Galicia tiene que importar alrededor de un tercio de las castañas que necesita su industria

Las empresas de transformación de la comunidad tienen que acudir a los mercados exteriores ante la insuficiente cantidad y calidad de la producción autóctona. El volumen de importaciones ronda las 10.000 toneladas

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Galicia tiene que importar alrededor de un tercio de las castañas que necesita su industria

Soto de castaños en el Courel. / Archivo.

Galicia acostumbra a producir cada año alrededor de 20.000 toneladas de castaña. Es la comunidad líder en producción en España, con la mitad del total estatal, pero aun así la producción gallega es insuficiente para abastecer a la industria y a las empresas comercializadoras de la comunidad, que se ven obligadas a importar casi 10.000 toneladas anuales de otros países, como Portugal, para cubrir sus necesidades.

El déficit gallego en castaña da una idea del potencial que hay en el monte para su producción, una situación que ha llevado a la Consellería de Medio Rural a diseñar un plan estratégico -en fase de borrador- para impulsar los castaños. Una de sus primeras medidas será en el 2022 una orden de ayudas por 4,5 millones de euros para apoyar la recuperación de sotos tradicionales y nuevas plantaciones de castaño.

En relación a los sotos tradicionales del oriente gallego, el objetivo de la Xunta se sitúa en apoyar la creación de agrupaciones de gestión conjunta, mediante la unión de los propietarios de los sotos. Esa línea de trabajo permitiría enfrentar uno de los problemas habituales, el del minifundio, que dificulta las labores de mantenimiento, mecanización y limpieza de las parcelas.

En aquellos casos en los que la vía de la agrupación de gestión conjunta no sea posible, la Administración incluso baraja la firma de contratos de gestión pública para asumir el manejo de sotos abandonados.

Y es que uno de los graves problemas que enfrentan los sotos gallegos es la despoblación y abandono de las aldeas. La mayor parte de los castaños gallegos están en las comarcas de montaña del oriente de Lugo y Ourense, zonas marcadas por la despoblación.

Galicia tiene alrededor de 50.000 hectáreas de castaños, de los que más de dos tercios están situados en tres distritos forestales: A Fonsagrada – Ancares, Terra de Lemos y Valdeorras – Trives. Si se le suman los castaños de Verín – Viana y de Lugo – Sarria, tenemos el 80% de la superficie gallega de castaños y la práctica totalidad de los sotos tradicionales.

Al abandono del rural y al minifundio se suman otros problemas, como la avispilla del castaño, que en el 2020 mermó la producción gallega en alrededor de un 25%, dejándola en 15.000 toneladas; si bien hay buenas perspectivas a corto plazo en el combate de la plaga con la lucha biológica.

Destino y valor
La mitad de las castañas cosechadas en Galicia se destinan al consumo en fresco, mientras que otro tanto va a parar a las industrias de transformación para su congelado o elaboración de productos como harinas, cremas y confituras.

Con un valor medio del fruto que se suele mover por encima del euro por kilo e incluso acercándose a los 2 euros en algunos casos, dependiendo de la calidad y variedad, el impacto económico de la castaña supera los 20 millones de euros pagados a los productores cada año, generando un valor de más de 50 millones de euros en su comercialización final, según las estimaciones de la Xunta.

Alrededor de un 75% de la castaña gallega se vende a otros países, principalmente de Europa, en tanto el restante 25% se comercializa a nivel de España.

La dimensión alcanzada por el sector transformador gallego es una circunstancia que con frecuencia pasa desapercibida por la ciudadanía, según valora la Xunta, lo que lleva a su vez a la escasez de iniciativas en el monte para aprovechar el alto potencial de los castaños.

Profesionalización y aumento del valor
Una de las dificultades con las que se encuentran las empresas en la comercialización de las castañas es la falta de uniformidad de los frutos procedentes de la mayoría de sotos tradicionales, pues es habitual que en cada soto convivan varias variedades, con distintas características tecnológicas (facilidad de pelado, tamaño, sabor, etc.).

De otro lado, la Administración también valora que esa mezcla puede ser interesante de cara a la comercialización en fresco, siempre y cuando se ponga en valor el origen del fruto, ligado a un soto tradicional.

Para las nuevas plantaciones, el sector apuesta desde hace años por potenciar determinadas variedades que se están demostrando exitosas, como el caso de la ‘Amarelante’, ‘De Parede’, ‘Famosa’, ‘Garrida’, ‘Longal’, ‘Negral’, ‘Ventura’ o ‘Judía’, mientras que entre sus polinizadores se pueden citar principalmente la ‘Negral’, ‘Rapada’ y ‘Picona’.. Además, la variedad ‘Luguesa’ está recomendada para la Zona atlántica.

Otra vía a potenciar es la IGP Castaña de Galicia, que por ahora sólo incluye a 156 productores y alrededor de 2.000 hectáreas. Las dificultades para encontrar castaña gallega suficiente en calidad y cantidad están lastrando el desarrollo de la IGP, según el análisis que hace la Administración gallega.

Madera
La plantación de castaños para madera es otra de las líneas que quiere apoyar la Xunta, si bien se trata de una línea de trabajo con factores limitantes. Los castaños precisan de buenos suelos y de una silvicultura intensiva por lo menos durante los primeros diez años de la plantación, con podas anuales. Su mayor turno de tala, en comparación con otras especies, pues se sitúa en un mínimo de 30 años, es otro de los condicionantes a tener en cuenta.

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