
“Mi Ribeiro soñado” fue el título de la ponencia desarrollada por Marta Cortizas Fernández, sumiller del prestigioso restaurante El Celler de Can Roca (Girona), en un encuentro de profesionales en el Museo del Vino de Galicia (Ribadavia) en el que se abordó el debate entre priorizar terrenos o castas en la vitivinicultura gallega.
POSICIONAMIENTO DEL RIBEIRO
La considerada mejor sumiller de España en 2024 explicó cómo se ve la Denominación de Origen (DO) Ribeiro desde dentro y desde fuera de Galicia, siendo visiones muy diferentes. “Para cualquier gallego el Ribeiro sabe a vino de siempre, el de la casa. Da igual lo que abras, va a saber a la tierra y a la tradición de esta zona.”
Para las personas especializadas en el sector en Galicia, esta DO supone una riqueza varietal y un minifundio que lo hace muy particular. “Además de tener toda una historia y tradición detrás muy documentadas y que también suponen un aporte de posicionamiento y facilita el trabajo de los sumilleres, que siempre queremos tener algo diferente que explicar al consumidor.”
Más allá de las fronteras gallegas, hay que diferenciar entre el público del resto del estado y el público de fuera de España. “En otras zonas de España, y entre los profesionales, el Ribeiro es algo que despierta curiosidad porque no está muy expuesto en las cartas de vinos. Creo que solo se sabe que está en Galicia, pero no lo saben situar en el mapa gallego y no se conoce bien lo que hacen las bodegas.”
Fuera de Galicia el Ribeiro todavía es poco conocido y reconocible. No pasa nada. Hay herramientas para cambiar esa situación
Cortizas considera que habría que hacer un esfuerzo por posicionar los vinos de esta DO dando a conocer las castas que se emplean, los métodos de elaboración, las técnicas agronómicas, los maridajes, el tipo de terreno… Y observa que entre el público general el Ribeiro es muy desconocido.
“Entre los profesionales extranjeros hay una gran falta de información. No hay Ribeiro en las cartas más allá de dos o tres referencias y en lugares muy concretos. Y lo mismo sucede con los consumidores. No pasa nada. Esa es una situación reversible que podemos cambiar si nos ponemos a trabajar.”
Una de las fortalezas para salir de ese cierto anonimato fuera de Galicia consiste, según la sumiller, en la particularidad del clima. “El Ribeiro se considera clima atlántico, que es de lo más valorado hoy en el mundo del vino. Pero tiene también componentes climáticos mediterráneos que lo llenan de matices. Esa mezcla de climas puede abrir muchas puertas.”
Por otra parte, Cortizas, que lleva desde 2020 en Cataluña, señaló la abundancia de agua en Galicia como hecho diferencial frente a otras regiones de fuerte producción vinícola. “En Cataluña no hay ríos que lleven el agua que llevan los nuestros. Llevamos cuatro años que están casi secos. Los ríos gallegos, su confluencia y la vida que crean son una riqueza. También para la viticultura.”

Cortizas apuesta por que los viñedos no constituyan un monocultivo
La puesta en valor del contexto histórico -con una herramienta como el propio Museo del Vino- y la aportación de gastronomía y el paisaje son otros aspectos que conforman la base desde la que el Ribeiro puede despegar definitivamente fuera de Galicia.
Quien vino a Galicia quiere volver. Y quien no vino, quiere venir. Bajo esa premisa, Cortizas contó que en el restaurante donde trabaja, aunque está situado en Girona, en las conversaciones de sobremesa siempre acaban saliendo los vinos, los paisajes y la gastronomía gallegas. Y los clientes muestran su interés en conocer nuestro país.
IDENTIFICAR Y CLASIFICAR LOS TERRENOS
Otro paso que fortalecería la posición del Ribeiro estaría en la clasificación de los viñedos – identificar y registrar todas las parcelas, terrenos y zonas vinícolas, incluso las que desaparecieron-. Algo que ya se hizo con éxito en zonas como el Priorat o Borgoña.
“Una diferencia con esas otras zonas donde tienen clasificado el viñedo, es que no disponen de la amplia variedad de castas que tenemos nosotros. Asociamos Ribeiro con treixadura y tendemos a olvidar otras castas como la torrontés, la loureira o el Ferrón. Y eso creo que es un error porque la proliferación de variedades es una riqueza.”
Cortizas ve una oportunidad en el minifundio porque evita caer en monocultivos. “Un paisaje de monocultivo, sea de viñedo o de otra producción, no es algo natural. La agroforestería -la mezcla de cultivos muy diferentes y ganado- es un valor para la tierra, el paisaje e incluso la economía de una zona.”
La diversidad de castas de uvas y de suelos, los policultivos y la agroforestería son fortalezas que hay que mantener y recuperar en el Ribeiro
Una agroforestería que, dice la sumiller, puede ser aplicada en áreas del Ribeiro, como ya se hizo en otras épocas, y mantenerla donde ya está presente. Y que incluso puede potenciar el enoturismo al ofrecer paisajes muy diversos y experiencias añadidas al viñedo y a las bodegas.
Otras ventajas de la agroforestería están en la conservación de la biodiversidad, la protección de los suelos frente a la erosión, la reducción de plagas y enfermedades, la mayor productividad de la tierra y la eficiencia en la utilización de los recursos.

La sumiller de El Celler de Can Roca cree que se deben recuperar todas las elaboraciones tradicionales del Ribeiro
En la línea del enoturismo, Cortizas habla de modelos diferentes. “Hay grandes bodegas con proyectos enormes, recursos enormes y ofertas enormes. Todo centrado en su trabajo. El pequeño productor, del Ribeiro o de otras zonas de Galicia, puede competir ofreciendo la tradición, el paisaje y la historia del entorno donde está su bodega. Son experiencias muy diferentes de las de las grandes bodegas y también muy diferentes entre sí.”
OTROS MODELOS
La recuperación de los viñedos en la Sierra de Gredos (Ávila, Cáceres, Madrid y Salamanca) es un ejemplo inspirador. “Un territorio en el que el cultivo estaba abandonado. Pero aprovecharon los suelos graníticos, el estar colindantes con bosques y las viñas muy viejas que fueron recuperadas. Esos elementos son algo que se busca en las cartas de los mejores restaurantes del mundo. Y se puede aplicar a pequeños y medianos proyectos aquí.”
El éxito puede ser peligroso. Porque, una vez que lo alcanzamos, tendemos a dejarnos llevar y a no pensar. “Tenemos el caso de Borgoña, donde la viticultura fue sustituida por el marketing. Se cayó en la especulación y hoy los vinos no son accesibles para la inmensa mayoría de los consumidores e incluso de la restauración. Creo que esos no son los modelos que debemos buscar.”
“En Galicia tenemos el caso de Rías Baixas, que está presente en casi todo el mundo. Por ahora siguen siendo vinos accesibles. Pero corren el riesgo de que suceda como en Borgoña, donde ya ni siquiera es posible comprar una parcela pequeña. Confío en que no se llegue a eso.”
Cortizas pone como ejemplo a seguir para el Ribeiro y otras DO gallegas la región francesa del Jura. Allí hay viñedo y también frutales, cereales o pastos y forrajes para el ganado. Así pueden comercializar todo tipo de productos y a precios asequibles pero rentables. “Y ellos son los primeros en saber que esa es su principal fortaleza”
Yo siempre recomiendo a los viticultores que intercambien experiencias y conocimiento. Es la mejor forma de que todos avancen
Pero no es suficiente con las características que ya se tienen y con las posibilidades que se pueden plantear. “Hay que acudir a todos los eventos de intercambio de conocimientos y experiencias que se pueda. Hay que catar, observar y preguntar. Y también contar lo que nosotros hacemos y cómo lo hacemos.”

La alta restauración está dispuesta a asumir las pequeñas elaboraciones diferenciadas
Para lograr un mejor posicionamiento son imprescindibles los recursos económicos. Por eso, Cortizas anima a aprovechar las diferentes líneas de ayudas que crean las administraciones y que van orientadas a pequeños proyectos singulares o al conjunto de las DO.
Pero, al margen de las subvenciones, existen fórmulas colaborativas que pueden generar recursos materiales que hacen más fácil abrirse camino. Así, la enóloga puso un ejemplo de Mallorca, donde Eloi Cedó y Cati Ribot -con modelos diferentes- comparten instalaciones, uvas y elaboraciones de forma que se retroalimentan. “Hay múltiples formas de colaboración que reportan beneficios, especialmente en cuanto a conocimiento.”
El abandono del medio rural es algo sobre lo que se ha hablado mucho en los últimos años. Cortizas lo analizó desde el punto de vista de la viticultura. “Muchos jóvenes se marcharon de aquí porque vieron que sus padres cobraban una miseria por las uvas. Lo mismo sucedió en el Penedés. Ahora muchas personas que se habían marchado a la ciudad o habían nacido en ella están regresando a esa zona rural de Cataluña a emprender o retomar proyectos agrarios.”
Por eso, Cortizas recomienda dejar de vender la uva del Ribeiro a precios bajos y a grandes bodegas que luego acaban haciendo vinos que no se diferencian entre sí. “Hay recursos para emprender, para dignificar la profesión de viticultor y vivir de ella. No se debe tener miedo a dar el paso. Bien en solitario, bien en colaboración con otros.”
EL FUTURO
La sumiller señala que en la restauración están dispuestos a comprar vinos que supongan la recuperación de técnicas y castas tradicionales y que procedan de pequeños proyectos. “La tendencia de consumo es buscar algo diferente y diferenciado. El viticultor no debe tener miedo a arriesgar en esas líneas porque la restauración va a responder.”
Si las castas están juntas en la tierra, no hay por qué separarlas en la botella. Juntas reflejan mejor el territorio
A pesar de la situación actual del mercado, con un incremento de la venta de blancos, una fuerte caída de los tintos y un estancamiento de otras elaboraciones (rosados, espumosos, licorosos…) Cortizas hizo un llamamiento a no perder la variedad. “El tostado del Ribeiro, por ejemplo, es un producto de altísima calidad y que permite jugar con la elaboración. Y, sin embargo, está casi desaparecido. No debemos dejar perder ese patrimonio cultural.”

Cortizas dio su visión sobre el Ribeiro a viticultores y bodegueros en el Museo do Viño de Galicia
Como conclusión, Marta Cortizas explicó que su Ribeiro soñado “es un proyecto multicultural, con gente joven, con proyectos jóvenes, con viñas viejas, abierto al mundo, coherente y con múltiples realidades en cuanto a castas, elaboraciones y terrenos.”
Y señaló también que el futuro pasa por personas nuevas bien formadas y “dispuestas a aprender para desaprender” y que puedan vivir del fruto de su trabajo en un entorno en el que el monocultivo no sea la nota predominante.
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