“La concha de mejillón podría emplearse para encalar las tierras y los montes”

Galicia genera cada año unas 90.000 toneladas de un residuo marino con propiedades beneficiosas para los suelos agrícolas y forestales por su alto contenido en carbonato cálcico

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Vertedoiro de cunchas de mexillón (www.iPacuicultura.com)

Vertedero de conchas de mejillón (www.iPacuicultura.com)

Los suelos en Galicia son ácidos, lo que provoca un menor aprovechamiento de los nutrientes por parte de las plantas y cultivos. Para corregir la acidez, se utilizan habitualmente distintos productos comerciales existentes en el mercado elaborados a base de calizas.

Pero en las fincas de las zonas de costa gallegas se utilizaban tradicionalmente conchas de moluscos y crustáceos para subir el pH del suelo. Por eso, la catedrática del departamento de Edafología y Química Agrícola de la USC y coordinadora de la unidad de gestión ambiental y forestal sostenible UXAFORES propuso en unas recientes jornadas organizadas por SEIAF en la Escuela Politécnica de Lugo la utilización de conchas de mejillón como enmienda agrícola.

A principios del siglo XX las calizas comerciales empezaron la substituir a las conchas y a las cenizas como productos encalantes tradicionales

Galicia es la segunda productora mundial de mejillón, después de China. Es, por tanto, un residuo marino abundante que es rico en carbonato de calcio y, por lo tanto, con propiedades beneficiosas tanto para los suelos agrícolas como forestales.

Economía circular

En las 3.300 bateas distribuidas por el litoral gallego se producen unas 270.000 toneladas de mejillón al año y su procesado en la industria conservera genera unos residuos de cerca de 90.000 toneladas de conchas.

El mejillón cultivado desde los años 70 en las costas gallegas pertenece a la especie Mutilus Galloprovincialis y la concha representa aproximadamente un tercio del peso del molusco.

La composición de la concha de mejillón está formada en más de un 95% por carbonato cálcico

En ocasiones, estos residuos se acumulan en zonas poco acondicionadas y crean un efecto visual y olfativo indeseado, con graves prejuicios desde el punto de vista ambiental, por lo que su valorización agrícola entraría dentro de las actuales estrategias de economía circular fomentadas desde Europa.

Desde el punto de vista normativo, las conchas de mejillón se catalogan como subprodutos animales no destinados al consumo humano (SANDACH), lo que plantea ciertas dificultades y limitaciones legales para la llegada al mercado de productos derivados.

Uso en praderas, viñedos y montes

Esperanza Álvarez

La profesora de la Politécnica Esperanza Álvarez

Un equipo universitario de la Escuela Politécnica Superior de Lugo (EPS) dirigido por la profesora Esperanza Álvarez Rodríguez, analizó hace ya 15 años el potencial de las conchas de mejillón como enmienda en suelos tanto agrícolas como forestales. “Podrían emplearse para encalar”, asegura.

Es un material de bajo coste, pero requiere de un procesamiento previo para su utilización en las tierras. “Hicimos ensayos con distintas mezclas en parcelas de raigrás de A Pastoriza con concha molida en tamaño de 0,25 a 0,30, ya que la que se comercializaba machacada genera problemas en las fosas de purín”, explica Esperanza.

Se analizó la producción tanto en pratenses como en maíz tres años después del encalado

Además de este uso agroganadero, también tendría utilidades en parcelas de viñedo que están recibiendo sulfatos de cobre para el tratamiento de enfermedades fúngicas, indica.

La concha de mejillón es un material compuesto, con una fase mineral constituida por carbonato cálcico (95 a 99% del peso de la concha) y pequeñas cantidades de otros elementos, tales como nitrógeno, azufre, fósforo, potasio o magnesio. En el proceso de valorización se utilizaron también otros materiales, como lodos de depuradoras o cenizas de biomasa, que mejoran las propiedades físicas de la mezcla final con las conchas.

Existen ya en el mercado diversos abonos que incluyen concha de mejillón

Existen ya diversos productos en el mercado elaborados a partir de conchas de mejillón, desde un abono a base de algas y conchas de mejillón (Celtacal), fabricado por Ecocelta, a pastillas fertilizantes y un complemento alimenticio para aves producido por Abonomar.

La acidez, un factor limitante de la productividad forestal

Otro de los posibles usos de este subproducto de la industria mejillonera sería a nivel forestal. Aunque los montes gallegos tienen una elevada productividad, uno de los factores limitantes para algunas especies es la acidez del suelo y las altas concentraciones de aluminio.

“Son suelos ácidos, por lo que van a tener baja disponibilidad de nutrientes básicos y de molibdeno, con un aluminio que puede estar saturado y en niveles de toxicidad. Sin embargo, no existe tradición de encalado de suelos forestales”, explica Esperanza.

En ocasiones hay problemas de crecimiento por la saturación de aluminio

En un ensayo llevado a cabo en 128 parcelas forestales distribuidas por toda Galicia, con distintos tipos de suelo, se analizó la producción de pinus pinaster. “El granito tiene una saturación de aluminio muy alta y el más tóxico es el Al3+. Las especies forestales, como el pino, a veces pueden tolerar altas saturaciones de aluminio sin sufrir toxicidad, pero otras veces hay problemas de crecimiento por la saturación de aluminio. Si queremos cultivar esos suelos tenemos que recurrir al encalado para reducir la toxicidad por aluminio y aumentar la disponibilidad de nutrientes”, argumenta.

“Hay que conocer bien el suelo para poder manejarlo correctamente y evitar así su pérdida”

mapa solos de Galicia

Las características del suelo dependen, en primer lugar, de la roca de la que procede. “En función de la roca que tengamos vamos a tener un tipo de suelo u otro. Por eso los suelos que tenemos en Galicia son diferentes, aunque fundamentalmente ácidos”, indica Esperanza.

Echando un vistazo al mapa de las propiedades del suelo de Galicia, se observa que la fachada atlántica está dominada por el granito, seguida de una franja interior donde los esquistos son predominantes, mientras en la provincia de Lugo las protagonistas son las pizarras. En Ourense, se mezclan zonas graníticas con zonas de pizarra y esquistos.

Tan sólo tenemos pequeñas zonas de rocas calizas de sedimentación en Meira, Mondoñedo, Triacastela u Ourense; en Galicia son una excepción

«Los materiales de partida van a influir mucho en el suelo y en su fertilidad», afirma Esperanza, que hace hincapié en un correcto manejo y laboreo a la hora de trabajar las tierras.

Las rocas ácidas, a partir de granito, por ejemplo, van a dar texturas más permeables, con menos retención de agua y más riesgo de sequía, con saturación de aluminio y poca retención de nutrientes.

Los suelos graníticos son más propensos a la sequía mientras las tierras con arcilla y limo sufren problemas de encharcamiento

Por el contrario, las rocas básicas de la zona de A Capelada, Bergantiños, Santiago, Melide, Lalín, Arzúa o As Mariñas son suelos profundos con alto contenido en arcilla y facilidad de encharcamiento.

Las pizarras y cuarcita de A Fonsagrada dan suelos limosos y en zonas como Monforte, A Limia, Verín, Sarria, Quiroga o As Pontes son habituales también los encharcamientos.

Las enseñanzas del ‘Dust Bowl’ de los años 30 en EEUU

“Hay que conocer bien el suelo para poder manejarlo correctamente y evitar así su pérdida”, concluyó Esperanza, y puso el ejemplo de las grandes tormentas de polvo de los años 30 en los Estados del centro de EEUU, un periodo conocido como Dust Bowl.

Entre 1930 y 1939 se sucedieron tormentas de polvo que convirtieron las Grandes Llanuras estadounidenses en un desierto. Fue el desastre ecológico más peligroso de la historia de Estados Unidos y se debió en su mayor parte a la acción del hombre, debido a la transformación de las praderas en tierras de cultivo de cereal, que la prolongada sequía y la acción del viento se encargaron de erosionar. 

El Dust Bowl afectó a 400.000 km cuadrados en Estados como Oklahoma, Colorado, Kansas, Texas o Nuevo México. Se calcula que tres millones de personas abandonaron sus granjas y más de medio millón emigró a otros estados. Las tormentas de polvo acrecentaron los efectos de la Gran Depresión en la zona, provocando 5 millones de muertos a consecuencia de la hambruna.

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