“Más espacio en el establo significa más productividad y confort para los terneros, pero solo hasta cierto límite”

Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona señala que el espacio disponible para los terneros carniceros influye en todos los parámetros de producción y bienestar. Pero un exceso de metros cuadrados no tiene por qué ser indefinidamente positivo y su éxito dependerá de multitud de factores. Fue la principal conclusión de una ponencia presentada en el congreso de ANEMBE en Valladolid

MARIA RODA POSANDO

Bajo el título “¿Menos animales por corral… más kilos y mejor bienestar?” Maria Roda Tena y Lorena Castillejos Velázquez, del Servicio de Nutrición y Bienestar Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), presentaron conclusiones provisionales sobre el impacto del tamaño de establos y cubículos y otros espacios en el cebo de terneros carniceros.

El informe tuvo lugar en el congreso anual de la Asociación Nacional de Especialistas en Medicina Bovina de España (ANEMBE) que tuvo lugar en Valladolid. María Roda, la encargada de exponer el trabajo, insistió en que es preciso seguir investigando este aspecto del manejo para redundar en un mayor bienestar animal y una mejor rentabilidad.

Mientras terminan de desarrollar sus estudios, las investigadoras hicieron un repaso por los trabajos que se han venido realizando hasta el día de hoy, que son escasos y excesivamente ceñidos a un solo modelo, pero que sirven como punto de partida a nuevas investigaciones. Y también citaron algunos de los aspectos que ya pudieron constatar mediante sus análisis.

Contexto de investigaciones realizadas

Según explicó Roda, en Europa tenemos tres sistemas principales de engorde de bovinos: los intensivos con animales estabulados en todo el ciclo productivo; los de acceso a pasto o extensivos; y los que combinan fases de pastoreo y de estabulación.

En el caso de España, prima el cebo intensivo con entrada en las instalaciones de engorde desde que los terneros tienen 2-3 meses en los lecheros y 6-9 meses en los de pasto. Y se ceban con concentrado complementado con forraje en una proporción 90:10. La salida a matadero se produce entre los 12 y los 15 meses de edad.

La densidad, el número de animales por m², es el parámetro más importante para medir la productividad y el bienestar (María Roda, Universidad Autónoma de Barcelona)

Lo que defienden Roda y Castillejos es que el espacio del que dispongan los terneros influirá decisivamente en la productividad del engorde y en el bienestar animal. Ese parámetro, conocido como densidad, hace referencia al número de animales o los kilos de peso vivo por m².

La normativa europea vigente presenta importantes limitaciones porque no fija requisitos mínimos específicos para la fase de crecimiento y cebo. La Directiva 2008/119/CE solo establece normas básicas de protección para terneros menores de seis meses en explotaciones ganaderas.

Roda explicó que los estudios sobre densidad existentes se circunscriben a modelos altamente intensivos

Roda explicó que los estudios sobre densidad existentes se circunscriben a modelos altamente intensivos

La normativa fija un espacio mínimo de 1,8 m² por animal para terneros con un peso vivo igual o superior a 220 kg. Para animales de más edad, la mayoría de países de la UE solo incluyen recomendaciones generales sobre espacio disponible. Únicamente Austria cuenta con normativa específica. La Autoridad Europea de Seguridad de los Alimentos (EFSA) sugiere un espacio de alrededor de 13 m²/animal como adecuado para favorecer el descanso, reducir la competencia social y minimizar el estrés grupal.

La EFSA señala la necesidad de más investigación para determinar con precisión las consecuencias reales de proporcionar un mayor espacio a los bovinos de engorde. Porque los estudios específicos existentes son escasos y limitados.

Un estudio dirigido por la investigadora R. M. Park sobre el impacto de los sistemas de alojamiento y características ambientales en el ganado bovino de carne refleja que solo encontraron siete trabajos que evaluaran la asignación de espacio. Y todos ellos centrados en un solo sistema de engorde, lo que impide extrapolar resultados a otros modelos productivos.

Es necesaria más investigación sobre el espacio disponible para terneros de engorde y que se realice en sistemas diferentes

En ese contexto de escasez de investigación académica nació el estudio de Roda y Castillejos. Las limitaciones de datos dificultan la comparación entre estudios. Por ejemplo, la variabilidad en alojamientos evaluados, la restricción de estudios a la fase de finalización o las diferencias en los sistemas de medida utilizados.

Estudios previos sobre densidad en los alojamientos

Los parámetros productivos fueron el primero objeto de estudio de las investigadoras de la UAB. Detectaron que el aumento de espacio disponible por animal mejora los parámetros productivos hasta un determinado umbral. A partir de esos niveles, no se observan beneficios adicionales.

Roda citó un estudio de Hickey et al. (2003) que evaluaba cuatro densidades (1,5; 2,0; 3,0 y 4,0 m²/animal) y constataba incrementos significativos en la ganancia media diaria (GMD) y en el peso de canal al comparar los extremos de espacio (1,5 vs. 4,0 m²).

La GMD aumentó hasta 0,61 kg/día y el peso de canal en 32 kg (p < 0,05). Pero no se detectaron diferencias significativas al comparar espacios más próximos entre sí (3,0 vs. 4,0 m²). Lo más curioso es que el rendimiento de canal fue mayor en los terneros alojados en 1,5 m², con un 1,9 % más de peso respecto de los alojados a 3,0 m².

Austria es el único país de la UE que cuenta con una normativa detallada sobre espacio en cebadero. En imagen, terneros fleckvieh en cama inclinada en Bergland

Austria es el único país de la UE que cuenta con una normativa detallada sobre espacio en cebadero. En imagen, terneros fleckvieh en cama inclinada en Bergland

En otro de los estudios analizados, el de Keane et al. (2018), los terneros a 3,0 m²/animal presentaron mejores resultados de producción que los alojados a 2,0 m²/animal. Dieron más peso al sacrificio (705 vs. 665 kg), mayor GMD (1,05 vs. 0,76 kg/d), mejor índice de conversión (IC) (10,3 vs. 13,7), mayor peso de canal (409 vs. 389 kg) y mayor puntuación de engrasamiento (8,9 vs. 7,9) (p < 0,05).

Hay que equilibrar lo que se gana en bienestar y kilos por animal aumentando espacio con lo que se pierde de carga ganadera

En 2017 analizaron densidades más representativas de los sistemas actuales, de 3,0; 4,5 e 6,0 m². Los terneros a 4,5 m² mejoraron en 0,10 kg/día en GMD y con una reducción del IC de 0,70 kg/kg en comparación con los animales alojados a 3,0 m² o 6,0 m² (GMD: 1,28 kg/d vs 1,18 y 1,19 kg/d; IC: 8,74 kg/kg vs 9,43 y 9,45 kg/kg) (p < 0,05). Eso sí, no se encontraron diferencias significativas en el resto de parámetros productivos.

Roda y Castillejos concluyen que estos resultados indican que superar los 3 m² /animal mejora los índices productivos -peso vivo, GMD, peso de canal e IC- pero incrementar el espacio hasta 6 m² no aporta beneficios adicionales.

El trabajo de las investigadoras

Para evaluar el efecto de la densidad en el sistema de cebo de vacuno joven más representativo de España, Roda y Castillejos realizaron un estudio con terneros de Black Angus y de frisón alojados en una granja comercial de Lleida.

Todos los animales recibieron la misma alimentación y manejo y se distribuyeron en dos tratamientos: baja densidad (15 bovinos/corral) y alta densidad (19 bovinos/corral) durante 8 meses de engorde. Los de alta densidad dispusieron, pues, de 3,8 m²/animal y los de baja con 4,8 m²/animal.

Roda explicó que la elección de estos valores se basó en la revisión realizada por Ingvartsen & Andersen (1993), quienes indicaron que “un espacio inferior a 4,7 m²/animal en terneros de 240-500 kg puede reducir la GMD hasta en 300 g/día, debido a una menor ingesta. Y un espacio mayor no garantiza mejoras añadidas”.

La investigadora de la UAB presentó las primeras conclusiones de su trabajo en el congreso de ANEMBE

La investigadora de la UAB presentó las primeras conclusiones de su trabajo en el congreso de ANEMBE

En cualquier estudio de este tipo es esencial medir el tiempo que el animal dedica a rumia, descanso, interacción y movimiento

En cuanto a producción, se observaron diferencias en peso de canal y en rendimiento de canal. Ambos parámetros fueron mayores en animales alojados en baja densidad. También se constató que el peso vivo y el consumo de concentrados interactuaban con la fase de crecimiento, indicando que las diferencias significativas aparecen al final del período de cebo. En el resto de parámetros productivos no se dieron diferencias notables.

Densidad y bienestar animal

La limitación de espacio tiene implicaciones directas sobre el bienestar animal. La EFSA identifica el tamaño del alojamiento como un factor de mayor impacto, asociado a problemas como dificultades para descansar, restricción del movimiento, incremento del estrés grupal, lesiones, trastornos locomotores e incapacidad para búsqueda de alimentos o de juego.

Esos aspectos se calibran por indicadores de bienestar basados en comportamiento (tiempo de rumia, descanso, interacción social, actividad), en salud y dolor (cojeras, lesiones, inflamación) o estrés social o ambiental (competencia, desplazamientos).

El descanso es uno de los indicadores más estudiados en bovino de carne. Roda señaló que Hickey et al. (2003) observaron que los animales en 4 m²/animal pasaban 3,6 h/día más tumbados que los alojados en 1,5 m² (p < 0,05). Keane et al. (2018) encontraron un incremento de aproximadamente 1,1 h/día comparando 3 m² con 2 m² (p < 0,05).

El estudio de Gygax et al. (2007) no detectó diferencias en tiempo total tumbado cuando se compararon densidades de 2,0; 2,5; 3,0; 3,5 y 4,0 m². Sí vieron cambios en parámetros de descanso como el tipo de postura al estar tumbados, distancia entre animales y probabilidad de que los terneros se pisen entre sí. Los resultados muestran que más espacio no siempre aumenta el tiempo total de descanso, pero sí que mejora la calidad de ese descanso y reduce riesgos asociados a la densidad.

La competencia por el espacio y las lesiones derivadas de la misma son un parámetro fundamental

La competencia por el espacio y las lesiones derivadas de la misma son un parámetro fundamental

El espacio también influyó en las conductas sociales. Hickey observó más interacciones sociales en animales alojados a 4,0 m² que a 1,5 m² (17,8 frente a 7,5 eventos por corral cada 4 h; p < 0,05). Keane también constató más selfgrooming (tendencia de los bovinos a rascarse y limpiar la piel) en animales alojados a 3,0 m² que a 2,0 m² (0,94 h/día vs. 0,41 h/día; p < 0,05). Aunque también detectaron que por encima de cierto umbral el efecto del espacio se atenúa.

El tiempo que los animales dedican a limpiar su piel, a competir por el espacio e incluso a jugar son parámetros que hay que valorar seriamente

Por cuanto a la rumia, el estudio de Cortese et al. (2020) detecta diferencias significativas en el tiempo de rumia durante las sesiones de observación directa de 8 h. Los animales alojados a 4,37 m² fueron los que pasaron más tiempo rumiando (16,5 % de la sesión) en comparación con los alojados a 3,5 m²/animal (11,3 % de la sesión). Este fue el único estudio que encontró diferencias notables en el tiempo dedicado a rumiar, a pesar de ser un comportamiento de los más asociados a niveles de bienestar superior.

En el sistema analizado por Roda y Castillejos, se evaluó el bienestar animal mediante dos enfoques complementarios: registrando el comportamiento a partir de la observación directa mediante un etograma y a través de un acelerómetro colocado en un collar (CowScout Neck, GEA Farm Technologies, Bönen, Germany) previamente validado.

Los resultados del etograma indicaron que los animales en establos de baja densidad pasaban más tiempo rumiando y menos de pie. También presentaban más comportamentos positivos, como interacciones sociales, y menos conductas antagonistas, como los desplazamientos.

El análisis en el período de engorde no arrojó diferencias significativas entre tratamientos. Pero, al analizar las fases de engorde por separado, se identificaron interacciones significativas en el tiempo de rumia con los meses de mayor temperatura y en la fase final del cebo.

En el estudio de Magrin et al. (2019) observaron que al aumentar el espacio de 3,5 a 4,0 m²/animal se redujeron las cojeras leves (de 4,45 % a 1,43 %) y severas (de 2,24 % a 1,54 %) en animales alojados sobre emparrillado. Pero no se observaron diferencias significativas al incrementar el espacio de 5,0 a 5,5 m²/animal en terneros sobre cama de paja.

Una mayor disponibilidad de espacio no hace aumentar el tiempo de descanso, pero sí que mejora la calidad de ese descanso

En la investigación de Cortese tampoco se encontraron diferencias en cojeras o enfermedades entre 3,5 y 4,37 m²/animal. Aunque sí detectaron un mayor porcentaje de terneros tratados repetidamente por recaída en el grupo de alta densidad (p < 0,05). Roda y Castillejo no observaron diferencias entre tratamientos en animales enfermos o tratados, probablemente -indican- debido al bajo número de casos registrados en alta y baja densidad.

Las investigadoras de la UAB señalan que los consumidores están dispuestos a pagar más por terneros cebados con mayor bienestar

Las investigadoras de la UAB señalan que los consumidores están dispuestos a pagar más por terneros cebados con mayor bienestar

Balance económico y conclusiones

Visto que el espacio disponible por animal influye en el rendimiento productivo y en el bienestar animal, había que comprobar sus implicaciones económicas directas. Roda y Castillejo señalan que reducir la densidad suele implicar disminuir la producción total de carne por unidad de superficie.

Y incrementar el espacio disponible puede generar beneficios económicos indirectos, derivados de mejoras en la salud de los animales, la eficiencia productiva y el bienestar animal. Y también aportar una mayor disposición de los consumidores a pagar por productos con estándares de bienestar superiores. Por tanto, cualquier ajuste en la densidad debe equilibrar productividad, bienestar y viabilidad económica.

Las autoras citan un estudio de Ahmed et al. (2020) consistente en una simulación para evaluar el impacto económico de aumentar 1 m²/animal en el espacio disponible, reduciendo el número de terneros por establo: 50 animales (4 m²/animal) frente a 40 animales (5 m²/animal).

Asociar más espacio con más bienestar lleva a que los consumidores tengan mejor disposición a pagar por terneros criados en esos sistemas

Este análisis consideró únicamente los ingresos derivados del aumento de peso individual en los establos de menor densidad y la pérdida de ingresos por alojar menos individuos y por el incremento de consumo por animal. El resultado arrojaba una reducción de las ganancias netas a corto plazo del 18,9 % por animal en razas de aptitud cárnica y del 10,8 % por animal en razas de aptitud lechera.

Sin embargo, indicó Roda, ese enfoque presenta limitaciones importantes. Y es que el modelo no consideró otros factores relevantes -como los posibles efectos positivos del mayor espacio sobre la salud y el bienestar- que podrían traducirse en una menor incidencia de enfermedades, reducción de animales tratados o subclínicos, y cambios en el comportamiento (más tiempo de rumia y de descanso y menos conflictos).

Los estudios disponibles hasta ahora no tuvieron demasiado en cuenta si los terneros están en emparrillados o en camas de paja

Los estudios disponibles hasta ahora no tuvieron demasiado en cuenta si los terneros están en emparrillados o en camas de paja

Y, aunque se contempla como coste adicional el aumento del consumo por animal, no se descuenta el ahorro en alimentación derivado de alojar menos terneros, ni la posible reducción de mano de obra. Al no considerar estos factores, el modelo tendió a sobreestimar las pérdidas económicas y a subestimar los beneficios indirectos asociados a mayor espacio disponible.

Roda y Castillejos ven necesario realizar estudios de balance económico en condiciones reales que integren tanto los costes directos (alimentación y mantenimiento) como los efectos indirectos sobre la salud, el comportamiento y la productividad.

Son necesarios estudios que tengan en cuenta los costes de alimentación y mantenimiento pero también los de salud y comportamiento

Y consideran importante contemplar mecanismos de compensación para los productores -como primas por bienestar animal, certificaciones diferenciadas o mejoras en la eficiencia global del sistema- que permitan compatibilizar los beneficios de un mayor espacio con la viabilidad económica de la explotación.

Las investigadoras de la UAB aseguran que ese enfoque integral permitiría generar recomendaciones más precisas y aplicables en la práctica diaria de los cebaderos, facilitando decisiones que promuevan tanto la rentabilidad como el bienestar de los animales.

María Roda terminó su intervención en el congreso de ANEMBE señalando que el espacio disponible para los terneros de engorde influye tanto en la productividad como en el bienestar animal. Si bien existe un límite a partir del cual no se observan mejoras adicionales. Así, cualquier cambio en la densidad debe considerar al mismo tiempo la eficiencia productiva, la salud y el comportamiento de los animales y la viabilidad económica del sistema.

“La evidencia que se ha generado indica que el espacio afecta al descanso, la rumia, las interacciones sociales, la locomoción y la incidencia de enfermedades. Pero estos efectos no son lineales y pueden depender de factores como la fase del cebo o las condiciones ambientales.”, dijo.

En ese contexto -aseguró Roda- los estudios de campo son esenciales para cuantificar esos efectos en condiciones reales y para desarrollar estrategias que permitan aprovechar los beneficios del mayor espacio sin comprometer la sostenibilidad económica de la explotación.

 

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