Habaneras, las patatas de A Mariña que han dado de comer a generaciones

A pesar de la cuarentena por la polilla guatemalteca y la prohibición en vigor de plantar tubérculo en la comarca de A Mariña, Medio Rural le ha dado a Celso Pernas un 'salvoconducto científico' para poder conservar la semilla de la patata habanera, una variedad tradicional en Galicia prácticamente desaparecida

Habaneras, las patatas de A Mariña que han dado de comer a generaciones

Celso Pernas, en el invernadero de patatas habaneras que mantiene en O Valadouro.

En el concello de O Valadouro está la única plantación de patatas autorizada del norte de Galicia. No son más de 50 metros cuadrados cuidados con esmero y con hacienda por su propietario, Celso Pernas Vivero. Es una persona curiosa y con inquietud por el rural, pero nunca pensó tener en su casa, situada en la parroquia de Frexulfe, un centro de experimentación agraria.

Es un pequeño invernadero con las máximas medidas de seguridad (red mosquiteira en las cabezas y en las puertas y una trampa de feromonas contra la polilla guatemalteca) donde Celso lleva dos años plantando patatas con el único objetivo de evitar que se pierda una variedad tradicional de tubérculo habitual hace medio siglo en todas las casas de la comarca de A Mariña, pero que hoy está prácticamente desaparecida.

Patacas habaneras.

Patacas habaneras. Foto: Miguel Vila (Colineta.com)

«Cuando yo era niño eran las únicas patatas que había. Después comenzaron a venir otras variedades como la baraka o la kennebec y esta se dejó de echar», explica. Pero Concepción Piñeiro Lagar, una tía de su mujer, las siguió labrando para sí por su sabor y sin quererlo evitó la pérdida de la semilla de la patata habanera. Cuando Celso volvió de Francia, donde estuvo emigrado, cogió el testigo de Concepción y la conservó hasta hoy.

Hace un año, cuando a causa de la plaga de la polilla guatemalteca, la Xunta prohibió plantar patatas en 31 concellos del norte de las provincias de A Coruña y Lugo, entre ellos en O Valadouro, prohibición extendida este año también a Muxía, en la Costa da Morte, Celso habló con los técnicos de Medio Rural para buscar una alternativa y no perder la semilla. «Me dijeron de cultivarla en Mabegondo o en otro sitio fuera de la zona afectada por la cuarentena, o también congelar patatas para volver a labrarlas después de que pase la plaga, pero a mí ninguna de esas soluciones me convencía y les propuse echarlas a cubierto, en un sitio cerrado y controlado. Y aceptaron, pero cumpliendo toda una serie de controles y normas de seguridad», explica.

Así que tuvo que construir un invernadero completamente estanco para plantar las patatas habaneras en su interior. Eso retrasó la siembra del año pasado y la cosecha vino tarde, pero logró la semilla necesaria para volver a echarlas este año. «Las eché con tres semanas de retraso y la rama secó muy temprano y tuve que cogerlas, pero saqué tres sacos de 50 kilos», los suficientes para tener de nuevo semilla para este año.

Patatas a cubierto con riego por goteo
Este año Celso lleva la plantación adelantada. «Dentro del invernadero crecen más y a primeros de septiembre ya estarán para coger», calcula. Echarlas a cubierto tiene sus pros y contras: «tiene la desventaja de que hay que regar, pero también hay la ventaja de que no hay que sulfatar contra la mancha», dice.

Trampeo de la polilla guatemalteca.

Trampeo de la polilla guatemalteca.

Medio Rural declaró su finca como parcela para fines científicos y Celso lleva la cosecha con un control propio de un centro de investigación. Ha anotado el día de la siembra (4-4-18) y cada vez que riega o hace algún trabajo. Está sujeto a un deber de inspección continua porque en el caso de detectarse la presencia de la polilla, tendría que arrancar la plantación y mandarla a destruir. «Están viniendo los técnicos continuamente, pero de momento no apareció nada», explica.

Celso les tiene un cariño especial. Fueron las patatas que criaron a su generación. Entonces en esta zona no había otras. Pero su aprecio viene también por su sabor y calidad. «Cocidas no tienen nada que ver con las otras», compara. ¿Por qué se fue dejando de echar entonces? «Es una patata sumamente gustosa pero menos productiva y la gente busca abundancia», explica.

A salvo en el Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario
Desde hace una docena de años, las patatas habaneras que Celso conservó durante décadas se cultivan, además de en Frexulfe, en el País Vasco. Francisco Otero, presidente de la Asociación de Fruticultores de Galicia (Afrugal) y un enamorado de la recuperación de variedades autóctonas, formaba parte en el año 2005 del plantel de la Oficina Agraria Comarcal de Foz como técnico de Extensión Agraria y llevaba tiempo buscando dar con la variedad de patata habanera, que había sido tan habitual en la comarca de A Mariña.

La casualidad quiso que un día hablando de eso en la Oficina Agraria, la hija de Celso, que estaba allí haciendo un trámite y escuchó la conversación, le contó que en su casa aún se echaban y lo llevó donde Celso. En colaboración con Antonio Rivera Martínez, en aquel entonces técnico del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM), Francisco envió las patatas habaneras desde Frexulfe al NEIKER-Tecnalia, el Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario, equivalente al Ingacal.

Planta de patata habanera.

Planta de patata habanera.

En el instituto vasco la siembran de manera controlada desde entonces todos los años y sometieron la patata habanera llegada de Galicia a un proceso de limpieza de virus para fortalecer la especie y ayudarla a regenerarse y recuperarse de las infecciones que va cogiendo con el cultivo continuado en zonas de clima benévolo, como es el de A Mariña.

En el Neiker-Tecnalia se mantienen varias colecciones de germoplasma de las que cabe destacar las de patata, maíz, tomate y judía. La colección de variedades de patata del instituto vasco constituye el banco de referencia a nivel estatal. Todas las variedades allí depositadas poseen gran valor genético que es necesario conservar, no solo como reservorio de genes de interés, sino también por ser potencialmente utilizables en programas de mejora genética.

No amparada por la IGP Patata de Galicia
La habanera echa menos rama que otras variedades y su hoja es de un color verde menos intensa, tirando un poco a amarillenta. Es una variedad delicada para las heladas, por lo que se daba muy bien en comarcas costeras como la de la Mariña, pero peor en zonas de interior. Es una patata de color blanco por dentro, con forma alargada y con ojos más profundos, lo que dificulta su pelado y merma su salida comercial.

«Las multinacionales arrasaron con las variedades de patata tradicional como esta al introducir semilla foránea en las patatas de siembra, eliminando de esta manera la práctica extendida en Galicia de echar patatas de segundo año», explica Francisco Otero. Poco a poco, la habanera fue siendo sustituida por variedades más lisas y de más producción, como la kennebec, que es hasta el momento el único tipo de patata amparada por la Indicación Geográfica Protegida Patata de Galicia.

La Xunta solicitó hace dos años la inclusión de las variedades Agria, muy cultivada en A Limia, y Fina de Carballo, tradicional de la comarca de Bergantiños, dentro de la IGP, así como la ampliación de su ámbito geográfico, actualmente restringido únicamente a cuatro subzonas (Limia, Lemos, A Mariña-Terra Cha y Bergantiños), a todo el territorio gallego. La tramitación de estos cambios está en su última fase, pendiente de la decisión final de la Comisión Europea.

Pero el aumento de las variedades amparadas no incluye esta variedad tradicional que, en opinión de Francisco Otero, «tendría interés comercial si los productores de las zonas patateras de Galicia quisieran recuperarla y apostaran por ella», y destaca el hecho de que esté a salvo en el banco de germoplasma de referencia del Neiker-Tecnalia, lo que hace que no corra riesgo de desaparición y que en cualquier momento pueda recuperarse su cultivo.

Mientras eso no acontece, Celso muestra cierto orgullo al lado de sus patatas. Hoy en día puede que sea el único productor de patata habanera de toda Galicia, una variedad que si no fuera por él y su familia, habría desaparecido.

Frexulfe, una parroquia con 680 hectáreas de monte comunal

Ganado en el monte vecinal de Frexulfe.

Ganado en el monte vecinal de Frexulfe.

Celso fue durante 24 años presidente de la Comunidad de Monte Vecinal en mancomún de Frexulfe. Esta parroquia de O Valadouro cuenta con 680 hectáreas de monte comunal, de las que 130 están dedicadas a pastizal y las restantes están plantadas de pino que, con 22 años, está llegando a su edad de tala.

«El monte lo tenemos cuidado y nos da dinero a los vecinos y vecinas de la parroquia», dice Celso, que cogió las riendas de la comunidad cuando volvió de Francia. «Me tocó hacer lo más gordo», recuerda. Entre otras cosas, «hubo que hacer el deslinde dos veces», cuenta. El último fue aprobado en el 2008.

En la actualidad son 17 comuneros y el presidente es Alejandro Fernández Reigosa, uno de los pocos jóvenes que hay en la parroquia. «La gente en la parroquia va a menos y los jóvenes tienen que ir donde hay el trabajo, pero llegamos a ser 31 comuneros», recuerda Celso. «Lo cogimos con mucha ilusión y durante años fuimos una referencia entre las CMVMC de la provincia de Lugo», destaca.

Cierres
Recuerda los muchos trabajos que pasaron, hechos en conjunto por los vecinos. «Pagamos para sembrar los pastizales, para comprar el primero caballo semental y los primeros toros. Hicimos 32 kilómetros de cierres, el material lo aporta la Xunta y la mano de obra la poníamos nosotros. Aún ahora vamos a trabajar los vecinos comuneros los sábados por la mañana cuando hay que ir a reponer el cierre. También fue de aquella cuando hicimos la plantación y hoy hay mucho dinero ahí que está casi para cortar. Lo malo es si ahora viene el fuego», indica.

Por eso hacen desbroces preventivos todos los años. «Este año fue el que más se desbrozó, pagamos unos 10.000 euros», explica. En vez de contratar esos trabajos, decidieron comprar un tractor para los desbroces.

Aerogeneradores en el monte vecinal.

Aerogeneradores en el monte vecinal.

También ayuda a controlar el matorral y alejar el riesgo de incendios el ganado. Frexulfe tiene hoy, según el último censo de saneamiento, 336 vacas y 80 caballos. «Cuando comenzamos sólo había unas 50 vacas en toda la parroquia», recuerda Celso. De los 17 vecinos comuneros, excepto dos, todos tienen ganado en el monte. «Pastan en los pastizales de la comunidad, pero cada uno tiene sus vacas. Más de 30 no puede tener nadie», explica. «El hecho de tener ganado le hace a la gente preocuparse por el monte», considera.

En invierno, las vacas bajan para las casas y el resto del año lo pasan en el monte, que cuenta con pastos de muy buena calidad por su orientación, con abrigos naturales de los vientos del noreste, y por los cuidados que los vecinos le prestan. «Los pastizales aún son los primeros, no tuvimos que renovarlos, pero abonamos todos los años como es debido, porque el pastizal desaparece si no lo cuidas», afirma.

A mayores del ganado y la madera, la parroquia cuenta con un parque eólico con 21 aerogeneradores de la empresa Acciona, que genera unos ingresos de 30.000 euros anuales para la comunidad. Pero más allá de estos ingresos directos, Celso opina que «los eólicos nos hacen un servicio bárbaro con las pistas que abrieron para ir a ellos y la presencia de personal de mantenimiento en el monte también ayuda como medida disuasoria contra los incendiarios», argumenta.

La comunidad de montes de Frexulfe linda ya con la de Miñotos, perteneciente al concello vecino de Ourol. Además de la de Frexulfe, en el Concello de O Valadouro hay otras tres CMVMC: la del Cadramón, con cerca de 2.000 hectáreas, la de Vilacampa, con 1.200 ha, y la de Santo Tomé de Recaré, con unas 350 y donde se celebra una rapa todos los años el primer domingo de agosto.

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