Incendios que juegan con las cartas marcadas

La escasa gestión de los montes, que presentan abundancia de combustible forestal, dificulta la extinción de los incendios en condiciones duras como las de esta semana, con fuertes vientos del noreste, sequía y altas temperaturas. "Ardió todo lo que quiso", resumen en Santa Cristina de Fecha (Santiago), donde las llamas calcinaron más de 800 hectáreas en 30 horas

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Incendios que juegan con las cartas marcadas

Humareda generada por el incendio en la tarde del miércoles, con fuerte nordés.

En Santa Cristina de Fecha, una parroquia del rural de Santiago, son las siete de la tarde de un día claro de verano pero apenas se ve el sol. El monte lleva 30 horas en llamas y el humo baja como una niebla de otoño hasta los prados y casas. Huele a quemado. El incendio se ha llevado ya por delante 800 hectáreas de eucaliptos, pinos y tojos, aunque parece que al fin se está quedando sin aliento.

«Fue una angustia, el humo no nos dejaba respirar y veíamos el fuego en la puerta de la aldea», recuerda una vecina

Las motobombas y los todoterrenos del personal de extinción van y vienen por la pista que atraviesa el lugar de Diáns hasta el último foco que queda por extinguir. Al final de la aldea, unos centenares de metros antes de llegar a la columna de humo, Protección Civil mantiene cortado el paso y un grupo de vecinos y perros se reúne delante a mirar y esperar.

Ahora que ya casi todo pasó, hablan de la angustia de lo vivido la noche anterior, cuando tuvieron el fuego a las puertas de la aldea, cuando el humo no dejaba respirar y a todos les dieron las dos y las tres de la madrugada con un ojo en el monte. «Pensábamos que igual nos mandaban desalojar, como habían hecho en Vilar do Rei, otra de las aldeas de la parroquia. Desde que se hizo de noche, aquí en Diáns no hubo nadie combatiendo el fuego. Ardió lo que quiso. Sólo teníamos a la policía dando vueltas, vigilando la situación», recuerda una vecina.

Los prados detuvieron el avance de las llamas en Diáns.

Los prados detuvieron el avance de las llamas en Diáns.

Defensa de los núcleos
El incendio bajó desde la cima del monte hasta el pie de la aldea y se extendió por el matorral del eucaliptal y del bosque mixto que rodea el lugar. Las llamas llegaron a salir de la zona arbolada y cruzaron la pista que circunda Diáns para prender en una finca de coles que estaba acolchada de hierba seca. De allí avanzaron a tierras desbrozadas que habían quedado con el matorral cortado por encima, pero no pudieron acercarse más a las casas. El cinturón de prados que hay alrededor de las viviendas detuvo su avance. «El fuego murió al llegar a la hierba verde», resume un vecino.

Los vecinos que trabajan los prados se pueden considerar bomberos invisibles de la aldea. El fuego murió al llegar a la hierba verde

En esos mismos prados que hace unas horas estaban cercados por el fuego, dos vecinos cortan hierba con una segadora tipo Bertolina y la cargan en el remolque del tractor. Un poco más arriba, otro tractor, también ajeno al humo y al trajín de bomberos, parte hacia el establo escoltado por un pastor alemán y con el remolque bien cargado, guadaña y galleta sobre la hierba. Todos ellos bien pueden considerarse los bomberos invisibles de Diáns.

Otras aldeas de la misma parroquia, con el monte casi pegado a las casas, precisaron de motobombas, brigadas y excavadoras abriendo cortafuegos para mejorar la defensa de las viviendas. Los equipos de extinción poco más pudieron hacer, dadas las dimensiones que cogió el incendio.

Dos vecinos siegan un prado en la tarde del jueves. Al fondo, el último foco del incendio agoniza.

Dos vecinos siegan un prado en la tarde el jueves. Al fondo, el último foco del incendio agoniza.

Fuego provocado
El fuego se inició en el mediodía del miércoles en Vachao (Fecha), un lugar ubicado a media ladera sobre el valle del río Tambre y repoblado años atrás con plantaciones de eucalipto. Quien prendió el fuego, opinan los vecinos, sabía lo que hacía. Cuando comenzó el incendio, el viento del noreste soplaba por encima de los 30 kilómetros por hora y siguiendo el sentido del viento desde Vachao, el fuego tenía kilómetros y kilómetros de tojos y arbolado por delante.

Con el incendio en marcha y vientos que llegaron a tener rachas de hasta 100 kilómetros por hora, apareció a media tarde del miércoles un segundo foco en el monte del Mercuto, pero los propios vecinos no se ponen de acuerdo a la hora de valorar si se trató de un foco secundario del propio fuego, generado por chispas, o si el nuevo foco también fue provocado. El viento permitió después que el fuego atravesara una carretera provincial de tres carriles (Santiago-Portomouro- Carballo) y no pudo ser detenido hasta que también quemó del otro lado parte de los montes de Ameixenda y de Piñeiro, ya en el concello de Ames.

La Policía Autonómica investiga el origen del fuego, que los vecinos creen provocado

Junto al grupo de vecinos y perros de Diáns se para un todoterreno del que bajan dos jóvenes de la Policía Autonómica, vestidos de paisano. Inquieren por la opinión que hay sobre el fuego. Los vecinos no tienen dudas en que fue provocado. De hecho, explican, el primer foco del fuego se llegó a apagar en su fase inicial, pero al poco apareció otro foco que ya no tuvo freno. Recuerdan también que hace unas semanas apareció de madrugada un incendio en otro lugar de la zona, en Belén.

– ¿Y alguien al que le guste por aquí el fuego o que no sea así muy bien dado? -preguntan.

A los vecinos no se les ocurre nadie.

– ¿Y algún conflicto que haya en la zona, alguien que pudiera estar molesto por algo?

Tampoco. «Aquí somos todos gente de bien», valoran los vecinos. Y quien más, quien menos -añaden- todas las familias tenían parcelas con madera en el monte y todas pierden con el incendio.

– Pues de lejos no creo que hayan venido aquí a prender el fuego -aventuran los agentes.

En el alto del monte, eucaliptos calcinados. Abajo, con las copas intactas.

En el alto del monte, eucaliptos calcinados. Abajo, con las copas intactas.

Situación del monte
Unos prados y unas casas atrás se forma otro corro de vecinos haciendo balance de lo que se quemó y de lo que no. «Lo principal es que no le pasó nada a ninguna persona, ni vecino ni de las brigadas de extinción. Tampoco a las casas», valoran.

Tal y como estaba el viento y el monte, en Diáns coinciden en que el fuego era imparable. «En el alto era todo monte bajo que llevaba allí años y años sin cortar, con tojos altos y gordos como árboles», compara un vecino mientras dibuja en el aire con las dos manos el tamaño de los troncos.

«Tus hijos y nietos no van a limpiar el monte», le dice un hombre a su vecina. «Es cierto, tu hija tampoco», responde la mujer

La gente mayor de la parroquia aún recuerda cuando, no hace tantísimos años, se iba al monte por tojos para cubrir los establos. Una vecina, arrugas en el rostro y bastón en la mano, mira más atrás y apunta a la época de las estivadas, puede que hace 50 o 60 años, cuando se cavaba el monte y se quemaban los terrones para plantar centeno. «De una ocasión, echamos también semillas de eucalipto con el centeno y cómo crecieron aquellos eucaliptos», rememora. «El monte así quemado, tal y como está ahora, es ideal para sembrar árboles», valora.

– Ya cambió el mundo y eso no se hace -tercia otro vecino-. Eso es pan para hoy y hambre para mañana. Ahora lo que interesa es hacer plantaciones en línea para meter el tractor y limpiar. Tus hijos y nietos no van a ir limpiar el monte.

– No, eso es verdad. Y tu hija tampoco -remacha la vecina.

– Tampoco. Yo tenía las fincas limpias porque las limpié con la desbrozadora manual. Los árboles están dónde iban naciendo, bien sabes, y para limpiar una finca tuve que sudar la gota gorda. Pocas fincas estaban limpias como la mía porque aquí, plantaciones en línea las había contadas.

– Sí, pero la gente ahora ya no tiene tiempo para ir al monte limpiar -cuestiona la vecina.

– Lo que hace es la idea, tenerle idea. Yo no tenía tiempo pero aprovechaba sábados y vacaciones para dedicárselas al monte. Por eso ahora me duele verlo quemado.

Monte quemado en el entorno de Diáns.

Monte quemado en el entorno de Diáns.

Pérdidas
En la parroquia calculan que más de la mitad de la zona calcinada estaba arbolada. «Se perdieron miles de toneladas de madera», aseguran. Los eucaliptos que había en la parte alta del monte, en medio de los tojos, quedaron calcinados de abajo hasta la punta. «El fuego subió por ellos más de 20 metros de alto», cuenta quien los vio.

También quedaron quemadas por completo repoblaciones de eucaliptos de pocos años, en tanto que el arbolado alto que estaba en la parte baja de la ladera, cerca de los núcleos habitados, salvó el fuego con la única pérdida del matorral. El suelo quedó negro y humeante, pero las copas de eucaliptos, pinos y robles se mantuvieron intactas.

Los vecinos dan por seguras pérdidas en el valor de la madera, aunque parte de los árboles se vio poco afectada

Los daños sobre esa madera se piensa que no fueron muchos, aunque hay temor a la depreciación de su valor. «Ya no valía mucho y ahora a ver a cómo la pagan. A mí me cogió con una parcela medio vendida y no sé qué pasará. El fuego no le afectó mucho porque la tenía limpia, pero seguro que excusas para bajar el precio han de encontrar», pronostica un vecino.

Balance de incendios
El mismo problema para buscarle salida a la madera quemada encontrarán este otoño las otras zonas afectadas por los grandes incendios de esta semana, ya más de 6.000 hectáreas, con Arbo (1.500 hectáreas), Porto do Son (900) y Santa Cristina de Fecha (800) como áreas más castigadas. En cuanto lleguen las lluvias, los vecinos temen también la riada de cenizas que, pronostican, bajará de los montes.

«Ardió todo lo que quiso. Pudo estar mejor organizada la extinción y pudo haberse hecho más, pero no vale la pena arriesgar vidas», valoran

Sobre los fuegos que hubo esta semana, efectivos de los servicios contraincendios han lanzado críticas por desorganización y falta de medios en los operativos de extinción. Desde el Gobierno autonómico se defiende en cambio que Galicia tiene el mejor dispositivo contra los fuegos de Europa. En Santa Cristina de Fecha miran las cosas desde su experiencia y desde el dolor por las pérdidas sufridas: «Ardió todo lo que quiso. Podía estar mejor organizado y se podía haber hecho más, pero tampoco vale la pena arriesgar vidas por el monte. Lo importante es que personas y casas están bien», valoran.

Entre tanto, los agentes de la Policía Autonómica tienen una última pregunta para los vecinos. Quieren saber si se vio a alguien extraño por el lugar.

– A ver -sopesa un hombre, máscara de echar el sulfato en la cara para protegerse del humo-, ahora que lo dice, cuando ya estaba todo medio quemado apareció un fulano que se bajó de una furgoneta y que parecía que andaba buscando algo de aquí para allá. Le pregunté se había perdido algo y me dijo que andaba buscando unos bichitos, pero, digo yo, ¿qué bichitos iba a buscar si estaba todo recién quemado?»

– Los Pokemon -deduce el policía. Risas.

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