“La capacidad de carga del lobo en algunos territorios está completándose y eso lo llevará a expandirse”

Carlos Nores, doctor jubilado en biología de la Universidad de Oviedo, ha participado en unas jornadas en Lugo para abordar, desde el punto de vista científico, los cambios históricos de la población del lobo en España

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“La capacidad de carga del lobo en algunos territorios está completándose y eso lo llevará a expandirse”

La historia del lobo pasa por una desaparición de ciertas zonas del sur de España a una expansión en el noroeste peninsular

La actual presencia del lobo en el noroeste de España es el resultado de una evolución que ya se comenzó a documentar científicamente a mediados del siglo XIX. El lobo tenía en aquel momento una amplia presencia en toda la Península, principalmente en áreas de montaña, como la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, en el norte, o el Sistema Central y Sierra Morena, más al sur.

Desde aquella, la población del lobo se fue reduciendo de manera progresiva, hasta que a inicios del siglo XXI su población quedó limitada a la zona noroeste de España (Galicia, Asturias, Cantabria y zona norte de Castilla y León). En los últimos años, el lobo, sin embargo, está recuperando territorios y expandiéndose por factores como una mayor disponibilidad de presas silvestres y la mayor protección de la especie.

La tendencia a la expansión del lobo a nuevos territorios hacia el este y sur de la Península es consecuencia de que el lobo esté alcanzando la capacidad de carga en algunos de los territorios del noroeste peninsular en los que se mantuvo la especie en las últimas décadas, según interpreta Carlos Nores, doctor jubilado de Biología en la Universidad de Oviedo, que acaba de participar en unas recientes jornadas sobre el lobo celebradas en Lugo.

“El lobo está cerca del límite de la capacidad de carga en algunos territorios. La posibilidad de que su censo crezca en esos territorios es pequeña, la única posibilidad es la expansión hacia zonas en las que el lobo había desaparecido», señala Nores.

“El lobo está cerca del límite de capacidad de carga en algunos territorios. La posibilidad de que aumente allí su número es pequeña, la opción que tiene es expandirse a nuevas zonas” (Carlos Nores)

Evolución de la presencia del lobo y algunas explicaciones
La aparición del diccionario de Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX, incluía uno de los primeros estudios poblacionales del lobo. En esa primera época, sobre mediados del siglo XIX, se comenzaba a percibir “una desaparición del lobo de ciertas zonas del sur peninsular, principalmente hacia el Mediterráneo”, fenómeno que se interpretaba “como una regresión de la especie”, explica Carlos Nores.

“Me pareció interesante observar en cuántos municipios coincidía la presencia de lobo con la presencia de algún ungulado silvestre”, reflexiona Nores. En este sentido, “en 1840 se registra una única especie de ungulados -jabalí o corzo principalmente- en dos tercios de los municipios en los que el lobo estaba presente. A consecuencia de esto, en la zona noroeste el lobo tenía que depredar ganado doméstico, que era lo más accesible”, detalla.

Un siglo después, la situación era incluso peor para el lobo. Atendiendo a los datos de 1950, “sólo había presas silvestres en un tercio del territorio lobuno; esto es, a mediados del siglo XX la situación para esta especie era aún más complicada que en las décadas anteriores, siendo casi obligatoria su alimentación a través de ganado doméstico”, explica Carlos Nores.

La escasa disponibilidad de presas silvestres es uno de los factores que explican la regresión experimentada por el lobo, junto a otros como la caza de la especie, la eliminación de las nuevas camadas de lobeznos, el uso de venenos o la pérdida de hábitats donde se reproducía.

En la actualidad, hay de nuevo vientos favorables para la especie, pues en las últimas décadas creció la disponibilidad de presas silvestres y además, se aumentó la protección legal del lobo: “Ahora en el 93% de los municipios en los que habita el lobo hay alguna especie de ungulado silvestre” -subraya Carlos Nores-, que apunta también que, sin embargo, el lobo continúa depredando el ganado doméstico.

El biólogo apunta que el lobo está llegando a la capacidad de carga del territorio en algunas zonas del noroeste peninsular, lo que explica la expansión que inició la especie hacia otras zonas, como el sur del Duero o las zonas más orientales del Sistema Central (Madrid).

Por último, Nores concluyó haciendo un planteamiento de la cuestión social: “Para abordar la situación del lobo, ecologistas y ganaderos tienen que dialogar; pero una cosa es decirlo y otra cosa es saber como hacerlo”.

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