
¿Cómo mejorar la gestión de los recursos forrajeros disponibles y de las parcelas de pasto?. Herramientas como uso de satélites, sensores de actividad animal o vallados virtuales pueden ayudar en la ordenación territorial y la toma de decisiones en las explotaciones extensivas de vacuno.
Así lo explicó el Ingeniero Agrónomo y profesor del área de Producción Animal de la Universidad de Zaragoza Javier Álvarez, que destaca que estas herramientas ayudan a estimar la oferta real de hierba, detectan áreas infrautilizadas y permiten ajustar dinámicamente la carga ganadera. Su intervención se desarrolló en el marco del congreso de la Asociación Nacional de Especialistas en Medicina Bovina de España (ANEMBE), que tuvo lugar en Valladolid.
Contexto
El especialista comenzó recalcando que “los casos prácticos en los que se ha trabajado muestran cómo la combinación entre la medición objetiva de la oferta, el análisis de la estacionalidad y las tecnologías de apoyo suponen un marco integrado para avanzar hacia sistemas pastorales más eficientes, resilientes y basados en datos.”
El pastoreo tradicional tiene que evolucionar a modelos basados en análisis de datos, modelos de crecimiento y tecnologías de precisión
Para Álvarez, la importancia de la ganadería extensiva trasciende la producción de alimentos, ya que contribuye al mantenimiento de paisajes culturales, la conservación de la biodiversidad y la reducción del riesgo de incendios mediante el control de la biomasa.

El cambio climático y las tensiones económicas condicionan el futuro de la ganadería bovina extensiva
“Pero los modelos tradicionales de manejo del pasto se ven tensionados por la creciente variabilidad climática, la necesidad de reducir la dependencia de insumos externos y las nuevas normativas ambientales, como el ecorrégimen de pastoreo extensivo recogido en el Real Decreto 1048/2022.”, dijo.
Otros problemas que asoman en el sector son la escasez de mano de obra y la irregular disponibilidad de herramientas digitales que permitirían monitorizar el pasto y el comportamiento animal con una precisión casi total.
Así, la gestión del pastoreo requiere de una transición desde enfoques basados en la experiencia hacia sistemas apoyados en datos, modelos de crecimiento del pasto y tecnologías de precisión. Por eso, en su ponencia Álvarez combinó fundamentos ecológicos, caracterización de recursos forrajeros, diseño de sistemas de pastoreo e innovaciones tecnológicas aplicadas al manejo.
Condicionantes biológicos y físicos
“El clima es el principal determinante de la productividad de los pastos. La precipitación anual y su distribución estacional condicionan la cantidad de biomasa, la duración del periodo de crecimiento y la capacidad de rebrote.”, explicó Álvarez.
Los mapas de precipitación de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) del año pasado muestran claras diferencias entre zonas atlánticas húmedas, mediterráneas subhúmedas y mediterráneas secas. Cada una con productividades muy distintas.
El cambio climático y otros condicionantes obligan a reajustar las cargas ganaderas y a buscar reservas de pastos y forrajes
“En las zonas mediterráneas secas, la limitación hídrica es tan marcada que la carga ganadera sostenible depende de la capacidad de almacenar forrajes o acceder a superficies comunales de mayor altitud.” Por ese motivo, incluso con especies adaptadas y fertilización adecuada, las cargas ganaderas quedan en valores muy bajos si no se les aportan concentrados.
Por otra parte, el suelo regula la disponibilidad de nutrientes, la retención de agua y la aptitud de las especies forrajeras. “El pH condiciona la presencia de gramíneas o leguminosas y determina la respuesta a la fertilización. La textura y la materia orgánica influyen en la capacidad de retención hídrica y en la resiliencia del sistema.”
En prados de montaña -como las comarcas de Os Ancares y Fonsagrada- los valores elevados de materia orgánica favorecen la estabilidad del sistema, mientras que en zonas intensivas su reducción limita la capacidad productiva.

La «regla verde» es una herramienta visual para manejo de pastos desarrollada por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria de Uruguay
Álvarez habló también de la radiación y la fisiología fotosintética. “Las especies C3 (gramíneas y leguminosas que realizan una fotosíntesis eficiente en condiciones de luz y temperaturas moderadas) dominan en climas templados y ofrecen alta calidad nutritiva, aunque son sensibles al estrés térmico.”
Las especies C4 (cereales y pastos muy eficientes en el uso del agua) presentan mayor eficiencia fotosintética y mejor tolerancia a altas temperaturas, lo que las convierte en un recurso estratégico para mantener la oferta de pasto durante el verano. En España, el número de meses de aprovechamiento real del pasto oscila entre 4 y 10 meses al año, dependiendo del clima y la altitud:
– Zonas atlánticas húmedas: El pastoreo puede mantenerse durante 8–10 meses
– Áreas mediterráneas secas: Se reduce a 4–5 meses, con una fuerte dependencia de la suplementación estival
– Sistemas de montaña: El aprovechamiento de pasto estival se concentra en 3–4 meses, complementándose con prados de valle en la primavera y en el otoño
“La composición del pasto también influye en la calidad nutritiva, la tasa de rebrote y la biodiversidad. Las leguminosas aportan proteína y fijan nitrógeno, pero son más sensibles al pastoreo intenso. Estudios recientes confirman esta mayor sensibilidad y destacan la necesidad de manejar alturas residuales más elevadas y tiempos de descanso mayores.”, constató Álvarez.
La elevada variabilidad interanual de los pastos obliga a ajustar la carga ganadera con márgenes amplios y disponer de superficies complementarias, como montes comunales o rastrojeras. Por el contrario, los prados sembrados ofrecen mayor estabilidad y calidad, especialmente en zonas húmedas o con regadío.
La productividad y rentabilidad de las explotaciones son cada vez más dispares en función de qué zona climática se trate
Gramíneas como el raigrás inglés o italiano y la festuca, junto con leguminosas como la alfalfa o el trébol blanco, permiten obtener producciones elevadas, aunque requieren un manejo cuidadoso del pastoreo para mantener la persistencia de las leguminosas. “Y las leguminosas mejoran la calidad proteica del pasto y reducen la necesidad de fertilización mineral nitrogenada.”
En lo tocante a cultivos herbáceos anuales (centeno, triticale o mezclas de veza y avena) aportan flexibilidad y permiten cubrir déficits estacionales. La fijación de nitrógeno en estas mezclas puede alcanzar valores significativos, especialmente en regadío.

Los sistemas extensivos de montaña van a necesitar lugares de reserva de pastos, según Álvarez
Por otra parte, las gramíneas C4 como teff, sorgo, pasto del Sudán y mijo perla permiten mantener la oferta de pasto durante el verano, cuando las C3 entran en parada vegetativa. Su eficiencia hídrica las convierte en un recurso clave en zonas mediterráneas.
Técnicas y herramientas de pastoreo
“El pastoreo continuo se caracteriza por su simplicidad, pero genera una heterogeneidad extrema en el uso del pasto, reduce la capacidad de rebrote y disminuye drásticamente la calidad nutritiva a largo plazo”. Mientras que el pastoreo rotacional mejora la distribución del uso del pasto, la calidad nutritiva y la persistencia de las leguminosas.
El pastoreo en celdas representa la forma más intensiva y controlada del pastoreo rotacional. “Estudios comparativos muestran que puede duplicar la producción anual de pasto respecto al pastoreo continuo, siempre que exista una capacidad de rebrote suficiente y una correcta asignación de los tiempos de descanso.”
Los paneles fotovoltaicos en los pastos aportan sombra, con lo cual mejora el bienestar animal, se reduce la evaporación y aumenta la productividad
Sea cual sea el modelo, la entrada en pasto de las vacas recomendada se sitúa alrededor de los 10–12 cm de altura de la vegetación y la salida en los 4–6 cm, siguiendo criterios ampliamente validados en la literatura científica.
Álvarez mencionó también las innovaciones tecnológicas aplicadas al pastoreo. Por ejemplo, la técnica agrivoltaica, es decir, la integración de paneles fotovoltaicos en áreas de pastoreo. “Aportan sombra artificial, mejoran los parámetros de bienestar animal y pueden aumentar la persistencia del pasto en zonas especialmente secas gracias a la reducción de la evapotranspiración.”

Los tradicionales cierres y alambres tienden a ser sustituidos por sistemas digitales de control
Respecto del vallado virtual, el profesor señaló que permite gestionar el espacio y la parcelación sin necesidad de recurrir a barreras físicas. Son sistemas que funcionan mediante collares dotados de GPS que emiten señales acústicas disuasorias y, en última instancia, estímulos eléctricos leves.
“Además están en auge los sensores de actividad y GPS. Los biosensores y crotales inteligentes permiten monitorizar el comportamiento animal en tiempo real, facilitando la detección precoz de problemas sanitarios y optimizando el diseño de parcelas dinámicas. Y destaca su utilidad crítica para ajustar cargas instantáneas y mejorar los índices de eficiencia del pastoreo”.
Las nuevas tecnologías permiten superar dificultades como la falta de mano de obra o la imposibilidad de controlar el ganado en extensiones grandes o de difícil acceso
Otra opción es la teledetección satelital, que se ha convertido en una herramienta estratégica para monitorizar el vigor vegetal, estimar la biomasa disponible y anticipar déficits forrajeros estructurales. “Se pueden establecer que permiten identificar picos de crecimiento, estrés hídrico latente y zonas infrautilizadas en superficies amplias.”
También hay herramientas comerciales como At-farm (Yara) que facilitan la interpretación de índices de clorofila y la planificación de la fertilización nitrogenada variable. O modelos basados en aprendizaje automático que posibilitan predecir la productividad y la calidad de prados de montaña con alta precisión, abriendo la puerta a sistemas de manejo del territorio basados en datos empíricos.
Casos prácticos en España
Los sistemas de pastoreo de vacuno en España presentan una gran diversidad en cuanto a superficie disponible, productividad del territorio, acceso a montes comunales y estacionalidad del crecimiento del pasto.
“Esa variabilidad obliga a los ganaderos a integrar información sobre oferta forrajera, cargas ganaderas, cálculo de raciones, autonomía alimentaria y estudios económicos para tomar decisiones fundamentadas.”, subrayó Álvarez.
La carga ganadera global se calcula en función del número de días de ocupación y del tamaño del rebaño. En la siguiente tabla se detalla el comportamiento de la carga en un sistema base de 75 vacas:

“Aunque la carga ganadera global aumenta con el número de días de ocupación, la productividad del pasto no crece indefinidamente. Existe un umbral a partir del cual el incremento de la carga no se traduce en un aumento proporcional de la producción, sino en una mayor dependencia de insumos externos.” En la práctica, esta dependencia se vuelve estructural a partir de 0,5 vacas por hectárea en sistemas de pasto mediterráneo.
No es posible tener una carga ganadera superior a una vaca por hectárea si no producimos 6 toneladas de materia seca en esa hectárea
El profesor señaló que en muchas zonas de montaña, las explotaciones de vacuno de carne disponen de una superficie propia limitada, pero cuentan con acceso a grandes extensiones comunales de pasto en los puertos estivales. Las productividades medias de los distintos tipos de superficie reflejan la fuerte heterogeneidad del territorio:
– Zonas de valle (prados): Rendimientos elevados alrededor de las 6 t MS/ha·año (toneladas de Materia Seca), constituyendo la base forrajera más estable y nutritiva
– Superficies forestales: Productividad más modesta, próxima a las 2 t MS/ha·año
– Puertos de montaña: Rendimientos reducidos de alrededor de 1,2 t MS/ha·año, debido a las limitaciones climáticas, la altitud y la corta duración del periodo vegetativo
“Un ejemplo típico es una explotación con 5 ha de prado de alta productividad, 10 ha de superficie forestal y 135 ha de puerto comunal. La combinación de estos recursos genera una oferta total anual próxima a las 212 toneladas de MS, lo que permitiría sostener teóricamente unas 106 unidades de ganado mayor (UGM).”
Pero al considerar la estacionalidad y la variabilidad climática, la capacidad sostenible real se sitúa entre 70 y 80 vacas. “La clave del manejo consiste en aumentar la carga ganadera instantánea durante la primavera, cuando el pasto de valle alcance su máximo vigor, y desplazar el rebaño hacia el puerto en el verano, cuando los prados de fondo de valle entran en parada vegetativa.

Álvarez puso énfasis en la necesidad de reajustar las cargas ganaderas en un contexto de cambio de los pastos
Otro aspecto fundamental para Álvarez es el cálculo de raciones y tiempos de reposo en pastoreo rotacional. Se estima que cada centímetro de altura del pasto equivale aproximadamente a 275 kg de MS por hectárea. En un ejemplo práctico, una parcela con una oferta inicial de 1.300 kg de MS por hectárea (equivalente a unos 8 cm de altura útil de pastoreo) ofrece las siguientes capacidades de mantenimiento:
– Vacas gestantes (Consumo 10,8 kg MS/día): Considerado un rechazo técnico del 30%, la oferta necesaria por vaca asciende a 17,2 kg diarios. En estas condiciones, un lote de 75 vacas consumiría la oferta de una hectárea en un solo día
– Vacas lactantes (Consumo 13,2 kg MS/día): Requieren asignaciones mayores por jornada, acortando los tiempos de estancia por parcela
Los tiempos de reposo de las parcelas dependerán directamente de la tasa de rebrote biótico: con un crecimiento de 40 kg MS/ha·día, el reposo necesario es de 33 días. Con una tasa de rebrote de 70 kg MS/ha·día, el reposo requerido baja a 19 días. En una primavera húmeda, los intervalos entre pastoreos se sitúan entre 21 y 28 días, mientras que en un verano seco pueden alargarse hasta los 60 días.
La “regla verde” establece que cada centímetro de altura del pasto equivale a 275 kilos de materia seca por hectárea
“En cualquier caso, no es posible aumentar la carga ganadera global más allá de 1 UGM por hectárea al año cuando la productividad general es inferior a 6 t MS/ha. En este contexto, pasar de 0,1 a 0,5 vacas/ha·año multiplica por cuatro los costes de alimentación, mientras que superar la barrera de 1 vaca/ha·año solo es viable en sistemas intensivos con fertilización severa del pasto y suplementación en pesebre continua.”
Conclusiones
Así pues, el profesor Álvarez considera que “la gestión moderna del pastoreo en la Península Ibérica requiere integrar conocimiento ecológico, herramientas cuantitativas y tecnologías de precisión para afrontar un escenario marcado por la variabilidad climática, la presión económica y las exigencias ambientales.”
La teledetección satelital, los sensores de actividad, los collares GPS o los vallados virtuales permiten monitorizar el crecimiento del pasto, identificar áreas subutilizadas o degradadas y diseñar sistemas rotacionales basados en datos reales. Esas tecnologías deben ser implementadas y aprovechadas al máximo.

La intervención del profesor Álvarez tuvo un amplio seguimiento en el congreso de ANEMBE
“Los casos prácticos analizados muestran que la capacidad de carga no depende solo de las hectáreas disponibles, sino de la productividad real del territorio, su estacionalidad, la composición botánica, la capacidad de rebrote y la eficiencia del manejo.”
La ganadería extensiva está en retroceso en todo el mundo pero hay herramientas para revertir esa situación
Así, en zonas húmedas, el reto es gestionar el exceso de crecimiento primaveral que da lugar a pérdidas de calidad. Y en zonas mediterráneas secas, el desafío es mayor para asegurar la disponibilidad de pasto durante los críticos meses de verano y otoño.
“La carga ganadera global es el indicador clave para la sostenibilidad económica y ambiental. Aumentarla por encima de la capacidad productiva del territorio lleva a una dependencia estructural de insumos externos, incrementando los costes de alimentación y reduciendo la rentabilidad neta.”
Los sistemas de pastoreo rotacional intensivo, especialmente el pastoreo en celdas, permiten aumentar la producción anual de materia seca, mejorar la calidad del forraje y favorecer la biodiversidad, siempre y cuando se respete escrupulosamente el tiempo de rebrote necesario antes del retorno de los animales.
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