galicia. Otra oportunidad perdida y los actores echándose los trastos a la cabeza, pero en síntesis cero litros negociados ilustran lo que fue otro fracaso de todos los actores implicados.

El COVID-19. Reflexiones sobre el futuro del sector

El pasado 13 de Abril el Presidente francés Emmanuel Macron en un discurso televisado ante más de 40 millones de personas dijo que “hay bienes y servicios que deben de estar fuera de las leyes de mercado”, destacando en primer lugar la agricultura y la alimentación. Esta idea fuerza esperemos que se plasme en algo tangible a nivel global y que los actores que intervienen en el mercado de materias primas sean aquellos que las producen, las transforman, las distribuyen y las consumen, eliminando de esta ecuación a aquellos especuladores que son ahora los que manejan este mercado.

A mediados de Marzo el Gobierno español decretó el estado de alerta creándose una situación nueva para toda la población. Todos tenemos en mente cuál fue la reacción de la población en cuanto a cobertura de necesidades básicas. El aprovisionamiento de alimentos para el confinamiento fue prioritario y las compras de comida se incrementaron en la primera semana de confinamiento un 29,8 % en España. La garantía del aprovisionamiento alimentario es una de las claves del confinamiento pues si hubiera el mínimo riesgo de desabastecimiento alimentario las medidas de confinamiento saltarían por los aires por causas que todos entendemos. Lo prioritario es poder comer todos los días.

Luis Enjuanes, investigador del CNB-CSIC para el coronavirus, declaraba hace unos días que daba lástima ver como no tenemos una industria que fabrique cosas tan simples como máscaras, respiradores o trajes de protección. Tiene razón este investigador, la economía española disminuye año tras año su capacidad industrial, fabricamos fuera, y el sector servicios con el turismo a la cabeza marcan el destino económico del país.

La alimentación no quedó fuera de esta tendencia, según datos del ICEX en el año 2018 la balanza comercial alimentaria española fue de +11.376 Millones de euros, pero en un análisis de volúmenes vemos que la balanza es negativa en 9 Millones de toneladas al año, con la preocupante cifra de un déficit en cereales de 16 Mtm.

-En Galicia, vergel atlántico, las cifras son desoladoras, según datos oficiales del ICEX, desde el año 2011 donde la balanza alimentaria era casi cero, pasamos en el año 2017 a un déficit alimentario de -586,40 millones de euros (1% del PIB gallego). De nuevo la cifra de cereales es muy preocupante, con una balanza negativa de 202,90 millones de euros anuales.

Espero que la sociedad y gobernantes interioricen después de esta pandemia la importancia que tiene producir alimentos. Es por ello que me atrevo a hacer los siguientes desiderata:

-Se estima una pérdida de un 30% de la Superficie Agraria Últil (SAU) gallega en los últimos treinta años. Revertir esta situación es una prioridad máxima. Llevamos dos años escuchando lo de la “Ley de recuperación y puesta en valor de la tierra agraria de Galicia” y seguimos sin tener novedades sobre ella.

-Podemos decir que la dependencia de la producción de concentrados en Galicia para alimentación animal es próxima al 100% de la importación de materias primas. Esto crea una debilidad estructural en los sectores de ganadería intensiva y en menor medida en los rumiantes. La SAU perdida está ahora en Argentina, Brasil o EE.UU.

La merma de insumos externos en las explotaciones de leche debe de ser una prioridad, no es producir menos sino que es producir diferente. Para ello producir más y mejores forrajes se hace clave en la estrategia a seguir por el sector. Necesitamos movilizar más SAU para las explotaciones de leche.

 “Necesitamos más tierras en Galicia para las ganaderías de vacuno de leche”

La investigación agraria debería volver a ocupar un lugar prioritario en la política agraria, lo estamos viendo con el episodio del COVID-19, la investigación tiene que ser estructural y no una coyuntura.

La clave de todo lo anterior está en que los gobiernos asuman la responsabilidad para la que son elegidos y ahora más que nunca, priorizar el bien común sobre los intereses particulares. La producción de alimentos debe de ser prioritaria en cualquier acción de gobierno.

Los ciudadanos tenemos nuestra responsabilidad también en la puesta en valor de los alimentos que consumimos. Italia, un país de renta per cápita semejante a la española gasta un 19% más en su alimentación que el gasto medio español.

César Resch Zafra
Doctor Ingeniero Agrónomo. Investigador
Vocal de Terra e Leite

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