“Las granjas trabajan bien, en general, pero quizás no lo han sabido transmitir al consumidor”

Hablamos con Carles Rosell, director ejecutivo (CEO) de la certificación de bienestar animal Welfair, quien destaca la importancia de mejorar la imagen del sector ante el consumidor

CARLES ROSELL

La mejora del bienestar animal en las granjas se ha convertido en los últimos años en una estrategia en la que todas las partes del sector ganan. Las industrias alimentarias quieren comunicar esas garantías al consumidor, en tanto para las granjas que certifican el bienestar, el sello representa a mayores una herramienta de optimización de la salud y rendimientos de los animales.

Las sombras del sistema se sitúan en pequeñas granjas con dificultades para cumplir parte de los requisitos, así como en las exigencias legislativas adicionales que están por venir. Hablamos de la situación con Carles Rosell, CEO del sello Welfair.

– ¿Cómo valoras el bienestar animal en la ganadería española?

El sector ganadero en general trabaja bien, pero a veces resulta difícil transmitir y explicar ese buen trabajo. Nosotros somos una herramienta que permite medir el bienestar animal y, a través del sello, relatar todo lo que se está haciendo bien. Lo medimos y lo explicamos y creo que es un aval para las buenas prácticas del productor.

Quisiera destacar que somos una certificación que llega a todo el sector. Empresas grandes, empresas pequeñas, ganaderías y distribución. Nuestro objetivo es mejorar el bienestar animal y que los ganaderos puedan demostrar que están haciendo las cosas bien, que en general las hacen bien o muy bien.

– ¿Cuál es la situación de la certificación de Bienestar Animal en granjas de España?

Actualmente la certificación Welfair es líder en España y Portugal en lo que se refiere al número de de granjas y evidentemente de animales. Tenemos actualmente más de 26.000 granjas certificadas en España y unas 4.000 en Portugal. También otras 2.000 en otros países, como Dinamarca, Ecuador, Brasil, Costa Rica o Chile. En América, estamos trabajando para ir también a Argentina y Perú, y en Europa nos enfocamos en Polonia y Europa central.

Respecto a empresas, actualmente hay más de 250 que etiquetan con nuestro sello y llevan más de 1.000 referencias a los lineales.

– ¿Y en el caso gallego?

Por lo que se refiere a Galicia, lo que predomina son empresas del sector lácteo. Estamos hablando de unas 5.000 granjas, incluyendo todas las especies, de las cuales 3.300 son de vacuno de leche.

El sector de vacuno de leche es el que más apuesta por nuestra certificación en Galicia. Porque el bienestar animal se traduce en más y mejor leche

Es cierto que en Galicia el vacuno de leche es lo más importante, sobre todo por la cantidad de granjas pequeñas.
También destaca el porcino de engorde, ya que las principales empresas de porcino también están en nuestra certificación. Tenemos, además, vacuno de carne, gallinas, conejos y pavos. Estaríamos hablando en Galicia de 814 granjas de porcino, 108 de vacuno de carne, algo más de 100 de pollos, unas 700 de gallinas, 32 granjas de conejos y unas 120 de pavos.

– ¿Cómo valoras este escenario de certificación?

No pretendemos que todo el mundo esté en la certificación. Lo que queremos es ayudar, impulsar la mejora del bienestar animal para aquellos profesionales y empresas que realmente estén implicadas, que por suerte son la mayoría.

Nuestra certificación va más allá de la legislación. Es una certificación voluntaria con la que medimos el bienestar animal de acuerdo con las características naturales de cada especie. Es decir, medimos cómo el animal realmente se comporta y analizamos la parte de alimentación, de comportamiento, de salud y de instalaciones.

El vacuno de leche es el sector en el que el sistema Welfair tiene más implantación en Galicia

El vacuno de leche es el sector en el que el sistema Welfair tiene más implantación en Galicia

En España ya hay un número importante de explotaciones de distintos sectores que están con nosotros, pero tenemos un gran recorrido todavía, dadas las características de nuestra certificación, que es adaptable a todas las geografías. Permite crecer también en otros sitios para generar más valor y que realmente sea la certificación de referencia tanto en España como en otros países.

Lo que trabajamos en comunicar son las bondades de la certificación de cara tanto a lo que son los ganaderos como a las empresas, la distribución y el consumidor. Poder explicar que la certificación es un aval, una forma de comunicar que están haciendo bien las cosas.

– En parte de la industria alimentaria, la certificación de sus granjas proveedoras se está convirtiendo ya en una exigencia.

Sí, para muchas empresas ya es un requerimiento el que las ganaderías tengan una certificación. La nuestra, por el hecho de ser independiente y multiespecie, hace que la industria se sienta cómoda con ella y la traslade al consumidor. Nosotros trabajamos con todas las especies; con distintos protocolos y con un sistema homologable a otros países.

Las industrias ya están primando a las granjas que aplican los métodos de Welfair, y los consumidores cada vez reconocen más esas prácticas

Es una forma de que el consumidor sepa que el ganadero está haciendo bien las cosas y que con su decisión de compra ayuda a reforzar el que se continúen las buenas prácticas en bienestar animal. La distribución también ha adoptado un rol de ser prescriptor, de traccionar, y eso ayuda a llegar mejor al consumidor.

– ¿Qué criterios aplicáis a la hora de certificar?

Nuestra certificación se rige por una puntuación. Cada granja recibe una calificación en función de sus prácticas. Con esta información, en la siguiente evaluación, puede haber mejorado los aspectos en los que cojeaba. Es una herramienta de mejora para el ganadero.

El bienestar animal se puede medir. Lo que hemos visto es que las empresas que llevan tiempo certificando han ayudado a mejorar la puntuación de las granjas. Y con ello han mejorado su eficiencia.

En cierta medida, es una auditoría interna de la granja. Para ir mejorando, esa es la cuestión. Nosotros medimos el bienestar animal bajo criterios científicos, criterios técnicos y de manera independiente.

Hay prácticas y manejos que deben evolucionar y adaptarse a la futura legislación

– En Galicia, hay todavía pequeñas granjas con sistemas de vacas trabadas y emparrillados. ¿Son sistemas de manejo viables de cara al futuro en cuanto a bienestar animal?

Evidentemente son cuestiones que están encima de la mesa. Somos conscientes de la tipología de ganadería que existe aquí, que es particular, con parte de ganaderías pequeñas, pero nuestra prioridad es el bienestar animal. En el tema de vacas trabadas y emparrillado, nosotros nos ceñiremos a lo que dicte la legislación.

En Welfair trabajan para que todas las vacas de las explotaciones tengan un mínimo de movilidad

En Welfair trabajan para que todas las vacas de las explotaciones tengan un mínimo de movilidad

Daremos un periodo de tiempo para adaptarse, para definir más claramente qué son vacas trabadas, que a veces la propia legislación no define de forma clara y contundente. Es cierto que hay prácticas que poco a poco deben ir evolucionando y adaptándose a las nuevas circunstancias, teniendo claro que es necesario ese período de adaptación.

De cara a 2030, no se permitirán sistemas con vacas que no se muevan. Otra cosa es definir supuestos en que las vacas pueden estar parcialmente trabadas por inclemencias del tiempo y tamaño de explotación

Y lo mismo con el emparrillado o con las mutilaciones (descuernes, etc.). No queremos imponer nada, pero cuando haya una legislación hay que cumplirla, y en eso debemos ser inflexibles.

De cara al 2030, la legislación habla de tipologías de granjas por tamaños. Y se contempla que no debe haber vacas trabadas. No se permitirá que las vacas no se movilicen. Otra cosa es definir exactamente los supuestos en que haya vacas trabadas por inclemencias del tiempo, por pequeño tamaño de explotación… Pero nosotros estamos hablando en un horizonte 2030, donde las vacas deberán poder moverse.

Nuestra certificación no pretende ir más allá de lo que marcan las normativas. Y trabajamos con períodos de transición y adaptación

En algún momento podrían estar sujetas en los establos. Pero tienen que salir al exterior un periodo de días largo al año, un mínimo de horas anual. Y después también moverse diariamente, poder hacer ejercicio durante el día.

– La posible obligación de crear patios y accesos al exterior en granjas intensivas también crea polémica en Galicia, dadas las limitaciones de tierra o espacio. ¿Cómo se prevé la legislación en un futuro?

Los animales tendrán que poder moverse. Esto está claro. No se puede tener un animal confinado.

Cierto que los minifundios y las granjas pequeñas condicionan la situación, de ahí la discusión que pueda haber entre sector ganadero y administración. Nosotros lo que haremos es reflejar las resoluciones de la administración en el sello.

La escasa movilidad de las vacas lecheras es una casuística particular del norte de España. Nosotros no queremos eliminar ningún tipo de producción, pero tenemos que preservar el bienestar de los animales, que es el objetivo final de nuestra certificación. Hay que buscar un punto de equilibrio y cumplir la legislación.

– Recientemente habéis mantenido reuniones en Galicia con empresas certificadoras y ganaderos. ¿Qué novedades les habéis trasladado?

Hemos lanzado la versión cuatro del nuevo reglamento de nuestro sello. Este reglamento debería mejorar lo que es el rigor y el control de todo el proceso de auditoría, así como su robustez jurídica.

Rosell asegura que el bienestar de los animales se acaba traduciendo en una mayor productividad en las granjas

Rosell asegura que el bienestar de los animales se acaba traduciendo en una mayor productividad en las granjas

Una segunda cuestión importante es que vamos a lanzar una plataforma digital de gestión de datos. Esa plataforma va a facilitar tener más datos de la mejora continua que el propio proceso de certificación genera en los ganaderos.

La plataforma nos va a ayudar en la gestión de datos y a ejecutar un ‘benchmarking’ (evaluación comparativa), para identificar cuestiones de mejora técnica que tengan una repercusión directa en la rentabilidad y en la eficiencia del ganadero. Por ejemplo, hemos visto que cuando instalamos más bebederos en vacas de leche, automáticamente hay una mejora productiva de leche.

Además de aplicar las prácticas de bienestar, es importante saber comunicarlas. Para que los mercados puedan y sepan valorarlas

Es algo que parece claro, pero necesitamos tener los datos para certificarlo. Es decir, poder explicar de una manera más contrastada, las mejoras que supone a nivel técnico.

Podremos ver incluso la progresión a lo largo de los años de cada tipo de explotación y cada tipo de sector después de aplicar la certificación.

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