‘Fast wood, slow wood’

Artículo de opinión de la Asociación A Monte, orientada a la valorización de las frondosas autóctonas de Galicia

‘Fast wood, slow wood’

Bosque de frondosas y uces, con un aprovechamiento apícola. / Imagen: Asociación A Monte.

A pesar de la importancia de la superficie de monte en Galicia, alrededor de las dos terceras partes del territorio, las políticas sectoriales por lo visto aún no han conseguido la receta de cómo compatibilizar la gestión del monte con la necesaria y buscada virtud que se espera de tomar amores con un triángulo de funcionalidad económica, social y medioambiental.

Acaso imperan las estrategias diseñadas para una economía de escala, industrializada y productivista que precisa trabajar con parámetros de uniformidad, homogeneidad y adaptación a producción en serie, de forma que se favorece la presencia de modelos de plantación conocidos en el monte gallego: mejora genética y biotecnología enfocadas a crecimiento rápido y volumen, introducción de nuevas especies alóctonas para la adaptación climática a zonas adversas, silvicultura de plantación intensiva, búsqueda de nuevos espacios y usos del suelo para incrementar superficie disponible, empleo intensivo de maquinaria pesada y aplicación de tratamientos crónicos ante plagas y enfermedades.

Un modelo que provoca que las personas propietarias y las empresas forestales, lejos de gestionar un territorio multifuncional que dé contenido al famoso triangulo virtuoso, concentren su capacidad en muy pocas especies y en unos pocos productos, en muchos casos con un bajo valor añadido, pasando a ser ‘maquiladoras’ de producción intensiva.

Por esa vía, se logran rendimientos y réditos económicos individuales que pueden ser sustanciosos a corto plazo, pero, entendemos, que colectivamente procuran escenarios poco resilientes ante los vaivenes de un mercado global, donde abundan competidores con regulaciones laxas y con costes de explotación muy bajos, e incluso sometidos a un férreo control por parte de las empresas alfa dominantes del sector.

Fast Wood (Madera rápida)

Infelizmente, las propuestas y medidas para reducir el consumo, aumentar la duración de los productos y potenciar el reempleo y el reciclaje no parece que cuajen en una sociedad acostumbrada a un consumo masivo, global y de obsolescencia rápida de los productos.

La tendencia de consumo ‘ecofriendly’ está provocando que agentes económicos próximos al consumidor final (textil, embalajes, energía e incluso la construcción y electrónica) tengan una urgente necesidad de presentar alternativas a los productos tradicionales que comercializan y comiencen a procurar nuevas fuentes de recursos sostenibles para dar respuesta a las demandas de sus clientes.

Con estas premisas es de esperar que se intensifique el interés sobre los productos bio-basados, aumentando la demanda de materiales y productos naturales, renovables, sostenibles y de bajo impacto ambiental.

«La producción intensiva y los monocultivos tuercen el posicionamiento del monte como referente de la economía circular y de la lucha contra el cambio climático»

Es por todos reconocida la capacidad que el forestal y sus productos derivados presentan para ayudar a mitigar los efectos del cambio climático, como material sostenible y renovable y con múltiples oportunidades de aprovechamiento y diversificación de sus aplicaciones y productos.

Pero también es criticable que el aprovechamiento de un recurso tan estimable sea para dar satisfacción a un modelo de consumo que continúa necesitado de una producción intensiva, con afición por el monocultivo y ávida de recursos y territorio. Es así cuando, la magnifica oportunidad que presenta el forestal como referente para la mitigación del cambio climático y paradigma para una economía circular tuerce el camino y nos encontramos que los razonamientos y argumentos que sustentan este idea se ven puestos en entredicho.

Son muchas las voces que pregonan la capacidad de retención del carbono de las plantaciones forestales de crecimiento rápido y turnos de tala cortas, del mismo modo también son muchas las que difieren e incluso argumentan que el bosque natural presenta mayores capacidades de retención del carbono que las plantaciones.

El beneficioso efecto de la capacidad de retención de la madera sobre la mitigación de la huella de carbono no encuentra tiempo para retener o secuestrar CO2 si se emplea para productos con un ciclo de vida corto y sometidos a una obsolescencia inducida por motivos de moda, y no de capacidad del material.

La biodiversidad, que debería, por definición, estar presente en todo el territorio, queda relegada a nichos ecológicos y reservas ‘indias’ protegidas, dejando el resto del territorio sumido en un ‘desierto verde’ de monocultivo ultra productivo y rentable, pero también expuesto a las penalidades asociadas a este sistema de gestión, y lejos de lo que muchos entienden por monte.

Visto lo visto, auguran buenos tiempos para la lirica de un monte fast wood, donde los criterios de rentabilidad transforman en atractivo y cautivador vivir entre eucaliptos y los indicadores de la bioeconomía permiten presumir de ser referentes para una nueva era del ‘ecobiopower.

Slow Wood (Madera lenta)

Existen otras personas propietarias y empresas forestales que intentan sacar adelante un modelo basado en un monte con especies autóctonas, mas lento, diverso, multifuncional, sostenible e incluso rentable, que les permita seguir disfrutando de los montes y de otro modo de entender la relación con el medio rural.

No son desertores de la azada, perroflautas y domingueros que hablan de un monte con ayudas, reservas de la naturaleza, bonus track de CO2 e incluso rentas para que los del rural sigan manteniendo este ecosistema tan entrañable, en estado de permanente beatitud, y marco incomparable para foto de prebostes, políticos eco saludables (la mayoría de fotos de políticos son en montes de frondosas, muy pocas, o ninguna, en eucaliptales) y como dijo un economista de renombre, “montes de frondosas, sólo para turismo”.

Estas personas propietarias, que también pagan impuestos, apuestan por vivir de su trabajo y del aprovechamiento de los recursos naturales que les toca gestionar en un rural ‘vaciado’, aspirando a obtener rentas que les permitan mantener una vida digna y darle oportunidades a sus familias, como cualquier otro hijo de vecino con plantación de eucaliptos.

«No es fácil articular un modelo de negocio para un aprovechamiento individual de bosques autóctonos. Son necesarios modelos y proyectos colectivos»

Un territorio con un paisaje multifuncional y diverso puede proporcionar recursos para establecer distintas vías de negocio y aprovechamiento, de manera complementaria y cooperante. Así, aporta una amplia variedad de biomasas y materiales lignocelulósicos para energía, fertilización, química sostenible y de la salud, nuevos materiales biobasados, elementos para construcción, y, por supuesto, alimentación saludable en base a agroforestería y procesado de productos alimenticios ecológicos, de calidad y de proximidad.

Su biodiversidad presenta una oportunidad para ingeniar propuestas de emprendimiento, por parte de la industria cultural, donde poner en valor el patrimonio cultural, natural y paisajístico del territorio.

Madeira de frondosas a monte

No es fácil articular modelos de negocio para un aprovechamiento individual de un territorio con bosques autóctonos, multiespecie y de crecimiento lento e incluso con destino a mercados locales con déficit de consumidores. Pero también es verdad que el mercado demanda y aprecia productos hechos con madera de calidad y degustar alimentos saludables. Por eso cada vez es necesario importar mayores cantidades de madera de frondosas, de las mismas especies que son autóctonas de Galicia, y traer alimentos ecológicos a Galicia, manda narices!, de otras latitudes.

Todo esto sin hablar, que daría para mucho y quizás más importante, de la posibilidad de un modelo de negocio de los servicios ecosistémicos, apoyados en actividades de economía local y de mantenimiento de un paisaje resiliente (como se pide desde alguna administración), con una biodiversidad que se pronuncia como el pilar fundamental para el mantenimiento de nuestra sociedad (esto lo pide la propia Europa) y asentando población en zonas rurales, valorizando terrenos abandonados y redistribuyendo riqueza en el territorio.

También es árduo y complejo para un sólo emprendimiento conseguir una excelencia y una calidad diferenciable con respecto a una economía global y abierta, en productos y servicios que precisan de especialización, conocimiento y estructuras, y donde uno solo no tiene tantas oportunidades y capacidades como un conjunto de actores con distintos intereses, pero complementarios en cuanto al aprovechamiento de recursos y patrimonio.

Corta de castaños para madera. / Archivo.

Corta de castaños para madera. / Archivo.

Es por eso que son de interés modelos y propuestas de emprendimiento colectivo donde se diseñe un aprovechamiento multiactividad en cascada que, atendiendo a las posibilidades que aportan los materiales y los productos del agroforestal, diseñen una oferta mas fuerte y diferencial que permita retornos mas adecuadas para la supervivencia del conjunto del modelo.

Del mismo modo, es necesario fortalecer técnicamente los argumentos para definir conjuntamente, productores, consumidores y prescriptores, criterios claros y medibles de un consumo sostenible y de bajo impacto social y ambiental, diferenciando claramente las bondades de este modelo de gestión sobre modelos ‘monos’ de implantación de mono-cultivo y mono-especie y mono-producto.

Asociación A Monte

A diferencia de las especies de crecimiento rápido, donde cuentan con importantes efectivos en el campo empresarial, académico y asociativo (clúster, asociaciones y fundaciones forestales, centros tecnológicos y grupos de investigación) que unen sus esfuerzos en la promoción y dinamización de estas especies, las frondosas autóctonas adolecen de una estructura minima que permita articular politicas y estrategias que valoricen adecuadamente sus potencialidades.

La asociación A Monte nace con la idea de ser un laboratorio de ideas donde pueda circular el conocimiento y crear condiciones para que puedan surgir iniciativas y propuestas de actuaciones en el campo de la silvicultura, de los aprovechamientos forestales, del desarrollo de productos y servicios, la mejora de tecnologías, la conservación de la biodiversidad forestal y el emprendimiento sostenible y rentable.

En estos momentos, A Monte anda en la búsqueda de tejer alianzas y redes con otros actores para favorecer la creación de un ecosistema formado por empresas, agentes de desarrollo rural, académicos, entidades sociales, medioambientales y administración para acometer actividades de formación, divulgación técnico científica, desarrollo de proyectos de innovación y demostradores para visibilizar, comunicar y mostrar las ventajas de un modelo multifuncional y biodiverso basado en las frondosas autóctonas de Galicia.

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