
Dani, en su granja, en la que trabaja como empleado y a la que no se ha podido incorporar
SAT Carboeiro es una explotación lechera ubicada en Teilán (Guntín) formada por cinco socios: los hermanos Carlos, Roberto y María Lamazares, su padre Manuel y el marido de María, Marcos López Marzán. Además, Belén Piñeiro, la mujer de Carlos, es titular de una granja de pavos con la que decidieron diversificar los ingresos en el año 2021.
La continuidad de la explotación está también garantizada, ya que Dani, el hijo mayor de Carlos y de Belén, que tiene 21 años, ya está trabajando en la ganadería. Lo hace como asalariado, ya que las condiciones establecidas por la Xunta para las nuevas incorporaciones, exigiendo que la persona joven que se incorpora posea el 51% de la propiedad, dificulta el proceso en explotaciones grandes como esta. “Mi incorporación como socio mayoritario era totalmente inviable, no cumpliría ni siquiera aunque mi padre y mi abuelo me cediesen su parte”, aclara.
No sería factible que Dani se hiciese con el 51% de la explotación aunque su padre y su abuelo le cedieran su parte
Dani estudió un ciclo medio de Electromecánica y después hizo el ciclo superior de Mecánica de Competición pero decidió sumarse a la explotación familiar. “Como en casa no se trabaja en ningún lado y teniendo algo grande así montado, qué menos que seguir. Para mí va a ser fácil, porque llego y la mitad del trabajo ya está hecho”, reconoce. “Ahora hay que mantenerlo, pero yo le veo futuro”, asegura.

“No quedan explotaciones porque a la gente que estamos en las granjas nos queman por todos los lados y al final acabas abandonando. Son todo trabas y pegas, si no es una cosa es otra”, lamenta su tía María. “Para animar a la gente joven a incorporarse tienen que poner otras facilidades”, dice.
Yo llego cuando el trabajo ya está hecho, pero ahora hay que mantenerlo
“Yo me incorporé con 21 años y Carlos con 24. Tiras para adelante porque ya estás metido en esto y tienes un gran investimento ya hecho, pero que tuviéramos que empezar hoy de cero sería inviable”, asegura.
Para el batch milking no pidieron plan de mejora ni ayuda de ningún tipo. “Sale todo de nuestro bolsillo y de reinvertir los beneficios que genera la explotación en el día a día”, dicen. “Hay cosas de las ayudas que no tienen lógica, como el hecho de que te den una ayuda y al mismo tiempo te cobren por ella”, ejemplifican.
De 160 vacas a más de 500

La historia de SAT Carboeiro se remonta al año 2007. A raíz del matrimonio de María y Marcos, las familias Lamazares y López Marzán decidieron juntar las vacas que tenían en las dos casas, unas 160, y constituir la SAT para unificar también las fincas y el trabajo. Hicieron una nave nueva y comenzaron un proceso vertiginoso de crecimiento que no ha dejado de avanzar en estos casi 20 años de trayectoria en común.
SAT Carboeiro nace de la unión en el año 2007 de dos familias de las parroquias de Lamela y Montouto
En la actualidad ordeñan alrededor de 500 vacas y están finalizando las obras para modernizar el sistema de ordeño de la granja, que pasará de una sala de 40 puntos, en la que tardan 3 horas en ordeñar, a un batch milking con 12 robots de ordeño de inicio, con previsión de colocar 2 más el próximo año.

Las vacas secas están en cama fría de compost
La nueva nave del batch milking fue diseñada también para permitir doblar el número de robots en un futuro, “si nuestros hijos se animan”, bromea María, que asegura que por el momento ellos buscan más calidad de vida que crecimiento.
Además de los 5 socios, tienen 8 empleados trabajando
La falta de mano de obra contratada fue una de las razones que los llevó a apostar por la robotización. Otro motivo fue su intención de implantar el tercer ordeño, algo que en una sala multiplica las necesidades de personal y complica la organización de los turnos de descanso.
La implantación del tercer ordeño en la sala multiplicaría las necesidades de personal y dificultaría la organización de los turnos de trabajo
Tienen establecidas dos turnos de trabajo, tanto para ellos como para los 8 empleados que tienen contratados. “Los trabajadores hacen 8 horas, nosotros alguna más, pero todos estamos con jornada continua, unos venimos por la mañana y los otros por la tarde y el fin de semana unos libramos el viernes por la tarde y el sábado todo el día y el otro turno libra el domingo entero y el lunes por la mañana”, detalla María.
150 hectáreas de superficie

SAT Carboeiro trabaja unas 150 hectáreas de terreno, de las que casi 100 son en propiedad y otras 50 alquiladas. Siembran toda la superficie a maíz y rotan todas las fincas en invierno con hierba, “salvo las más pequeñas en las que no compensa”, aclara María.
Una parte del trabajo agrario lo realizan ellos y otra parte la contratan. Por ejemplo, para el maíz lo siembran ellos pero pagan por picarlo y ensilarlo. El aumento de la superficie fue necesario para cubrir las necesidades forrajeras de la explotación a medida que fue creciendo, pero también para cumplir con las normativas medioambientales en la aplicación de purín y estiércol. El de la granja de pavos también lo gestiona SAT Carboeiro, pero eso les obliga asimismo a disponer de más superficie.
En esta zona las explotaciones que quedamos crecemos todas, pero el problema es que no conseguimos la concentración parcelaria
“Aquí en esta zona hay más granjas y son grandes, tanto en Gomelle como en Pradedo, por lo que las fincas están muy disputadas. Aquí no queda tierra abandonada porque las explotaciones que quedamos crecemos todas. El problema es que no tenemos concentración parcelaria, no lo conseguimos”, explica María.
Elaboran el pienso y tienen carro propio

La apuesta por la tecnología y por controlar directamente todos los procesos de la granja se extiende también a la alimentación del ganado. Tienen carro mezclador propio para elaborar las distintas raciones, un trabajo del que se encarga Roberto.
Además de los forrajes propios, compran las materias primas directamente en puerto y las mezclan ellos mismos para elaborar el pienso a su gusto. “De este modo sabemos lo que estamos dando al ganado”, justifican.
La cabaña ganadera total se sitúa en este momento en los 1.050 animales
Además del ahorro económico, la elaboración del concentrado les permite también una mayor flexibilidad a la hora de adaptar la ración a las necesidades del ganado y a la calidad de los forrajes, logrando de este modo una mayor estabilidad productiva.
Rondan en este momento los 40 litros de leche de media por vaca y día, con un 3,95% de grasa y un 3,41% de proteína. Entregan la producción a Inleit, con un contrato que renuevan dos veces al año. “Nosotros preferimos renovar en diciembre y en verano y no en primavera como hace todo el mundo”, aclara Carlos.
Recría en la propia explotación

Nave de recría de la explotación, con 4 puestos de amamantadora y distintos lotes de becerras destetadas y novillas
También realizan ellos la recría en la propia granja, para lo que disponen de una nave específica para ella, con dos amamantadoras y distintos lotes de terneras destetadas y novillas. “Las terneras las tenemos 15 días en boxes individuales y después entran en las amamantadoras de 20 en 20 y luego ya las vamos moviendo juntas”, cuenta María.
Para el control sanitario de la granja forman parte de la ADSG de Guntín
Para la detección de celos cuentan con collares en las vacas en producción y con pendientes para la recría. “Se los ponemos normalmente a las terneras más pequeñas para detectar enfermedades de forma precoz, porque en las primeras semanas es cuando hay más riesgo de que cojan enfermedades digestivas y respiratorias”, explica.
“Poner robots normales en la estabulación nos robaba mucho sitio, por eso nos decantamos por el batch milking”

Sala de ordeño de 40 puntos, que van a sustituir por un sistema de batch milking con 12 robots
SAT Carboeiro espera tener en funcionamiento su nuevo sistema de ordeño antes de que empiece la campaña de ensilado de la hierba y siembra del maíz en primavera. Son conscientes de que será un momento duro habituar a las vacas, pero confían en que, superada esa fase inicial, les suponga una mejora en la calidad de vida.
Se decantaron por la instalación de un batch milking para centralizar el ordeño en un único punto de la explotación. “Dudábamos entre poner robots normales por la estabulación o instalar un sistema de ordeño robotizado en lotes y nos decidimos finalmente por hacer el batch milking en una nave aparte porque los robots convencionales nos comían mucho sitio y nos obligaban a eliminar muchas camas y no estamos sobrados de cubículos”, explican.
La modernización del sistema de ordeño les va a aportar también un mayor control del ganado
Además, dicen, este sistema modifica menos las rutinas actuales de la explotación. “Las vacas van todas a ordeñarse en lotes a los robots, igual que van ahora a la sala, y te aseguras de que todas entran; no tienes que andar después pendiente de las alertas del robot y buscando a las que no entraron en medio de las otras”, argumentan.
Ente las empresas que ofertan estos sistemas de batch milking, se decantaron por GEA. «Nos gustaba que toda la maquinaria fuese en una especie de bunker en un sótano debajo de los robots, de esa forma está más protegida y teóricamente tendría que averiar menos y durar más, ya que la zona de arriba está más expuesta porque es una zona sucia que tienes que lavar», explica María.
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