
La Sociedade Galega de Pastos e Forraxes (SGPF) en colaboración con el Área de Medio Rural de la Vicepresidencia de la Deputación de Lugo, celebró en Samos una nueva jornada sobre “Las actividades agroganderas frente a los incendios en la montaña”. En esta ocasión, la producción de vacuno de calidad como alternativa para las zonas de montaña fue el principal tema que se debatió. En el acto colaboraron también la empresa Innogando, la Consellería de Medio Rural y el Ayuntamiento de Samos.
Situación de la ganadería de montaña
Eloi Villada, presidente emérito de la SGPF fue el encargado de abrir la jornada. Villada hizo un repaso por la situación de la ganadería de vacuno en algunos municipios de la montaña luguesa: Baralla, Becerreá, Cervantes, O Courel, Ribas de Sil, Quiroga, As Nogais, Pedrafita, Samos, Pobra do Brollón y Triacastela.
Excepto en Triacastela, en el resto de municipios se produjo una reducción tanto del número de explotaciones como de cabezas de ganado. En el periodo 2019-2023, la bajada de granjas fue del 15%, es decir, un 3% anual. Y el censo de ganado cayó un 6,9%, por lo tanto, el 1,4% cada año.
Villada señaló que los incendios de 2023 en la montaña luguesa —con 12.800 hectáreas afectadas— tuvieron más impacto en los municipios con menor número de cabezas de ganado, que fueron Quiroga, Pobra do Brollón y O Courel.
Los próximos cinco años serán decisivos para el mantenimiento o la desaparición del ganado en la montaña. (Eloi Villada, Sociedad Gallega de Pastos y Forrajes)
Para el ingeniero, los próximos cinco años serán decisivos para el mantenimiento o la desaparición de la actividad ganadera en la montaña. “O aumenta el número de vacas, o los terrenos pasan a matorral o a eucalipto. Y la eucaliptización siempre supone abandono del rural”, señaló.
Villada hizo un llamamiento a los ganaderos para unirse y poner en marcha proyectos que vayan de abajo hacia arriba. “Los programas LIFE de la UE son un buen ejemplo de cómo la unidad de los actores del sector puede mejorar la realidad económica, administrativa, social y ambiental”. Los tractores de cadenas, los cierres virtuales y la IA son ejemplos de herramientas que, aseguró Villada, deben servir para mantener la actividad ganadera en la montaña.

Villada puso el foco en la pérdida progresiva de cabezas de ganado en la montaña luguesa
Dos casos de granjas de vacuno de carne en Pol y Samos
Gutier Salgado, ganadero a tiempo parcial que cría bueyes en el municipio de Pol, explicó sus métodos de trabajo en la explotación familiar. Salgado dispone de 15 hectáreas para 8 nodrizas y 7 bueyes de Vaca Gallega – Buey Gallego. Hasta ahora le vendían parte de la hierba a una granja lechera de la que también reciben estiércol para el abonado de las praderas.
En la explotación aplican una rigurosa selección genética tendente a evitar la aparición de ejemplares culones. Lo que la granja espera es tener una media anual de 15 bueyes y 10 nodrizas y comercializar 2 bueyes cada año.
Los bueyes se capan en el primer mes de vida porque la cirugía es más sencilla que cuando crecen. Si bien esa castración temprana hace que el ternero se afemine y retrase su crecimiento, lo cierto es que acaban alcanzando un peso óptimo y con un nivel de grasa adecuado. En el primer año de vida los bueyes comen lo mismo que un becerro normal, pero pasado ese tiempo la dieta es de pasto y forraje.
Salgado cifró en alrededor de 5.000 euros el beneficio neto que se puede obtener por cada buey, es decir, unos 750 euros anuales para ejemplares de seis años. El ganadero destacó que el trabajo con los animales exige mejora continua y que está perfeccionando las labores de comercialización, infraestructura, genética, pastoreo y composición de la pradera.

Diego Vila incidió en las dificultades para abastecer de agua a las vacas en la zona de Lóuzara
El minifundio es el principal problema de Diego López Vila, ganadero en Lóuzara (Samos). El joven maneja 24,02 hectáreas de terreno pero divididas en 200 parcelas. Eso dificulta un manejo totalmente eficaz de su rebaño de 26 vacas madres y los terneros que nacen todos los años. Por ahora tiene que llevarles agua y ponerles el hilo todos los días para que el trabajo sea efectivo.
Una ganadería de Samos trabaja 24 hectáreas divididas en 200 parcelas. Tal minifundio complica, y mucho, la gestión
“En estas zonas de alta montaña es muy trabajoso subirle agua todos los días al ganado. Pero también es imprescindible. Por eso estoy pensando en implementar un sistema de tanques que garanticen el suministro sin que tengamos que ir todos los días. O en alguna fórmula de traída. Eso simplificaría el abastecimiento y dejaría tiempo para trabajar en otros aspectos de la granja”, explicó.
El uso de las nuevas tecnologías y la cooperación vecinal serán imprescindibles para continuar con la ganadería en la montaña. (Diego López, ganadero de Samos)
Como buena parte de las explotaciones gallegas, Diego tuvo problemas con la EHE en el pasado. Y, aun así, apuesta por que su explotación crezca mediante un modelo extensivo. “Nuestras instalaciones están anticuadas y creo que el manejo en extensivo, mejorando el acceso a la tierra, puede ser mucho más rentable para nosotros como granja y para el entorno en el aspecto medioambiental”.
Con todo, Diego tiene pensado montar un cebadero de cara al futuro a medida que la granja vaya creciendo para diversificar su oferta. Y, además, le serviría para disponer del abono que necesita porque actualmente solo dispone del que aportan sus vacas y del que compra en otro cebadero.
En esa línea de futuro, también hizo cruces de frisona con azul belga para que el rebaño sea más heterogéneo. “El futuro de la ganadería de vacuno en estas zonas de alta montaña pasa por la digitalización, por el uso de tecnología y por la colaboración vecinal”, afirmó.
Investigación y experiencias de mejora
Teresa Moreno, del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM), recordó que Galicia produce 97.000 toneladas de carne de vacuno anuales, es decir, el 13,5% del total de la producción española. Y es que el 32,73% del vacuno que se sacrifica en España procede de granjas gallegas. De esa cifra, el 8% son novillas, el 48% terneras, el 38% vacas viejas y el 6% bueyes.

Los estudios realizados por el CIAM sirvieron para fijar los criterios de la IGP Vaca y Buey de Galicia, explicó Moreno
Moreno explicó las diferentes investigaciones que se realizaron en el CIAM sobre manejo y alimentación de vacuno adulto y cómo incidían en la cantidad y calidad de la carne producida. Esas investigaciones sirvieron para desarrollar los requisitos que impone la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Vaca y Buey de Galicia y que regulan las características de la carne.
La maduración de la carne en las cámaras no debería exceder de los 45 días para evitar problemas de contaminación anaerobia. (Teresa Moreno, CIAM)
La investigadora citó también trabajos realizados con vacas frisonas de entre 4 y 10 años de edad. Lo que se comprobó fue que los resultados de engorde son mejores si en la alimentación se emplea silo de maíz en lugar de silo de hierba. Y recordó que en todas las investigaciones constataron que la alimentación es clave para combatir problemas de patas, que acaban suponiendo una pérdida económica importante.
La suplementación con betacaroteno en el pienso contribuye a una grasa más amarilla, mejor valorada por los compradores
Otras conclusiones extraídas de la labor del CIAM que explicó Moreno señalan que las vacas sometidas a castración presentan unos índices de grasa intramuscular (la famosa infiltración) superior a aquellas que no fueron capadas. O que añadir el pigmento betacaroteno en el pienso —unos 15 gramos por kilo— puede llevar a que la grasa adquiera un color amarillo / anaranjado que la hace más atractiva para el comprador.

El CIAM hizo un seguimiento exhaustivo de la evolución de la grasa en la carne de vacuno gallego
Respecto a la maduración de la carne —algo imprescindible hoy por las exigencias sanitarias y de mercado— Moreno abogó por ir a unas estancias en cámara no superiores a 45 días. Porque hay empresas que se van hasta 90 días y eso dispara el riesgo de contaminación anaerobia. Y recalcó que, como marca la IGP, el cebo mínimo de seis meses antes del sacrificio garantiza unos resultados óptimos.
Santiago Crecente participó en buena parte de las investigaciones desarrolladas en el CIAM. Ahora pasó a la oficina rural de la Xunta de Galicia y aprovecha el tiempo libre para poner en práctica los asesoramientos que realiza en materia de ganadería de carne en extensivo. Así, explicó lo que lleva hecho en una parcela de Ponte de Outeiro (Castro de Rei) con el cebo de vacuno.
Crecente y sus hermanos aprovecharon una parcela de 1,5 hectáreas para sembrar raigrás inglés y trébol blanco con el objetivo de cebar vacas adultas en base a pasto y concentrados y que convivieran en la misma finca con árboles frutales que había que proteger del ganado.
Lo primero que hicieron fue cerrar la finca con traviesas de tren en los vértices y estacas de roble, con malla metálica por la parte exterior de las estacas e hilo eléctrico por el interior. Escogieron un tipo de malla de alta durabilidad que también aplicaron a la protección de las frutales.
A mayores, instalaron dos bebederos de 1.000 litros cada uno, una manga individual, un pastor de placa solar, un cobertizo de lona y una cancela para apartar animales. En total gastaron 11.509 euros en las estructuras para trabajar.
Introdujeron cinco vacas frisonas de desvieje y dos de cruce de razas de montaña. Y las tuvieron en la parcela entre marzo e noviembre. De ese modo, durante toda la primavera solo comieron pasto y, cuando este se fue acabando, completaron la ración con harina de maíz y pienso a discreción. A finales de noviembre mandaron los animales a sacrificar.
En el primer año de experiencia y con mucho que mejorar conseguimos obtener un retorno económico importante. (Santiago Crecente, ganadero a tiempo parcial)
Crecente indicó que las vacas con las que trabajaron no eran de calidad y consumieron una cantidad de concentrados muy elevada. Y, sin embargo, se obtuvo un beneficio tras su venta de casi 3.500 euros. Por lo tanto, con un retorno económico en solo 8 meses y con la ventaja de no tener que trabajar en invierno ni dedicar demasiadas horas al cuidado de las vacas y pudiendo incrementar la carga ganadera en el futuro.

Crecente explicó las ventajas e inconvenientes que presenta su experiencia ganadera a tiempo parcial
En los inconvenientes del modelo, Crecente mencionó la imposibilidad de prolongar el cebo de un animal si aún no alcanzó su peso óptimo, el alto consumo de concentrados, la necesidad de descornar a los animales para que no dañen las frutales o los problemas con las moscas en verano.
Castración. Una práctica al alza
La castración de vacas adultas —ovariectomía— para mejorar la calidad de la carne es una práctica cada vez más habitual en el sector. El veterinario José Manuel L. Préstamo explicó que las diferentes técnicas de extracción o inutilización de los ovarios de vacuno comenzaron a aplicarse en Uruguay, uno de los grandes productores mundiales de carne de vacuno.
Préstamo explicó que, una vez castrada, lo ideal es que la vaca complete un proceso de cebo de 18 meses. Y, como ventaja de la ovariectomía, indicó que la energía que la vaca iba a gastar en su sistema reproductivo va a ir destinada al engorde, por lo que siempre dará más kilos en canal que una sin castrar.
La castración de las vacas lleva a que destinen a engorde la energía que empleaban en el sistema reproductivo. (José Manuel L. Préstamo, veterinario)
El veterinario aprovechó el acto para dar a conocer un sistema de ovariectomía en el que está trabajando y que valora patentar en los próximos meses. Hasta ahora, la técnica más habitual era la de la laparotomía central de flanco izquierdo, pero implicaba la castración total y resultaba muy invasiva. De ahí que estén surgiendo métodos alternativos.
Préstamo señaló también que en Galicia, por la genética, la alimentación y el manejo hay muchas vacas que presentan quistes en los ovarios, lo cual dificulta su extracción porque adquieren tamaños superiores a los estándar de los instrumentos quirúrgicos con los que se trabaja. Y aclaró que, sea cual sea la técnica empleada, siempre es obligatorio el uso de algún tipo de anestesia.

La castración de las vacas lleva a un mejor engorde y producción de grasa en la parte final del cebo
Otra recomendación es la de castrar vacas de descarte que tengan más de 5 años. Porque ya están formadas y el proceso de engorde no compite con el proceso de crecimiento. Entre las ventajas, el veterinario recordó que la inhibición sexual hace que las vacas estén más tranquilas y se reduzca el riesgo de accidentes y lesiones. Y también que desaparece la ansiedad propia de las épocas de celo que, en algunos casos, provoca pérdidas de peso de entre 15 y 20 kilos por cada ciclo de celo. Además, desaparecen las preñeces no deseadas.
Así, afirmó Préstamo, se consigue que un producto de descarte adquiera mucho más valor económico. Y con un engorde más rápido que deriva en una carne con una grasa mejor depositada, con una marmorización óptima y más tierna. Y sin que las vacas objeto de castración dejen de dar leche si estaban en lactación.
El papel de las nuevas tecnologías
Que las nuevas tecnologías van a ser claves en el mantenimiento de la actividad ganadera es algo en lo que coincidieron todos los ponentes. Fue el caso de Ero Couso, de la empresa Innogando, que explicó el funcionamiento de los dispositivos que desarrollaron para la medición de parámetros y control de los animales en ganadería extensiva.
Couso hizo un repaso por los cinco años de historia de la empresa, que nació “por la detección de necesidades que había en el sector y que precisaban de una solución”. Una trayectoria que los llevó a saltar al mercado internacional, incluso en uno tan exigente como el de los Estados Unidos.
Nuestro sistema permite realizar un trabajo de control y monitorización digitales sin depender de la cobertura de telefonía e internet. (Ero Couso, Innogando)
A pesar de ser digitales, los diferentes dispositivos que desarrolló Innogando se caracterizan por no precisar de cobertura telefónica ni de internet para funcionar. Lo que emplean es un sistema de antenas independientes que garantizan en todo momento la recogida y transmisión de datos. Además, existe la posibilidad de que granjas que estén próximas entre sí compartan el sistema de antenas.

Couso explicó que los dispositivos de Innogando combinarán monitorización de las vacas con cierres virtuales
Otro de los logros de la empresa fue conseguir crear prototipos que funcionan con baterías de recarga mediante energía solar. De ese modo, no hay que estarlas cambiando o revisando continuamente. De hecho, en el CIAM comprobaron que la mayoría de los dispositivos mantenían en todo momento niveles de carga superiores al 90%, explicó Santiago Crecente.
Los collares de Innogando monitorizan toda la actividad de las vacas, sean de carne o de leche. A través de los movimientos, detectan celos, enfermedades, niveles de rumia por hora, seguimiento del proceso de parto… y van colocados en el cuello para facilitar la recarga mediante la energía solar.
La empresa de Cospeito —que cuenta con 35 trabajadores— es una de las tres que operan en España en el sector de los vallados virtuales. El dispositivo RUMI PRO, que estará disponible en los próximos meses, añade a la monitorización de las vacas la posibilidad de establecer vallados virtuales para restringir el movimiento del rebaño sin necesidad de presencia física del ganadero ni de pastores eléctricos o alambres.
La ganadería de montaña y la de tiempo parcial son las que más se podrían beneficiar de estos dispositivos. La de tiempo parcial porque permite mantener el control del ganado en ausencia prolongada del ganadero y la de alta montaña porque facilita el manejo en zonas de mucha pendiente y difícil acceso.
Situación y tendencias de mercado: «El futuro está en el pasado»
Miguel Gutiérrez, de la empresa cárnica Gutrei (Bóveda), hizo un repaso por la actual situación del mercado de la carne de alta calidad. Y señaló que vivimos un momento de “paradoja del mercado”, esto es, que la demanda es cada vez mayor que la oferta. Si hace 20 años el 10% de las vacas que llegaban a matadero eran de alta calidad, hoy ese índice bajó hasta el 5%.
Uno de los motivos que llevó a la pérdida de calidad está en las granjas intensivas de leche. “Las vacas llegan a cebaderos y mataderos agotadas y sin posibilidad de mejora de su carne. No es posible cebarlas con éxito y, si se sacrifican al acabar su ciclo productivo de leche, los resultados son malos en calidad y cantidad”, explicó.

La alta restauración tiene una demanda creciente de vacuno de calidad gallego
Las características del mercado gallego variaron mucho en los últimos años. Así, si los mercados de vacuno viejo de calidad se reducían a Euskadi y Madrid, ahora la mayoría de la carne que sale va a la importación fuera incluso de la Unión Europea.
La imagen de la carne gallega es inmejorable. Por su procedencia ya tiene garantizada la venta. Pero aún se puede mejorar. (Miguel Gutiérrez, Gutrei)
Pero es en el consumo donde se produjo el gran cambio. Carnicerías, restauradores, tiendas gourmet y los propios consumidores buscan animales viejos y gordos. Y, sobre todo, que presenten un color de la grasa lo más amarillo posible. Y, si es anaranjada, mejor que mejor. El color de la grasa sustituyó a la propia infiltración y marmolado como parámetro principal a la hora de comprar.
Polonia, Países Bajos y Alemania son los grandes competidores de Galicia en este sector. Nos aventajan en volumen producido, uniformidad de las piezas y costes de producción y ternura de la carne, por ser animales más jóvenes. Pero las vacas gallegas se imponen en aroma, textura, apariencia y sabor. Gutiérrez dijo que la palabra “Galicia” unida a “carne” ya garantiza el éxito en cualquier mercado.
El gestor cárnico coincidió con Teresa Moreno en que el empleo de betacarotenos en la ración puede ayudar a modificar el color de la grasa. “Pero, a mayores de eso, lo que hacemos cuando tenemos un ejemplar de la más alta calidad es analizar su genética, procedencia, manejo y dieta para que el ganadero pueda repetirla con otros ejemplares y reproducir esas mismas características”.

Gutiérrez animó a los ganaderos a profundizar en manejos que lleven a una coloración amarilla/anaranjada de la grasa de las vacas
Gutiérrez considera que para tener carne de calidad son mucho más importantes el manejo y la alimentación que la raza de vaca escogida. De hecho, apuntó, su experiencia le muestra que buena parte de las mejores canales son las de vacas resultado de cruces de razas, incluso con razas lecheras.
Finalmente, el gestor dijo que las industrias y la restauración prefieren animales de unos 600 kilos/canal y con chuleteros de 50-60 kilos. Porque son piezas más vendibles y manejables y que tienen menor cantidad de desperdicio. Con todo, sigue habiendo mercado para los grandes animales de 800 o más kilos/canal y chuleteros por encima de 80 kilos.
“El futuro está en el pasado”, aseguró Gutiérrez, señalando el norte de Portugal como ejemplo a seguir por Galicia. “El aprovechamiento de todos los pastos que ofrece el territorio y el empleo de razas autóctonas y de mezclas de las mismas no solo va a hacer que tengamos una carne de altísima calidad, sino que proyectemos una imagen especialmente atractiva en el mercado”.
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