Ganaderos en la zona cero de las minas de Touro – O Pino

Explotaciones lácteas del entorno de las canteras quedarían condenadas a cerrar si se implanta un proyecto megaminero de extracción de cobre, en tanto otros productores perderían base territorial y critican los impactos de la actividad

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Ganaderos en la zona cero de las minas de Touro – O Pino

Granja en Bama (Touro), en las inmediaciones de la antigua explotación minera que se pretende reabrir y ampliar.

En Arinteiro (Loxo, Touro) tienen las minas de cobre de Touro a tiro de piedra. Textualmente. Manuel Ferro, un ganadero de Arinteiro, aún recuerda la anterior etapa de las minas a cielo abierto, en los años 80, cuando al llegar a los prados encontraba sobre la hierba piedras procedentes de las voladuras de la mina. La sociedad propietaria de las antiguas canteras, Cobre San Rafael, trabaja ahora en su reapertura y ampliación, un proyecto de megaminería que tiene la oposición unánime de los ganaderos del entorno.

Si las minas se llegaran a reactivar, las granjas más próximas, como las de Arinteiro, quedarían condenadas al cierre y muchas otras ven con preocupación los impactos que tendría la actividad extractiva. Las viejas minas, que habían cerrado a finales de los años 80, ocupaban una superficie de algo más de 200 hectáreas, que ahora se ampliarían hasta 700 en una primera fase. El proyecto, que estuvo a exposición pública hasta comienzos de octubre, recibió más de 1.500 alegaciones vecinales.

Vista de la mina desde una granja de Bama (Touro).

Vista de la mina desde una granja de Bama (Touro).

La preocupación vecinal y de los ganaderos se centra en las consecuencias de la actividad minera. El ruido continuo, la contaminación de manantiales y los efectos del polvo con metales pesados en suspensión sobre cultivos, personas y animales centran las inquietudes.

Otra espada de Damocles que pende sobre la zona es la posible ampliación futura de la actividad minera. El proyecto inicial prevé explotar durante 13 años alrededor de 700 hectáreas, del total de más de 2.000 de la concesión, pero los sondeos mineros afectan a un área de 122 kilómetros cuadrados. «Si hoy es Arinteiro, en Loxo, el núcleo más afectado, mañana puede ser cualquier otro en la comarca, en Vilar, Prevediños o Boqueixón», valoran los vecinos, organizados en torno a la Plataforma Vecinal Minas Touro-O Pino Non.

El entorno más próximo de la mina incluye parroquias de gran actividad ganadera, como Bama o Loxo, en Touro. Visitamos explotaciones de la zona para conocer la opinión de los ganaderos. El sentir es unánime. No quieren que la mina vuelva a abrir.

«Si la mina reabre, cierro porque sólo podría alimentar a media docena de vacas»

Manuel Ferro, de Arinteiro (Loxo, Touro).

Manuel Ferro, de Arinteiro (Loxo, Touro).

Manuel Ferro es un productor de Arinteiro (Loxo, Touro) con alrededor de 65 cabezas de ganado, 30 en ordeño. Vive en un núcleo de población que quedaría emparedado por la actividad minera. De un lado, tendría una escombrera con un muro de hasta 80 metros de alto. Del otro, a menos de 200 metros, una balsa de aguas y lodos ácidos de más de 50 metros de alto y en la que los vecinos ven peligro de rotura.

Entre la escombrera y la balsa, la media docena de ganaderías del lugar quedarían casi sin tierras. Manuel Ferro hace cuentas de la superficie de cultivo y de monte que perdería, alrededor de una docena de hectáreas, y de la que podría mantener, apenas un par de fincas. «Tendría terreno para alimentar a 5 o 6 vacas, así que no es para continuar. De momento trabajo, mañana no se sabe», resume.

El sentir de Manuel y de sus vecinos de Arinteiro es unánime contra la mina. «Aquí nadie quiere que venga. Esperamos que no reabra», concluye.

Granja Santa María, en Loxo.

Granja Santa María, en Loxo.

«Nos llevaría parte del terreno y nos dejaría polvo, ruido y agua contaminada»

Antonio Taboada es socio de la Sat Santa María, una de las principales explotaciones lácteas de Loxo (Touro). La granja gestiona alrededor de 60 hectáreas de terreno y cuenta con 130 animales en ordeño. «Si la mina reabre, perderíamos el 20% de nuestra base territorial y sufriríamos el impacto de su actividad» -valora Antonio.- «Polvo, ruidos y aguas contaminadas», resume mientras conduce los animales hacia sala de ordeño.

Cuando se le pregunta por su preocupación por la reapertura de las canteras, Antonio coincide con el resto de granjas del entorno: «¿Preocupación?, De 0 a 10, un 11».

«Los ganaderos somos los que mantenemos la actividad y tiramos por la comarca»

Manuel Sandá es uno de los cinco socios de Ganadería Sar (Bama, Touro), la principal explotación láctea de la zona, con más de 800 animales, de los cuales hay unos 380 en ordeño. Su granja quedaría a un kilómetro de las minas, por lo que apenas perdería base territorial, pero Manuel ve claros otros muchos impactos.

Manuel Sandá, de Gandería Sar.

Manuel Sandá, de Gandería Sar.

«Las minas nos afectan a todos. Se habla de que la actividad sería de 24 horas al día los 7 días de la semana, así que el ruido y el polvo en suspensión serían continuos, con el impacto que eso tendría en los cultivos forrajeros y en las propias vacas», valora. «Estamos hablando de un polvo con metales pesados que afectaría a la salud y a la actividad agraria», subraya.

La ganadería en Touro y O Pino abarca 2.600 vacas de leche en control lechero, sin contar pequeñas explotaciones y granjas de carne. «Somos los que tiramos por la zona y los que mantenemos la actividad», defiende Manuel.

Otra de las cuestiones sobre las que incide el ganadero es la contaminación de manantiales y arroyos por metales pesados, un problema que ya se había iniciado con la vieja explotación minera. «Sería un problema para los vecinos, para las granjas y mucho más allá, ya que las aguas de la mina llegan al río Ulla, con el impacto que eso podría generar en la pesca y en el marisqueo de la ría de Arousa», valora.

«La ganadería en la zona tiene futuro, en la mayoría de las granjas entramos gente joven y afrontamos ampliaciones»

Fernando Lago, de Casa Eiras (Cebreiro, O Pino).

Fernando Lago, de Casa Eiras (Cebreiro, O Pino).

Fernando Lago es un joven ganadero de Cebreiro (O Pino). Su explotación, Casa Eiras, tiene unos 140 animales, de los que 70 están en ordeño. Las minas le quedarían también a un kilómetro de la granja, un escenario que ve con preocupación.

«Todo el entorno de la mina es una de las zonas ganaderas más importantes de la comarca. Somos granjas en las que hubo relevo generacional y en las que estamos afrontando ampliaciones», describe. «Aquí tuvimos mucha inversión pública en concentraciones parcelarias y en apoyo al sector ganadero. ¿Qué sentido tiene echar ahora todo eso abajo?», se pregunta.

El impacto de las minas sobre la actividad ganadera inquieta tanto a Fernando como al resto de productores consultados. «La mina me podría coger algunas fincas, pero lo peor sería el ruido, el polvo con metales pesados y la contaminación de las aguas» -señala Fernando.- «Es probable que en las viviendas también suframos grietas u otros daños por las voladuras, como ya se habían producido en los años 80, en la anterior etapa de las minas», valora.

Los ganaderos son claros: «No queremos que las canteras reabran -concluyen-. «Sería crear unos puestos de trabajo durante unos años, pero destruyendo muchos otros para siempre».

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