
Descarga de abono, que en su gran mayoría es transportado en barco a puertos de la UE.
En el actual contexto bélico, la UE enfrenta retos importantes para garantizar su soberanía alimentaria. Uno de ellos es, sin duda, el abastecimiento de fertilizantes. La agricultura europea, y también la española, es altamente dependiente de las importaciones de abonos.
Se demostró en 2022, cuando el conflicto en Ucrania cerró la puerta a los productos procedentes de Rusia y Bielorrusia y resurge ahora con la guerra en Irán y su extensión a los países del Golfo Pérsico con escasez de algunos tipos de fertilizantes, como la urea, y escalada de precios, unas consecuencias que se dejan notar ya en Galicia de cara a la actual campaña de abonado de praderas y siembra del maíz.
Un reciente informe elaborado por Pablo Resco Sánchez, responsable de Estrategia Agroalimentaria de la Plataforma Tierra, deja en evidencia la dependencia española de las importaciones de fertilizantes y los efectos de la guerra.
España importa abonos nitrogenados sobre todo de Argelia y Egipto, por lo que no es tan dependiente del producto fabricado en Arabia Saudita o Qatar, aunque el mercado de fertilizantes es global y el impacto del conflicto se deja notar inevitablemente entre los agricultores españoles.
España importó en 2025 sobre todo abonos nitrogenados de Egipto (40%) Rusia (13%), Argelia (12%) y Noruega (10%)
De los dos suministradores clave para España, Egipto enfrenta actualmente limitaciones debido al aumento de costes energéticos y su mayor cercanía al foco del conflicto. Por parte de Argelia, se ha reportado también una reducción productiva en alguna de sus plantas, lo que redobla la presión de la demanda hacia Egipto.
El tercer actor en el caso español es Marruecos, que también ha reducido la salida de productos fosfatados. Los fosfatos representan el 20% de las exportaciones de Marruecos que, junto con China y Estados Unidos acaparan la mayor parte de la oferta mundial.
Marruecos ha decidido reducir también la salida de productos fosfatados
El fosfato es un mineral escaso que además no se puede sintetizar en el laboratorio, es decir, no se puede producir de manera artificial, hay que extraerlo de las rocas fosfóricas mediante procesos mineros. El 69% de los productos fosfatados importados por España el año pasado procedían de Marruecos.
Mantener la producción española
Desde ANFFE, asociación que engloba a las empresas fabricantes de fertilizantes españolas, aseguran que por parte de los productores nacionales de abonos se están haciendo esfuerzos para seguir produciendo en todas sus plantas en la medida de lo posible, a pesar de factores externos como son el precio de la energía y el precio y disponibilidad de materias primas, con el compromiso de que los agricultores dispongan de fertilizante suficiente para esta campaña.
Las empresas españolas están haciendo grandes esfuerzos para seguir produciendo a pesar del precio del gas y la escasa disponibilidad de algunas materias primas (Paloma Pérez, ANFFE)
Insisten, además, en que están cumpliendo con las condiciones de los contratos firmados con los comercializadores, aunque advierten de que si la guerra se alarga sus efectos podrían notarse en los precios hacia el final de la campaña.
«Si la situación continúa o se agrava y persisten las interrupciones en las rutas comerciales, lamentablemente el impacto se puede acrecentar y afectar a la actividad de las empresas, pudiendo provocar el cierre de alguna planta productiva y poner en riesgo el adecuado suministro de fertilizantes para la próxima campaña de sementera», reconocen.
El estallido del conflicto cogió a los distribuidores con los almacenes llenos, por el retraso en la campaña de abonado de este año (debido a las lluvias del mes de febrero) y al adelanto de las importaciones a diciembre por miedo a un encarecimiento en enero como consecuencia de la entrada en vigor del mecanismo europeo de ajuste de carbono en frontera (BCAM).
El estrecho de Ormuz, un punto clave
De acuerdo con los datos de la Asociación Internacional de Fertilizantes (IFA), en 2024 se exportaron cerca de 18,5 millones de toneladas de urea a través del Estrecho de Ormuz, localizado entre Irán (al norte) y Omán y Emiratos Árabes (al sur), convertido en punto estratégico para el comercio internacional de fertilizantes y uno de los focos actuales del conflicto.
La región del Golfo Pérsico cuenta con una producción muy importante de fertilizantes, representando Irán, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, en conjunto, el 23% del comercio mundial de amoníaco, el 34% del de urea y el 18% del de fosfatos amónicos. Además, aproximadamente la mitad del comercio mundial de azufre, materia prima fundamental en la producción de fertilizantes fosfatados, circula por esa ruta.
El cierre del estrecho de Omuz, por donde pasa un tercio del fertilizante mundial, ha bloqueado barcos y desestabilizado la cadena de suministro a nivel global
Por eso, en su conjunto, por el estrecho de Ormuz circula no sólo el 30% del petróleo internacional sino también un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes. El cierre de este punto estratégico generó de manera inmediata demoras y tensiones en el comercio de abonos a nivel global.
China y Rusia priorizan el consumo interno
India, otro gran actor internacional en materia de fertilizantes, se ha visto también obligada a cerrar plantas productoras de urea por falta de insumos. La oferta se vio comprometida a nivel global y China reaccionó liberando sus reservas internas para garantizar el suministro a sus agricultores y prohibiendo las exportaciones como medida proteccionista para priorizar el abonado de sus cultivos.
El anuncio de Rusia en el mismo sentido proteccionista agrava aún más el suministro mundial de abonos, sobre todo de los formulados con nitrógeno, esenciales para producir el 50% de la comida en el mundo, con lo que el riesgo de hambruna, por ejemplo en África, comienza a hacerse real. Son las consecuencias de una relación cada vez más interdependiente entre geopolítica y alimentación.
China y Rusia han anunciado el cierre de las exportaciones para garantizar la fertilización de sus cultivos
A eso se añade la extensión del conflicto iraní a la zona del Golfo Pérsico, donde se produce el 15% del abono del mundo, debido al bajo coste del gas natural. Arabia Saudita produce unos 20 millones de toneladas de fertilizantes al año, Qatar más de 10, Omán 3, Emiratos Árabes 2 y Bahréin y Kuwait un millón cada uno. En total, unos 40 millones de toneladas anuales de urea nitrogenada. Brasil es el gran comprador mundial de fertilizantes, con 7,7 millones de toneladas, de las que el 35% proceden de Oriente Medio.
El gas natural es el insumo principal para el proceso de Haber-Bosh, que convierte el nitrógeno del aire y el hidrógeno del gas primero en amoníaco y después en urea
Arabia Saudita es un actor clave en el mercado mundial de fertilizantes, ya que es el quinto país exportador mundial, por un valor de 8.000 millones de dólares en 2025 y con un crecimiento anual del 5,1%. El país destaca en la producción de fertilizantes nitrogenados (urea) y fosfatados, liderando la exportación de amoníaco en el Golfo, con empresas como SABIC, Safco (Saudi Arabian Fertilizer Company), ARASCO y Ma’aden Phosphate Company. La producción se dirige mayoritariamente a Asia (India, China y Tailandia), así como a Brasil o EEUU, donde el descontento creciente en la sociedad norteamericana con la guerra se deja notar ya también en el campo.
Los agricultores norteamericanos están sufriendo ya los efectos de la guerra iniciada por su Gobierno
Los agricultores norteamericanos están sufriendo de primera mano las consecuencias del conflicto y del encarecimiento de los abonos. Artífices de la victoria del presidente Donald Trump en 2023 debido a su apoyo, han pasado a presionarle para que ponga fin al conflicto en Irán. EEUU sí importa productos fertilizantes del Golfo Pérsico y, a mayores del encarecimiento del abono en origen, se han multiplicado los costes de transporte y los seguros de los fletes, ya que incluso ha habido compañías aseguradoras que han rechazado asegurar estos envíos por su elevado riesgo.
Escalada de precios
Esta tensión en relación a la producción y circulación de fertilizantes a nivel global enseguida se trasladó a los precios. En apenas una semana tras el inicio del conflicto bélico, el valor FOB de la urea en Oriente Medio subió un 42%, pasando de 483 dólares/tonelada a 685, niveles que no se veían desde finales de 2022.
En aquel momento, con el inicio de la guerra en Ucrania, los fertilizantes subieron un 30%, con la urea duplicando su valor hasta llegar a los 800 dólares/tonelada. Pero ahora en Irán se suman las consecuencias también sobre el petróleo y el gas en el Golfo.
La urea ha subido un 50% desde el estallido de la guerra y el nitrato amónico cálcico (NAC) un 40%
Por eso, a medida que la guerra se alarga, la escalada de precios también continúa imparable. A día de hoy, un mes después del primer ataque de EEUU e Israel contra Irán, las previsiones hablan ya de precios de 890 dólares/tonelada para la urea, uno de los fertilizantes más utilizados a nivel mundial.
Presión añadida en Europa
En Europa, la situación empeora debido a los altos costes energéticos de la producción interna de fertilizantes y a una regulación más exigente que encarece las importaciones. La UE aprobó en junio de 2025 un arancel escalonado sobre fertilizantes rusos y bielorrusos de 40€/t sobre nitrogenados desde julio de 2025 (subiendo a 60, 80 y 315€/t en 2026,2027 y 2028) y de 45 hasta 430€/t para abonos complejos NPK.
El reglamento de este paquete de sanciones por la guerra de Ucrania incluye los fertilizantes acabados, pero excluye expresamente el amoniaco, que se considera un producto químico industrial, una decisión política deliberada para no encarecer la materia prima de la que dependen las propias plantas europeas de nitrato amónico, dado que a corto plazo las alternativas al amoniaco ruso son escasas.
Egipto (22%), Rusia (22%), China (13%) y Argelia (10%) fue el origen principal de los fertilizantes nitrogenados importados por la UE en 2025
A mayores, desde el 1 de enero de este año, los fertilizantes son uno de los seis sectores iniciales incluidos en la BCAM (Mecanisno de Ajuste en Frontera del Carbono), cuyo objetivo es igualar el precio de las emisiones, impulsando la descarbonización a nivel mundial y evitando que la producción de la UE se traslade a terceros países.
El miedo a los efectos de la BCAM, cuya entrada en vigor ha provocado un sobrecoste de alrededor del 10%, multiplicó las importaciones de urea y otros fertilizantes en el último trimestre de 2025, provocando una consiguiente caída en los meses de enero y febrero de este año.
La entrada en vigor del Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera disparó las importaciones de fertilizantes nitrogenados en el último trimestre de 2025
La Asociación Europea de Fabricantes de Fertilizantes insiste en que mantener la producción europea de fertilizantes es clave para garantizar la seguridad de suministro, subrayando además que los fertilizantes producidos en la UE presentan, de media, una huella de carbono un 50% inferior a la de los importados.
Fertilizers Europe, la organización que engloba al sector productor de fertilizantes en la UE, reconoce en su última comunicación “lo complejo que se ha vuelto el entorno operativo para la industria europea”, más aún con el conflicto bélico en Irán.
Aunque en los últimos tres años prácticamente no ha habido importaciones de urea iraní a la UE, “la región del Golfo Pérsico opera una capacidad de producción de urea muy significativa a nivel mundial y, dado que los mercados de fertilizantes son globales, las interrupciones en cualquier punto del sistema pueden tener rápidamente efectos en cadena sobre los costes de los insumos”.
“Los productores europeos de fertilizantes ya se encontraban bajo una presión considerable debido a algunos de los precios de la energía más altos del mundo, y la situación actual no ha hecho sino aumentar los costes de producción de fertilizantes nitrogenados”, alertan desde Fertilizers Europe.
España solicita a la Comisión Europea un plan de acción para asegurar el abastecimiento a los agricultores

Consejo de ministros de Agricultura celebrado en Bruselas el pasado 30 de marzo
El ministro de Agricultura, Luis Planas, ha solicitado a la Comisión Europea que elabore un plan de acción para asegurar el abastecimiento de fertilizantes, que se ve dificultado por la guerra en Oriente Medio y que se trata de un producto imprescindible para garantizar la rentabilidad de las producciones agrícolas.
En el Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea celebrado la semana pasada en Bruselas, Planas ha afirmado que más allá del problema puntual de los precios, la Comisión “debe adoptar aquellas medidas que sean necesarias para encontrar alternativas” y ha recordado que en esta materia Europa arrastra una vulnerabilidad desde hace tiempo, como ya se evidenció por ejemplo con el estallido de la guerra en Ucrania.
El ministro ha reiterado que la dependencia externa de los fertilizantes es uno de los puntos débiles que compromete la autonomía alimentaria de la Unión Europea, por lo que recuerda que se trata de solventar una situación en la que Europa es vulnerable desde hace tiempo.
500 millones de euros en ayudas directas para comprar abono
Planas ha explicado que el 49% de la urea y el 30% del amoniaco, que son ingredientes básicos para la fabricación de fertilizantes, transitan por el estrecho de Ormuz, lo que ha motivado el encarecimiento de estos productos en las últimas semanas como consecuencia de la guerra contra Irán, y una situación de nuevo “muy compleja”.
El ministro ha recordado que para paliar este efecto el Gobierno de España ha incluido en el paquete de medidas para hacer frente a las consecuencias ayudas directas para la adquisición de fertilizantes por valor de 500 millones de euros.
La agricultura europea es vulnerable al ser dependiente de las importaciones de fertilizantes
El paquete de medidas aprobado por el Gobierno español, el primero de los 27 países de la UE que se dota de un plan para hacer frente a la guerra, incluye medidas específicas para los sectores agrario y pesquero por valor de 877 millones de euros.
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