
Alberte Lamazares y Manuel Faílde son los dos socios de Rousil SC. El proyecto nació de la fusión de dos explotaciones de pastoreo en la parroquia de Río, en el ayuntamiento de Rodeiro y en el Val de Camba, una de las mejores zonas ganaderas de Galicia. Condicionados por la concentración parcelaria, se pusieron en marcha en marzo con un plan todavía muy diferente al que habían proyectado cuando comenzaron.
Aunque no renuncian al pastoreo, ahora mismo en Rousil están funcionando con un sistema de estabulación intensiva en el que el principal elemento que diferencia a la explotación es el modelo de cama fría. Un método de trabajo con el que llevan desde marzo y que es casi único en Galicia.
Hablamos con ellos para conocer este particular sistema, sus impresiones sobre el mismo y los primeros datos que han ido registrando desde que comenzaron a implementarlo. Y también abordamos el funcionamiento y la filosofía de trabajo en la explotación.
Un modelo alternativo
El modelo estaba concebido para un sistema de pastoreo, de manera que las vacas no estuvieran las 24 horas sobre la cama fría. Pero, por ahora, no se ha podido desarrollar porque las fincas de la concentración parcelaria acaban de ser entregadas y está todo un poco en el aire.
«Teníamos muy claro dedicarnos al pastoreo. Ese fue el motivo para optar por la cama fría. Si la intención hubiera sido ir a intensivo, tendríamos cubículos como todo el mundo, porque es algo que está contrastado. Pero los resultados que estamos obteniendo nos hacen ver positivamente la cama fría en intensivo.»

La cama fría reduce los desplazamientos de las vacas
De ahí que, hasta que se clarifique cómo quedan las parcelas y hasta que se tengan resultados de producción de leche, enfermedades de las vacas, fertilidad, costes de producción, mantenimiento y alimentación y todos los demás parámetros, no decidirán si pasan a pastoreo o mantienen el actual modelo intensivo.
El sistema que aplican en Rousil consiste en depositar serrín sobre una superficie habilitada dentro del establo a la que las vacas entran para descansar y salen para comer y pasar por la sala de ordeño. El serrín, que se va compostando con las deyecciones de las vacas, se remueve una vez al día mediante ganchos o, si está muy húmedo, mediante fresadora. Es un trabajo que no lleva más de 10 minutos.
Cada cargamento de serrín que se aplica en el espacio de descanso aguanta alrededor de dos meses. Transcurrido ese tiempo, y después de añadirle los elementos que corrigen la humedad y compactan la mezcla, es preciso cambiar el material. Los ganaderos calculan que en invierno la cama tendrá que cambiarse una vez al mes. Para llenar la cama son precisos dos camiones cargados, a un precio de unos 2.000 euros más IVA.
El mayor esfuerzo que precisa la cama fría está en el vaciado y la extensión de la nueva superficie
El pico de esfuerzo que da la cama fría se da el día que llega el serrín. Hay que desalojar el abono compostado que había, limpiar bien la instalación y extender el nuevo serrín. Al cabo de una semana es cuando se empieza con el removido diario. «La cama fría nos da poco trabajo y, encima, cómodo.»
Y las vacas no tienen riesgo de herirse contra un hierro o con el cemento. Y tampoco pueden resbalar. «El único espacio de cierto riesgo es el de la barredora [arrobadera], pero solo lo atraviesan para ir a comer y nos llega con una para todas estas vacas. En cualquier granja, cuando llega un animal nuevo o entra un grupo de secas, hay alboroto. Aquí también, pero sin que las vacas se hieran.»
La humedad que presente la mezcla sobre la que descansan las vacas es algo que hay que controlar. «En cuanto comienza a subir de más, le echamos tres o cuatro pacas de paja por encima y regulan una semana más o menos. Y también aplicamos un big bag de 600 kilos de cal o de carbonato, que mejoran la calidad de la mezcla y actúan como desinfectantes.»
La humedad de las camas es el parámetro sobre el que más control hay que ejercer
Habitualmente, el serrín que va para camas de vacas tiene cierto grado de humedad. Eso conlleva el riesgo de la presencia de bacterias que deriven en mastitis. En Rousil consiguieron un proveedor que se lo vende totalmente seco, con lo que se reduce el riesgo y se mejora la calidad de la mezcla posterior.

El nivel de sólidos en la leche no se ve afectado en este modelo
La cama tiene una superficie de 85 metros de largo por 14 de ancho, es decir $1.190\text{ m}^2$, y está situada por detrás de los comederos y sin una separación física entre ambos espacios. Una superficie más que suficiente para acoger a más de 90 vacas, que son las que tuvieron de media en ordeño este año.
«Haciendo un cierto porcentaje de centralización de partos —juntarlos en primavera— y sin cambiar el actual modelo, podemos meter en este espacio alrededor de 130 vacas en ese período de concentración y aumentar las lactaciones anuales.»
Los datos de producción de leche y de su calidad avalan, por ahora, este modelo
Los responsables de Rousil no quieren echar las campanas al vuelo hasta tener todos los datos de un año completo. Con todo, señalan que hasta ahora los costes por litro de leche comparados con modelos intensivos de cama individual son muy alentadores. Y recuerdan que en marzo y abril hizo frío y llovió abundantemente sin que la producción o la sanidad se resintieran.
Sin embargo, Lamazares señala que todavía no están aplicando el modelo en todas sus posibilidades porque están en el proceso de adaptación. «No estamos completando el proceso de compostación en cama fría. Para eso tendríamos que tener la cama más alta, incrementarla y trabajarla en dos zonas diferenciadas: la superficial y la que queda en el fondo.»
«Habría que ir trabajando en esa parte más superficial y dejar que la de abajo vaya compostando. De ese modo, las temperaturas aumentan y en combinación con la humedad hacen que las bacterias comiencen a trabajar en el proceso de compostaje.»
Todo producto compostado mejora su calidad como fertilizante. Y ese proceso de compostaje mejora las condiciones sanitarias de la propia cama. Porque las bacterias descomponen la materia orgánica y crean unas condiciones de mayor asepsia.

Los primeros análisis reflejan que el sistema conjuga bienestar animal con alta productividad
Otra parte positiva de la cama fría —como su nombre indica— es la dificultad que tiene para subir de temperatura. Si bien eso hace que el compostaje se demore, también implica que no aporta calor y no hace subir la temperatura de la nave. Porque en los últimos años el calor está reduciendo la producción de leche en verano de muchas granjas.
Y tampoco existe el riesgo de que la cama fría acabe congelándose en invierno. «No dejamos que acumule tanta humedad como para eso. Aparte de que la presencia de las vacas, su movimiento y calor corporal, también lo imposibilitan.»
«Hoy estamos en un camino intermedio entre la cama caliente de toda la vida y la cama fría. Nuestro objetivo inicial era aplicar la cama fría, pero, de momento, no pudimos. Hablamos de que serían necesarios 50 centímetros de altura de cama y 5 o 6 camiones de serrín en lugar de los dos que venimos usando. Es un riesgo y por eso tenemos que pensarlo muy bien antes de dar el paso. Cuando tengamos todas las mediciones, decidiremos.»
Beneficios económicos y sanitarios
Desde que implantaron el sistema de cama fría, en Rousil cobraron siempre las primas máximas por calidades de la leche, lo cual hace pensar que las condiciones que garantiza el sistema desde el punto de vista sanitario son óptimas. El recuento de células se mantuvo siempre por debajo de 190.
«Estimamos que —teniendo en cuenta coste de producción y precio en origen— podemos estar ingresando 0,01 € más por litro que los sistemas de cama de arena y 0,015 más que en los que emplean serrín y carbonato en cubículo.»
Hay que calcular también que la cama fría es más aséptica y va a dar menos problemas con ciertas dolencias y que la mano de obra y horas de trabajo que requiere son mucho menores que en los sistemas convencionales.
También es importante tener en cuenta el residuo que produce. Nosotros tenemos claro que no queremos arena en nuestras tierras. El carbonato y la cal que echamos con el serrín mejoran el pH de la tierra cuando llegan a ella, de ese modo, no es necesario un gran aporte de caliza cuando labramos.

Las vacas tienen los comederos a escasos metros de la cama fría
Desde Rousil dejan claro que su modelo no es ni mejor ni peor que cualquier otro. «Es un sistema diferente. Con sus ventajas y sus inconvenientes. Cada ganadero es un profesional que sabe lo que le conviene en cada momento a su explotación. Y nosotros todavía no tenemos todos los datos de un año como para hacer una valoración exhaustiva y rigurosa.»
Sea en pastoreo o en intensivo, los datos recogidos avalan el modelo de cama fría
Como sucede, por ejemplo, en la Terra Chá, el acceso a la tierra no es fácil en esta parte del Deza. «El val de Camba es una zona muy fértil, con fincas de mucho valor agronómico. Aunque cierren explotaciones, siempre hay interés de las que quedan en hacerse con parcelas en esta zona. Por su productividad.»
Rousil SC está dentro del programa de control de Africor-Pontevedra y son socios de la Cooperativa O Rodo. Y están también en la Agrupación de Defensa Sanitaria Xundeva, que abarca ayuntamientos de toda la comarca del Deza.
Siempre que se pone en marcha un proyecto alternativo o se hace un cambio de modelo, es habitual que vecinos, familiares y amigos se muestren sorprendidos y tengan muchas dudas sobre la viabilidad. «A nosotros también nos pasó, claro. Pero los más agoreros fueron los que nunca vieron una vaca en la vida.»
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