Las altas temperaturas representan una amenaza creciente para la rentabilidad de las explotaciones lecheras. El impacto del calor sobre las vacas de alta producción va mucho más allá de una reducción puntual de la producción de leche: afecta al consumo de alimento, al metabolismo, a la reproducción y a diversos parámetros relacionados con la salud y el bienestar de los animales.
Ante este escenario, el control del estrés térmico se ha convertido en una prioridad para ganaderos y nutricionistas, que disponen de un amplio abanico de herramientas de manejo y nutrición para minimizar sus efectos.
¿Cuándo aparece el estrés térmico?
El estrés térmico se produce cuando el balance calórico del animal es positivo, es decir, cuando la producción y ganancia de calor superan la capacidad de disipación del organismo.
En vacas lecheras de alta producción, este umbral se sitúa habitualmente a partir de un Índice de Temperatura-Humedad (ITH) de 68, equivalente aproximadamente a una temperatura de 24 °C con una humedad relativa del 50 %. Estos animales son especialmente sensibles debido al elevado calor metabólico generado por la producción de leche y por los procesos fermentativos que tienen lugar en el rumen.
La zona de termoneutralidad de la vaca Holstein se sitúa aproximadamente entre los 5 y los 25 °C. Cuando se superan estos valores, el animal pone en marcha distintos mecanismos de defensa para disipar calor, como el jadeo, la vasodilatación periférica o la reducción voluntaria del consumo de materia seca.
Precisamente esta disminución de la ingesta constituye uno de los principales retos nutricionales durante el verano, ya que puede comprometer el aporte de nutrientes necesarios para sostener la producción, la fertilidad y el equilibrio metabólico.
Consecuencias productivas, reproductivas y sanitarias
Las pérdidas económicas asociadas al estrés térmico son considerables. Diversos trabajos describen reducciones productivas que pueden oscilar entre 5 y 20 litros de leche por vaca y día, dependiendo de la intensidad y duración del episodio de calor, así como de las medidas de mitigación implementadas en la explotación. Sin embargo, el impacto va mucho más allá de la producción láctea.
-Reproducción
Las elevadas temperaturas afectan negativamente a la eficiencia reproductiva. Durante los meses de verano es frecuente observar una reducción de las tasas de concepción, asociada tanto a una menor expresión de los celos como a alteraciones fisiológicas que pueden comprometer la viabilidad embrionaria temprana.
-Salud ruminal y metabolismo
El estrés térmico modifica el comportamiento alimentario de las vacas. Los animales tienden a realizar menos visitas al comedero, pero con ingestas más concentradas, lo que incrementa el riesgo de inestabilidad ruminal.
Además, la reducción de la rumia y de la producción de saliva disminuye la capacidad tamponadora natural del rumen, aumentando la necesidad de adoptar estrategias nutricionales que favorezcan un entorno ruminal estable durante los meses de calor.
Por otra parte, la disminución del consumo de materia seca favorece situaciones de balance energético negativo que pueden afectar a la eficiencia metabólica de los animales.
-Bienestar animal
El jadeo continuado constituye uno de los principales indicadores de estrés térmico. Este mecanismo fisiológico ayuda a disipar calor, pero también implica cambios en el equilibrio ácido-base del organismo que pueden repercutir sobre el metabolismo y la función digestiva cuando las condiciones de calor se prolongan en el tiempo.
El DCAD y el carbonato potásico: equilibrio electrolítico en verano
Uno de los pilares nutricionales en el manejo del estrés térmico es la gestión de la Diferencia Catión-Anión de la Dieta (DCAD).
Durante los episodios de calor, el incremento de la frecuencia respiratoria provoca alteraciones en el equilibrio ácido-base y modifica las necesidades de determinados minerales. Como consecuencia, las vacas pueden requerir un mayor aporte de sodio y potasio para mantener un adecuado equilibrio electrolítico.
Por ello, durante el verano suele recomendarse incrementar el DCAD de la dieta hasta valores comprendidos entre +35 y +40 mEq por cada 100 gramos de materia seca, siempre dentro de una formulación equilibrada adaptada a las necesidades de la explotación.
En este contexto, el carbonato potásico (K₂CO₃) se ha consolidado como una fuente de potasio ampliamente utilizada en nutrición de vacuno lechero. Su utilización permite aportar potasio y contribuir al ajuste del DCAD de la ración de forma eficiente.
Diversos estudios han mostrado que la suplementación adecuada de potasio durante periodos de calor puede contribuir al mantenimiento del consumo de materia seca y apoyar el equilibrio fisiológico de los animales en situaciones de elevada temperatura ambiental.
Otras fuentes minerales utilizadas habitualmente incluyen el bicarbonato sódico, que además aporta capacidad tamponadora al rumen. La suplementación con sodio también adquiere especial relevancia para favorecer el consumo de agua, cuyas necesidades pueden duplicarse durante el verano y alcanzar los 150-200 litros por vaca y día.

Capsaicina: el papel de los fitogénicos en el confort térmico
Entre las herramientas nutricionales emergentes destacan los aditivos fitogénicos, y especialmente la capsaicina, principio activo presente en los pimientos del género Capsicum.
En rumiantes, la capsaicina ha sido objeto de numerosas investigaciones por su posible influencia sobre distintos procesos fisiológicos relacionados con la digestión y la utilización de nutrientes. Su mecanismo de acción parece estar relacionado con la activación de receptores TRPV1 presentes en el tracto digestivo.
Diversos estudios han observado que la suplementación con extractos estandarizados de capsaicina puede formar parte de estrategias nutricionales orientadas a apoyar el consumo de materia seca y la eficiencia alimentaria durante periodos de estrés térmico.
Asimismo, algunos trabajos han descrito efectos positivos sobre parámetros asociados a la estabilidad del ambiente ruminal y determinados indicadores fisiológicos relacionados con la respuesta del animal frente a situaciones de estrés ambiental.
Otras estrategias nutricionales de interés
-Grasa protegida y energía concentrada
La reducción de la ingesta obliga a incrementar la densidad energética de la dieta. Las grasas protegidas o grasas bypass constituyen una herramienta eficaz para aportar energía adicional sin incrementar significativamente el calor derivado de la fermentación ruminal.
-Proteína de alta calidad
El aporte de proteína metabolizable debe mantenerse para sostener la producción láctea. Las fuentes de proteína no degradable en rumen (PNDR) permiten optimizar el aprovechamiento proteico y mejorar la eficiencia nutricional durante los periodos de calor.
-Tampones y levaduras vivas
El bicarbonato sódico, el óxido de magnesio y las levaduras vivas de Saccharomyces cerevisiae forman parte habitual de las estrategias nutricionales destinadas a favorecer la estabilidad del ecosistema ruminal y la eficiencia digestiva durante los cambios en el patrón de ingestión característicos del verano.
-Niacina
La niacina o vitamina B3 se emplea frecuentemente en programas nutricionales de verano debido a su participación en diversos procesos metabólicos relacionados con el funcionamiento normal del organismo.
Manejo en granja: la otra mitad de la solución

Las medidas nutricionales pierden eficacia si no se acompañan de una adecuada gestión ambiental.
Sistemas de refrigeración
La combinación de ventiladores de alta velocidad con sistemas de aspersión de agua continúa siendo una de las medidas con mejor retorno de inversión en explotaciones intensivas. Los ciclos alternos de mojado y secado favorecen la evaporación y ayudan a mejorar el confort térmico de los animales.
Diseño de instalaciones
Cubiertas elevadas, ventilación adecuada, orientación correcta de las naves y materiales reflectantes contribuyen a reducir la carga térmica sobre el ganado.
Gestión de la alimentación
Distribuir una mayor proporción de la ración durante las horas más frescas del día favorece el consumo de materia seca y mejora la eficiencia alimentaria. Del mismo modo, incrementar la frecuencia de empuje de la ración ayuda a mantener el alimento accesible y atractivo para los animales.
Agua fresca y accesible
El acceso permanente a agua limpia y fresca es esencial. Garantizar suficiente espacio de bebedero y una adecuada renovación del agua constituye una de las medidas más rentables durante los meses de verano.
Densidad animal
Reducir la competencia por el espacio en comederos y bebederos contribuye a mejorar el confort y el acceso a los recursos en condiciones de altas temperaturas.
Coolcare®: una estrategia integral para afrontar el estrés térmico

El estrés térmico es un desafío multifactorial que requiere una respuesta integrada. Ninguna medida aislada resulta suficiente para afrontar con éxito los efectos del calor sobre la vaca lechera de alta producción.
Con el objetivo de apoyar a las explotaciones durante los periodos de elevadas temperaturas, De Heus ha desarrollado Coolcare®, una estrategia integral que combina recomendaciones de manejo con soluciones nutricionales específicas para vacuno de leche.
Coolcare® incorpora una combinación de buffers, fuentes minerales, capsaicina y tecnologías de conservación destinadas a favorecer la estabilidad de la mezcla en el comedero y apoyar el equilibrio nutricional de los animales durante los meses más cálidos del año.
Este enfoque busca contribuir al mantenimiento del consumo de alimento y agua, preservar la calidad de la ración durante más tiempo y facilitar la aplicación de programas nutricionales adaptados a las condiciones estivales.
La eficacia de cualquier estrategia frente al estrés térmico depende de su correcta integración con las medidas de ventilación, refrigeración, disponibilidad de agua y manejo general de la explotación. Por ello, la evaluación individualizada de cada granja resulta fundamental para establecer las recomendaciones más adecuadas.
Ante un escenario climático cada vez más exigente, la anticipación y la planificación seguirán siendo las mejores herramientas para reducir el impacto del calor sobre la productividad y la eficiencia de las explotaciones lecheras.
Para obtener más información sobre las estrategias de alimentación y manejo aplicables durante los periodos de estrés térmico, consulte con el equipo técnico de De Heus.
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