Cuestionar si los incendios son buenos o malos, saber cómo actuar tras el paso de los fuegos o qué pasa en el suelo luego de un daño como el fuego son algunos de los puntos que abordó durante el Foro de la Castaña, celebrado en Riós, el técnico responsable del Centro Agroganadero de Xinzo de Limia, Servando Álvarez.
El profesional comenzó su intervención recordando que el refrán “los árboles no nos dejan ver el monte” es una realidad, puesto que “siempre que hablamos de monte pensamos en la parte de arriba y no en el suelo, que es fundamental”.
Más de la mitad del suelo es aire y agua, y tan sólo contiene un 5 % de materia orgánica “aunque en Galicia, por suerte o desgracia, es más”. Esto ayuda a que se formen unos aglomerados con una serie de macroporos y microporos que favorecen la entrada y salida de agua y aire, lo que lleva a un suelo fértil. Además, dentro de él hay un enorme ecosistema de organismos vivos, que van desde los más microscópicos, como pueden ser hongos, pasando por nematodos, hasta pequeños mamíferos como los roedores.
Cuando se dañan los recursos renovables, como las plantas verdes, hay que observar cuánto tardan en recuperarse tras una agresión como los incendios
Álvarez recordó que del suelo el ser humano sacó durante toda su historia alimentos de comer, fibras para vestirse y combustibles para calentarse. “En. el momento en el que estamos, con el cambio climático tan presente, se le añade que ejerce de regulador del clima porque la materia orgánica que tiene el suelo absorbe el CO2 y sirve de controlador de las altas y bajas temperaturas”, detalló el profesional.
La biodiversidad con los incendios
Lo que sucede con la llegada del fuego es que toda la biodiversidad que había en el suelo va a quedar dañada o directamente desaparecer. Al tratarse de una cadena trófica, si se daña la parte superficial, probablemente los microorganismos que estén en las partes más profundas, también desaparecezcan y quede el suelo muerto de vida.
Cuando se dañan los recursos renovables, como las plantas verdes, hay que observar cuánto tardan en recuperarse tras una agresión como los incendios. “Si teníamos unos suelos sanos, vamos a poder recuperar la riqueza vegetal que teníamos, pero si el suelo está degenerado, si no está vivo, lo que vamos a conseguir es una desertificación de nuestro terreno”.

En un incendio forestal de cierta magnitud, arde la materia orgánica del suelo, por lo que se destruye el sistema de macro y microporos, entonces se destruye la cantidad de agua que hay en el suelo. Así queda una mezcla de minerales que, de no actuar, se convertirá un desierto e impedirá la vida.
Al tener un incendio forestal, la materia orgánica se convierte en cenizas, y estas tienen una característica hidrófuga, es decir, “si tenéis unas cenizas y le echáis una gota de agua veréis que no es capaz de mojar las cenizas”, describió Álvarez. Esto en el monte supone un problema porque si hay una capa de cenizas y llueve, el agua las arrastra y acabarán contaminando las aguas con todo que eso supone. A esto se le añade que las cenizas tienen un PH alcalino, por lo que va contra la biodiversidad de Galicia, habituada a un ph ácido: “Esto traerá otras especies de fuera y habrá plantas invasoras no deseadas”.
Para los cultivos, los incendios pueden que sean buenos, pero para el suelo no
¿Los incendios forestales son buenos o malos?
Álvarez propuso una cuestión que levanta debate. Para eso, mostró diferentes publicaciones en las que se indica que son buenos porque contribuyen a regular la fauna y flora, además de eliminar especies alóctnas y también para comunidades de animales. “Esto no lo voy a discutir, pero para mí, un incendio forestal siempre es malo”, sentenció el profesional.
Aun así, recordó que cuando el ser humano comenzó a trabajar la agricultura, la manera de fertilizar que tenían era provocar un fuego tras un cultivo de un cereal, ya que quemaban las pajas para que los siguientes cultivos tuvieran mayor vigor. “Para los cultivos puede ser que sea bueno, para los suelos no. Cuando nosotros hacemos que arda esa materia orgánica que hay en el suelo, lo que provocamos es reducir la velocidad de un proceso natural, que podía durar siglos, a unos minutos”.
A esto se añade la clasificación del incendio, que va desde ataques muy leves, donde no se destruye casi ni la materia orgánica que hay en el suelo, hasta incendios forestales de una severidad alta, en la que no solo se destruye la materia orgánica del suelo sino que llega a arder la materia orgánica de las capas profundas “donde es muy difícil que quede vida y recuperar esto es muy complejo”.
Si el incendio no llegó a quemar las copas de los árboles lo mejor es no hacer nada
Cómo actuar luego de un incendio
Álvarez destacó primeramente lo que no se debe hacer y para eso recordó que “hay que hacer todo con sentido y siempre con apoyo profesional”. Así, subrayó que tras un incendio, el suelo queda en una situación grave, en la que pierde estructura y mucha vida, por lo que pasando por encima de él “solo lograremos agravar la situación”.
En el ámbito de qué hacer, explicó que si casi no hay daño en las capas profundas, y el incendio no llegó a quemar las copas de los árboles “lo mejor es no hacer nada, dejar que con el otoño las hojas caigan y creen un acolchado, que servirá de barrera y evitará que las cenizas marchen”. Alega por dejar que la naturaleza siga su curso y los propios suelos serán capaces de establecer una propia cobertura vegetal. “Muchas veces, la gente se queja de que lo primero que tienen son helechos y “eso no es bueno”, pero yo siempre digo lo mismo: son verdes, aguantan el terreno y nos dan idea de que no se quemó su raíz, por lo que el suelo no está tan desgraciado como pensamos”, comentó el profesional.
Cuando el incendio fue muy fuerte y afectó a las copas, sobre todo en especies que no son dadas a recuperarse como los castaños, se debe actuar para evitar la pérdida de suelo. Puso de ejemplo a un grupo de vecinos de A Mezquita, que salieron al monte a plantar trigo de invierno y centeno para mantener la cubierta vegetal. Recalcó la importancia de no abonar ni arar, ya que las cenizas acercarán nutrientes y así no se dañará el terreno con la maquinaria.
En zonas muy afectadas, a efectos del suelo no debe haber prisa por cortar la madera quemada
Para Álvarez, lo ideal es plantar las razas de árboles autóctonos, pero en caso de que no sea posible, la segunda opción sería la plantación de trigo de invierno y centeno, principalmente se es autóctono. Aun así, destacó las mezclas que combinen leguminosas y gramíneas, “porque la raíz del trigo y centeno es pequeña, por lo que no va a ser capaz de cubrir mucha superficie del suelo, además cuando madure serán comidos por la fauna y no nos van a servir para seguir con el proyecto de regeneración del suelo”. Sin embargo, las mezclas las considera mejores si las plantas escogidas tienen capacidad para cubrir el terreno, como leguminosas y gramíneas, que a mayores tienen flor y aseguran que para el siguiente año las abejas van a tener dónde comer y volverán a nacer.
Un tema que resulta debatible son las talas, ya que la manera de cortar los árboles tendrá una influencia en el suelo. Marcó varias normas para hacer una buena tala. Como primera, si la madera está bien no se debe cortar. “Probablemente los castaños limpios en los que los castañares solo quedaron afectados en algunos puntos, esos árboles van a nacer como si no pasara nada”.
Segunda norma, si no hay esa capacidad de regeneración y hay más daños, a efectos del suelo no debe haber prisa por cortar la madera quemada. Se puede llegar a tardar unos tres años, a no ser que los técnicos tengan miedo a que pueda haber plagas que puedan afectar a la madera queimada o sin quemar.
Finalmente, a la hora de cortar es necesario asegurar que el suelo tenga un acolchado, y que las cenizas no se vayan. “Lo más importante es evitar que el suelo se degrade, luego se puede pensar en regenerar con especies, autóctonas, y a partir de ahí podemos hacer políticas de regeneración forestal”
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