En la controversia sobre la conveniencia o no de la continuidad de la prórroga de la moratoria del eucalipto en Galicia, más allá de las posiciones enfrentadas entre una prórroga indefinida y una supresión inmediata de la moratoria, conviene considerar si existen alternativas que permitan una solución equilibrada y viable.
Más que reducir la discusión a una dicotomía rígida, sería sensato analizar si hay margen para fórmulas intermedias que atiendan a las diferentes sensibilidades, las necesidades de los propietarios forestales, y garanticen un futuro para todos los que llevan apostando con trabajo e inversiones por el sector en sus diferentes cadenas de valor.
En primer lugar, es fundamental que la Consellería de Medio Rural, explique los motivos que justificaron la moratoria y valore se siguen vigentes o si las circunstancias cambiaron.
Contexto de la moratoria
No se puede olvidar que fue declarada en el 2021, antes de disponer de los datos del 1º Inventario Forestal Continuo de Galicia de 2023, cuando se estimaba desde distintos ámbitos una superficie de más de 600.000 hectáreas de eucalipto, previsión rebajada por el inventario a una cifra ligeramente por encima de las 400.000 hectáreas.
Además, tampoco se había previsto en el monte gallego el ascenso de 130.000 hectáreas adicionales de masas de frondosas autóctonas. Por otra parte, tampoco se contemplaba de aquella la posible instalación de una fábrica transformadora con capacidad para procesar hasta 2,4 millones de toneladas de eucalipto en Galicia, ni era posible prever la actual virulencia de la banda marrón del pino radiata.
Para opinar sobre la moratoria, es necesario entender qué es, y cuál es su alcance. Recordando que no afecta a la prohibición de plantar en tierras agrarias, ni de sustituir masas de caducifolias por eucaliptos, ni de limitar la expansión del eucalipto en la Red Natura. Ya que todas estas restricciones ya estaban firmemente establecidas previamente, con amplio consenso y marco legal estable, y lo seguirán estando con independencia de cómo se pueda resolver la moratoria, pues no dependen de ella.
En realidad, lo que la moratoria limita en la práctica es la posibilidad de nuevas plantaciones de eucalipto en terrenos forestales actualmente a matorral, o la conversión en eucaliptales de los pinares tras su tala, o tras su previa destrucción por incendio o dolencia fitosanitaria. Ese es su alcance. Por ello es fundamental realizar un análisis que permita entender la dinámica de las interacciones entre las superficies de pinos y eucaliptos.
Crisis de los pinos
Los datos entre inventarios forestales muestran que las coníferas desaparecieron a un ritmo próximo a 10.500 hectáreas anuales entre 2010 y 2022, mientras que los eucaliptos aumentaron a una tasa en el entorno de las 3.400 hectáreas anuales. Esto indica que la superficie de la que desaparecieron los pinos vino siendo muy superior a la que se pudo tener plantada con el eucalipto.
Los pinares descendieron a un ritmo superior al que se plantaron los eucaliptos
Esta situación evidencia que la crisis de los pinos no se debe exclusivamente a la mayor rentabilidad del eucalipto, sino a causas varias más profundas.
La agudización de la dolencia de la banda marrón del pino radiata en plena moratoria agravó aún más la crisis y el abandono de los pinares, ya que actualmente no existe una solución eficaz para combatirla.
Como consecuencia, muchos propietarios que no desean replantar radiata porque ya perdieron plantaciones por la dolencia, se ven imposibilitados de recurrir al eucalipto como alternativa productiva. A su vez, si la moratoria se levantara sin más, mucha de la superficie de pinos afectada por la banda marrón podría reconvertirse de golpe a eucalipto, agravando la crisis de las coníferas en la Eurorregión Galicia- Norte de Portugal.
¿Sería posible encontrar una fórmula para conciliar de alguna manera estos dos extremos? Vale la pena trabajar en ello.
El verdadero peligro para el monte gallego es el abandono
La ordenación, regulación y apoyo a los pinos y a su cadena de valor son necesarias, pero con análisis y racionalidad, y evitando medidas que desincentiven la gestión forestal, pues el verdadero peligro para el monte gallego y para el sector forestal está en el abandono.
Así, hay voces en el sector que sostienen que la moratoria por sí sola no resolverá la crisis del pino. Que sin medidas específicas de apoyo a la cadena de valor de la conífera, de poco servirá impedir plantaciones de eucalipto. También, insisten en que la estrategia para enfrentar la brutal regresión de las coníferas en el monte gallego, y que amenaza el futuro de la cadena de valor que depende del pino (cadena imprescindible para Galicia), no puede reducirse a frenar una opción, sino a crear condiciones para recuperar a otra.
Sin incentivos idóneos, ni siquiera una prohibición amplia del eucalipto garantizaría una restauración efectiva de las masas de pino.
La enfermedad de las bandas del pino radiata ha trastocado las nuevas plantaciones de pino en amplias zonas de Lugo y A Coruña
También es cierto que el Plan Forestal establece restricciones claras, incorporadas a la normativa forestal, que deben seguir vigentes por su amplio consenso: no plantar eucaliptos en la Red Natura, no ocupar tierras agrarias, no sustituir frondosas autóctonas.
Pero dentro de ese marco, cabe preguntarse si todo lo demás, teniendo en cuenta los cambios habidos desde 2015, debe mantenerse inalterable, especialmente a la vista de los resultados del Inventario Forestal Continuo de Galicia, y nuevos retos socioeconómicos en el rural y en Galicia.
Una opción es permitir nuevas plantaciones de eucalipto a cambio de instalar coníferas y frondosas en otras parcelas
La cuestión de Altri
Como se mencionó, otro de los factores que no estaban previstos en el momento de la declaración de la moratoria, era la posible puesta en marcha de la fábrica de Altri para la producción de viscosa, lyocell y celulosa. Con independencia de la reciente publicación de su Declaración de Impacto Ambiental favorable, a día de hoy está en el aire, y no se sabe sí finalmente se hará.
En cualquier caso, conviene preguntarse si existe algún plan o estimación sobre cuánto podría incrementarse la producción de eucalipto para abastecer una nueva industria de 1,2 millones de toneladas (2,4 millones en la segunda fase), sin necesidad de ampliar la superficie plantada.
¿Podría alcanzarse el incremento del 20% de la producción actual de eucalipto necesario en la primera fase mediante mejoras genéticas y técnicas silvícolas, o sería imprescindible aumentar la superficie de plantación?
Si después de ponderar todos estos factores se optara por una renovación de la moratoria, esta en todo caso debería de establecer un plazo sensato y revisable, pero también venir acompañada de los recursos necesarios para cumplir los objetivos marcados.
Apoyo a las coníferas
Sin una apuesta decidida de la Xunta, con financiación suficiente y estable, sin poner los medios públicos de investigación al servicio de la mejora genética del pino, del combate eficaz contra la banda marrón del radiata o de la diversificación de coníferas, la moratoria carecería de sentido práctico.
Además, sin un programa ambicioso de incentivos a la plantación y gestión de las coníferas que mejore su atractivo como opción viable para el propietario forestal, no se logrará revertir su pérdida de superficie. Sin acompañarse de todo esto, una simple prórroga sería contraproducente, pues condenaría a la inacción a los propietarios forestales y agravaría los problemas estructurales que estamos sufriendo.
Fórmulas intermedias a la moratoria
Pero también, más allá del escenario de la mera prórroga con objetivos revisados, se podrían explorar fórmulas intermedias. Por ejemplo, ligar la salida de la moratoria a un nuevo marco que permitiese nuevas plantaciones de eucalipto a cambio de un compromiso de plantar coníferas o frondosas en otros lugares.
Otra opción pasa por establecer una tasa que financie la gestión de las frondosas caducifolias
Otra opción es establecer una tasa que financie un fondo para la gestión de la Red Natura. O un fondo para la mejora de la gestión de las frondosas, que tanto aumentaron entre inventarios, y que representan el 43% de la superficie arbolada de Galicia, pero apenas el 2,5% de los aprovechamientos forestales, y siempre amenazadas por el fuego por la falta de gestión.
Existen fórmulas y nos consta voluntad de llegar a acuerdos pactados en el sector forestal.
Todos estos factores deben ser ponderados en su justa medida para decidir sobre la continuidad o no de la prórroga de la moratoria para nuevas plantaciones de eucalipto, así como sobre los plazos más adecuados para su retirada. O, en su caso, para definir una fórmula intermedia de salida. El debate está abierto, y sería esencial para el futuro del sector forestal gallego que no se cerrara en falso. Ni se limitase a un diálogo de sordos.
Los propietarios forestales, opuestos a la moratoria del eucalipto pero favorables a una regulación
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