‘En un momento de reconocimiento internacional para los vinos gallegos, que convierten a la comunidad en un referente mundial por su calidad y riqueza varietal, el Museo del Vino de Galicia se erige como guardián y altavoz de esta cultura. Dirigir esta institución, la más importante para la conservación del patrimonio vitivinícola de toda Galicia, es una responsabilidad que implica no solo proteger el legado del pasado, sino también interpretar el presente y anticipar el futuro de un sector clave para la identidad y la economía gallega. Conversamos con Pilar Núñez, la persona que tiene la misión de guiar este proyecto.
Licenciada en Historia del Arte y Museología por la Universidad de Santiago, Pilar posee una larga trayectoria vinculada a la museística y al patrimonio de Galicia. Con una sólida experiencia como técnica en el Museo Arqueológico de Ourense y una estrecha relación laboral con el Museo Etnológico de Ribadavia, en marzo de 2025 asumió la dirección de ambos centros -Museo Etnológico y Museo del Vino- como un reto ilusionante. En esta entrevista profundizamos no solo en los retos y logros de la sede de la cultura del vino en Galicia, sino también en la profunda conexión emocional, histórica y social que nos une a este elemento tan identitario.
– ¿Podría contarnos brevemente cuál ha sido su trayectoria profesional hasta llegar a la dirección del Museo del Vino de Galicia?
– Soy licenciada en Historia del Arte Moderna y Contemporánea y en Museología por la Universidad de Santiago. En mis primeros pasos ya mantuve una hermosa relación laboral con el Museo Etnolóxico de Ribadavia, donde llegué en 1997. Después trabajé más de veinte años como técnica en el Museo Arqueológico P. de Ourense, donde desarrollé tareas de catalogación, difusión y de colaboración en el diseño del nuevo plan museológico y museográfico del futuro Museo Arqueológico. Cuando surgió la opción de acceder a la dirección del Museo Etnolóxico de Ribadavia y del Museo del Vino de Galicia, lo afronté como un reto ilusionante en el que podría desarrollar nuevos proyectos, siempre apoyada por el estupendo equipo de profesionales que, en las diferentes tareas, me acompañan.
– ¿En qué momento nació su relación personal y profesional con el mundo del vino?
– La cultura del vino forma parte de todos los hogares de Galicia, especialmente en el rural del sur de la Comunidad. Todos tuvimos viñas en casa de los padres y de los abuelos, y la cultura del vino doméstico y como complemento gastronómico forma parte de mi vida desde niña. Como elemento patrimonial, también está presente en la carrera de una historiadora o de una arqueóloga, ya que muchas de las piezas, por ejemplo, del Museo Arqueológico de Ourense, están relacionadas con el vino, por no decir del Etnológico de Ribadavia.
– ¿Qué significó para usted asumir la dirección de un museo dedicado a un elemento tan identitario de la cultura gallega como es el vino?
– Es una responsabilidad enorme, porque el Museo del Vino de Galicia es el museo oficial para la conservación de la cultura y del patrimonio vitícola de toda la Comunidad, la expresión de sus cinco denominaciones de origen y de sus cinco indicaciones geográficas protegidas. Son parte importante de la historia de Galicia y, por lo que se está viendo en el presente, también de su futuro, un futuro que tratamos de anticipar con nuestras jornadas de debate en el sector.
– ¿Cuál considera que es la misión principal del Museo del Vino de Galicia en la actualidad?
– La conservación de esta identidad y del patrimonio pasado, pero por supuesto, también el debate sobre su futuro, en un momento en que Galicia está sonando como la «pequeña Suiza» del mundo del vino: un territorio muy pequeño (en comparación con los grandes como Burdeos o California) pero que suena muchísimo por su riqueza varietal, que gana muchos premios y que se está convirtiendo en un «caso de éxito» en la economía europea por la proyección de sus vinos.
Galicia es una singularidad en el mundo del vino. Alberga casi la mitad de las 155 castes autóctonas de uso actual en España, es una auténtica «reserva biológica» del vino en el planeta
– ¿Qué aspectos del patrimonio vitivinícola gallego cree que son más desconocidos por el público general?
– Galicia es una singularidad en el mundo del vino. Alberga casi la mitad de las 155 castes autóctonas de uso actual en España, es una auténtica «reserva biológica» del vino en el planeta, y eso viene del microcosmos que suponía el cultivo intensivo en todas las aldeas y lugares de Galicia cuando el vino era un alimento, antes de finalizar el siglo XX, y era la mitad del aporte calórico en el campo. Eso generó un patrimonio (prensas, bocoyes, aperos, ajuares…) enorme, y un millar de costumbres e inercias culturales. Protegerlos es nuestra labor.
– ¿Cómo se trabaja desde el museo para acercar el vino no solo como producto, sino como expresión cultural, histórica y social?
– El primer paso urgente es proteger el patrimonio cultural enológico y vitícola. Para eso estamos elaborando y presentando las guías de patrimonio (bodegas, herramientas, lagares) en todas las comarcas. Ya van presentadas las de Ribeiro y Monterrei, y pronto abordaremos la de Valdeorras. También todo lo que respecta a la conservación de todo este legado vinculado al vino, tanto los bienes materiales como inmateriales. Para ello, dedicamos personal especializado a estudiar y conservar, tanto las piezas, como otros aspectos de la cultura del vino que pasan a integrar nuestros archivos oral, fotográfico y audiovisual. Todos ellos están a disposición de los investigadores.
El Museo del Vino de Galicia nace del empeño de las personas y del territorio en la expresión y conservación de su propia identidad, en este caso de los hombres y mujeres del Ribeiro
– ¿Qué papel juegan las denominaciones de origen gallegas y los viticultores en el discurso museístico?
– El Museo del Vino de Galicia nace del empeño de las personas y del territorio en la expresión y conservación de su propia identidad, en este caso de los hombres y mujeres del Ribeiro que emprendieron un trabajo de veinte años para propiciar la cesión de la reitoral de Santo André de Camporredondo y su dotación. Desde la Consellería de Cultura este proyecto fue creciendo hasta conformarse el Museo del Vino de Galicia, en el que actualmente trabajamos con todas las denominaciones de origen en extender las actividades de formación (cata, sumillería) que impulsamos (en el ámbito docente, en colaboración con la Consellería de Educación y los ciclos de Aceite y Vino de FP) y en generar una conciencia de orgullo de la cultura del vino gallega.
El perfil de visitante, que comenzó como especializado o público pequeño en el mundo del vino, está virando hacia el turista urbano, lo cual es muy buena noticia porque nos indica que crece el índice de conocimiento del Museo, que es un museo nuevo.
– ¿Cómo ha evolucionado el perfil de visitantes del museo en los últimos años? ¿Nota más interés por parte de la gente joven?
– Este verano llegaremos a nuestro séptimo aniversario con más de 35.000 visitantes. Es una cifra de la que estamos muy orgullosos porque, precisamente, es un dato «de arranque», partiendo de un índice cero de conocimiento general porque la institución es de reciente creación. En ese sentido, el perfil de visitante, que comenzó como especializado o público pequeño en el mundo del vino, está virando hacia el turista urbano, lo cual es muy buena noticia porque nos indica que crece el índice de conocimiento del Museo, que es un museo nuevo.
– ¿Podría destacar algún proyecto, exposición o iniciativa reciente del museo de la que se sienta especialmente orgullosa?
– Hacemos muchas actividades y estamos muy orgullosos de todas ellas: catas especializadas, conferencias, exposiciones, catas comentadas en los ciclos de FP, entrevistas y divulgación con personajes del mundo del vino como Ferrán Centelles, sumilleres premiados… Pero hay dos actividades que destacar. La primera, que creo que quedará registrada con el tiempo como la más relevante, es el ciclo -dos veces al año- de «Hablemos del futuro» sobre la viticultura. Es un seminario donde creo que, poquito a poco, se van a sentar las bases del vino gallego del siglo XXI. La otra son las «Catas sonoras», que cada verano conjugan música al atardecer con la degustación de vino y que siempre tienen una excelente respuesta de público. Ahora estamos trabajando en una nueva exposición temporal, sobre la historia del licor café, y, con la empresa gestora, Espiral, en unos talleres gratuitos y dedicados a públicos diversos.
– ¿Qué retos afronta actualmente un museo especializado como este, tanto a nivel cultural como turístico?
– La divulgación y la diversificación de la oferta. En un mundo tan dinámico como el de los operadores turísticos, hay que estar ahí, formar parte de los paquetes y no perder la oportunidad del enoturismo.
Somos la cantera de los grandes vinos varietales de Europa, y si sabemos diferenciarnos y seguir por ese camino, vamos a llegar muy lejos. El museo tiene que ser la expresión cultural de ese fenómeno.
– ¿Cómo ve el futuro del Museo del Vino de Galicia y del sector vitivinícola gallego en general?
– El sector del vino de Galicia vive una edad de oro. Con apenas el 1% del viñedo español, casi la mitad de los primeros puestos de premios en blancos y también ahora algunos en los tintos, son vinos gallegos. Somos la cantera de los grandes vinos varietales de Europa, y si sabemos diferenciarnos y seguir por ese camino, vamos a llegar muy lejos. El museo tiene que ser la expresión cultural de ese fenómeno.
– Para terminar, ¿qué le gustaría que sintiese o aprendiese una persona al salir del Museo del Vino de Galicia por primera vez?
– Que está en un territorio singular dentro del mundo entero del vino, que produce parte de los mejores vinos de Europa y que a pesar de su pequeño tamaño, albergamos una de las mayores biodiversidades vitícolas del planeta y que somos un reservorio biológico de la enología a nivel mundial gracias a nuestras castes, algunas de las cuales han conquistado ya los mercados internacionales desde hace siglos, como la treixadura, el albariño o el godello. Desde el Museo del Vino de Galicia mostramos un aspecto más de nuestra rica cultura, de la «Galicia calidad».
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