Fanrela, un vino para el optimismo, nacido en plena pandemia

La bodega de Manuel Vázquez Losada es la última incorporación a la DO Monterrei. Este joven ourensano no dudó en seguir con el lanzamiento de su primer vino, pese a las dificultades que el coronavirus dejó en las bodegas en estos meses

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Fanrela, un vino para el optimismo, nacido en plena pandemia

El joven ourensano Manuel Vázquez Losada en uno de los viñedos situado en las proximidades de su bodega.

Cuando Manuel Vázquez Losada comenzó a trabajar para elaborar y comercializar su propio vino, nadie podía imaginar que el mercado se paralizaría tal y como lo hizo a causa de la crisis del coronavirus. Pese a las dificultades que supuso para las bodegas el cierre de la restauración, Manuel no dudó en continuar adelante. «Yo soy bastante decidido y tenía claro que había que seguir, que tenía un vino para dar a conocer, con identidad propia», declara este joven viticultor.

«Tenía claro que había que seguir adelante, pese al coronavirus»

El coronavirus demoró un poco los tiempos que había marcado en un principio. Al igual que el resto de las bodegas, la salida del vino al mercado se hizo con cierto retraso. «Yo contaba con tener el primer vino embotellado ya en febrero y al final se hizo en abril», explica. Sin embargo, Manuel intenta ver el lado positivo. «Al estar empezando no me afectó tanto como a otras bodegas que tenían más cantidad de vino ya embotellado y por vender», indica. Los efectos de la crisis del coronavirus los sintió más en la cafetería que regenta en Castrelo do Val (Ourense), el mismo municipio donde tiene la bodega, y que mantuvo cerrada en los últimos meses.

La bodega Manuel Vázquez Losada es la última incorporación a la Denominación de Origen Monterrei, un sello que comparten ya 27 bodegas de esta demarcación. «Estar bajo la denominación de origen es una oportunidad de negocio, sobre todo a la hora de comercializar un vino de calidad», valora el viticultor.

Fanrela es el primer vino que ponen en el mercado y para el año espera sacar también un tinto.

Fanrela es el primer vino que ponen en el mercado y para el año espera sacar también un tinto. // Foto. Pepe Paz.

Un blanco para abrir camino

Manuel conoció el mundo de la viticultura de mano de sus abuelos y su padre, que ya elaboraban vino para consumo doméstico y para la venta directa en la taberna que regentaban en la villa. Durante los 3 primeros años como viticultor, Manuel se aproximó al oficio de mano de su padre, y con la jubilación de este se decidió a apostar por la calidad y la comercialización de sus propios vinos.

Su primera cosecha en el mercado es un vino blanco bautizado como Fanrela, un nombre vinculado a la historia familiar, puesto que es el apodo con el que se conocía la casa de sus abuelos, donde está ubicada la bodega. Se trata de un vino donde predomina el Godello (60%), junto con Dona Blanca (24%) y Treixadura (16%). «Es un vino fresco en boca, con una muy buena entrada y con aromas a frutas de la tierra, como las manzanas o las peras», detalla el bodeguero.

En esta primera cosecha  ha embotellado unas 6.300 botellas de su vino Fanrela

En esta campaña ha embotellado unos 5.000 litros de vino blanco y para el año prevé duplicar la producción y situarse en los 10.000 u 11.000 litros, puesto que también cuenta sacar al mercado un vino tinto. Precisamente este año ya elaboró un tinto, pero los resultados obtenidos no le convencieron y prefiere descatalogarlo y esperar al próximo año. «Cuando presentas un vino tiene que ser lo mejor que des elaborado y este año no conseguí los resultados que esperaba con el tinto, por lo que prefiero dejarlo para el año», declara el viticultor.

Con la vista puesta en el vino de parcela

Junto con las variedades blancas, cuenta con viñas de Mencía, Araúxa y en menor medida Sousón, de la que proyecta incrementar la producción en los próximos años. Ahora mismo tiene unas 3 hectáreas de viñedo repartidas en varias parcelas próximas a la bodega.

Además, el año pasado realizó la plantación de una parcela de 1,5 hectáreas con cepas de Mencía y Godello. «La finca está situada en una de las mejores laderas para la producción de vino en esta zona», explica el viticultor. A Seara, que así se conoce la finca, cuenta con los ingredientes para elaborar un vino de calidad, aunque la producción se demorará unos años. «Es una zona pedregosa y pobre, en la que no espero grandes cantidades, pero sí conseguir un vino de calidad», concreta.

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Algunos de los viñedos están situados en las cercanías de la bodega.

Este año consiguió alquilar a una comunidad de monte de la zona otras casi 3 hectáreas de terreno cercanas a A Seara, en las que pretende continuar a plantar vides en los próximos años. «Mi intención es seguir a elaborar el vino con las uvas propias. Mi objetivo no es crecer sino que busco tener una bodega que me permita elaborar un vino propio, con identidad y calidad», reivindica el cosechero.

Por el momento, se encarga él mismo de casi todos los trabajos y cuidados que requiere el viñedo y con la ayuda familiar afrontó campañas de mayor carga de trabajo como la vendimia. «Esta cosecha conseguimos sacarla adelante así, pero en cuanto se vaya aumentando la superficie de viñedo a vendimiar habrá que pensar en otras soluciones para esos trabajos», comenta.

También en la elaboración del vino Manuel asume todo el proceso. «Lo más importante es mantener la temperatura controlada durante toda la fase de maceración para así conseguir buenos resultados», comenta el vitivinicultor.

Abrirse hueco en un mercado bajo mínimos

La comercialización del producto es uno de los puntos que más cuesta a muchos viticultores, pese a contar con vinos de calidad. La situación se volvío aún más difícil en un mercado casi paralizado por el coronavirus. Aún así, Manuel trabaja con un distribuir en Santiago y comenzó a dar a conocer su vino a nivel local para, poco a poco, hacerse un hueco en otros mercados. Su cafetería es también una vía para que los clientes comiencen a degustarlo.

Manuel asumió un proceso de renovación de la antigua bodega familiar para comenzar a producir de forma profesional

En estos primeros tiempos de viticultor, Manuel también afrontó la remodelación de la pequeña bodega familiar, adaptándola para poder cumplir las exigencias sanitarias que requieren desde la denominación de origen. «Las principales inversiones fueron para acondicionar tanto las paredes como los techos y destinadas a la compra de maquinaria», concreta el productor. Para afrontar la puesta en marcha de la bodega de manera profesional dispuso de varias subvenciones, como la de incorporación de jóvenes al rural, que le facilitaron el acondicionamiento de las instalaciones.

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