En el verano de 2024, la Rapa das Bestas de A Capelada cumplió 50 años. Antes, cada propietario hacía su propia rapa particular, pero desde hace medio siglo, el colectivo de besteiros de la sierra se unió para celebrar una rapa festiva un domingo de junio, con un trabajo previo durante toda esa semana para localizar, reunir y desparasitar a los animales.
Los visitamos en la rapa del año pasado y elaboramos la siguiente pieza audiovisual y entrevistas.
Jorge Bellón. Presidente de la asociación San Andrés de Teixido Eventos
«La Rapa une la pasión por los caballos y el compañerismo de la gente que los maneja»

La asociación San Andrés de Teixido Eventos es la principal organizadora de la Rapa das Bestas de A Capelada, para lo que cuenta con una amplia colaboración de besteiros que vienen de otras zonas de Galicia.
– Explícanos en qué consiste la Rapa que organizáis.
– Como indica el nombre, se trata de rapar a las bestas, cortarles el rabo y la crin, para que estén menos expuestas a los parásitos y más cómodas. Desde hace unos años, también se les aplica un tratamiento veterinario antiparasitario, tanto interno como externo. Así están mejor protegidas.
La rapa existe desde que hay caballos, antiguamente se hacía de forma individual. Cada uno lo hacía con sus animales. Pero como evento abierto al público, este año celebramos el 50 aniversario. En esencia es lo mismo, pero más visible, para que la gente venga a ver y disfrutar de lo que hacemos.
– ¿Quién participa en la Rapa?
– La rapa necesita mucha gente para llevarse a cabo, y contamos con mucha colaboración. Viene gente de Lugo, Pontevedra, Ferrol y por supuesto de San Andrés (Cedeira). Sin ellos sería imposible, y se agradece mucho la ayuda. Al final somos una piña de amigos, de amantes de los caballos. Hay que compenetrarse, llevarse bien… somos un grupo grande.
Es un trabajo largo. La gente ve el último día, el domingo, que es el de la Rapa, pero llevamos días trabajando, desde el miércoles, recorriendo a pie y a caballo esta enorme extensión para reunir a los animales. Es muy laborioso, por eso somos tantos.
Es un trabajo duro pero muy gratificante. El miércoles, jueves, viernes, sábado… acabas molido. Tiene que gustarte mucho porque el domingo llegas reventado. Pero lo agradeces, por todo lo que nos dan los animales.
– Puede decirse que hacéis un trabajo voluntario y altruista. ¿Cuál es vuestra motivación?
– Estamos un poco locos, porque si miras los números, solo da gastos, ningún beneficio económico. Antes podías vender algún potro, ahora ni eso, porque el lobo los está matando. Es difícil que sea viable.
En Galicia, además, la carne de caballo no suele consumirse, aunque es excelente. Pero no tenemos esa costumbre, como ocurre en Francia o Andalucía, por ejemplo.
En resumen, una actividad que solo da gastos y problemas burocráticos, sin beneficio económico, es difícil que continúe. Entonces, o te apasiona y estás un poco “tocado del ala”, o lo dejas… Y de momento, seguimos.
– ¿Cómo son los caballos de A Capelada? ¿Tienen alguna particularidad?
– Son caballos muy especiales. No son de raza pura gallega, pero por las condiciones del lugar —temporales, temperaturas extremas— son resistentes por naturaleza. Más bien bajos, de colores variados: castaños, rubios, pintos… un poco de todo.
Cuidarlos es sencillo, entre comillas, porque viven en su hábitat y son autosuficientes. Solo hay que estar atentos si alguna va a parir, seguirla durante unos días…
– Decías que no dan beneficios económicos, pero también que os dan mucho. ¿Qué aportan?
– Tiene que gustarte, si no, no los tendrías. Si no hay beneficio y sigues con ellos, es por pasión.
Desde el punto de vista humano, son las segadoras de nuestros montes. Van comiendo y evitan que haya focos de incendios. El monte está muy abandonado, si no se invierte, lo que antes era pasto ahora es maleza, zarzas impenetrables…
El caballo come tojo, brezos… Ayuda a mantener el monte limpio.
– ¿Qué problemas tenéis en el día a día?
– Las crías no salen adelante porque las come el lobo. Si no las come, las muerde y mueren por infecciones. No es como un caballo estabulado al que puedas curar a diario.
Y las trabas administrativas son cada vez más. Entiendo que haya que controlar, pero estamos hablando de animales semisalvajes, que tienes que tener microchipados y con libro de registro.
– ¿Qué futuro crees que tiene el caballo en A Capelada?
– Espero que bueno, pero la realidad es que, si seguimos así, no sé cuántos años le quedan. Antes había muchos propietarios con pocos caballos; ahora hay pocos propietarios con muchos. ¿Qué pasará cuando esos se vayan? No hay relevo generacional.
Una cosa es lo que deseo, y otra el camino que esto lleva.
– En dos palabras, ¿qué es la Rapa para vosotros?
– Pasión, compañerismo. Si falta una de las dos, no funciona. Y llevamos muchos años, lo que demuestra que siguen vivas.
La mayoría venimos por ayudar, por echar una mano y disfrutar del buen ambiente. ¿Que hay gritos? Claro, pero en cinco minutos pasa. Ese calor y amistad es lo que nos une y hace que funcione.
José Manuel Durán. Ganadero y criador de caballos
«El problema más grave que tenemos es el lobo, mata alrededor del 70% de los potros que nacen»

José Manuel Durán.
– Háblanos del ganado que tienes en A Capelada.
– Todos los ganaderos que tenemos animales aquí tenemos una mezcla de ganado vacuno y caballar, que además se complementan muy bien para mantener limpio el monte. Los caballos se encargan más del matorral, como brezos y tojos, y la hierba que sale en los espacios abiertos la pastan las vacas. Se complementan perfectamente.
– ¿Cuánto ganado puede haber en la sierra?
– En A Capelada hay 7 sociedades agrarias de transformación, con un promedio de 50 vacas cada una. En el monte libre, donde pastan los caballos, también hay vacas mostrencas entre ellos. En toda la sierra puede haber unas 300 cabezas de ganado caballar y unas 600 de vacuno.
Hay mucho más vacuno porque es más rentable. Pero los caballos también hacen su trabajo, porque son los encargados de mantener los pastos limpios.
– ¿De dónde te viene la afición por los caballos?
– Creo que ya nací con ella. En mi casa siempre hubo caballos, mi padre tenía, mis abuelos seguramente también, aunque no los conocí… Es una tradición que se ha mantenido viva.
– ¿Qué dificultades encontráis en el manejo de los caballos?
– Una dificultad son los trámites administrativos: tener que ponerles microchips, hacer inspecciones… cuando estamos hablando de animales prácticamente salvajes. Excepto en la rapa, viven en libertad todo el año. También llevar un libro de registro… Son gestiones que cuestan.
Pero el problema más grave es el lobo. Llegó a A Capelada hace algo más de 10 años; antes no lo había. Al principio dudábamos, pero con el tiempo se vio claro. No tiene depredadores y cada vez hay más. Aquí ahora mismo hay 2 o 3 manadas que se alimentan principalmente de potros. Al final, nos van a dejar sin caballos.
– ¿Qué beneficios aporta el caballo en el monte?
– El principal es la prevención de incendios. Pasta lo que otros animales no pastan: tojo, brezos… limpia el monte, lo mantiene. Y eso hace que crezca hierba para las vacas, que son las que nos dan un poco de rentabilidad.
– ¿Qué os motiva a mantener esta tradición?
– Los que hemos nacido aquí y con esto, lo vivimos. Nos gusta, nos hace disfrutar, mantenemos la tradición y tratamos de que nuestros hijos y nietos también la sigan. Es como quien es aficionado al fútbol: es su forma de vida.
– ¿Cómo ves el futuro de los caballos en A Capelada?
– Lo veo negro por culpa del lobo. No digo que tenga que desaparecer, ninguna especie debe hacerlo, pero hay que controlarlo. No tiene depredadores y hay una superpoblación. Y eso es un problema.
No sé cómo, pero hay que hacer algo. No se puede dejar criar sin control, porque está acabando con otra especie, el caballo. Si mata el 70% de los potros, poco a poco acabará con ellos.
Que nos ayuden las administraciones con el tema del lobo, porque es desesperante. Es muy triste para los que amamos los caballos ir al monte, ver que una yegua ha parido, y al día siguiente el potro ya no está, o aparece herido, sabiendo que en un par de días morirá de infección.
María Garrote. Besteira y colaboradora de la Rapa
«Esto es nuestra vida, nuestro entorno y nuestros caballos lo necesitan»

María Garrote.
– Cuéntanos cómo es el trabajo en los días previos a la Rapa.
– Los días antes nos dedicamos a reunir todos los rebaños. Esto es una zona muy grande y cada grupo de caballos está en una parte, así que tenemos que juntarlos.
Hace falta mucha gente y coordinación, porque los caballos tienen sentido común y siempre intentan escaparse, porque lo que les gusta es la libertad.
Con maña y experiencia los vamos guiando y reuniendo. La idea es cuidarlos: los desparasitamos, les cortamos las crines y revisamos si tienen heridas para tratarlas.
La desparasitación, tanto interna como externa, es muy importante. Cortar las crines también ayuda a evitar que se enreden los bichos en ellas. Todo eso hay que hacerlo uno a uno, a mano. Somos los hombres y mujeres los que lo hacemos, por su salud.
– ¿Cuántos años llevas colaborando?
– Soy una socia más. Este es mi mundo, me crié entre caballos porque mi padre me lo transmitió, y siempre tuvimos caballos en casa. Vine desde pequeña a la Rapa, pero participando a este nivel, llevo tres años.
– ¿Qué os anima a seguir año tras año?
– Porque nos gusta, porque es nuestra vida, nuestro entorno y nuestros caballos lo necesitan. Ellos también nos dan cosas: cuidan nuestros montes, ayudan a prevenir incendios, nos dan crías que cuidamos.
Dependiendo de cómo salgan, las amansamos para que sean futuras madres o caballos de silla, como los que ves estos días ayudando, y que sigan formando equipo con nosotros.
-¿Qué evolución ves en la Rapa?
– La extensión del monte es la misma, pero hay menos caballos. El gran problema ahora es el lobo, está acabando con todas las crías. Si no nacen potros, los animales viejos se morirán y no habrá generaciones nuevas que se queden en el monte.
Todos los animales tienen que convivir, pero ahora tenemos demasiados de una especie que perjudica a otra más débil.
Hay mucho ecologista, pero no me vale el de despacho, sino el que viene al monte, que conoce todas las especies, que sabe en qué mundo nos movemos y dónde está el equilibrio…
El buitre también nos afecta, aunque menos. Esta es una vía de paso para ellos y, claro, cuando pasan, se quedan. Son carroñeros, tienen que alimentarse, y van a por los animales más débiles.
José Bouza. Integrante del grupo promotor de la primera Rapa
«¿Quién limpia los montes? Los caballos. Si no fuera por ellos, no habría manera de entrar»

José Bouza.
– ¿Cómo recuerdas los inicios de la Rapa?
– Cuando empezó, yo tenía 25 años y llevo viniendo todos los años desde entonces, ya van 50. En aquella época montaba a caballo mejor que ahora, y creo que era uno de los buenos acorraladores. Algunos ya han fallecido. Quedan Claudio y Carlos, que son mayores que yo, deben tener 90 años. Luego estoy yo, de los más veteranos que quedan.
Antes había mucha más gente dedicada a los caballos, pero claro, la gente se desanima con los problemas que hay.
También recuerdo que antes, en la Rapa, te compraban las crines. Hoy se quedan allí tiradas. Se usaban para hacer colchones, cepillos, brochas…
– ¿En tiempos de tus padres o abuelos no se hacía Rapa?
– Estos curros (corral de la Rapa) son posteriores. Antes se rapaba, pero cada uno cogía sus bestas, las llevaba a su propio corral y allí se hacía la rapa. Pero cada uno con las suyas, no había esta reunión común. Ahora están todas juntas y nos reunimos para hacer la Rapa colectiva.
– Desde que empezaste tú, ¿cómo ha evolucionado en estos 50 años?
– Ha evolucionado mucho, pero cada vez se pierde más el ánimo, porque con el tema del lobo, que te mata los potros… El año pasado nos mató treinta y pico. No sé qué será de esto.
¿Y quién limpia los montes? Los caballos. Si no están los caballos, los montes serían un bosque por el que no entraría nadie.
– ¿Cuántos caballos tenéis en vuestra familia aquí?
– No lo sé con certeza… Tendremos más de 100 caballos entre mis hijos y yo. Es algo que nos gusta, la gente disfruta con los caballitos, es una cosa bonita. A mí me encanta esto. Y a mis hijos también, incluso están comprando más caballos.
Son caballos del país. Ahora se cruzan también con caballos de fuera, pero normalmente son del país, que son los que mejor se adaptan al terreno. Los otros aquí no aguantan. Tienen que haber nacido aquí. Muchos vinieron de fuera, pero de montes como este.
– ¿Qué os aportan los caballos?
– A nivel particular, poco, porque el lobo los mata. Antes sí, se vendían; no te daban mucho, pero 200 o 300 euros por potro sí. Te ayudaban a tirar para adelante.
– ¿Qué futuro le ves al caballo en A Capelada?
– Si no quitan al lobo, no le veo futuro. Acabarán con ellos. Y como falten los caballos, el monte será un bosque que arderá entero.
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