La sección ‘Noticias de empresa’ incluye informaciones de actualidad empresarial, así como las notas de prensa de firmas colaboradoras.

Ganadería Lar de Gracoza: Una historia de evolución, confianza y futuro

Desde el año 2025 esta ganadería de Cospeito trabaja con 2 Lely Astronaut A5, 1 Collector C2 y un arrimador de comida Lely Juno Flex después de estrenar unas nuevas instalaciones más modernas y dejar atrás su antiguo Lely Astronaut A3 Next

LAR DE GRACOZA LELY gandeirosHay explotaciones ganaderas que crecen aumentando el número de vacas. Otras lo hacen construyendo nuevas instalaciones. Algunas, incluso, incorporan tecnologías que transforman por completo su forma de trabajar. Pero las ganaderías que realmente dejan huella son aquellas capaces de evolucionar sin perder su esencia. Lar de Gracoza, en Arneiro, Cospeito, es una de ellas.

Su historia comenzó mucho antes de que los robots de ordeño formaran parte del paisaje habitual de las granjas gallegas. Comenzó en una época en la que el trabajo se medía en horas interminables y el ordeño era una tarea que exigía manos fuertes, paciencia y constancia. Una época que Juan Francisco Novo recuerda perfectamente.

Las primeras vacas se ordeñaban a mano, llenando calderos uno tras otro. El rebaño era pequeño, como ocurría en la mayoría de las explotaciones familiares de aquellos años. Sin embargo, ya entonces existía una idea clara: crecer poco a poco, pero crecer bien.

La familia había iniciado su trayectoria ganadera en Bazar. Más tarde, gracias a la concentración parcelaria, consiguió asentarse en Arneiro, donde lleva casi seis décadas desarrollando un proyecto que ha sabido adaptarse a cada etapa de la evolución del sector lácteo.

La transformación nunca fue fruto de la casualidad. Con el paso de los años llegaron nuevas instalaciones, nuevas formas de manejo y una apuesta decidida por la mejora genética. Desde 1985, la familia Novo ha trabajado con un objetivo muy concreto: criar animales capaces de combinar producción, salud y funcionalidad. “Buscamos vacas que no den problemas y que den mucha leche”, resume Juan Francisco.

Detrás de esa afirmación se esconden décadas de selección genética, utilizando algunos de los mejores toros procedentes de Canadá y de Estados Unidos. Mucho antes de que las pruebas genómicas y las herramientas actuales facilitaran el acceso a la información, la explotación ya trabajaba para construir un rebaño equilibrado, eficiente y preparado para afrontar los retos del futuro.

Esa visión a largo plazo permitió que Lar de Gracoza se consolidara como una de las explotaciones más avanzadas de su entorno. Un reconocimiento que tuvo uno de sus momentos más destacados en 1996, cuando la ganadería se convirtió en la quinta de España en ICO.

LAR DE GRACOZA LELY pasillo

Aquella base genética y productiva sería fundamental para afrontar la que probablemente haya sido la mayor transformación de la historia reciente de la explotación. La llegada de la automatización.

Hace más de una década, cuando el ordeño robotizado todavía generaba dudas en muchas explotaciones, la familia Novo tomó una decisión que marcaría el rumbo de los años siguientes. Apostar por un robot de ordeño no significaba únicamente sustituir una sala tradicional por una máquina más moderna. Significaba cambiar la organización del trabajo, redefinir el manejo de los animales y confiar buena parte del futuro de la explotación a una tecnología que entonces todavía estaba demostrando todo su potencial.

Fue en ese momento cuando apareció Lely. La elección no fue casual. Juan Francisco lo recuerda con claridad. Buscaban una marca que ofreciera garantías, una tecnología contrastada y, sobre todo, un servicio técnico capaz de responder cuando más se necesitara. “Sabíamos que una marca como Lely nos iba a garantizar unos buenos resultados y la seguridad de que la máquina iba a estar siempre bien atendida”.

Aquella confianza se materializó en un Lely Astronaut A3 Next instalado en la antigua granja. Los resultados no tardaron en llegar. El robot comenzó trabajando con 68 vacas y alcanzó cifras de producción que demostraron todo el potencial del sistema. Llegó a ordeñar más de 3.200 litros diarios, una cifra que refleja tanto el rendimiento de la tecnología como la calidad del rebaño que la sustentaba.

Pero quizá el dato más revelador no fue la producción. Durante todos aquellos años, la explotación no tuvo que descartar ni una sola vaca porque el robot fuera incapaz de ordeñarla. La adaptación de los animales fue total y confirmó que la automatización podía integrarse de forma natural en el modelo de trabajo que la familia había construido durante décadas. “Nosotros no montamos el robot para irnos de vacaciones”, explica Juan Francisco. “Lo montamos para mejorar y estar más tranquilos”, y eso fue exactamente lo que ocurrió.

La automatización permitió ganar precisión, mejorar el control de los animales y reducir la presión que durante generaciones había marcado los horarios de las explotaciones lecheras. Sin embargo, lejos de sustituir al ganadero, la tecnología le permitió dedicar más tiempo a lo verdaderamente importante: la gestión del rebaño.

LAR DE GRACOZA LELY vacas estabalo metal

Ese proceso culminó hace apenas un año con la puesta en marcha de unas instalaciones completamente nuevas. La nueva nave representa la materialización de una idea que la familia llevaba años desarrollando: crear una explotación diseñada alrededor del bienestar nimal y de la automatización inteligente.

La construcción combina estructura tipo invernadero, cubierta de panel sándwich, cubículos flexibles, camas de arena y amplios patios de ejercicio. Todo ha sido concebido para favorecer el confort de los animales y optimizar su comportamiento natural.

En el centro de ese sistema vuelven a encontrarse dos nombres familiares para la explotación: los Lely Astronaut. Los dos nuevos Astronaut A5 constituyen hoy el corazón de la granja.

LAR DE GRACOZA LELY robot

Después de años trabajando con el A3 Next, Juan Manuel Novo reconoce que parecía difícil mejorar los resultados obtenidos por aquella primera máquina. Sin embargo, los nuevos robots han conseguido elevar todavía más el nivel de precisión, eficiencia y fiabilidad.

“No arrimamos apenas vacas”, explica. “Pasamos holgadamente los tres ordeños de media y únicamente tenemos que empujar a unas pocas vacas cada día para conseguir una media de producción que supera los 45kg de leche por vaca y por día”.

La automatización no termina ahí. Junto a los robots de ordeño, la explotación incorporó también un Lely Discovery Collector C2 encargado de la limpieza automática de los patios y un sistema de arrimado de comida que mantiene el alimento constantemente accesible para los animales, gracias al Lely Juno Flex.

LAR DE GRACOZA LELY Collector cepillo

Más que un conjunto de máquinas independientes, Lar de Gracoza funciona hoy como un ecosistema integrado donde cada tecnología cumple una función específica para mejorar el bienestar animal y facilitar la gestión diaria. El resultado es una explotación moderna, eficiente y preparada para seguir creciendo.

Con Juan Francisco ya jubilado, el trabajo diario recae actualmente sobre Juan Manuel, su madre María del Mar García y un empleado. La flexibilidad que aporta la automatización permite organizar el trabajo de una manera impensable hace apenas unas décadas, sin renunciar en ningún momento al control y la supervisión que requiere una ganadería de alto nivel.

Mientras tanto, el futuro continúa tomando forma. Cerca del cuarenta por ciento del rebaño está formado por vacas de primer parto con excelentes resultados productivos. La recría se desarrolla íntegramente en la explotación y el objetivo pasa por seguir aumentando progresivamente el número de animales en ordeño.

Sin embargo, más allá de las cifras, Lar de Gracoza representa algo más profundo. Representa la historia de una familia que ha sabido evolucionar sin romper con sus raíces. Una explotación que comenzó ordeñando vacas a mano y que hoy trabaja con algunas de las tecnologías más avanzadas del sector. Un proyecto donde la genética, el bienestar animal y la innovación han caminado siempre en la misma dirección.

Y también una historia de confianza. La confianza de una generación que construyó los cimientos de la explotación. La confianza de quienes apostaron por la mejora genética cuando todavía era una apuesta de futuro. Y la confianza depositada hace más de diez años en una tecnología y una marca, Lely, que transformó para siempre la manera de trabajar de la granja.

Porque en Lar de Gracoza la innovación nunca fue una meta en sí misma. Ha sido, simplemente, la mejor herramienta para seguir haciendo lo mismo que la familia Novo lleva haciendo desde hace casi sesenta años: cuidar de sus animales y mejorar cada día.

LAR DE GRACOZA LELY robot 2

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *