
Juan Picos es Profesor en la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad de Vigo, por la que también es Doctor. Desde 1998 ha participado en más de 30 proyectos de I+D+i de ámbito autonómico, nacional e internacional con financiación pública y privada. Atendió nuestra llamada luego de días de intenso trabajo analizando tanto lo que sucedió durante los fuegos como lo que puede suceder a corto y largo plazo. Y también lo que sucedió antes de los incendios.
-¿Qué medidas paliativas para mitigar los efectos de los incendios se pueden aplicar en las semanas siguientes a que sean extinguidos?
Ante todo, tener en cuenta que durante muchas semanas seguirá habiendo riesgo de que los montes vuelvan a arder con virulencia. Dicho esto, y respecto de esta ola, lo primero que hay que hacer es diagnosticar bien lo que pasó. De ese diagnóstico saldrán las medidas.
Desde que un incendio se da por controlado hasta que realmente se extingue pueden pasar días. Incluso aunque llueva. Cuando se comprueba que ya no hay rescoldo, hay que determinar las áreas de intervención en función de la gravedad del fuego y de la situación de cada zona (pendiente, geología, vegetación que ardió…). Con esa información se procederá a las labores de consolidación en aquellas zonas donde pueda haber más riesgo de arrastres y de erosión. Sería, por lo tanto, un trabajo en tres fases: diagnóstico, estabilización y recuperación.
– La opinión mayoritaria de los técnicos es que esta ola de fuegos fue única y que nunca se había vivido nada igual en cuanto a las características y el comportamiento de los incendios. ¿Fue así? ¿Por qué motivos?
Se puede decir que lo que vimos esta vez fue como una mezcla de lo que habíamos vivido en 2005 en Laza, en 2022 en O Courel, o en el área metropolitana de Vigo en 2017. Fue como juntar todos esos fuegos en un espacio continuado. Es cierto que nunca habíamos visto algo así, pero sabíamos que podía pasar. Porque la confluencia de clima, combustible vegetal y características del terreno llevaban a contemplar este posible escenario que finalmente se produjo.
Que algo nunca haya pasado no implica que no vuelva a pasar. Y en este caso puede pasar modificado y amplificado.
Antes de 2022 no habíamos tenido incendios de más de 10.000 hectáreas. Era un límite psicológico. Este año vamos a tener dos que superen las 20.000. La inercia del clima y el territorio llevan a que cada vez los fuegos sean más extensos y ese límite psicológico crezca con ellos. También vimos que ardieron zonas en Valdeorras y Quiroga que ya habían ardido en 2022, lo cual indica la capacidad de regeneración de la vegetación del monte.
En el caso de los incendios forestales en Galicia, el razonamiento «esto nunca ha pasado y, por lo tanto, no va a volver a pasar» es erróneo. Todo esto puede volver a suceder, modificado y ampliado, si no comenzamos a actuar sobre las condiciones que lo favorecen. No estamos ante fenómenos de probabilidad baja. Sabemos que es muy probable que vuelva a pasar. Lo que no sabemos es cuándo y dónde.

La intensidad del fuego llevó a que se formasen columnas convectivas
– Otra visión extendida es la de que el trabajo de los equipos de extinción pudo ser poco efectivo porque las características del fuego hacían inviable atajarlo. ¿Cree que eso fue lo que pasó?
En muchos incendios hay un momento denominado «fuera de las capacidades de extinción» en el que no es posible atacarlo de forma directa. En ese caso hay que dejar los frentes y trabajar en zonas en las que el fuego pueda llegar para reducir sus efectos y proteger aquello que esté en el camino del fuego. Eso fue lo que sucedió estos días, incluso con jornadas en las que no se pudieron emplear algunos medios aéreos por el humo y las tormentas secas.
Al hablar de fuegos se contabilizan las hectáreas quemadas. En el caso de extinción, lo que se mide es el perímetro, la línea de frente del fuego que se expande. Cada hora que pasa, ese perímetro aumenta exponencialmente y, con él, el número de viviendas, animales y estructuras a las que amenaza. Así, llega un momento en que los medios de extinción se saturan. Los medios pueden ir de un sitio a otro, pero siempre irán más despacio que el fuego.
Cuando hablamos de extinción, lo que importa no son las hectáreas quemadas sino el perímetro que abarca el frente del fuego.
Excepto la desgracia acontecida en Oímbra, y teniendo en cuenta la magnitud y características de los incendios, se puede decir que el número de daños sobre la población y sobre los equipos de extinción fueron razonables. Es decir, el trabajo tuvo que centrarse menos en apagar el fuego y más en salvar vidas, viviendas, ganado y cultivos. Y con notable éxito para lo que fueron estos incendios. Hay que recordar que la prioridad en la extinción por la ley de protección civil es primero salvar personas, después bienes y después valores naturales.

Los incendios no siempre pueden ser atacados en su frente de avance
Un fuego es como una maratón: la primera hectárea que arde no es igual que la número 30. Para los dispositivos de extinción tampoco. A medida que pasan los días el servicio está más cansado, más fragmentado y con un enemigo -el fuego- cada vez más grande.
– Un debate abierto está en la causa de los fuegos, que pueden ser muy variadas. ¿Qué cree que fue lo que pasó aquí?
Eso es algo que todavía habrá que investigar en profundidad. En Galicia se montó hace años la Unidad de Investigación Forestal (UIFO), dentro de la Consellería do Medio Rural. Más allá de las pesquisas de las fuerzas de seguridad, la labor de la UIFO ya está dando frutos y llegan a saber cuándo un fuego es accidental o provocado y a determinar con fiabilidad las circunstancias en que se produjo.
Cuando hablamos de causas hay que distinguir entre las causas de ignición -esa primera chispa que prende- y las causas de propagación, las que llevan a que el fuego se propague. Dentro de las segundas están el estado, cantidad y disponibilidad de combustible. En el macizo orensano había mucho combustible, muy seco y muy accesible.
En los incendios forestales hay que distinguir entre las causas de ignición y las causas de propagación.
Más allá de lo que se descubra, mi opinión es que no sucedió nada diferente de otros años. Seguro que hubo gente que puso fuego, gente que lo causó por error o descuido y fuegos accidentales (por ejemplo una chispa en una línea eléctrica). Pero, una vez que ya ardía, hubo elementos que sí lo hicieron diferente.
Es el caso de los focos secundarios, la meteorología con tormentas secas y las columnas convectivas. Estas son esa especie de enormes nubes de humo y chispas que salen del suelo y que queman muchísima energía que mandan hacia arriba y que contribuyen a esparcir el fuego al caer.
– Todos los ganaderos afectados con los que hablamos desde Campo Galego coinciden en señalar las quemas de invierno como un mecanismo eficaz para prevenir los fuegos pero que no se está aplicando. ¿Comparte esta opinión?
Como dije, el estado, cantidad y disponibilidad del combustible es un aspecto clave para que el fuego se expanda o no. Para tener control sobre ese combustible, necesitamos todas las herramientas a nuestro alcance: desbroces, franjas de seguridad, gestión forestal y agroganadera…y también las quemas de invierno, sí.
Tenemos que ser capaces de buscarles un acomodo que permita aprovechar su eficacia reduciendo sus riesgos. Durante décadas estuvieron prohibidas y ahora las recuperamos como mecanismo sostenible frente a los incendios. Lo malo es que la prohibición llevó a que se perdiera el conocimiento y ahora hay que reaprenderlo para que se hagan correctamente y en los momentos precisos.

Las quemas de invierno constituyen una de las herramientas de prevención de incendios
– La mayor parte de lo que ardió fue matorral. Un matorral que, en el caso de Valdeorras, ya había ardido hace tres años. ¿Habría que reforestar esas zonas? ¿Con qué especies?
No lo creo. Las zonas altas de Galicia siempre fueron de vegetación no arbórea e incluso algunas son hábitats de interés. La mayoría de especies de matorral que tenemos en Galicia son pirófitas y están adaptadas al fuego, por eso rebrotan al poco tiempo de arder.
Las quemas controladas pueden ser muy eficaces. Pero tenemos que recuperar ese conocimiento para que sea eficaz.
En esas zonas, una mezcla de presencia de ganado y de quemas de invierno profesionalizadas servirían para tener barreras frente al fuego y para reducir la carga de combustible. No olvidemos que el matorral crece pero deja por debajo capas muertas y secas, que son las que más fácil arden. Si mantenemos matorrales bajos y pastados, reducimos los fuegos.
Por eso, no creo que poner árboles en los montes que ardieron sea la solución. Tan solo en zonas muy concretas y con especies muy concretas capaces de adaptarse. Cuando se hace una plantación de árboles, primero hay que pensar por qué y para qué se hace. No puede ser la respuesta rápida a una situación de desgracia.
– Aunque se declararon diferentes fuegos, hubo días en el macizo orensano en los que parecía que se trataba de un único incendio porque no había discontinuidad. ¿Por qué se produjo esa situación? ¿Cómo se puede evitar?
Una primera causa está en el calor y la sequía. Los vientos desecantes durante todo el día y las noches que no enfrían y no permiten recuperar humedad se prolongaron durante semanas. Eso unido a las tormentas secas y a los focos secundarios llevó a tener la sensación en alguna jornada de que entre el centro-norte de Portugal y casi hasta Cantabria había una autopista de fuego.
Los cortafuegos son eficaces en algunos casos. En este no lo fueron por todas esas condiciones antes dichas y por los focos secundarios y la radiación de los fuegos. ¡Pensemos que estos incendios cruzaron la A-52 y el río Sil! Los cortafuegos son útiles para apoyo a la extinción y para detener fuegos de flancos que permitan la entrada y salida de los equipos de extinción.
Por otro lado, el paisaje mosaico es de mucha ayuda para frenar la inercia del fuego. Cualquier discontinuidad hace que el fuego frene la velocidad y dé más opciones de combatirlo. Por el contrario, si todo el paisaje es igual, va a arder de forma uniforme. La diversidad de usos de la tierra es una barrera para las llamas. En algún sitio puede ser con pastos, en otro con frondosas, en otro con viñas…dependerá de cada sitio.
Trabajamos para identificar las áreas que pueden favorecer que se propague el fuego y para poder intervenir en ellas.
Yo participo en un proyecto en el que estamos determinando lo que se llama «áreas estratégicas de gestión». Se trata de identificar las zonas del territorio que son claves en la propagación de los grandes fuegos. Si somos capaces de determinar en cada territorio cuáles son las áreas potencialmente más proclives a favorecer que se expanda el fuego, podremos actuar preventivamente sobre ellas.
Estamos recogiendo todo tipo de datos y trabajando con simuladores y con la IA reproduciendo condiciones que ni siquiera se produjeron todavía para tener toda la información posible que permita ejercer políticas de prevención específica en esas áreas y, llegado el caso, actuar prioritariamente sobre ellas cuando el fuego se produzca. Hasta podríamos reproducir las condiciones y comportamiento de un fuego y predecir su evolución sin que este sea real. Sería una herramienta muy útil.

Picos trabaja en un proyecto para identificar las áreas más proclives a arder e expandir incendios
También trabajamos en los aspectos jurídicos. Porque queremos que esta herramienta pueda ser de aplicación por su utilidad pública. Por ejemplo, si hay un propiedad o una comunidad de montes sobre los que hay que actuar con medidas de prevención, tenemos que tener el respaldo legal para intervenir.
– Es una opinión común que en 2022 fueron los castañares los que frenaron los fuegos de O Courel. Sin embargo, esta vez ardieron zonas de castañares como Vilardevós o Riós. ¿Cuál fue la diferencia?
Esa opinión es discutible. En 2022 la combinación del tipo de vegetación, su estructura y el lugar donde se ubicaba hizo efecto para frenar el fuego. Los incendios no entienden de especies, entienden de combustible. Un castañar maduro, que mantiene sombra y está cerca de ríos, fuentes o manantiales mantiene unas condiciones de humedad que hacen que sea más difícil que arda. Eso fue lo que pasó en las zonas más bajas y fluviales de O Courel. En cambio, en terrenos secos, con castaños u otras frondosas que hay que regar y que todavía no son muy adultas ya vimos que no tuvieron defensa.
Y hay que aclarar que los castaños o los alisos se dan en esas zonas frescas y húmedas. En la cima de los montes no sobrevivirían. Quiero decir que no en todos los sitios podemos tener frondosas y que tampoco todas las frondosas van a detener el fuego; dependerá de las condiciones en que estén. También hay que tener paciencia: las frondosas que coloquemos hoy en zonas aptas para ellas pueden tardar 25 años en ser efectivas. La naturaleza no es mágica.
– Como en todos los incendios, hubo lugares que ardieron y en los que los árboles quedaron en pie, con diferentes grados de deterioro. ¿Qué se puede hacer con esa madera?
Dependerá mucho del nivel de afectación. Si el árbol está vivo -aunque presente quemaduras en alguna zona- esa madera no es urgente sacarla. También puede ser que esté chamuscada y que acabe secándose. O que esté muerta. En los dos segundos supuestos, esa madera va a comenzar a pudrirse y todo el tiempo que pase sin que se retire juega en contra de una posible utilización posterior. De servir para hacer palés o cajas, pasa directamente a tener que ser triturada para tableros o biomasa.
Como científicos, tenemos la intención y el deber de estudiar este incendio en profundidad para dotar a la sociedad de herramientas frente al fuego.
Por eso es tan importante esta fase de diagnóstico posterior al fuego. Para fijar las prioridades de recuperación en cada caso concreto y que los terrenos ardidos vuelvan a tener valor. Si se hace un aprovechamiento rápido de la madera que todavía es útil, habrá más recursos económicos para volver a arrancar nuevos proyectos en los terrenos quemados.

La gestión de la madera que queda en los montes es algo prioritario según se extinguen los incendios
– Por la extrema gravedad de estos incendios, ¿van a ser objeto de estudios científicos?
Por supuesto. Ya desde que comenzaron, proyectamos cómo investigarlos. Con la información que extraigamos podremos elaborar modelos predictivos de cara a futuros fuegos. Vamos a hacer un análisis en profundidad y contrastar lo que sucedió aquí con lo que llevamos investigado y observado hasta ahora.
No es solo que vayamos a investigar. Es que es nuestro deber hacerlo. Los trabajadores de los servicios públicos tenemos que proporcionarle a la sociedad herramientas para enfrentar estos problemas. No solo explicarles lo que pasó, sino también aportar soluciones para que no vuelva a pasar o, al menos, que no suceda con tanta intensidad.
Español









Control OJD