“Las vacas de raza Caldelá son auténticos diamantes en bruto”

La ganadería de Javier Blanco y de María del Mar Fariñas en Foncuberta (Maceda) es un referente en explotación de vacuno en extensivo con razas autóctonas. Hace 10 años Javier dejó el camión por la ganadería, “una de las mejores decisiones de mi vida”. Nos cuenta su historia..

“Las vacas de raza Caldelá son auténticos diamantes en bruto”

Javier con su rebaño de vacas de raza Caldelá

Javier Blanco y María del Mar Fariñas son una pareja de ganaderos que tienen una explotación de vacuno de carne en extensivo en Foncuberta, en el ayuntamiento ourensano de Maceda. En algo más de diez años este matrimonio consiguió no solo vivir dignamente de su trabajo, sino ser un referente en producción de carne de alta calidad de raza autóctona Caldelá. Pero también tener calidad de vida y vivir sin estrés.

Porque la ocupación durante más de diez años de Javier fue el transporte por carretera, y lo que empezó como un hobby, alquilando algunas fincas y metiendo algunas vacas de carne, acabó siendo su profesión. “Empezó como un hobby, pero me fue gustando y en el año 2007, con 30 años, me retiré del transporte y me metí en la ganadería”, confiesa.

¿Contento de la decisión tomada? “Hay muchos días que sí y algunos que no”, bromea. Pero asegura convencido de que el cambio fue para mejor: “Dejé el transporte por la presión de los clientes, por el teléfono, por las carreras, por andar a presión todos los días, un estrés que en algún momento te llega a afectar a la salud. En la ganadería también tienes que correr, pero es un ritmo más libre, no tan atado”, explica.

Hoy cuentan con unos 190 animales de raza Caldelá, entre vacas y recría, y venden unos 130 becerros al año. La base territorial, alrededor de 300 hectáreas, la mayor parte en alquiler, es la única fuente de alimentación del ganado, tanto en forma de pasto, como de hierba seca y silo de hierba. 0% de gasto en pienso y máximo aprovechamiento de los prados y del monte bajo.

¿Por que eligió la raza Caldelá?

En los primeros años Javier probó con tres razas: Limiá, una raza autóctona gallega, Asturiana de los Valles y Caldelá, que mantenía en tres lotes separados en tres fincas.

“Pero pasado el tiempo concluí que los animales que mejor se adaptan a mí y al terreno que tenemos aquí son los de raza Caldelá. Puede ser porque los animales que me tocaron son más dóciles, de mejor manejo, y en general son más rústicos y tienen muchas menos complicaciones”, explica.

En el caso de la raza Asturiana reconoce que “trae unas crías muy buenas, pero si tienes 20 vacas para sacarle 10 crías tienes que echar día y noche con ellas porque o no mama el ternero, o hay que tirarle por la cría en el parto, o hay que ordeñarla…etc.”.

Por el contrario, destaca que “a una de estas vacas de Caldelá la veo parir y me marcho, no hace falta asistirla nada en el parto ni tampoco tienes ningún problema de mamitis por picadura de mosca”. Una prueba de la rusticidad y adaptación al medio de estas raza es que la mortalidad no supera el 2%.

“Con la Caldelá te olvidas de los problemas de parto y como mucho la mortalidad es del 2%”

“Las vacas que tengo aquí yo las considero como unos diamantes en roca, a los que lo único que falta es tallarlos para venderlos”, afirma con orgullo Javier.

El promedio de partos por animal supera los 10, siendo raro que bajen de 15, e incluso hay un ejemplar, nacida en el año 1996, que ya lleva 19 partos, y sin ningún problema de salud.

Los encargados de mantener la pureza del rebaño y mejorar sus características son 3 toros: Opio, un impresionante ejemplar de 9 años de edad; Duque, su sucesor natural, con 3 años de edad, y la última incorporación, Corzo, de año y medio. Para realizar los cruces y evitar la consanguinidad Javier cuenta con la ayuda de los técnicos de Boaga, la asociación de la Consellería de Medio Rural que se encarga de preservar y promover las razas autóctonas gallegas.

En el caso de esta ganadería, recrían con el objetivo de mantener la pureza de la raza Caldelá y de las vacas y toros con mayor puntuación. Así, cada año vienen recriando entre 20 y 30 becerras de aquellos animales más dóciles. “No busco que sean vacas de andar por la cuerda, que sí que las tengo, pero sí que sean de fácil manejo. Y después que tengan largueza, conformaciones y que las madres tengan aptitud lechera para alimentar bien a los terneros”, explica.

Así, a los 8 meses Javier separa las terneras de las madres y las mete en un lote de recría en el que estarán hasta los 18 meses. A continuación pasan al lote general, donde están las vacas nodrizas y los toros, donde son inseminadas por monta natural. Un tercer lote es el de los animales de mejor genética, de donde salen las futuras madres.

Un sistema eficaz y barato para crear pastos en zonas de monte

Estos animales de raza Caldelá se alimentan exclusivamente a base de hierba, bien sea pasto, o silo de hierba y hierba seca en los meses en los que las praderas no producen lo suficiente.

Son en total 300 hectáreas, de las que 110 están en zona de alta montaña con pasto arbustivo. “Es una finca que cogí hace 3 años y era monte puro pero hoy la vegetación no supera los 40 centímetros, y acabaré consiguiendo que sea una pradera”, asegura Javier con convicción.

En las otras dos fincas, que suman alrededor de 90 hectáreas cada una, este ganadero puso en práctica un sistema de bajo coste para hacer las praderas. “Aquí la ginesta más delgada que había era más gorda que un brazo y hoy se siega toda. Pero lleva su tiempo hacer una pradera”, asevera.

Emplea el centeno como cultivo intermedio para hacer praderas

¿Cómo hace?: “Primero la dividí en cuadrículas y en cada una voy metiendo el ganado para que aprovechen toda la materia vegetal que puedan. A continuación desbrozo y roturo, y siembro centeno en septiembre o en primavera, que las vacas van pastando, y en el mes de septiembre vuelvo a arar y siembro ya la pradera permanente”, explica.

El centeno no solo le permite controlar el tojo, sino que mejora la textura y estructura de la tierra, al tiempo que proporciona forraje para el ganado, que pace sucesivas veces.

En cuanto al abonado de las praderas, en este sistema extensivo y de mínimo coste, el único fertilizante son las excretas de las vacas, y de vez en cuanto algún purín de porcino de una granja cercana, sobre todo para los pastizales destinados a silo de hierba.

Pero próximamente tienen previsto pasar a estar certificados en ecológico por lo que limitarán también las pasadas de purín.

Vende los terneros con 7 meses porque considera que le es más rentable

En esta ganadería procuran tener partos todo el año, de forma que cada trimestre venden sobre 30 terneros. “La tendencia natural de estos animales es concentrar los partos en primavera, cuando hay más pastos. Pero logro repartirlos a lo largo del año echando las novillas y las vacas al lote en el que están los toros de forma escalonada”, asegura.

En cuanto a los rendimientos de los novillos, se muestra satisfecho ya que, a pesar de tener menos peso por canal que otras razas, no presentan problemas de parto o salud y requieren mucha menos atención y gastos de alimentación. Hasta hace 3 años cebaba los becerros en la propia ganadería, pero desde entonces los vende directamente como becerros pasteros a un cebadero de Ourense. “Los vendo con unos 6 meses y de esta forma es más rentable, y te desentiendes de comprar cereal y de asegurarte luego la venta”, destaca.

Los becerros llevan el sello de Ternera Gallega Suprema y para Javier las calidades de la carne de raza Caldelá “son excepcionales”. “Es un sabor y una textura muy diferente a la de otras razas”, subraya. Sin embargo, critica que los precios no acompañan como debieran: “Seguimos cobrando los becerros a 4,5 euros más Iva el kilo, dentro de una IGP que tiene mucha demanda como es la Ternera Gallega Suprema, sin embargo vas a Extremadura, donde tienen excedente de carne, y el precio para el ganadero es similar, a 4 euros”. “No se entiende”, afirma.

La otra vía de ingresos es la venta de vacas para desvieje, de las que destaca que “haciéndoles una buena ceba en base a pasto y un remate con cereal, se puede ganar dinero”. No así, según Javier, en el caso de los bueyes: “Probé a castrar 3 y cebarlos pero no me salen los números”.

Opio, o boi xefe do rabaño, con 9 anos de idade

“Los ganaderos tenemos que hacer los pastizales en el monte y en el valle las fincas de concentración están con pinos, es un sinsentido”

En Maceda, como en otras zonas de Galicia, pero aun más agravado por el abandono y la despoblación de las comarcas de Ourense, se da la paradoja de que existen cientos de hectáreas abandonadas pero a las que ganaderos como Javier no pueden acceder a su uso para crear riqueza y, de paso, prevenir los incendios forestales.

“Aquí hay muchísima tierra abandonada que los propietarios ni sabes donde están, y en el caso de encontrarlos ni te la venden, ni te la alquilan, ni te la ceden. Y luego está el tema de la ordenación de los cultivos, porque lo que no podemos es plantar los pinos en los valles y hacer las praderas en los altos de los montes, como estamos haciendo ahora”, denuncia este ganadero.

Critica también que las zonas de concentración parcelaria en la comarca se están destinando a hacer plantaciones forestales, principalmente de pino, sin que la Xunta de Galicia o el ayuntamiento intervengan. “Esto pasa en todo el entorno, en Maceda o en Vilar de Barrio ves más del 60% de las parcelas de concentración parcelaria con plantaciones forestales”, advierte.

“En esta zona el 60% de las fincas de concentración parcelaria agraria están plantadas con pinos”

Esto lleva a la paradoja de que los pocos ganaderos que quedan en estas zonas del interior tengan incluso dificultades para cumplir los máximos de carga ganadera, con miles de hectáreas a su redor abandonadas.

Como ejemplo, Javier cita el de la parroquia de Foncuberta: “Quedamos tres ganaderías, una de vacuno de leche, y dos que tenemos razas autóctonas de carne. Gracias a que nos entendemos bien entre nosotros, pero muchas veces nos vemos ahogados para cumplir la carga ganadera porque no tenemos donde ampliar nuestra base territorial”.

Además, destaca que ordenar el territorio también redunda en la productividad de los animales, a parte de menos gastos para los ganaderos. “Cuanto más superficie tengas y más concentrada, mejor puedes tener los animales, mejor manejo, menor estrés les causas y ellos van a ser más productivos”, subraya.

Por no hablar del decisivo papel que juegan las praderas para prevenir los incendios forestales. Algo que vivieron hace pocos años en Foncuberta: “En Maceda hubo un importante incendio que comenzó en un pinar y era muy difícil controlarlo. Pero cambió el aire y vino hacia esta pradera donde están las vacas, ardieron 100 metros lineales y el fuego se apagó él suelo”.

 

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