¿Ha cambiado la valoración social de los ganaderos y agricultores con la crisis del coronavirus?

Distintas voces analizan la situación actual motivada por el Covid-19, que se antoja como una oportunidad para poner en valor la producción de alimentos y para reflexionar sobre el valor del rural

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Junto con la sanidad, la producción de alimentos se ha mostrado en las últimas semanas como un sector básico y esencial para la supervivencia de la población en un mundo globalizado en el que, al igual que los virus no entienden de fronteras, gran parte de lo que comemos también llega de la otra punta del planeta.

El pico de demanda de alimentos, previo al pico de contagios, tensionó a la cadena alimentaria y puso a los supermercados al borde del desabastecimiento, como días después el coronavirus pondría a las UCI al borde del colapso en los hospitales.

Mientras mantienen sus granjas funcionando, ganaderos y agricultores de distintos puntos de Galicia, el primer escalón de esa cadena de suministro de alimentos, y estudiosos de nuestro mundo rural reflexionan en Campo Galego sobre el cambio de percepción social de un sector hasta ahora infravalorado.

Probablemente la actual crisis sanitaria traiga consigo un reajuste de las prioridades humanas y un cambio en el modo de vida y los hábitos de consumo de la población. La pandemia del SARS-CoV-2 se ha cebado en las grandes urbes como principal foco de transmisión del virus, poniendo en cuestión el actual modelo de habitar el planeta, fruto de un éxodo generalizado hacia las ciudades.

Pero, ¿va a servir esta pandemia para darle la vuelta a la situación? ¿Saldrá reforzado el rural y el sector agroganadero de la actual crisis sanitaria del coronavirus? Pocos se atreven a aventurarlo, pues una vez todo esto pase corremos el riesgo de volver a las andadas.

«Igual que faltan mascarillas, los alimentos también pueden faltar» (Xosé Luis Carrera, Granxa Arqueixal, Palas de Rei)

arqueixal estandarXosé Luis Carrera puso en marcha hace 30 años Arqueixal en Santiago de Albá (Palas de Rei), un modelo integral de aprovechamiento de los recursos que el medio rural y la naturaleza ponen a nuestra disposición. Cuenta con ganadería ecológica extensiva, quesería, alojamientos rurales y una serie de iniciativas complementarias a lo largo de todo el año para recuperar y poner en valor la tradicional manera de vida gallega, vinculada al campo y a las aldeas.

«Los que teníamos otro modelo éramos algo anecdótico, casi exótico. Es cierto que todo el mundo se quejaba del estrés, de las prisas y de la vida que llevaba, pero la gente no era capaz de parar, de dejar de hacer eso y hacer otra cosa. Tú quieres parar pero el propio sistema que te envuelve no te deja parar. Pero el actual confinamiento ha obligado a parar a la gente y si el sistema para te da esa oportunidad, una gran oportunidad necesaria para todo el mundo, incluso para que la gente que estaba muy metida en ese modelo pueda cuestionarse también el modelo. El confinamiento no debería ser gratuito, debería ser un despertar de conciencias porque da la oportunidad para reflexionar en los valores importantes en los que tenemos que centrarnos a partir de ahora», razona.

El confinamiento no debería ser gratuito, da la oportunidad para reflexionar en los valores importantes en los que tenemos que centrarnos a partir de ahora como elementos prioritarios para la supervivencia del ser humano: tener alimentos de calidad y un medio ambiente natural en el que podamos respirar con tranquilidad

Xosé Luis lamenta las graves consecuencias que está teniendo la pandemia, tanto en vidas humanas como en pérdidas económicas y de empleo, porque «en cualquier cambio social los más vulnerables siempre son los que peor lo pasan, forma parte de la historia, ya en la crisis económica del 2008 ya fueron los que peor lo pasaron», dice. Pero se queda con el aspecto positivo que pueda tener: «es un golpe letal que hace reflexionar, una gran oportunidad necesaria para la reflexión colectiva para el cambio de modelo, en el que se fije como elementos prioritarios para la supervivencia del ser humano tener alimentos de calidad y un medio ambiente natural en el que podamos respirar con tranquilidad», afirma.

Una oportunidad global para la reflexión sobre prioridades

El responsable de Arqueixal considera la actual pandemia «en cierta medida una respuesta natural a la superpoblación y a un modelo global del sistema que estaba imperando y que era un camino a ninguna parte». «Es un golpe en la mesa de la propia naturaleza para dar respuesta a un camino desbocado. Los humanos somos cómplices, pero estamos teniendo la oportunidad de buscar la formula para salir de esto, que la gente reflexione y pueda darse cuenta de lo que estaba pasando, si no lo sabemos aprovechar es nuestro problema, porque esto es un aviso de lo que va a seguir sucediendo si no cambiamos el rumbo, un avance para más escenarios de colapso futuros», razona.

Antes de esta crisis los chinos ya se habían dado cuenta de que poder alimentar a su población es básico, por eso llevan años comprando tierras en África y en otras zonas del planeta

«Los chinos ya se habían dado cuenta antes, por eso estaban comprando desde hace años tierras en África y en otras zonas del planeta porque vieron que poder alimentar a su población es básico. Porque a medida que la gente se urbaniza en su subconsciente da por hecho que el alimento llega allí porque sí y tiene que seguir llegando porque siempre llegó, pero igual que se está viendo que faltan máscaras protectoras, también puede faltar el alimento. La gente estos días se dio cuenta de eso y por eso asaltó los supermercados», argumenta.

«Los sectores básicos esenciales pienso que saldremos algo mejor parados, pero habrá diferencias, porque la gente aplaudía a los sanitarios pero en mucha menor medida a los productores de alimentos, desde los balcones y desde las televisiones se destacaba el valor de la sanidad pero no se mencionaba apenas los alimentos», añade.

Circuitos cortos

Defensor de los circuitos cortos de consumo como mejor manera de garantizar la seguridad alimentaria para la población, Xosé Luis lleva décadas practicando con el ejemplo con la comercialización de la leche, los yogures y el queso que produce. A pesar del coronavirus sigue haciendo lo mismo, aunque tuvo que reducir la producción a consecuencia del cierre de la hostelería y del turismo. Todos los años por estas fechas recibía en los alojamientos rurales que oferta en Santiago de Albá a muchos visitantes de entornos urbanos que aprendían cómo se hace el queso de la DOP Arzúa-Ulloa y que se los llevaban después como souvenir.

«Esta crisis rompe moldes establecidos, el que piense que cuando pase esto va a volver subirse al mismo tren está engañado. Es un golpe durísimo a la sociedad de consumo y a la economía basada en el consumo, que es el mayor atentado a la naturaleza», asegura.

«Coger un avión para pasar cinco días en la otra punta del planeta casi con el único objetivo de ir a hacerme una foto a Indonesia es un sensentido que tiene un coste medioambiental muy alto. El viajar de manera superflua, como se viajaba hasta ahora el 80% de las veces, con esa movilidad sin sentido, tendrá que cambiar. Soy optimista en que se dé ese cambio de tendencia. A la gente le dan esa oportunidad encerrándola en su casa y en masa, es una gran oportunidad que hasta ahora no se daba a nivel global. El confinamiento tiene que ser una herramienta para llegar a una reflexión profunda a nivel individual y social. Porque cuando nos cansemos de compartir cosas por el whatsaap y por el facebook estaremos obligados a reflexionar. Pienso que esta es una de las cosas que marca un antes y un después en la persona, un cambio de fondo. Y también es una lección y una demostración práctica de que podemos bajar la contaminación y reducir la capa de ozono», afirma.

Las ciudades colapsadas y el rural vacío

«Las ciudades están colapsadas y el rural está vacío, ahí hay un desequilibrio que hay que compensar. Yo siempre dije que uno de los problemas graves de la humanidad es estar agolpados en las ciudades, porque perdemos la perspectiva de ser una parte más de la naturaleza y esta es una oportunidad para reconectar también con la naturaleza. Tiene que haber una desbandada hacia el rural. Pienso que puede haber gente de la ciudad que pueda querer tener un refugio en el rural, por su propia seguridad, porque a partir de ahora en las ciudades va a haber, además de una incertidumbre laboral, una incertidumbre de salud. No sé si realmente va a cambiar la percepción pero es una oportunidad para que suceda. Desde luego, se dan las condiciones para que pueda acontecer, mejor que en ninguno otro momento», añade.

Las ciudades están colapsadas y el rural está vacío, ahí hay un desequilibrio que hay que compensar. El rural es una zona de confort en este momento y puede haber gente de la ciudad que quiera tener un refugio en el rural

«En las ciudades la gente ya estaba encerrada antes, aun sin llevar mascarilla, que era tan necesaria en ellas antes por la contaminación como ahora por el virus. Es la contradicción de estos días, ahora la gente lleva mascarilla en las ciudades cuando el aire está más limpio que nunca. El rural es una zona de confort en este momento. No ser víctima directa del problema, como pasa en las ciudades, te hace también tener distancia y perspectiva mayor. Es una oportunidad también para poner en valor a la sociedad como tal e incluso a la especie humana frente a una manera de vida basada en alimentar egos personales y en la que lo importante era el individuo frente a la colectividad», concluye.

«La gente primero se acordó de los sanitarios, después de los transportistas. Ya veremos si esa cadena de agradecimientos llega también a nosotros» (Xusto Sánchez, ganadería A Devesa Langueirón, Ponteceso)

devesa_langueiron_o2_standarEn la ganadería A Devesa Langueirón SL, de Ponteceso, donde ordeñan cada día más de 400 vacas, siguen trabajando con normalidad, con las precauciones necesarias y con algún que otro pequeño problema puntual de suministros o de salida del producto. «Gastamos bagazo de cerveza de Estrella Galicia, y eso ha ido un poco más intermitente, el resto normal, excepto para mandar las vacas gordas, que en eso sí que hay problema porque dicen que no hay demanda», explica Xusto Sánchez, que junto a sus hermanos Antonio y Miguel comenzó en la ganadería en el año 1979.

«Los que van a cambiar van a ser los hábitos de consumo, no sabemos muy bien aún hacia donde, porque muchas veces la gente compra ciertos alimentos por moda, pero desde luego que cambiarán. Hay que esperar a que se normalice la situación para adivinar bien hacia donde van a ir. De momento estamos aún en la cresta de la ola y no me atrevo a hacer muchas predicciones porque esto nunca sabes como acaba evolucionando, lo sabremos cuando pasen unas semanas o unos meses y se calmen las aguas, porque ante una crisis tan gorda como esta la gente donde gasta es en lo más barato. Así que las cosas que tienen un poco más valor por su calidad igual no son las que van a salir más reforzadas», opina.

Ante una crisis tan gorda como esta la gente donde gasta es en lo más barato, así que los productos que tienen un poco más valor, precisamente por su calidad, igual no son los que van a salir más reforzados

Xusto piensa que la reacción final que la población pueda tener tras el confinamiento es muy imprevisible, porque «muchas veces la gente compra ciertos alimentos por moda pero no los valora en toda su medida». «Hay que esperar unos meses para saber cómo la gente va a valorar todo eso y ver si los consumidores comienzan a valorar más la calidad del producto, los alimentos de proximidad y el rural en su esencia», dice.

«Los productores también acabaremos sufriendo los efectos económicos de la crisis»

Considera además que «la crisis va a llegar a todos lados y la agricultura no va a salir beneficiada desde el punto de vista económico porque la crisis y sus efectos van a acabar llegando a todos y ya estamos viendo que hay exceso de leche en Europa que puede acabar tirando los precios también aquí» pero espera que por lo menos la agricultura y la ganadería comiencen a ser más valoradas.

La agricultura no va a salir beneficiada desde el punto de vista económico porque la crisis va a llegar a todos lados y sus efectos acabarán llegando también a nosotros, pero sí más valorada

Pero sobre si esa mayor valoración a los productores de alimentos por parte de la sociedad va a ser duradera, Xusto tiene sus dudas: «Son muchas cosas y la gente generalmente enseguida se olvida. La gente habla mucho de los sanitarios y de los supermercados, la gente se acuerda de la distribución que les hace llegar la producción allí donde viven, pero no de los productores. Mucha gente parece que da por hecho que los productos nacen en los supermercados pero somos muchos más los que participamos en el sector alimentario y primario. La gente primero se acordó de los sanitarios, después de los transportistas, ya veremos si esa cadena de agradecimientos llega también a nosotros», dice.

«Lo que enseñamos en la escuela también se refleja en lo que la gente piensa»

«Esta crisis también sirve para reflexionar sobre lo que estuvimos haciendo hasta ahora y lo que le hemos enseñado a nuestros hijos, porque la educación también se ve reflejada en cómo la gente piensa. La percepción social de la agricultura y de la ganadería también tiene que ver con cómo educas a la gente y cambiar después eso, la manera de pensar de la gente, es difícil», razona Justo.

Vamos a aprender a vivir mejor con menos, que es un poco la esencia del rural

«Es muy aventurado hacer una predicción cuando aún estamos recluidos, la gente cuando salga a la calle no sabemos cómo va a comportarse y reaccionar, pero algunas luces que ahora alumbran mucho quizás dejen de funcionar en el ámbito social porque no aportan nada. Por el contrario, cosas como el turismo rural puede que tengan un boom, o por lo menos no sufran lo que va a sufrir el otro tipo de turismo, el de los grandes hoteles y el de las grandes aglomeraciones, por lo menos a corto plazo, porque va a haber miedo y temor. Vamos a aprender a vivir mejor con menos, que es un poco la esencia del rural», concluye.

«Estos días hay muchos reconocimientos y muchos aplausos pero yo casi prefería que todos esos aplausos se repartieran en los próximos 10 años» (Hortícolas Javier Miranda, Riotorto)

Javier Miranda apañou este ano máis de 500 toneladas de pataca, unha cifra que conta dobrar en 2020

¿Cómo va Javier? «De salud bien, que es lo que hay que pedir estos días», responde Javier Miranda. Este productor de huerta de Riotorto es un ejemplo de profesionalización en el sector. Su empresa, Hortícolas Javier Miranda, tiene solo 8 años pero labrará en esta campaña 72 hectáreas de tierra con más de una docena de productos diferentes, que distribuye por Galicia y Asturias y vende por internet a toda España.

«El coronavirus nos ha afectado porque al fallarnos la hostelería, que representa el 60% de nuestras ventas, hemos tenido que buscar otros clientes para dar salida a la mercancía», explica. Así que intentaron suplir ese mercado derivando parte de esa producción a las cadenas de supermercados y directamente a los hogares a través de la venta online.

La venta a través de nuestra página web se disparó un 120%. Hubo días locos, está Seur encantado

La venta a través de su página web se ha disparado un 120% estos días. «Ha habido días locos, ese jueves y ese viernes antes del confinamiento salieron 120 paquetes cada día, ahora ha aminorado algo, están saliendo la mitad, sobre todo los primeros días de la semana. Están saliendo paquetes para toda España, está Seur encantado», bromea Javier.

El hecho de haber diversificado la comercialización y haber mantenido estos años los distintos canales de venta (reparto con una flota de tres furgonetas propias a hostelería y fruterías, distribución a través de cadenas de supermercados y venta online) les ha hecho ir salvando la situación. Eso y que la crisis sanitaria no llegó en plena primavera, la época de más producción, sino los estragos habrían sido mucho mayores. «Nos cogió en una época más floja de mercancía, no es como si huviese venido en plena primavera», reconoce. Por eso los problemas podrían ser mayores si el estado de alarma y el cierre de bares y restaurantes se alarga más allá de mayo. Pero Javier no se queja: «en comparación con otros sectores somos unos privilegiados, otra gente, como los bares o restaurantes, no han facturado ni un duro», compara.

Falta de mano de obra

Otro importante problema que Javier ha tenido que solventar sobre la marcha fue la falta de mano de obra. Las limitaciones al movimiento de personas los cogió plantando las cebollas. «Otros años se encargaban de eso cuadrillas de trabajadores temporeros de Andalucía, venían en dos furgonetas 14 ó 15 personas y se quedaban en un hostal, estaban dos semanas plantando y después se marchaban, pero este año no vinieron porque no tenían donde quedarse porque los hoteles están cerrados y porque solo podían venir dos o tres en cada furgoneta, así que tenían que venir en más coches y no les compensaba. Eso nos obligó a tener que plantar la cebolla nosotros mismos, sin ayuda, y son 6 hectáreas las que echamos. Lo estamos haciendo nosotros echando muchas horas todos los días y trabajando los fines de semana para no perder la planta, donde hemos invertido 60.000 euros, ni a los clientes», cuenta Javier.

Los clientes están todos los días preguntándonos si estamos plantando porque hay miedo al desabastecimiento y yo pienso que si esto sigue así va a faltar producto, porque antes si no había aquí cebollas se traían de Perú, pero ahora eso no va a ser posible

Él estuvo la semana pasada en el hospital, pero no por coronavirus. Su mujer, Tania, dio a luz a su segundo hijo, así que Javier está disfrutando del permiso de paternidad plantando cebollas 12 horas al día. «Yo pienso que si esto sigue así va a faltar producto, los clientes están todos los días preguntándonos si estamos plantando porque hay miedo al desabastecimiento, antes si no había aquí cebollas se traían de Perú, pero ahora eso no va a ser posible», afirma.

Igual que pasaba con las cebollas que venían de Perú y de otros países sudamericanos, los productores de huerta gallegos como Javier estaban acostumbrados a sufrir la competencia (muchas veces desleal por pagarse salarios más bajos y tener menos controles y exigencias en cuanto a tratamientos fitosanitarios) de las judías, los pimientos o los calabacines de Marruecos o las alubias de Bolivia y Colombia. «Seguramente a partir de ahora se valore más la producción local y no vendrá tanto producto de fuera, en esta cosecha por lo menos», opina.

Para la gente del rural tener la huerta vacía es como tener la despensa vacía

Es cierto que en el rural gallego siempre hubo ese apego por las cosas producidas al lado de casa, pero en las ciudades, y también para las cadenas de supermercados la distanciación parecía mucho mayor y la falta de concienciación también. «Para la gente del rural tener la huerta vacía es como tener la despensa vacía, estos días nos ha llamadi mucha gente para que le llevásemos planta que antes compraban en la feria y en los mercados para poner en su huerta y que estos días no pueden comprar porque no pueden salir de casa y porque no hay mercados», cuenta Javier.

Mantienen la planificación que tenían diseñada

A pesar de los percances, esta empresa de Riotorto mantiene la programación y la planificación de plantaciones que habían diseñado para este año. «Teníamos todo programado para 72 hectáreas, las tierras, la planta, el estiércol, el abono, y seguimos adelante con la misma planificación de plantación que teníamos hecha. Puede salirnos bien o mal, pero para atrás no le vamos a dar. Esa incertidumbre la hay, pero comer siempre se ha comido», razona. Entre otras producciones han pensado doblar la producción de patata, que el año pasado pasó de las 500 toneladas.

La coliflor ha llegado a valer la semana pasada a 3 euros la pieza y el calabacín igual. Hay demanda porque la gente está cocinando más, una porque se aburre, otra porque tiene a los hijos en casa y no les van a dar pizza todos los días y también porque al ver la enfermedad en la puerta se conciencia de que tiene que comer más sano

Javier es una persona valiente y decida que ya ha tenido que hacer frente en su corta historia empresarial a otras situaciones complejas, como la plaga de la polilla de la patata, que le cogió de lleno, o al hecho de que algún año la distribuidora que le había mandado plantar repollos después lo dejó tirado sin llevárselos. «Nosotros ya nacimos como empresa en tiempos de crisis, empezamos en el 2012 y sabemos lo que es no tener salida y tener que tirar mercancía, así que nosotros estamos acostumbrados a arriesgar. Siempre tienes la presión de si estarás haciendo lo correcto, pero la gente comer tiene que seguir comiendo y vamos a seguir tirando del carro», asegura.

La duda está en cómo va a reaccionar el mercado y si va a haber salida para el producto que planten como un año normal antes de la crisis sanitaria. «Ahora mismo aunque no está la hostelería, está habiendo demanda y la pieza de coliflor llegó a valer la semana pasada a 3 euros y el calabacín igual. La gente está cocinando más estos días, una porque se aburre, otra porque al ver en su puerta esta enfermedad se cociencia de que hay que comer sano y también porque al no haber colegio tienen a los hijos en casa y no les van a dar todos los días pizza. Pero la gente ahora que está en casa tiene tiempo para hacer la compra online y cocinar, pero cuando vuelva más o menos a la normalidad todo esto lo que menos tenemos todos es tiempo, porque andamos todos como pollo sin cabeza de arriba para abajo, y priorizamos el trabajo sobre el resto de las cosas, entre ellas cocinar y comer sano», argumenta este joven productor.

¿Cuánto van a durar los reconocimientos públicos?

«Ahora mismo la gente está muy concienciada, pero la gente enseguida se olvida. Estos días hay muchos reconocimientos y muchos aplausos pero yo prefería que todos esos aplausos se repartiesen en los próximos 10 años. Es como cuando comienzas con una chica, cuando empiezas es todo pasión pero a medida que va pasando el tiempo muchas veces se va perdiendo esa euforia. Ahora está todo el mundo chalado con los médicos y con los agricultores, pero esa chaladura igual pasa en poco tiempo. Vivimos en un mundo en el que nos olvidamos muy rápido de todo», sentencia.

Ahora está todo el mundo chalado con los médicos y con los agricultores, pero esa chaladura igual pasa enseguida. Es como cuando comienzas con una chica, cuando empiezas es todo pasión pero a medida que va pasando el tiempo muchas veces se va perdiendo esa euforia

Por eso, Javier también es de los que opina que hay que esperar para ver como acaba comportándose el consumidor después de todo esto pero intuye una tendencia: «los productos de más valor, como las fabas de Lourenzá, son productos que sufren más en épocas de crisis, mientes que los productos baratos tienen más salida cuando la gente pierde poder adquisitivo», piensa.

La gente de las ciudades hasta ahora pensaba que los agricultores y los ganaderos éramos unos animales que lo único que hacíamos era acabar con el medio ambiente. Yo espero que lo que está pasando acabe con mucha tontería que tenía antes mucha gente

Con todo y a pesar de todos los abatares que en esta empresa hortícola han pasado en estas semanas y las incertidumbres sobre el futuro, Javier saca algo positivo de lo sucedido. «La gente de las ciudades hasta ahora pensaba que los agricultores y los ganaderos éramos unos animales que lo único que hacíamos era acabar con el medio ambiente. Ahora no nos ven así, pero ya veremos cuanto dura eso. Yo espero que lo que está pasando acabe con mucha tontería que tenía antes mucha gente. Supongo que tendremos cosas en las que mejorar, seguir formándonos y mejorando técnicas de cultivo para ser más respetuosos con el medio ambiente, pero la población urbana se tiene que dar cuenta, y así se ha demostrado estos días, que la agricultura, además de necesaria, es beneficiosa para el conjunto de la población, para la humanidad. A veces la naturaleza parece que nos pone a cada uno en su sitio y no quiero decir con esto que haya nada bueno en la crisis sanitaria actual, pero lo que está pasando también es una herramienta para nosotros, los agricultores y ganaderos, para defendernos en el futuro. Porque hasta ahora hacíamos como las ovejas y agachábamos la cabeza cuando nos atacaban sin tener con que responder, pero ahora tenemos argumentos que todo el mundo entiende», razona este productor.

«Esta crisis coincide en un año de reforma de la PAC y el dinero de la UE se va a ir a otras cosas» (Jordi Ánguez, Cachenas de San Breixo, Triacastela)

Jorge con Carmen

Jordi Ánguez es de esas personas nacidas en la ciudad que valora el rural. Nació en Barcelona pero se trasladó a Triacastela con su familia para cumplir su sueño y su pasión: ser ganadero. Apostó por las razas autóctonas y Cachenas de San Breixo fue de las primeras ganaderías en comercializar su carne por internet, haciéndola llegar directamente al consumidor final sin intermediarios.

Está viviendo el confinamiento por el Covid-19 en esta pequeña aldea en la que su casa es la única habitada todo el año. «El rural se ha revalorizado, en esta situación es el paraíso. Nosotros bajamos una vez a la semana a Sarria a comprar cosas que en Triacastela no hay, como pescado, pero extremando el cuidado para no contagiarse». Su mujer, Mireya, tiene problemas de inmunodepresión por una enfermedad previa, un cáncer, y es persona de riesgo ante el coronavirus.

El rural se ha revalorizado, en esta situación es el paraíso

Pero en la mente de Jordi, como en la de todos los ganaderos, hay otra preocupación. «Si nosotros caemos, quién cuida de nuestro ganado y lo alimenta. Nuestras explotaciones no son fábricas que puedan apagar las máquinas», dice. Su trabajo estos días se mantiene prácticamente inalterado a pesar de la pandemia. El modelo de ganadería que escogió, con animales de raza autóctona en extensivo, depende poco de factores externos.

Menor dependencia de terceros

«El modelo intensivo puede ser más rentable, pero también tiene más riesgos. Nosotros cerramos más el círculo y dependemos más de nosotros mismos y del clima para tener pastos, pero no tenemos las facturas semanales de alimentación que tienen otro tipo de explotaciones. Quizás una de las enseñanzas de esta crisis pueda ser optar por sistemas como el nuestro, poner los pies en el suelo y plantearse hacer las cosas de otro modo», opina.

Nosotros cerramos más el círculo y dependemos más de nosotros mismos y del clima para tener pastos, pero no tenemos las facturas semanales de alimentación que tienen otro tipo de explotaciones. Esa puede ser una de las enseñanzas de esta crisis

La estrategia que siguen en Cachenas de San Breixo es apostar por un producto de calidad destinado a un público que está dispuesto a pagar por ella. «Nuestra línea es matar una vez al mes. El mes pasado lo hicimos con normalidad y el próximo sacrificio está programado para finales de este mes. El matadero de Sarria ya no mata todos los días, ahora ya lo han limitado solo a 3 días y otros mataderos como Frilea en Castro también hacen lo mismo», explica Jordi.

Aunque una de las consecuencias de esta crisis es que están aumentando considerablemente las ventas por internet, esta ganadería de Triacastela, que vende a través de su páxina webno se ha podido beneficiar de ese repunte. «Nosotros ya teníamos lista de espera, estamos sirviendo solo a los clientes habituales, sin coger nuevos clientes, porque no tenemos capacidad para producir más y porque dependemos de la logística, que de momento está funcionando bien pero no sabemos si también se puede ver afectada», dice.

«Va a haber animales que no van a poder salir de las explotaciones en estas semanas»

Ahora mismo, cuenta Jordi «los envíos están funcionando incluso mejor que antes porque las ciudades están vacías de coches y las furgonetas de reparto van mejor y más rápido porque no hay tráfico». «La base fundamental para nosotros es la logística, mientras eso no pare no tenemos mayores problemas, eso es lo que a nosotros nos garantiza el acceso a los mercados, en nuestro caso al consumidor final», explica.

Los precios de los alimentos no vamos a poder subirlos porque no va a haber poder adquisitivo en la población

Hay otros productores de carne, tanto de vacuno como de otras especies, que no tienen el mismo control del punto de venta. «Va a haber animales que no van a salir de las explotaciones en estas semanas, sobre todo aquellos productores centrados en la hostelería y la restauración y que dependen del canal Horeca para comercializar. Discarlux ya está ofreciendo lotes a particulares para poder ir sancando mercancía de las cámaras de alguna manera», cuenta.

Jordi prevé «un problema económico gordo, más allá del sanitario» y cuenta con una reducción drástica de las ayudas de la PAC, algo de lo que sí dependen ganaderías como la suya, ubicadas en zonas de montaña y que apostaron por las razas autóctonas. «Esta crisis ha coincidido en un año de reforma de la Política Agraria Común y el dinero de la Unión Europea se va a ir a todos los lados menos a nosotros porque va a haber muchas otras cosas que pagar», piensa. «Y los precios de los alimentos no vamos a poder subirlos porque no va a haber poder adquisitivo en la población», añade.

«Tenemos que esforzarnos en comunicar el rural en positivo y contrarrestar las noticias falsas que se lanzan contra el sector»

Luis García es el director del Centro de Promoción Rural EFA-Fonteboa de Coristanco y es partidario de aprovechar la actual situación generada por el coronavirus para poner en valor el medio rural y el sector agroganadero. «Yo pienso que podemos sacar varias lecciones de todo esto, la primera es que tenemos que poner en valor la importancia del sector primario, un sector muchas veces denostado e infravalorado, acusado un poco gratuitamente de cuestiones como contaminación, cambio climático, maltrato animal y demás. Hay que dar mensajes ciertos para contrarrestar y neutralizar campañas orquestadas interesadamente por ciertos lobbies y trasladar una imagen positiva del rural y de la profesión de agricultor y ganadero, explicar que se hacen las cosas bien, que se avanzó en trazabilidad, que se producen alimentos de calidad y que alrededor de las granjas hay ecosistema y cuidado de la naturaleza, y el propio sector tiene que hacer un esfuerzo de comunicación de todo esto a la sociedad porque sino la población por sí sola no lo va a percibir», considera Luis.

Hay que aprovechar para transmitir ideas positivas de la profesión, no pintarlo siempre todo tan negro

El director de la EFA-Fonteboa insiste en tratar de evidenciar la función que tiene la agricultura en el medio rural más allá de la meramente productiva. «Detrás de la producción hay vida», dice. «Es necesario que toda la población haga una reflexión sobre el modo de ocupación del territorio, sobre el abandono del rural y sobre los modos de vida actuales, destacando que se puede vivir también en los pueblos y la interrelación e interdependencia de la actividad agroganadera con el territorio», propone.

Yo pienso que no vamos a volver a las andadas cuando todo esto pase porque nada va a volver a ser lo mismo y vamos a tener a partir de ahora una economía de postguerra

Finalmente, Luis considera que la situación actual es una oportunidad para poner en valor la economía de proximidad y el valor de lo local concienciando al consumidor para que mire la procedencia y el origen de los productos que consume. «Yo pienso que no vamos a volver a las andadas cuando todo esto pase porque nada va a volver a ser lo mismo y vamos a tener a partir de ahora una economía de postguerra», concluye.

«Habrá una desbandada de las grandes ciudades hacia el rural vaciado» (Alberto Saco, sociólogo de la Universidad de Vigo) 

Alberto, sociólogo e demógrafo, cunha pirámide poboacional galega

Alberto, sociólogo experto en demografía y migraciones, con la pirámide poblacional gallega (Foto: UVIGO)

Alberto Saco, es sociólogo de la Universidad de Vigo en el campus de Ourense y lleva décadas estudiando la despoboación del rural gallego y el movimiento incesante de población hacia las villas y ciudades pero cree que la crisis sanitaria actual provocará un movimiento en sentido contrario. «Evidentemente se están viendo las debilidades del modo de vida que seguía la mayor parte de la población y estoy seguro de que va a haber un movimiento de población hacia el rural vaciado», opina.

«El rural tiene una posición de ventaja que tiene que aprovechar, con esta crisis mucha gente está cambiando su percepción y el concepto de vida digna y creo que habrá un goteo constante de gente del urbano hacia el rural. Ahora ese movimiento no será por ideología ni por voluntarismo, sino por necesidad, porque situaciones como la actual pueden volver a pasar en más momentos», justifica.

Históricamente los cambios sociales siempre se han dado por acontecimientos traumáticos. Es como una curva en la carretera, hasta que se matan cuatro jóvenes y uno de ellos es el hijo del alcalde no se rectifica la curva

«Las desgracias están para aprender de ellas. El modo de vida que se llevaba no era viable ni sostenible, pero si no fuese por esto quizás nunca fuésemos capaces de darnos cuenta y corregir el rumbo. Históricamente los cambios sociales siempre se han dado por acontecimientos traumáticos. El cambio social es como una curva en la carretera, hasta que se matan cuatro jóvenes y uno de ellos es el hijo del alcalde no se rectifica la curva», compara.

En la Edad Media la gente también huyó de las ciudades por la peste y se repoblaron zonas como la Ribeira Sacra

Y pone ejemplos de otros momentos históricos en los que se rompió la tendencia imperante. «En la Edad Media la gente también huyó de las ciudades por la peste y se repoblaron zonas como la Ribeira Sacra», recuerda. Más recientemente, dice, «habitantes de las ciudades en EEUU en otras crisis económicas reflexionaron que era mejor ganar la mitad y vivir mejor y se marcharon de las grandes urbes».

«En este penoso y cada vez más largo encierro, muchos miran con envidia a los que estamos en las aldeas, porque además de en Sanxenxo, la gente de las ciudades buscó refugio en el rural y en las aldeas», afirma. «Es un giro de 180º, no va a ser algún caso aislado de urbanita los que vengan, creo que no va a ser una moda ni un cambio coyuntural, sinó algo estructural, pienso que va a haber un movimiento que se va a producir de manera masiva hacia el rural y hacia las zonas menos pobladas», considera. Eso sí, la renglón seguido también aclara que es un optimista nato.

Confinado entre vecinos

Alberto está aislado en su casa de Santa Cruz de Rubiacós, una aldea perteneciente al ayuntamiento de Nogueira de Ramuín que solo tiene siete vecinos y a la que se mudó a vivir el año pasado. Antes había pasado siete años como único habitante de la aldea de Espartedo.

En el rural se asumen las desgracias con otra filosofía, porque la gente está acostumbrada a que a veces las cosas salen mal, que estás cuidando la huerta con esmero y viene una helada y te la quema

Después de una semana dura tras contagiarse de coronavirus y confinado sin salir de su casa reflexiona: «Tengo parientes en Méjico DF, Madrid y Nueva York. No me gustaría estar cerrado en una ciudad de esas». «En las ciudades se ha perdido lo de ayudar al vecino. La gente saliendo a los balcones está conociendo a los vecinos, personas que vivían pegadas y que no sabían ni que existían. La vida en la ciudad es muy egoísta y muy individualista, todos contra todos, y no hay sociedad posible así. En el rural siempre hay roces entre vecinos, pero a la hora de la verdad, cuando hace falta, la gente se vuelca, y eso hay que valorarlo. Tener una comunidad que te da soporte y ayuda es importante, la gente ahora con esto lo valora», dice agradecido de sus vecinos, que le traen todo lo que necesita.

Quizás porque, como él mismo dice, «en el rural se asumen las desgracias con otra filosofía, porque la gente está acostumbrada a que a veces las cosas salen mal, a que estás cuidando la huerta con mimo todos los días y de repente viene una helada y te la quema toda», Alberto, que se desplazaba a diario a dar clases al campus de Ourense, toma con humor y filosofía su contagio. Contrariamente, afirma, «mucha gente en las ciudades no estaba acostumbrada a las desgracias, porque pensaban que la vida era segura y consistía en ir a trabajar a la oficina todos los días y cobrar a fin de mes».

Seguridad alimentaria

Este sociólogo defensor del rural considera que estamos ante un cambio de sistema. «La gente que no piense que cuando esto pase volveremos de nuevo a la normalidad, volveremos, en todo caso, a otra normalidad, pero la vida a la que estábamos acostumbrados no tiene retorno», afirma.

La mayor parte de los alimentos que consumimos viajan cientos o miles de kilómetros y parecen hechos de plástico. Visto lo visto no suena ni eficiente ni muy seguro

«Vamos a tener que vivir todos con una austeridad notable y en ese nuevo escenario cobra una mayor importancia la seguridad alimentaria», dice. «En Portugal ya han aprobado a raíz de todo esto una ley para favorecer la producción local y de proximidad. La mayor parte de los alimentos que consumimos viajan cientos o miles de kilómetros y parecen hechos de plástico. Visto lo visto no suena ni eficiente ni muy seguro», afirma.

Autor de ensayos como La parroquia global o La avenida de las utopías, Alberto critica que «esa prisa por vivir, esa insatisfacción permanente nos ha llevado a separarnos de la tierra» y hace una propuesta de cara al futuro inmediato: «Las ciudades precisan de producto local fresco y de temporada. Más que nunca. Los habitantes del rural, rentas para poder seguir adelante. Es necesaria la puesta en práctica de la función social de la propiedad consagrada en nuestra Constitución para poder poner a producir las tierras que no lo hacen».

«Una de las cosas que estamos comprobando es el valor que tiene que nosotros produzcamos lo que consumimos» (Lourenzo Fernández Prieto, historiador de la USC)

Lourenzo Fernández Prieto forma parte del grupo de Historia Agraria y Política del Mundo Rural (Histagra) de la Universidad de Santiago de Compostela y destaca que «una de las cosas que estamos comprobando estos días es el valor que tiene que nosotros produzcamos lo que consumimos. Se ve a respeto de la producción manofacturera, por ejemplo con la dependencia de China en las máscaras y en los productos sanitarios, pero también lo estamos empezando a apreciar también ya de una manera clara en nuestro consumo alimentario. En los últimos 30 años nos acostumbramos a que no había una relación entre lo que producimos y lo que consumimos y, de hecho, hay muchas cosas que ya no producimos, muchos alimentos que importamos», advierte.

«En las próximas semanas pienso que va a haber problemas de abastecimiento de ciertos productos porque no se va a coger la fruta allí donde se produce y lo mismo va a suceder con otras producciones. Y eso debería llevarnos a una reflexión y es por qué todas las fresas tienen que venir de Andalucía y todas las manzanas de Lleida», se pregunta Lourenzo.

La hiperespecialización y la economía de escala como tótem de la producción

Este estudioso de la historia agraria cree que esta es «una ocasión de oro para hacer evidente los ciclos cortos y los mercados de proximidad» y el error de la » hiperespecialización productiva y la economía de escala como tótem». «En Galicia conservamos la diversificación agroganadera durante mucho tiempo y pienso que es el momento de recuperarla», añade.

¿Por qué todas las fresas tienen que venir de Andalucía y todas las manzanas de Lleida?

«Este es el momento de hacerlo, no llega con decirlo, porque en cualquier crisis la solución históricamente deriva de cómo se posicione la sociedad», dice. Recuperando la diversidad productiva del rural gallego lograríamos, a juicio de Lourenzo, solucionar también en buena medida el problemas sanitario actual de la rapidez de contagios de virus como el Covid-19.

«La biodiversidad y las barreras naturales vinculadas a la naturaleza frenan los virus. Me refiero a la naturaleza manejada y eso se llama multifuncionalidad agraria y cabañas ganaderas complejas de razas diferentes. La forma orgánica de producir que históricamente tuvimos permite tener a las poblaciones separadas porque esas formas orgánicas de producción agraria, que eran las que había en toda Europa y también aquí en Galicia, obligan a estar dispersos en el territorio», explica.

La diversificación y la multifuncionalidad agraria crean barreras naturales que frenan la propagación de los virus

«No es volver al pasado, es recuperar lo que tenemos y lo que siempre tuvimos, la huerta, los frutales, en vez de los monocultivos. En el pasado tenemos muchas recetas para ganar el futuro», añade.

«En el pasado tenemos muchas recetas para ganar el futuro»

«Acabamos de parar el mundo. Los que decíamos que había que parar el crecimiento para garantizar la sostenibilidad vemos con esperanza la situación actual. Se trata de hacer las cosas de otra manera, porque mercado siempre tuvimos, la gente siempre fue a vender a la feria, pero era un mercado diferente al actual mercado financiero capitalista», dice.

Pero Lourenzo advierte también de riesgos en ese nuevo planteamiento derivado de la crisis del coronavirus. «Nos están poniendo delante una disyuntiva que no es real, no hay que escoger entre economía y salud o entre libertad y salud. Esos son los dilemas que no hay que aceptar porque son compatibles todos esos conceptos pero haciendo las cosas de otro modo que hasta ahora», finaliza.

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